• Política de Cookies
  • Contacto
  • Autores
  • Servicios
martes, enero 13, 2026
Red Historia
  • Noticias
  • Arqueología
    • América
    • Asia
    • Europa
    • África
  • Historia
    • Antigua
      • América
      • Egipto
      • Grecia
      • Roma
    • Edad Media
    • Moderna
    • Contemporánea
      • Primera Guerra
      • Segunda Guerra
    • Historia del Arte
    • Historia de las Religiones
    • Historia de la Tierra
  • Biblioteca
    • Bibliografía de Historia
    • Fuentes Históricas
    • Literatura
    • Libros de Historia
    • Novelas Históricas
  • Biografías
  • Mitología
    • Mitología de Grecia
    • Egipcia
    • Nórdica
    • Diccionario mitología griega y romana
  • Diccionario de Historia
  • Dinosaurios
  • Ocio
    • Viajes
    • Videojuegos
No Result
View All Result
  • Noticias
  • Arqueología
    • América
    • Asia
    • Europa
    • África
  • Historia
    • Antigua
      • América
      • Egipto
      • Grecia
      • Roma
    • Edad Media
    • Moderna
    • Contemporánea
      • Primera Guerra
      • Segunda Guerra
    • Historia del Arte
    • Historia de las Religiones
    • Historia de la Tierra
  • Biblioteca
    • Bibliografía de Historia
    • Fuentes Históricas
    • Literatura
    • Libros de Historia
    • Novelas Históricas
  • Biografías
  • Mitología
    • Mitología de Grecia
    • Egipcia
    • Nórdica
    • Diccionario mitología griega y romana
  • Diccionario de Historia
  • Dinosaurios
  • Ocio
    • Viajes
    • Videojuegos
No Result
View All Result
Red Historia
No Result
View All Result

Francisco de Orellana y el descubrimiento del río Amazonas (1541-1542)

by Marcelo Ferrando Castro
11 enero, 2026
in Moderna
0
francisco de orellana el primer navegante del rio amazonas

Francisco de Orellana. Crédito: Dominio público.

0
SHARES
6
VIEWS
Share on FacebookShare on Twitter

Índice:

Toggle
  • Francisco de Orellana: la odisea por el río más grande del mundo
  • De Trujillo a Perú: los primeros años de Orellana
  • La búsqueda del País de la Canela y El Dorado
    • El contexto histórico: por qué las especias importaban tanto
    • La organización de la expedición (1541)
    • La travesía de los Andes y el inicio del desastre
  • El momento decisivo: la separación de Gonzalo Pizarro
    • La misión de Orellana: buscar comida y regresar
    • La decisión imposible: ¿regresar o continuar?
    • La acusación de traición y la absolución del Consejo de Indias
  • Navegando el río más grande del mundo: ocho meses de odisea
    • 12 de febrero de 1542: entrando al Amazonas
    • Encuentros con pueblos indígenas: alianzas, combates y maravillas
    • 3 de junio: el descubrimiento del Río Negro
    • 24 de junio: el encuentro con las Amazonas y el origen del nombre del río
    • 24 de agosto: la llegada al Atlántico
  • Gaspar de Carvajal: el cronista que preservó la historia
  • El regreso triunfal y el fracaso final
    • España (1543): en busca de gobernación y reconocimiento
    • La segunda expedición: ambición, desastre y muerte (1545-1546)
  • El legado de Orellana: mundialización del Amazonas
    • Impacto geográfico: el mapeo de Sudamérica
    • Impacto político: la competencia hispano-portuguesa
    • Impacto cultural: la Amazonía entre el paraíso y el infierno
    • Legado en la cultura popular moderna
  • Orellana y otros exploradores de ríos americanos
  • Fuentes y bibliografía
  • Explora más sobre exploradores y conquistadores españoles
  • Preguntas frecuentes sobre Francisco de Orellana
    • ¿Quién fue Francisco de Orellana?
    • ¿Cuándo descubrió Francisco de Orellana el río Amazonas?
    • ¿Por qué el río se llama Amazonas?
    • ¿Orellana traicionó a Gonzalo Pizarro?
    • ¿Cuánto duró la expedición de Orellana por el Amazonas?
    • ¿Qué es la crónica de Gaspar de Carvajal?
    • ¿Cómo murió Francisco de Orellana?
    • ¿Qué legado dejó Francisco de Orellana?

Francisco de Orellana: la odisea por el río más grande del mundo

Francisco de Orellana protagonizó una de las exploraciones más extraordinarias de la historia. En 1542, este conquistador español se convirtió en el primer europeo en navegar el río Amazonas de extremo a extremo, recorriendo más de 3.000 kilómetros a través de la selva más impenetrable del planeta. Lo que comenzó como una misión de búsqueda de provisiones para la expedición de Gonzalo Pizarro terminó siendo un viaje épico de ocho meses que cambió para siempre el conocimiento geográfico de Sudamérica.

La expedición de Orellana partió de Quito en 1541 con la misión de encontrar el mítico País de la Canela y la legendaria ciudad de El Dorado. Lo que encontró fue algo muy diferente: un río tan ancho que parecía un mar, pueblos indígenas con civilizaciones complejas, guerreras que luchaban junto a los hombres, y una naturaleza de proporciones inimaginables. Durante su travesía, Orellana y sus 57 compañeros enfrentaron el hambre, enfermedades, ataques constantes de pueblos indígenas y la incertidumbre absoluta sobre si llegarían vivos a su destino.

El descubrimiento del Amazonas no estuvo exento de controversia. Gonzalo Pizarro acusó a Orellana de traición por haberlo abandonado en medio de la selva ecuatoriana. Sin embargo, el Consejo de Indias lo absolvió de todos los cargos tras escuchar los testimonios de sus hombres y del fraile dominico Gaspar de Carvajal, quien documentó cada detalle de la expedición en una crónica que se convertiría en la única fuente primaria completa sobre este descubrimiento. La historia de Orellana es la historia de un hombre que, enfrentado a una decisión imposible, eligió seguir adelante río abajo hacia lo desconocido, abriendo así una nueva página en la exploración de América.


De Trujillo a Perú: los primeros años de Orellana

Francisco de Orellana nació en Trujillo, Extremadura, probablemente en 1511, aunque algunos historiadores sitúan su nacimiento entre 1490 y 1511. Trujillo era entonces una pequeña ciudad extremeña que daría al mundo algunos de los conquistadores más famosos de la historia, incluidos Francisco Pizarro y Hernán Cortés. La familia de Orellana tenía lazos de parentesco con los Pizarro, lo que marcaría profundamente su destino en el Nuevo Mundo.

Poco se sabe de la infancia de Orellana en Trujillo, pero el ambiente de la ciudad estaba impregnado de historias sobre las riquezas de América. Las noticias que llegaban del Nuevo Mundo encendían la imaginación de jóvenes como Francisco, que veían en la conquista una oportunidad de gloria, riqueza y ascenso social imposible en la rígida sociedad española de la época. A los 16 años, probablemente en 1527, Orellana tomó la decisión que cambiaría su vida: embarcarse hacia América.

Su llegada al Nuevo Mundo lo llevó primero a Nicaragua, donde sirvió bajo las órdenes de varios capitanes españoles durante varios años. En 1533, cuando Francisco Pizarro iniciaba la conquista del Imperio inca, Orellana se unió al ejército de su pariente, participando en las campañas militares que sometieron al Tahuantinsuyo. Durante estos años de guerra, Orellana demostró ser un soldado valiente y capaz, aunque pagó un alto precio por ello: perdió un ojo en una batalla, convirtiéndose en «el tuerto de Trujillo«, apodo con el que sería conocido el resto de su vida.

La destreza militar de Orellana no pasó desapercibida. En 1538, tras la ejecución de Diego de Almagro y el reparto de tierras entre los conquistadores leales a Pizarro, Francisco Pizarro otorgó a Orellana un rico repartimiento en la región de La Culata, en lo que hoy es Ecuador. Más importante aún, le encargó fundar una villa estable en la desembocadura del río Guayas. Orellana fundó Santiago de Guayaquil a finales de 1538 o principios de 1539, levantando la ciudad de las ruinas tras dos destrucciones previas por parte de los indígenas locales. Como gobernador de Guayaquil, Orellana disfrutó durante un par de años de una vida relativamente cómoda y próspera.

Sin embargo, la vida sedentaria como gobernador provincial no era lo que Orellana había venido a buscar a América. El calor húmedo de la costa, los aguaceros torrenciales y la rutina administrativa terminaron por aburrir a un hombre que había conocido la emoción de la guerra y la conquista. Cuando en 1540 Gonzalo Pizarro, hermano menor de Francisco Pizarro y recién nombrado gobernador de Quito, organizó una expedición para buscar el legendario País de la Canela, Orellana vio la oportunidad de su vida para recuperar la gloria y la aventura. No podía imaginar que aquella decisión lo llevaría a protagonizar uno de los viajes más extraordinarios de la historia de la exploración.

La búsqueda del País de la Canela y El Dorado

El contexto histórico: por qué las especias importaban tanto

Para entender por qué Gonzalo Pizarro organizó una expedición tan ambiciosa en busca de canela, es necesario comprender la importancia económica que las especias tenían en el siglo XVI. La caída de Constantinopla en manos de los turcos otomanos en 1453 había cortado las rutas comerciales tradicionales que traían pimienta, canela, clavo y otras especias desde Asia hasta Europa. Este corte del suministro no solo encareció dramáticamente el precio de las especias, sino que también estimuló la búsqueda de rutas alternativas hacia el Oriente.

Las especias eran mucho más que un lujo en la Europa del siglo XVI. Resultaban fundamentales para la conservación de alimentos en una época sin refrigeración, aportaban sabor a una dieta monótona, tenían usos medicinales y eran símbolo de estatus social. La canela, en particular, era una de las más codiciadas y caras. Encontrar una fuente de canela en América significaría romper el monopolio asiático y generar fortunas incalculables.

Los conquistadores españoles en Perú habían escuchado de los indígenas leyendas sobre vastas regiones al oriente de los Andes donde crecían árboles de canela en abundancia. Estas historias se entremezclaban con otros mitos como el de El Dorado, un reino donde el oro era tan abundante que su rey se bañaba en polvo de oro. Lo curioso es que estas leyendas tenían cierto fundamento: existían árboles en la Amazonía que producían una corteza aromática similar a la canela, aunque de calidad muy inferior a la asiática. Sin embargo, la distancia, la magnificación de los relatos y la ambición de los conquistadores transformaron estas referencias en la promesa de riquezas fabulosas.

La organización de la expedición (1541)

En 1540, Gonzalo Pizarro llegó a Quito como gobernador con el encargo expreso de su hermano Francisco de localizar el País de la Canela. Gonzalo era un hombre ambicioso, valiente hasta la temeridad, pero también impulsivo y poco previsor. Organizó una de las expediciones más grandes jamás enviadas al oriente de los Andes: reunió en Quito a 220 soldados españoles bien armados, 4.000 indígenas que servirían como porteadores y auxiliares, aproximadamente 4.000 cerdos para alimentación, numerosos perros de guerra y grandes cantidades de pertrechos.

Orellana, como gobernador de Guayaquil, recibió el encargo de unirse a la expedición como segundo al mando. Sin embargo, Pizarro partió de Quito en febrero de 1541 antes de que Orellana pudiera incorporarse. Orellana tuvo que organizar rápidamente su propia partida desde Guayaquil, reuniendo 23 hombres y algunos caballos antes de lanzarse en persecución de la columna principal. La urgencia de alcanzar a Pizarro obligó a Orellana a realizar una marcha forzada a través de los Andes ecuatorianos, una hazaña notable en sí misma.

Finalmente, Orellana alcanzó a Pizarro en marzo de 1541, cuando la expedición ya había cruzado la cordillera de los Andes y comenzaba a adentrarse en las estribaciones orientales. Lo que encontró no fue alentador: la expedición ya había perdido a cientos de indígenas porteadores, muertos por el frío extremo de las alturas andinas, el hambre y las enfermedades. Los españoles, aunque mejor preparados, también comenzaban a sufrir las consecuencias de las durísimas condiciones de la marcha.

La travesía de los Andes y el inicio del desastre

La expedición de Pizarro atravesó los Andes en condiciones espantosas. Los vientos helados de las cumbres, que superaban los 4.000 metros de altura, cobraron un precio terrible. De los 4.000 indígenas que habían partido de Quito, más de 3.000 murieron o desertaron antes de que la expedición alcanzara las tierras bajas del oriente. También perecieron 140 españoles, una proporción brutal que evidenciaba la dureza de la travesía.

Cuando finalmente descendieron a las estribaciones orientales de los Andes y llegaron a la región de Canelos, lo que encontraron fue profundamente decepcionante. Los árboles de canela existían, pero eran arbustos dispersos de baja calidad, nada que justificara el esfuerzo y las pérdidas sufridas. Además, la región resultó ser inhabitable: pantanos interminables, lluvias constantes, nubes de mosquitos y una vegetación tan densa que dificultaba enormemente el avance.

Pizarro, sin embargo, no estaba dispuesto a regresar con las manos vacías. Los indígenas locales, bajo tortura, hablaron de tierras más ricas río abajo, donde abundaba la comida y donde, según decían, se podían encontrar grandes riquezas. Era probablemente una táctica desesperada de los nativos para librarse de los españoles, pero Pizarro decidió creerles. La expedición continuó avanzando hacia el este, siguiendo el curso de los ríos que fluían desde los Andes hacia el interior del continente.

Al llegar al río Coca, un tributario del Napo, la situación se había vuelto insostenible. El hambre hacía estragos, las enfermedades tropicales diezmaban a los hombres, y los caballos y cerdos habían sido sacrificados para alimentar a los supervivientes. Fue entonces cuando Pizarro tomó una decisión que cambiaría el curso de la historia: ordenó construir un bergantín para navegar río abajo. La embarcación, bautizada como San Pedro, se construyó utilizando madera de la selva, herrajes de las herraduras de los caballos muertos, resina de los árboles como calafateado y hasta cuerdas hechas con lianas. La construcción del San Pedro fue una hazaña de ingeniería improvisada en condiciones extremas, y demostraría ser la clave para la supervivencia de al menos una parte de la expedición.

Bergantín San Pedro de Pizarro y Orellana. Crédito: Dominio público.

El momento decisivo: la separación de Gonzalo Pizarro

La misión de Orellana: buscar comida y regresar

A finales de diciembre de 1541, con el San Pedro finalmente terminado, Gonzalo Pizarro tomó una decisión que él mismo lamentaría el resto de su vida. Escogió a Francisco de Orellana para comandar el bergantín río abajo en busca de provisiones. La lógica era aparentemente simple: Orellana era el mejor candidato porque había aprendido varias lenguas indígenas y podría negociar con los nativos que encontrara. Llevaría consigo a 57 hombres, los heridos y enfermos que no podían continuar por tierra, además de los pertrechos más pesados.

El plan de Pizarro era que Orellana navegara río abajo durante unos días hasta encontrar poblaciones indígenas donde pudiera conseguir comida. Una vez obtenidas las provisiones, Orellana debía remontar el río para reunirse con la columna principal, que avanzaría lentamente por tierra siguiendo la orilla del río. Parecía un plan razonable, pero tenía un defecto fatal: Pizarro desconocía por completo la fuerza de la corriente del río Coca y, más aún, del Napo al que desembocaba.

El 26 de diciembre de 1541, Orellana y sus 57 hombres se embarcaron en el San Pedro y se lanzaron río abajo. Entre los pasajeros estaba el fraile dominico Gaspar de Carvajal, también natural de Trujillo, quien tendría el papel crucial de documentar toda la expedición en su famosa Relación del nuevo descubrimiento del famoso río Grande. Durante los primeros días navegaron por el río Coca sin encontrar señales de poblaciones ni de comida. La corriente, mucho más fuerte de lo previsto, los arrastraba a velocidades de hasta 10 kilómetros por hora, haciendo prácticamente imposible cualquier intento de remontar el río.

El 3 de enero de 1542, tras más de una semana de navegación, la expedición alcanzó la confluencia del Coca con el Napo. Aquí el río se ensanchaba dramáticamente, convirtiéndose en una masa de agua marrón y turbulenta de varios cientos de metros de ancho. Poco después, encontraron finalmente lo que buscaban: el poblado del cacique Aparia, cuyos habitantes les recibieron amistosamente y les proporcionaron abundante comida, principalmente pescado, maíz, yuca y frutas.

La decisión imposible: ¿regresar o continuar?

Con las bodegas del San Pedro llenas de provisiones, Orellana enfrentó el momento más crítico de su vida. Había cumplido la misión encomendada por Pizarro: había encontrado comida. Ahora tocaba decidir qué hacer. Orellana dio la orden de prepararse para remontar el río y regresar con Pizarro. Sin embargo, sus hombres se amotinaron.

Los argumentos de la tripulación eran contundentes y difíciles de refutar. Primero, la corriente del río Napo era tan fuerte que resultaba materialmente imposible remontarla con su pequeño bergantín. Habían navegado río abajo durante más de una semana y, según sus cálculos, estaban ya a más de 200 kilómetros del punto donde habían dejado a Pizarro. Remontar esa distancia contra una corriente de 10 kilómetros por hora era sencillamente imposible con los medios que tenían.

Segundo, aunque por algún milagro consiguieran remontar el río, las provisiones se echarían a perder mucho antes de llegar. El calor húmedo de la selva amazónica descomponía la comida en cuestión de días. No tenían forma de preservar los alimentos el tiempo suficiente para un viaje de retorno que podría durar semanas o meses. Regresar sin comida no tenía sentido alguno.

Tercero, intentar ir por tierra era aún más suicida. La selva amazónica era una muralla impenetrable de vegetación, atravesada por ríos, pantanos y barrancos. Sin senderos, sin guías y con la certeza de perderse en cuestión de horas, ir a pie sería condenarse a una muerte segura. Los hombres argumentaron que seguir río abajo hasta encontrar el mar era su única posibilidad de sobrevivir.

Orellana se encontró ante un dilema moral terrible. Por un lado, sabía que Pizarro contaba con él y que su ausencia podía condenar a muerte a todos los hombres que habían quedado atrás. Por otro lado, sus propios hombres le planteaban argumentos racionales que él mismo, como navegante experimentado, sabía que eran ciertos. Finalmente, Orellana cedió a los razonamientos de sus compañeros, pero estableció una condición: esperarían en el poblado de Aparia durante dos o tres semanas para dar a Pizarro la oportunidad de alcanzarlos descendiendo por tierra.

Durante casi un mes, Orellana y sus hombres permanecieron en territorio de Aparia. Mejoraron las condiciones del campamento, cazaron y pescaron para reponer fuerzas y exploraron los alrededores, pero Gonzalo Pizarro nunca apareció. Lo que Orellana no podía saber era que Pizarro, al ver que Orellana no regresaba, había dado media vuelta y emprendido el penoso camino de regreso a Quito, convencido de que su segundo lo había traicionado.

La acusación de traición y la absolución del Consejo de Indias

Cuando Gonzalo Pizarro finalmente regresó a Quito en junio de 1542, tras una marcha infernal en la que perdió a todos menos 80 de los 4.000 hombres con los que había partido, su rabia contra Orellana no conocía límites. En una carta al rey Carlos V fechada el 3 de septiembre de 1542, Pizarro acusó formalmente a Orellana de traición, deserción y alzamiento. Según Pizarro, Orellana lo había abandonado deliberadamente llevándose las armas y pertrechos más valiosos, condenando al resto de la expedición a la muerte.

La versión de Pizarro pintaba a Orellana como un traidor codicioso que, deslumbrado por la posibilidad de quedarse con la gloria del descubrimiento para sí mismo, había decidido abandonar a su comandante en la selva. Pizarro afirmaba que Orellana nunca tuvo intención de regresar, que la misión de buscar provisiones había sido simplemente una excusa para separarse de la columna principal y lanzarse a la aventura por su cuenta.

Francisco de Orellana y Gonzalo Pizarro. Crédito: Dominio público.

Sin embargo, cuando Orellana regresó a España en 1543 y tuvo que defenderse ante el Consejo de Indias, los testimonios de todos sus hombres, especialmente el del fraile Gaspar de Carvajal, contaron una historia muy diferente. Carvajal, como hombre de iglesia y testigo imparcial, tenía una credibilidad especial. En su Relación, Carvajal documentó exhaustivamente las razones por las que resultaba imposible remontar el río: la fuerza de la corriente, la imposibilidad de preservar los alimentos, la falta de medios para navegar río arriba.

Más importante aún, Carvajal testificó que Orellana había tomado la decisión de continuar río abajo solo después de que sus hombres se negaran a intentar el regreso, y que había esperado durante semanas la llegada de Pizarro antes de abandonar definitivamente el campamento de Aparia. El testimonio de Carvajal, confirmado por las declaraciones de otros miembros de la expedición, fue devastador para las acusaciones de Pizarro.

El Consejo de Indias, tras escuchar todos los testimonios y examinar la Relación de Carvajal, absolvió a Orellana de todos los cargos. La sentencia reconocía que Orellana había actuado con rectitud y honradez, que la decisión de continuar río abajo había sido una cuestión de supervivencia y no de ambición y que había hecho todo lo posible por reunirse con Pizarro antes de verse forzado a seguir adelante. La absolución oficial del Consejo de Indias vindicó a Orellana, aunque el debate sobre si traicionó o no a Pizarro continuaría durante siglos entre historiadores.

La verdad, como suele ocurrir, probablemente está en un punto intermedio. Orellana no era un traidor que planeara abandonar a Pizarro desde el principio, pero tampoco era un santo que tomó la decisión de continuar río abajo exclusivamente por necesidad. La oportunidad de protagonizar un descubrimiento de semejante magnitud, de navegar un río desconocido hasta el mar, de escribir su nombre en la historia, debió pesar en su decisión. Sin embargo, esto no invalida el hecho de que regresar era objetivamente imposible. Orellana tomó una decisión pragmática en circunstancias extremas y esa decisión lo llevó a realizar una de las exploraciones más notables de todos los tiempos.

Navegando el río más grande del mundo: ocho meses de odisea

12 de febrero de 1542: entrando al Amazonas

Tras abandonar el campamento de Aparia, Orellana y sus hombres navegaron río abajo por el Napo durante varias semanas. El 12 de febrero de 1542, una fecha que el fraile Carvajal registró meticulosamente en su crónica, la expedición alcanzó un momento que cambiaría la historia: la confluencia del río Napo con un curso de agua tan inmenso que los españoles creyeron estar ante el mar. Habían llegado al río Amazonas.

La primera impresión de los exploradores al ver el Amazonas fue de absoluto asombro. Nunca habían visto un río de tales dimensiones. En algunos puntos era tan ancho que no se podía divisar la orilla opuesta. La masa de agua marrón y turbulenta se extendía hasta el horizonte, moviéndose con una fuerza que hacía parecer insignificante al San Pedro. Según Carvajal, el río tenía tal anchura que «había momentos en que no se divisaba la orilla opuesta», una descripción que no exageraba: en ciertos tramos, el Amazonas supera los 10 kilómetros de ancho.

Consciente de que su pequeño bergantín no era suficiente para navegar con seguridad un río de tales proporciones, Orellana tomó una decisión crucial: construir una segunda embarcación. Durante varias semanas, mientras navegaban río abajo buscando un lugar adecuado, los expedicionarios trabajaron en la construcción de un segundo bergantín al que bautizaron como Victoria. La construcción se realizó en condiciones extremadamente precarias, utilizando herramientas improvisadas y materiales de la selva, pero finalmente consiguieron botar al agua una embarcación funcional.

Encuentros con pueblos indígenas: alianzas, combates y maravillas

Durante los ocho meses que duró el descenso del Amazonas, Orellana y sus hombres entraron en contacto con docenas de pueblos indígenas diferentes. Algunos les recibieron con hospitalidad, otros con hostilidad abierta, pero todos quedaron registrados en la meticulosa crónica de Carvajal, proporcionando información etnográfica invaluable sobre civilizaciones que desaparecerían poco después del contacto europeo.

Uno de los encuentros más notables ocurrió en el territorio de los Omagua, un pueblo que habitaba una región rica y densamente poblada. Carvajal describe pueblos grandes, con casas bien construidas, cultivos extensos y una organización social compleja. Los Omagua fabricaban cerámica de gran calidad, tejían telas de algodón y comerciaban con pueblos distantes. Particularmente impresionante para los españoles fue el descubrimiento de vicuñas en esta región, animales propios de los Andes que indicaban la existencia de redes comerciales que conectaban la Amazonía con las tierras altas del Perú.

En un poblado al que los españoles llamaron «el pueblo de la loza», Orellana y sus hombres encontraron algo que los dejó completamente maravillados: loza vidriada y esmaltada de todos los colores. Había tinajas grandes, cántaros, vasijas pequeñas, escudillas y hasta candelabros. La calidad de la cerámica era tal que Carvajal la compara favorablemente con la mejor porcelana europea. Este descubrimiento contradecía la imagen posterior de la Amazonía como una región habitada únicamente por tribus «primitivas» y evidenciaba la existencia de sociedades con alto nivel de desarrollo tecnológico y artístico.

No todos los encuentros fueron pacíficos. En varios puntos del viaje, los españoles se vieron obligados a combatir contra pueblos indígenas que intentaban impedir su paso. Los combates eran desiguales: los españoles tenían armaduras, arcabuces y ballestas, mientras que los indígenas luchaban con flechas, lanzas y macanas. Sin embargo, la superioridad numérica de los nativos y su conocimiento del terreno hicieron que varios de estos enfrentamientos fueran extremadamente peligrosos para los expedicionarios.

La estrategia de Orellana fue siempre intentar el diálogo antes del combate. Gracias a su conocimiento de lenguas indígenas y su habilidad diplomática, consiguió en muchas ocasiones evitar enfrentamientos o negociar la obtención de alimentos sin violencia. Esta capacidad diplomática fue, probablemente, tan importante para la supervivencia de la expedición como su pericia militar o náutica.

ruta del viaje de orellana por el amazonas
Viaje de Orellana por el Amazonas. Crédito: Dominio público.

3 de junio: el descubrimiento del Río Negro

El 3 de junio de 1542, Carvajal registró uno de los momentos más notables de la expedición. La crónica describe el momento con precisión científica notable para su época: «Vimos una boca de otro río grande a la mano siniestra, que entraba en el que nosotros navegábamos, el agua del cual era negra como tinta, y por esto le pusimos el nombre del Río Negro, el cual corría tanto y con tanta ferocidad que en más de veinte leguas hacía raya en la otra agua sin revolver la una con la otra».

La descripción de Carvajal es exacta. El Río Negro, el mayor afluente del Amazonas por su margen izquierdo, tiene aguas de color negro debido a la alta concentración de materia orgánica en descomposición y su mayor acidez. Cuando se encuentra con las aguas marrón-claras del Amazonas, la diferente densidad, acidez y temperatura de ambos ríos crea una línea visible que separa ambas corrientes durante varios kilómetros. Este fenómeno, conocido como el «encuentro de las aguas», puede observarse aún hoy y es una de las maravillas naturales más fotografiadas de la Amazonía.

El nombre Río Negro, dado por Orellana hace casi 500 años, ha perdurado hasta nuestros días, convirtiéndose en uno de los nombres geográficos más antiguos de origen europeo que sobreviven en Sudamérica. El descubrimiento del Río Negro marcó también la entrada de la expedición en una nueva fase del viaje: a partir de este punto, empezaron a encontrar pueblos más numerosos y mejor organizados, pero también más hostiles.

24 de junio: el encuentro con las Amazonas y el origen del nombre del río

El episodio más famoso y controvertido de toda la expedición ocurrió el 24 de junio de 1542, día de San Juan. Ese día, mientras navegaban cerca de la desembocadura del río Trombetas (en la región de la actual isla Tupinambarana), Orellana y sus hombres fueron atacados por guerreros de un pueblo indígena. Lo extraordinario del combate fue que entre los atacantes había mujeres que luchaban con fiereza igual o superior a la de los hombres.

Carvajal describe el episodio en su crónica con considerable detalle. Según su relato, las mujeres guerreras eran «muy blancas y altas, con el cabello muy largo y trenzado, muy musculosas y fuertes», y luchaban en primera línea del combate. Los hombres indígenas que luchaban junto a ellas las obedecían y parecían tenerles considerable respeto. Carvajal afirma que estas mujeres «hacían tanto mal como diez indios» y que disparaban flechas con una puntería mortífera.

Tras el combate, Orellana capturó a un indígena y lo interrogó sobre estas mujeres guerreras. El prisionero contó que pertenecían a un pueblo gobernado exclusivamente por mujeres, que vivían sin la presencia permanente de hombres excepto para la reproducción, que sus pueblos eran ricos y estaban bien fortificados y que dominaban un vasto territorio en el interior de la selva. El relato recordó inmediatamente a los españoles la leyenda griega de las amazonas, las míticas guerreras que habitaban en los confines del mundo conocido.

Orellana decidió bautizar el gran río que estaban navegando como «río de las Amazonas«, nombre que acabaría imponiéndose sobre otras denominaciones como «río Marañón» o «río de Orellana» que también se utilizaron durante algún tiempo. El nombre Amazonas ha perdurado hasta hoy, aunque el debate sobre si realmente existió una sociedad matriarcal guerrera en la Amazonía o si se trató de una interpretación errónea de costumbres indígenas continúa entre los historiadores.

La explicación más probable es que los españoles se encontraron con alguna tribu donde las mujeres participaban activamente en el combate, una práctica no desconocida entre algunos pueblos amazónicos. La imaginación europea, alimentada por las leyendas clásicas y la tendencia a magnificar lo exótico, transformó esta observación en el relato de las amazonas. Sin embargo, el hecho de que varios testigos independientes describieran el mismo fenómeno sugiere que algo inusual ocurrió realmente ese día de junio de 1542.

24 de agosto: la llegada al Atlántico

Tras más de ocho meses de navegación, después de recorrer más de 3.000 kilómetros desde su separación de Pizarro, el 24 de agosto de 1542 Orellana y sus hombres alcanzaron finalmente la desembocadura del Amazonas en el océano Atlántico. El momento debió ser agridulce: por un lado, habían sobrevivido a una odisea que parecía imposible; por otro, enfrentaban ahora el peligro del mar abierto en dos bergantines construidos para navegar ríos.

La zona de la desembocadura del Amazonas presenta uno de los fenómenos naturales más peligrosos para la navegación: la pororoca, un choque violento entre la corriente del río y las mareas oceánicas que genera olas de varios metros de altura. Durante dos días, Orellana y sus hombres lucharon contra estas olas monstruosas, temiendo que sus frágiles embarcaciones se destrozaran en cualquier momento. Finalmente, el 26 de agosto consiguieron salir a mar abierto y poner rumbo al noroeste, siguiendo la costa.

La travesía marítima fue casi tan penosa como el viaje fluvial. Los bergantines, diseñados para ríos, no estaban preparados para el oleaje oceánico. Las velas improvisadas se rasgaban constantemente, el agua se filtraba por las junturas mal calafateadas y la provisión de agua potable se convirtió en un problema crítico. En una ocasión, diez hombres del Victoria desertaron, prefiriendo quedarse con los indígenas de una isla donde habían desembarcado que continuar en la embarcación.

El 11 de septiembre de 1542, más de nueve meses después de haber partido del campamento de Pizarro, los supervivientes de la expedición alcanzaron la isla de Cubagua, en el mar Caribe, cerca de la costa de Venezuela. De los 57 hombres que habían iniciado el viaje, solo 43 llegaron vivos a Cubagua, aunque todos los que desembarcaron allí sobrevivieron finalmente. Orellana había completado una de las exploraciones más extraordinarias de la historia: había navegado el río más largo y caudaloso del planeta de extremo a extremo, había cruzado Sudamérica de oeste a este, y había abierto una nueva frontera del conocimiento geográfico.

Gaspar de Carvajal: el cronista que preservó la historia

Ningún relato de la expedición de Orellana estaría completo sin hablar del hombre que la documentó: el fraile dominico Gaspar de Carvajal. También nacido en Trujillo, Carvajal había viajado a Perú en 1533 para dedicarse a la evangelización de los indígenas. En 1540, cuando Gonzalo Pizarro organizó su expedición, Carvajal se unió como capellán, probablemente sin imaginar que estaba a punto de vivir una de las aventuras más extraordinarias jamás documentadas.

gaspar de carvajal fue el primer cronista del amazonas
La crónica del Amazonas de Gaspar de Carvajal es una fuente histórica crucial para conocer las culturas prehispánicas de la Amazonía. Crédito: BNE.

Durante los ocho meses de navegación por el Amazonas, Carvajal llevó un diario meticuloso de todo lo que ocurría. Su Relación del nuevo descubrimiento del famoso río Grande que descubrió por muy gran ventura el capitán Francisco de Orellana es la única fuente primaria completa sobre la expedición. Sin embargo, la Relación de Carvajal permaneció inédita durante más de 350 años, circulando únicamente en copias manuscritas. Fue finalmente publicada en 1894 por el historiador chileno José Toribio Medina, quien reconoció su extraordinario valor histórico.

La crónica de Carvajal es notable por varios motivos. Primero, por su precisión: registra fechas exactas, distancias aproximadas, nombres de ríos y pueblos, descripciones etnográficas detalladas de los pueblos indígenas encontrados. Segundo, por su equilibrio: aunque Carvajal era partidario de Orellana y escribió en parte para defenderlo de las acusaciones de Pizarro, no oculta los momentos difíciles ni los errores cometidos. Tercero, por su valor literario: Carvajal era un buen escritor, capaz de transmitir la emoción y el drama de la expedición sin caer en exageraciones melodramáticas.

Durante mucho tiempo, los historiadores desconfiaron de algunos pasajes de la Relación, especialmente las descripciones de grandes ciudades, caminos bien desarrollados y poblaciones densas en la Amazonía. Se asumía que Carvajal exageraba o directamente inventaba para magnificar los logros de Orellana. Sin embargo, investigaciones arqueológicas recientes han vindicado sorprendentemente a Carvajal: estudios publicados en la revista Nature en 2022 han confirmado que efectivamente existieron civilizaciones complejas en la Amazonía precolombina, con poblaciones densas, agricultura sofisticada y construcciones monumentales. La Amazonía «virgen» e inhabitada que los europeos encontraron en el siglo XVIII era en realidad el resultado del colapso demográfico causado por las enfermedades introducidas por los conquistadores.

El regreso triunfal y el fracaso final

España (1543): en busca de gobernación y reconocimiento

Orellana permaneció en Cubagua solo unas semanas antes de decidir viajar a España para dar cuenta de su descubrimiento al rey Carlos V. Pasó dos semanas en La Española antes de embarcarse hacia la Península Ibérica. Durante el viaje, hizo escala en Portugal, donde el rey João III, enterado del descubrimiento del Amazonas, intentó convencer a Orellana para que dirigiera una expedición portuguesa de conquista y colonización de las tierras que acababa de descubrir.

La oferta portuguesa era tentadora: João III ofrecía financiación abundante, tropas y todo el apoyo necesario para una expedición de gran envergadura. Sin embargo, Orellana rechazó la propuesta. Su lealtad a la Corona española, reforzada por su parentesco con los Pizarro y su deseo de limpiar su nombre de las acusaciones de traición, pesó más que las ventajas materiales de aceptar la oferta portuguesa. En mayo de 1543, después de 16 años de ausencia, Orellana llegó finalmente a España.

Orellana no traía consigo oro ni tesoros que ofrecer al emperador, pero tenía algo potencialmente más valioso: el relato de un río más grande que cualquier otro conocido, de tierras inmensas por colonizar, de una nueva ruta que conectaba el Perú con el Atlántico. Su narración de la expedición, respaldada por los testimonios de Carvajal y otros supervivientes, causó sensación en la corte.

Carlos V estaba ausente, por lo que Orellana fue recibido por el príncipe Felipe (el futuro Felipe II), que actuaba como regente. El príncipe quedó impresionado por el relato de Orellana. Sin embargo, el asunto se complicaba por las acusaciones de Gonzalo Pizarro, que ya habían llegado a la corte. Antes de conceder cualquier merced a Orellana, era necesario que el Consejo de Indias investigara las acusaciones y determinara si había actuado correctamente o había traicionado a su comandante.

El proceso ante el Consejo de Indias duró meses. Orellana tuvo que defenderse de cargos graves: abandono, alzamiento, traición. Sin embargo, los testimonios de sus hombres, especialmente el del fraile Carvajal, fueron devastadores para la acusación. Todos confirmaron que remontar el río era materialmente imposible, que Orellana había esperado a Pizarro y que la decisión de continuar había sido tomada colectivamente por necesidad de supervivencia.

Finalmente, el 13 de febrero de 1544, el Consejo de Indias emitió su veredicto: Orellana quedaba absuelto de todos los cargos. Más aún, se le concedía el título de Adelantado, Gobernador y Capitán General de Nueva Andalucía, nombre dado a los vastos territorios que acababa de descubrir. La Real Cédula le otorgaba «todas las honras, gracias, mercedes, franquezas y libertades, preeminencias, prerrogativas e inmunidades» correspondientes a su cargo. Orellana había conseguido no solo limpiar su nombre, sino también el reconocimiento oficial de su hazaña.

Sin embargo, las capitulaciones también establecían limitaciones importantes. Orellana debía organizar y financiar la nueva expedición con sus propios recursos, con apoyo limitado de la Corona. Debía llevar un número mínimo de colonos, construir fortalezas, fundar ciudades y evangelizar a los indígenas. La colonización de Nueva Andalucía era, en términos prácticos, una empresa privada con licencia real, no una expedición financiada por el Estado.

La segunda expedición: ambición, desastre y muerte (1545-1546)

Organizar una nueva expedición al Amazonas resultó ser mucho más difícil de lo que Orellana había anticipado. Necesitaba conseguir financiación privada, reclutar colonos dispuestos a arriesgar sus vidas en una empresa incierta, adquirir provisiones y equipamiento, y construir o comprar barcos capaces de atravesar el Atlántico. Orellana pasó más de un año recorriendo España buscando inversores y reclutando hombres.

Finalmente, consiguió reunir suficiente apoyo para organizar una flota modesta. En 1545 contrajo matrimonio con Ana de Ayala, una mujer andaluza que insistió en acompañarlo en la expedición a pesar de los peligros evidentes. La flota de Orellana partió de Sanlúcar de Barrameda en mayo de 1545, compuesta por cuatro navíos y aproximadamente 300 hombres, además de algunas mujeres que acompañaban a sus esposos.

Desde el principio, la expedición estuvo marcada por la mala fortuna. Durante la travesía atlántica, una de las naves naufragó cerca de Cabo Verde, con la pérdida de 98 hombres y gran parte de las provisiones. Los barcos restantes continuaron hacia el Caribe, pero las tormentas, las enfermedades y la deserción continuaron reduciendo el número de expedicionarios. Cuando finalmente alcanzaron la desembocadura del Amazonas en 1546, la expedición estaba ya diezmada.

Orellana intentó remontar el delta del Amazonas para establecer una colonia en el interior, pero la tarea resultó imposible. Los barcos, diseñados para navegación oceánica, eran demasiado grandes y pesados para navegar el complejo sistema de canales del delta. Las corrientes, las mareas y la falta de viento favorable convirtieron cada intento en un fracaso. Los hombres empezaron a morir de hambre, enfermedades tropicales y ataques de los indígenas, que esta vez no mostraron la hospitalidad que Orellana había encontrado en su primer viaje.

En algún momento de noviembre de 1546, probablemente cerca de la desembocadura del Amazonas, Francisco de Orellana murió. Las circunstancias exactas de su muerte no están claras: algunas fuentes hablan de enfermedad, otras de que murió ahogado cuando su barco naufragó intentando entrar al delta del río. Tenía apenas 35 años. Con él murieron la mayoría de sus hombres. Los pocos supervivientes, incluida su viuda Ana de Ayala, consiguieron escapar y alcanzar los asentamientos españoles del Caribe, donde dieron testimonio del desastre.

La segunda expedición de Orellana había sido un fracaso absoluto. No consiguió establecer ninguna colonia, no encontró riquezas y perdió la vida en el intento. La irónica paradoja de la vida de Orellana es que su mayor éxito (el descubrimiento del Amazonas en 1542) ocurrió cuando no lo buscaba, mientras que su fracaso final (la expedición colonizadora de 1546) ocurrió cuando tenía todos los permisos, títulos y autoridad necesarios. La historia, al parecer, no da segundas oportunidades.

El legado de Orellana: mundialización del Amazonas

Impacto geográfico: el mapeo de Sudamérica

El descubrimiento del Amazonas por Orellana tuvo consecuencias geográficas de primer orden. Por primera vez, los europeos comprendieron que existía una ruta fluvial que atravesaba Sudamérica de oeste a este, conectando las tierras altas del Perú con el océano Atlántico. Esta revelación cambió completamente la percepción europea sobre la geografía del continente sudamericano.

Busto de Francisco de Orellana en Trujillo. Crédito: Depositphotos.

Los mapas anteriores a 1542 mostraban vagamente la existencia de un gran río en la costa norte de Sudamérica, pero su curso y extensión eran pura especulación. La expedición de Orellana proporcionó información precisa sobre la longitud del río, la ubicación de sus principales afluentes (especialmente el Río Negro), y la naturaleza de las tierras que lo rodeaban. Esta información fue incorporada rápidamente a los mapas europeos, aunque con las inevitables inexactitudes y errores de la época.

El descubrimiento también confirmó la magnitud del continente sudamericano. Hasta entonces, muchos europeos todavía creían que Sudamérica era relativamente estrecha y que no sería difícil atravesarla. La expedición de Orellana demostró que el continente tenía una extensión este-oeste enorme y que la distancia de los Andes al Atlántico era de miles de kilómetros, no de cientos como algunos habían supuesto. Esta realización tuvo implicaciones importantes para los planes de exploración y colonización futuras.

Impacto político: la competencia hispano-portuguesa

El descubrimiento del Amazonas desató inmediatamente una competencia entre España y Portugal por el control de la región. El Tratado de Tordesillas (1494) había dividido el mundo entre ambas potencias mediante una línea imaginaria, pero la extensión del Amazonas hacía difícil determinar qué partes del río caían bajo soberanía española y cuáles bajo soberanía portuguesa.

Portugal respondió rápidamente al descubrimiento de Orellana. Como ya se mencionó, el rey João III intentó contratar al propio Orellana para dirigir una expedición portuguesa. Cuando Orellana rechazó la oferta, los portugueses comenzaron a organizar sus propias expediciones al Amazonas. En 1553, solo once años después del descubrimiento de Orellana, una expedición portuguesa comandada por Francisco Orellana de Guzmán (sin relación con el descubridor) intentó establecer una colonia en la desembocadura del río, aunque fracasó.

La competencia por el Amazonas se mantendría durante siglos. España concentró sus esfuerzos colonizadores en el alto Amazonas, estableciendo misiones y asentamientos en lo que hoy es Perú y Ecuador. Portugal, por su parte, se enfocó en el bajo Amazonas, expandiéndose desde su colonia de Brasil hacia el interior. Esta división aproximada acabaría definiendo las fronteras actuales de los países sudamericanos en la región amazónica.

Impacto cultural: la Amazonía entre el paraíso y el infierno

La expedición de Orellana, tal como fue documentada por Carvajal, tuvo un impacto profundo en el imaginario europeo sobre la Amazonía. Por un lado, las descripciones de pueblos ricos, naturaleza exuberante y tierras fértiles alimentaron la imagen de la Amazonía como un paraíso terrenal, una nueva tierra de promisión donde era posible encontrar riquezas y construir una nueva sociedad.

Por otro lado, los relatos de peligros constantes, enfermedades, hambre, ataques de animales salvajes y guerreros indígenas hostiles crearon la imagen opuesta: la Amazonía como un infierno verde, un lugar donde la naturaleza era hostil y donde la supervivencia requería un esfuerzo sobrehumano. Esta dualidad paraíso-infierno ha caracterizado la percepción occidental de la Amazonía desde el siglo XVI hasta el presente.

La leyenda de las amazonas, especialmente, capturó la imaginación europea. Aunque la existencia de una sociedad matriarcal guerrera nunca fue confirmada, el mito persistió durante siglos. Docenas de expediciones posteriores afirmaron haber encontrado evidencia de las amazonas y el nombre del río consolidó la asociación entre la Amazonía y estas míticas guerreras. La leyenda de las amazonas se convirtió en parte integral de la mitología europea sobre el Nuevo Mundo, mezclándose con otras leyendas como la de El Dorado.

Legado en la cultura popular moderna

La figura de Francisco de Orellana ha tenido una presencia curiosamente discreta en la cultura popular, especialmente comparada con otros conquistadores como Hernán Cortés o Francisco Pizarro. Sin embargo, su expedición ha inspirado obras de ficción, documentales y estudios académicos.

En el cine, aunque Orellana no ha sido el protagonista directo de ninguna película importante, su expedición sirvió de inspiración parcial para la película Aguirre, la cólera de Dios (1972) de Werner Herzog, aunque la película en realidad narra la expedición posterior de Lope de Aguirre en 1561. La película El Dorado (1988) de Carlos Saura también aborda expediciones similares por el Amazonas, aunque tampoco se centra específicamente en Orellana.

En la literatura, la novela El país de la canela (2008) del escritor colombiano William Ospina ofrece una versión novelada de la expedición de Orellana, mezclando hechos históricos con elementos de ficción. La obra fue bien recibida y contribuyó a renovar el interés por esta página de la historia en el mundo hispanohablante.

En los videojuegos, Orellana aparece como protagonista de una campaña en Age of Empires II: The Forgotten (2013), titulada «El Dorado», que recrea su búsqueda del País de la Canela y el descubrimiento del Amazonas. También aparece como unidad especial en Civilization VII (2025), representando a los exploradores españoles del siglo XVI.

Quizás el legado más duradero de Orellana no está en la cultura popular sino en la geografía misma. El río Amazonas, que durante algún tiempo se llamó «río de Orellana», conserva el nombre que él le dio al encontrarse con las guerreras indígenas. Ese nombre, repetido millones de veces cada año en libros, mapas, documentales y conversaciones, mantiene vivo el recuerdo de aquellos 57 hombres que en 1542 navegaron lo imposible.


Orellana y otros exploradores de ríos americanos

Explorador Río/Región Año Distancia Duración Éxito Legado principal
Francisco de Orellana Amazonas (Perú→Atlántico) 1541-42 ~3,000 km 8 meses Total Primer europeo en navegar Amazonas completo. Origen del nombre del río.
Hernando de Soto Mississippi (exploración) 1539-42 ~1,600 km 3 años Parcial Primer europeo en cruzar el Mississippi. Murió durante expedición.
Álvar Núñez Cabeza de Vaca Río de la Plata 1540-42 ~1,000 km 2 años Parcial Exploración Paraguay-Argentina. Conflictos internos arruinaron misión.
Francisco Vázquez de Coronado Suroeste EEUU (ríos varios) 1540-42 ~6,000 km 2 años Parcial Descubrió Gran Cañón. No encontró Cíbola. Fracaso económico.
Gonzalo Pizarro Amazonía ecuatoriana 1541-42 ~800 km 1.5 años Fracaso Expedición desastrosa. 95% de bajas. Nunca alcanzó objetivo.

Fuentes y bibliografía

Fuentes primarias:

  • Carvajal, Gaspar de. Relación del nuevo descubrimiento del famoso río Grande que descubrió por muy gran ventura el capitán Francisco de Orellana.
  • Fernández de Oviedo y Valdés, Gonzalo. Historia general y natural de las Indias. Sevilla, 1535-1557.

Bibliografía en español:

  • Benítez Vinueza, Leopoldo. Los argonautas de la selva: Orellana y el descubrimiento del río Amazonas. Madrid: Cultura Hispánica, 1992.
  • Del Busto Duthurburu, José Antonio. Francisco de Orellana. Lima: Editorial Brasa, 1994.
  • Gil Munilla, Ladislao. Descubrimiento del Marañón. Sevilla: Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1954.
  • Hemming, John. El Dorado: La búsqueda de la ciudad de oro. Barcelona: Ediciones del Serbal, 2002.
  • Medina, José Toribio. Descubrimiento del río de las Amazonas según la relación hasta ahora inédita de Fr. Gaspar de Carvajal. Santiago de Chile, 1894.
  • Muñiz, Mauro. Orellana, el tuerto del Amazonas. Madrid: Alderabán, 1998.
  • Ospina, William. El país de la canela. Barcelona: Mondadori, 2008.
  • Sánchez Rubio, Rocío. «Francisco de Orellana y la mundialización del Amazonas». Revista de Historia de Extremadura, 2015.

Bibliografía en inglés:

  • Hemming, John. The Search for El Dorado. London: Michael Joseph, 1978.
  • Levy, Buddy. River of Darkness: Francisco Orellana’s Legendary Voyage of Death and Discovery Down the Amazon. New York: Bantam Books, 2011.
  • Medina, José Toribio (ed.). The Discovery of the Amazon According to the Account of Friar Gaspar de Carvajal and Other Documents. Translated by Bertram T. Lee. New York: American Geographical Society, 1934.
  • Smith, Anthony. Explorers of the Amazon. Chicago: University of Chicago Press, 1994.
  • Steward, Julian H. (ed.). Handbook of South American Indians, Vol. 3: The Tropical Forest Tribes. Washington: Smithsonian Institution, 1948.

Fuentes digitales:

  • Sociedad Geográfica Española. «Francisco de Orellana (1541-42)». https://sge.org/exploraciones-y-expediciones/galeria-de-exploradores/el-descubrimiento-de-america/el-amazonas/francisco-de-orellana/
  • Hispanic Council. «Francisco de Orellana, el español que descubrió y navegó el Amazonas». https://www.hispaniccouncil.org/francisco-de-orellana-el-espanol-que-descubrio-y-navego-el-amazonas/
  • Proyecto Gutenberg. Relación del descubrimiento del río de las Amazonas (texto completo digitalizado).

Estudios académicos recientes:

  • Prümers, Heiko et al. «Lidar reveals pre-Hispanic low-density urbanism in the Bolivian Amazon«. Nature 606 (2022): 325-328.
  • Heckenberger, Michael J. et al. «Pre-Columbian Urbanism, Anthropogenic Landscapes, and the Future of the Amazon«. Science 321.5893 (2008): 1214-1217.
  • Roosevelt, Anna C. «The Development of Prehistoric Complex Societies: Amazonia, a Tropical Forest«. Archaeological Papers of the American Anthropological Association 9.1 (1999): 13-33.

Explora más sobre exploradores y conquistadores españoles

  • Hernando de Soto: explorador del Mississippi y sur de Estados Unidos
  • Álvar Núñez Cabeza de Vaca: superviviente y explorador de América
  • Francisco Vázquez de Coronado: búsqueda de las siete ciudades de Cíbola
  • Gonzalo Pizarro: la desastrosa expedición al País de la Canela
  • Gaspar de Carvajal: el cronista del Amazonas y la reivindicación de su obra
  • La era de los descubrimientos: exploradores españoles del siglo XVI
  • Conquistadores de Extremadura: Pizarro, Cortés y Orellana

Preguntas frecuentes sobre Francisco de Orellana

¿Quién fue Francisco de Orellana?

Francisco de Orellana fue un conquistador y explorador español nacido en Trujillo, Extremadura, en 1511. Es conocido principalmente por ser el primer europeo en navegar el río Amazonas de extremo a extremo entre 1541 y 1542. Orellana viajó al Nuevo Mundo a los 16 años, participó en la conquista de Perú junto a Francisco Pizarro (su pariente), fundó la ciudad de Guayaquil en Ecuador, y murió en 1546 durante una segunda expedición al Amazonas.

¿Cuándo descubrió Francisco de Orellana el río Amazonas?

Orellana descubrió el Amazonas el 12 de febrero de 1542, cuando la expedición que comandaba alcanzó la confluencia del río Napo con el río Amazonas. Desde ese momento hasta el 24 de agosto de 1542, navegó más de 3,000 kilómetros por el Amazonas hasta alcanzar su desembocadura en el océano Atlántico. El viaje completo duró aproximadamente ocho meses.

¿Por qué el río se llama Amazonas?

Orellana bautizó el río como «río de las Amazonas» tras un combate que tuvo lugar el 24 de junio de 1542 con un pueblo indígena en el que participaban mujeres guerreras. Estas mujeres luchaban con tal fiereza que recordaron a los españoles la leyenda griega de las amazonas, míticas guerreras que habitaban en los confines del mundo conocido. El nombre Amazonas acabó imponiéndose sobre otras denominaciones como «río Marañón» o «río de Orellana».

¿Orellana traicionó a Gonzalo Pizarro?

Gonzalo Pizarro acusó formalmente a Orellana de traición por haberlo abandonado durante la expedición al País de la Canela. Sin embargo, el Consejo de Indias absolvió a Orellana de todos los cargos tras escuchar los testimonios de sus hombres, especialmente del fraile Gaspar de Carvajal. Los testimonios confirmaron que remontar el río era materialmente imposible debido a la fuerza de la corriente, que Orellana esperó durante semanas a que Pizarro apareciera, y que la decisión de continuar río abajo fue tomada por necesidad de supervivencia, no por ambición.

¿Cuánto duró la expedición de Orellana por el Amazonas?

La expedición completa duró aproximadamente nueve meses, desde el 26 de diciembre de 1541 (cuando Orellana se separó de Pizarro) hasta el 11 de septiembre de 1542 (cuando alcanzó la isla de Cubagua en el Caribe). El descenso del Amazonas propiamente dicho, desde la confluencia con el Napo hasta la desembocadura, duró unos seis meses y medio, desde febrero hasta agosto de 1542.

¿Qué es la crónica de Gaspar de Carvajal?

La Relación del nuevo descubrimiento del famoso río Grande que descubrió por muy gran ventura el capitán Francisco de Orellana es la crónica escrita por el fraile dominico Gaspar de Carvajal, quien acompañó a Orellana como capellán de la expedición. Es la única fuente primaria completa sobre el descubrimiento del Amazonas, y contiene información detallada sobre fechas, distancias, encuentros con pueblos indígenas, y episodios como el combate con las amazonas. La crónica permaneció inédita durante 352 años y fue finalmente publicada en 1894.

¿Cómo murió Francisco de Orellana?

Orellana murió en noviembre de 1546, a los 35 años, durante su segunda expedición al Amazonas. Las circunstancias exactas de su muerte no están completamente claras: algunas fuentes hablan de enfermedad tropical, otras de que murió ahogado cuando su barco naufragó intentando entrar al delta del Amazonas. La segunda expedición fue un desastre absoluto, con la pérdida de la mayoría de los hombres y el fracaso completo de la misión colonizadora.

¿Qué legado dejó Francisco de Orellana?

El legado principal de Orellana es el descubrimiento y primer mapeo del río Amazonas, lo que cambió radicalmente el conocimiento europeo sobre la geografía de Sudamérica. Su expedición abrió una nueva ruta que conectaba Perú con el Atlántico, estimuló la competencia entre España y Portugal por el control de la región amazónica, y contribuyó a crear el imaginario europeo sobre la Amazonía como región de riquezas y peligros. El nombre «Amazonas», dado por Orellana, ha perdurado hasta hoy como uno de los nombres geográficos más antiguos de origen europeo en Sudamérica.

Previous Post

Gaspar de Carvajal: el cronista del Amazonas y la reivindicación de su obra

Next Post

La conquista de México 1519-1521: análisis del derrumbe del imperio Azteca

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Estoy de acuerdo con los términos y condiciones de la Política de Privacidad.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Recomendadas

  • Trending
  • Latest
angeles caidos quienes son

Historia de los Ángeles caídos: qué son, quienes fueron y lista de los más importantes

30 abril, 2019 - Updated on 29 octubre, 2025
lista emperadores romanos

Lista de Emperadores Romanos: los 147 Césares de la Historia

10 julio, 2014 - Updated on 27 agosto, 2025
lista dioses de egipto

Lista completa de dioses egipcios: todos los dioses de Egipto

1 agosto, 2018 - Updated on 30 diciembre, 2025
mito de pandora abriendo la caja con todos los males menos la esperanza

Pandora, la primera mujer de la mitología griega y el mito de la caja

1 septiembre, 2015 - Updated on 22 noviembre, 2025
caracteristicas arte egipto

Principales características del arte egipcio: pintura, arquitectura y escultura

7 enero, 2021 - Updated on 28 abril, 2021
origen e historia de las matemáticas

Historia de las matemáticas, origen y evolución

29 marzo, 2020 - Updated on 5 noviembre, 2025
Los restos de la Santa María podrían estar bajo las costas de Haití.

¿Podría ser la Santa María el pecio hallado en las costas de Haiti?

13 enero, 2026
augusto segun suetonio

Augusto según Suetonio: la virtud como justificación del poder

12 enero, 2026
hefestion fue el compañero y general mas cercano a alejandro magno

Hefestión, el compañero y general más cercano de Alejandro

12 enero, 2026
conquista de mexico por hernan cortes

La conquista de México 1519-1521: análisis del derrumbe del imperio Azteca

12 enero, 2026
francisco de orellana el primer navegante del rio amazonas

Francisco de Orellana y el descubrimiento del río Amazonas (1541-1542)

11 enero, 2026
gaspar de carvajal fue el primer cronista del amazonas

Gaspar de Carvajal: el cronista del Amazonas y la reivindicación de su obra

10 enero, 2026

Páginas

  • Diccionario de Historia
  • Dinosaurios: toda la información sobre dinosaurios
  • Historia de los supercontinentes de la Tierra
  • Historia geológica de la Tierra
  • Lista de Ciudades y Monumentos Patrimonio de la Humanidad en España

Recomendados

Mitología:

  • Mitología griega.
  • Mitología nórdica
  • Mitología egipcia
Los restos de la Santa María podrían estar bajo las costas de Haití.

¿Podría ser la Santa María el pecio hallado en las costas de Haiti?

13 enero, 2026
augusto segun suetonio

Augusto según Suetonio: la virtud como justificación del poder

12 enero, 2026
hefestion fue el compañero y general mas cercano a alejandro magno

Hefestión, el compañero y general más cercano de Alejandro

12 enero, 2026
  • Política de Cookies
  • Contacto
  • Autores
  • Servicios

© 2010-2025 Red Historia - Todos los derechos reservados. ISSN 2605-1060

No Result
View All Result
  • Noticias
  • Arqueología
    • América
    • Asia
    • Europa
    • África
  • Historia
    • Antigua
      • América
      • Egipto
      • Grecia
      • Roma
    • Edad Media
    • Moderna
    • Contemporánea
      • Primera Guerra
      • Segunda Guerra
    • Historia del Arte
    • Historia de las Religiones
    • Historia de la Tierra
  • Biblioteca
    • Bibliografía de Historia
    • Fuentes Históricas
    • Literatura
    • Libros de Historia
    • Novelas Históricas
  • Biografías
  • Mitología
    • Mitología de Grecia
    • Egipcia
    • Nórdica
    • Diccionario mitología griega y romana
  • Diccionario de Historia
  • Dinosaurios
  • Ocio
    • Viajes
    • Videojuegos

© 2010-2025 Red Historia - Todos los derechos reservados. ISSN 2605-1060

Esta web usa cookies. Para continuar, debes dar tu consentimiento a las cookies que se utilizan. Revisa nuestra Política de cookies.