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El exorcismo en el catolicismo: historia, Rituale Romanum y práctica contemporánea

by Marcelo Ferrando Castro
22 junio, 2026
in Historia de las Religiones
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Sacerdote católico realizando un exorcismo en el catolicismo en una iglesia antigua, con crucifijo, libro litúrgico, incienso y luz dramática de vitrales.

Ritual de exorcismo romano en el interior de una iglesia antigua, con un sacerdote celebrando el rito bajo una atmósfera solemne y cinematográfica. Crédito: Red Historia

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El exorcismo católico es uno de los rituales más antiguos, más debatidos y más persistentes de la historia del cristianismo occidental. Su presencia en la Iglesia no es una anomalía medieval sino una continuidad ininterrumpida que arranca en los evangelios, se consolida en la Iglesia primitiva, se sistematiza en la liturgia de los primeros siglos, alcanza su codificación más completa en el Rituale Romanum de 1614 y llega hasta el siglo XXI con una práctica viva, autorizada y en ciertos países en expansión.

La Iglesia católica distingue entre dos tipos de exorcismo. Los exorcismos menores son bendiciones y oraciones incluidas en la liturgia ordinaria (el rito del bautismo contiene exorcismos menores desde la antigüedad) que tienen una función protectora general y no requieren ninguna autorización especial. El exorcismo mayor o solemne es el ritual destinado a una persona que se considera poseída por un demonio: requiere autorización expresa del obispo diocesano, debe ser realizado por un sacerdote específicamente designado como exorcista y sigue un procedimiento codificado con precisión por el ritual oficial de la Iglesia.

Lo que hace al exorcismo católico singularmente interesante como objeto de estudio histórico no es solo su antigüedad sino su capacidad de adaptación: ha sobrevivido la Ilustración, el positivismo científico, la psicología moderna y el Concilio Vaticano II sin desaparecer, aunque sí transformándose. La reforma del ritual en 1999, que incorporó por primera vez la exigencia de descartar causas psiquiátricas antes de proceder, es un ejemplo de cómo la Iglesia ha intentado mantener la práctica exorcista en diálogo con la ciencia contemporánea sin renunciar a ella.

Índice:

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  • Los exorcismos de Jesús y la Iglesia primitiva
  • La consolidación medieval: ritual, teología y casos célebres
  • El Rituale Romanum de 1614: la codificación oficial
  • Los exorcistas: formación, vocación y práctica
  • La reforma de 1999: el nuevo ritual y el diálogo con la psiquiatría
  • El caso Anneliese Michel: el límite trágico
  • El exorcismo católico en el siglo XXI
  • El Rituale Romanum de 1614 y el ritual reformado de 1999
  • Artículos relacionados con el Exorcismo
  • Fuentes y bibliografía
  • Preguntas frecuentes sobre el exorcismo en el catolicismo
    • ¿Quién puede realizar un exorcismo católico?
    • ¿Cuáles son los signos de posesión demoníaca según la Iglesia católica?
    • ¿Por qué se invoca a San Miguel en el exorcismo católico?
    • ¿Cuánto dura un exorcismo católico?
    • ¿Es el exorcismo católico diferente del pentecostal?
    • ¿Ha aumentado el número de exorcismos en la Iglesia católica?
    • ¿Qué relación tiene el exorcismo con los sacramentos?

Los exorcismos de Jesús y la Iglesia primitiva

El punto de partida de toda la tradición exorcista católica son los exorcismos de Jesús narrados en los evangelios sinópticos. Marcos, el evangelio más antiguo, presenta el exorcismo como una de las actividades centrales del ministerio de Jesús desde el inicio: el primer acto público de Jesús en la sinagoga de Cafarnaún es la expulsión de un espíritu inmundo (Mc 1:23-26) y los exorcismos se repiten a lo largo de todo el evangelio como manifestaciones del Reino de Dios que irrumpe en la historia.

Lo que distingue los exorcismos de Jesús de los de sus contemporáneos judíos, que también practicaban el exorcismo, como documenta Flavio Josefo, es la autoridad directa con que actúa. Los exorcistas judíos invocaban el nombre de Dios o de ángeles como instrumentos de expulsión; Jesús expulsa los demonios por su propia autoridad, sin fórmulas intermedias. La reacción de los presentes en Cafarnaún lo expresa con precisión: «¿Qué es esto? ¡Una enseñanza nueva con autoridad! Manda incluso a los espíritus inmundos y le obedecen» (Mc 1:27).

Esta autoridad es la que Jesús transmite a sus discípulos. En Marcos 6:7 los envía de dos en dos «dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos»; en Lucas 10:17 los 72 regresan diciendo «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre». El nombre de Jesús, no el nombre de Dios del Antiguo Testamento, sino el nombre específico de Jesús, se convierte en el instrumento del exorcismo cristiano, una práctica que el libro de los Hechos muestra ya plenamente operativa en las primeras comunidades.

En la Iglesia primitiva de los siglos II y III, el exorcismo era una práctica común y relativamente accesible. Los exorcistas constituían una de las órdenes menores del clero (junto a los lectores, los acólitos y los porteros) y sus funciones no estaban limitadas a casos de posesión plena sino que incluían la preparación de los catecúmenos para el bautismo mediante exorcismos rituales que se consideraban necesarios para liberar al futuro bautizado de la influencia del demonio.

Los Padres de la Iglesia de los siglos II y III (Justino Mártir, Tertuliano, Orígenes, Cipriano de Cartago) documentan la práctica exorcista con abundancia y la presentan como una de las pruebas de la verdad del cristianismo frente al paganismo. Tertuliano, en su Apología (capítulo 23), desafía abiertamente a los paganos a traer a sus endemoniados ante un cristiano para que los exorcice y afirma que los demonios obedecen al nombre de Cristo de inmediato. Orígenes, en su Contra Celso, describe los exorcismos cristianos como fenómenos cotidianos que cualquier creyente puede presenciar.

La consolidación medieval: ritual, teología y casos célebres

La Edad Media fue el período de mayor elaboración teológica y ritual del exorcismo católico. La combinación de la teología agustiniana del demonio, que situaba a Satanás como el «príncipe de este mundo» con un poder real aunque limitado sobre los seres humanos, con la angelología de Pseudo-Dionisio y la medicina humoral medieval creó un marco conceptual donde la posesión demoníaca era una posibilidad real y el exorcismo una necesidad pastoral concreta.

Tomás de Aquino sistematizó la teología de la posesión demoníaca en la Summa Theologiae, distinguiendo entre la tentación (la influencia exterior del demonio sobre la voluntad humana) y la posesión (la ocupación del cuerpo por el demonio, con o sin el consentimiento de la voluntad). Esta distinción teológica tuvo consecuencias rituales precisas: el exorcismo mayor estaba destinado a los casos de posesión corporal, mientras que otros remedios espirituales como la penitencia, la oración o los sacramentos, eran suficientes para la tentación ordinaria.

Los manuales de exorcismo medievales, colecciones de fórmulas, oraciones y procedimientos para la expulsión de demonios, proliferaron a partir del siglo XII y muestran una diversidad considerable en los métodos y las fórmulas empleadas. Algunos incorporaban elementos de la magia natural (hierbas, fumigaciones, amuletos) junto a las oraciones litúrgicas, una mezcla que la Iglesia miraba con recelo pero que reflejaba la porosidad entre la religión oficial y la práctica popular.

Uno de los casos de exorcismo medieval más documentados es el de la beata María de Ágreda en el siglo XVII (ya en los umbrales del período moderno) pero los textos medievales contienen numerosas hagiografías de santos exorcistas cuyas historias ilustran bien los rasgos que la tradición consideraba característicos de la posesión auténtica: el conocimiento de lenguas desconocidas, la revelación de cosas ocultas, la fuerza sobrehumana y la reacción violenta ante los objetos sagrados.

San Bernardino de Siena en el siglo XV y San Pedro Canisio en el XVI son figuras cuyas biografías incluyen episodios de exorcismo que la tradición hagiográfica presentó como prueba de su santidad. La conexión entre santidad y capacidad exorcista es un rasgo constante de la hagiografía medieval: el santo no solo puede resistir la tentación demoníaca sino que tiene autoridad para expulsar los demonios que afligen a otros, autoridad que no deriva de su orden clerical sino de su proximidad a Dios.

El papel del arcángel Miguel en la práctica exorcista medieval merece una mención específica. La devoción a Miguel como protector contra el demonio, consolidada por las apariciones del Monte Gargano y del Mont-Saint-Michel, hizo que su nombre se incorporara progresivamente a las fórmulas de exorcismo y a las oraciones de protección. La imagen de Miguel aplastando a Satanás se convirtió en el referente iconográfico del exorcismo: si Miguel venció al demonio en la guerra celestial del Apocalipsis, invocar su nombre en el exorcismo era invocar esa victoria.

El Rituale Romanum de 1614: la codificación oficial

El Rituale Romanum de 1614, promulgado bajo el papa Paulo V como parte de la reforma litúrgica post-tridentina, fue el primer manual litúrgico oficial de la Iglesia católica que codificó el exorcismo mayor en un texto normativo con autoridad universal. Antes de 1614 existían rituales diocesanos y manuales locales con variaciones considerables; el Rituale Romanum estableció un texto único y obligatorio para toda la Iglesia latina.

El título del capítulo dedicado al exorcismo es revelador: Ritus exorcizandi obsessos a daemonio, «El rito de exorcizar a los obsesos por el demonio». El término latino obsessus (no possessus) refleja una distinción teológica precisa: la posesión (possessio) implica el control total del cuerpo por el demonio, mientras que la obsesión (obsessio) puede ser un grado menor de influencia. En la práctica pastoral, sin embargo, los dos términos se usaban frecuentemente de manera intercambiable.

El ritual de 1614 establecía con precisión los signos de posesión auténtica que el exorcista debía verificar antes de proceder: hablar o entender lenguas desconocidas, revelar cosas ocultas o distantes, mostrar una fuerza física superior a la natural dada la edad y condición del afectado y manifestar una aversión violenta hacia las cosas sagradas. El ritual advertía explícitamente que estos signos debían estar presentes con certeza y no ser el resultado de enfermedad o engaño, una cautela que la práctica posterior no siempre respetó.

El procedimiento del ritual se estructuraba en varias fases que el exorcista debía seguir con disciplina: la recitación del salmo 53 y las letanías de los santos, la imposición de manos sobre el afectado, la aspersión con agua bendita, la lectura del evangelio de Juan, oraciones de intercesión y finalmente las fórmulas de exorcismo directo, las preces imperatoriae, en las que el sacerdote ordenaba directamente al demonio abandonar el cuerpo en nombre de la Santísima Trinidad, de Jesucristo y del arcángel Miguel.

Las fórmulas de exorcismo directo del Rituale Romanum tienen una solemnidad y una potencia retórica notables. La más conocida comienza: «Exorcizo te, immundissime spiritus, omnis incursio adversarii, omne phantasma, omnis legio, in nomine Domini nostri Jesu Christi» — «Te exorcizo, espíritu inmundísimo, toda incursión del adversario, todo fantasma, toda legión, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo». La fórmula continúa ordenando al demonio revelar su nombre, el día y la hora de su salida y abandonar el cuerpo sin causarle daño.

El ritual podía repetirse durante sesiones prolongadas y en múltiples encuentros si el demonio no cedía en la primera sesión. Los manuales de exorcismo posteriores al Rituale Romanum describían con detalle las tácticas que los demonios empleaban para resistir (el engaño, la violencia, la imitación de voces conocidas, el fingimiento de haber salido) y las estrategias que el exorcista debía emplear para superarlas. Es una literatura que revela tanto sobre la psicología del ritual como sobre la teología del demonio.

Los exorcistas: formación, vocación y práctica

La figura del exorcista católico ha evolucionado considerablemente a lo largo de la historia. En la Iglesia primitiva, el exorcismo podía ser practicado por cualquier cristiano con fe suficiente, aunque los exorcistas ordenados (miembros de una orden menor del clero) tenían una función específica. En la Edad Media, la práctica se fue reservando progresivamente al clero y el Rituale Romanum de 1614 estableció que el exorcismo mayor solo podía realizarlo un sacerdote con autorización episcopal.

El canon 1172 del Código de Derecho Canónico de 1983 confirma esta restricción: «Nadie puede realizar legítimamente exorcismos sobre los posesos si no ha obtenido del Ordinario del lugar licencia peculiar y expresa». El Ordinario del lugar es el obispo diocesano y la licencia es personal, se otorga a un sacerdote concreto para un caso concreto, no general.

En la práctica contemporánea, la demanda de exorcismos ha crecido notablemente en varios países en las últimas décadas. La Asociación Internacional de Exorcistas, fundada en 1990 por el padre Gabriele Amorth, el exorcista más conocido del siglo XX, que afirmaba haber realizado decenas de miles de exorcismos a lo largo de su carrera, tiene miembros en más de treinta países y organiza formación específica para sacerdotes exorcistas.

Gabriele Amorth (1925-2016) es la figura más influyente del exorcismo católico contemporáneo. Exorcista oficial de la diócesis de Roma durante décadas, Amorth escribió varios libros sobre sus experiencias como Un exorcista cuenta su historia (1990) y Habla un exorcista (1998), que se convirtieron en referencias obligadas tanto para los defensores del exorcismo como para sus críticos. Amorth sostenía que la posesión demoníaca era más frecuente de lo que la Iglesia reconocía oficialmente y criticaba la resistencia de algunos sectores eclesiásticos a tomar en serio las solicitudes de exorcismo.

La reforma de 1999: el nuevo ritual y el diálogo con la psiquiatría

En 1999, la Congregación para el Culto Divino publicó una versión revisada del ritual de exorcismo: el De Exorcismis et Supplicationibus Quibusdam —»Sobre los exorcismos y ciertas súplicas»—, que actualizó el texto de 1614 por primera vez en casi cuatro siglos.

Los cambios más significativos del nuevo ritual no son tanto textuales (las fórmulas de exorcismo se mantienen en lo esencial) como contextuales y procedimentales. La novedad más importante es la exigencia explícita de que el exorcista se asegure, con la colaboración de médicos y psiquiatras si es necesario, de que el caso no tiene una explicación clínica antes de proceder con el exorcismo. Esta cautela, que en la práctica ya recomendaban los manuales más prudentes desde el siglo XIX, quedó incorporada formalmente al texto oficial.

El nuevo ritual también introdujo una distinción más clara entre el exorcismo mayor (reservado a los casos de posesión) y un conjunto de oraciones de liberación que pueden usarse en casos de influencia demoníaca menor sin que constituyan un exorcismo solemne. Esta distinción tiene consecuencias pastorales importantes: permite a los sacerdotes responder a las demandas espirituales de sus feligreses sin necesidad de recurrir inmediatamente al ritual completo, que requiere autorización episcopal.

La colaboración entre exorcistas y psiquiatras que el nuevo ritual favorece ha tomado formas concretas en algunos países. En Italia, varios equipos diocesanos han establecido protocolos de derivación entre el servicio de exorcismo y los servicios de salud mental, con psiquiatras que evalúan los casos antes de que el exorcista intervenga y que hacen seguimiento posterior. En España, algunas diócesis han creado grupos de estudio mixtos donde teólogos, psiquiatras y pastores analizan conjuntamente los casos que se les presentan.

El debate sobre los límites entre la posesión demoníaca y la enfermedad mental no está cerrado dentro de la Iglesia. Hay sectores que consideran que la psiquiatría moderna ha reducido indebidamente el espacio de lo espiritual y que muchos casos de posesión auténtica son diagnosticados erróneamente como trastornos mentales. Otros, especialmente entre el clero con formación científica, consideran que la Iglesia debe ser mucho más restrictiva en el reconocimiento de casos de posesión y que la prudencia pastoral exige descartar todas las explicaciones naturales antes de recurrir al exorcismo.

El caso Anneliese Michel: el límite trágico

Ningún debate contemporáneo sobre el exorcismo católico puede ignorar el caso de Anneliese Michel, la joven alemana que murió en julio de 1976 tras meses de sesiones de exorcismo autorizadas por la diócesis de Wurzburgo y que se convirtió en el símbolo más doloroso de los riesgos de la práctica exorcista cuando no va acompañada de la debida prudencia médica.

Anneliese nació en 1952 en Klingenberg am Main, Baviera, en una familia católica devota. A los 16 años sufrió su primera crisis epiléptica y fue diagnosticada de epilepsia del lóbulo temporal. En los años siguientes desarrolló síntomas que su familia y ella misma interpretaron como signos de posesión: visiones demoníacas, voces que la insultaban, aversión a los objetos sagrados, comportamientos violentos durante los episodios. Tras años de tratamiento psiquiátrico sin mejoría (que en realidad puede haber sido empeoramiento por la no adherencia al tratamiento) la familia solicitó un exorcismo.

En 1975, el obispo de Wurzburgo autorizó el exorcismo mayor. Los padres Ernst Alt y Arnold Renz realizaron 67 sesiones de exorcismo entre septiembre de 1975 y junio de 1976, grabadas en casetes que se conservan y que fueron utilizados como prueba en el juicio posterior. Anneliese murió el 1 de julio de 1976 por desnutrición y deshidratación severas, pesando apenas 30 kilogramos. Durante los últimos meses había rechazado la comida convencida de que su sufrimiento era redentor.

Los dos sacerdotes y los padres de Anneliese fueron juzgados y condenados por homicidio culposo en 1978. El caso generó un debate público intenso en Alemania y en la Iglesia universal sobre la responsabilidad de los exorcistas, los límites de la obediencia religiosa y la necesidad de supervisión médica. La película El exorcismo de Emily Rose (2005) y el documental Requiem (2006) llevaron el caso a audiencias internacionales.

El legado del caso Anneliese Michel en la práctica exorcista católica es doble: por un lado, reforzó la exigencia de supervisión psiquiátrica que quedó codificada en el ritual de 1999; por otro, se convirtió en el argumento más citado por quienes consideran que el exorcismo mayor es una práctica que la Iglesia debería abandonar o restringir severamente.

El exorcismo católico en el siglo XXI

Lejos de desaparecer, el exorcismo católico vive en el siglo XXI una paradoja: es más debatido que nunca desde el punto de vista teológico y científico y al mismo tiempo más demandado que en décadas anteriores en términos pastorales.

Las razones de este aumento de demanda son complejas. Algunos analistas lo atribuyen al crecimiento del pentecostalismo y de las religiones afroamericanas en países tradicionalmente católicos, que ha creado una mayor sensibilidad hacia lo sobrenatural entre sectores de la población que antes no lo habrían considerado. Otros lo relacionan con el impacto cultural de películas como El exorcista (1973) de William Friedkin (basada en un caso real de 1949) que instaló en el imaginario popular una imagen muy específica de la posesión demoníaca y del exorcismo que muchas personas reconocen y con la que se identifican cuando experimentan sufrimientos de difícil explicación.

La diócesis de Roma tiene actualmente varios exorcistas autorizados. La Conferencia Episcopal Italiana ha publicado directrices sobre la práctica del exorcismo que insisten en la necesidad de formación específica y supervisión médica. En Polonia, uno de los países con mayor práctica exorcista de Europa, se celebran regularmente jornadas de formación para sacerdotes exorcistas con participación de cientos de clérigos.

En América Latina, el exorcismo católico convive con una realidad religiosa especialmente compleja: la competencia del pentecostalismo, la presencia de las religiones afroamericanas y una religiosidad popular que mezcla elementos católicos con prácticas de muy diverso origen. En este contexto, el exorcismo católico tiene una función específica de afirmación de identidad confesional además de su función pastoral directa.

El Rituale Romanum de 1614 y el ritual reformado de 1999

AspectoRituale Romanum (1614)De Exorcismis (1999)
Autorización requeridaObispo diocesanoObispo diocesano (confirmado)
Evaluación médica previaRecomendada pero no obligatoriaExplícitamente exigida
Fórmulas de exorcismoLatín, imperativas directasLatín o vernácula, estructura similar
Oraciones de liberaciónNo diferenciadas del exorcismoDistinguidas del exorcismo mayor
Signos de posesiónCuatro signos clásicos listadosMismos signos, mayor énfasis en prudencia
Invocación de MiguelPresente en fórmulasMantenida
Vigencia geográficaIglesia latina universalIglesia latina universal

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Fuentes y bibliografía

Fuentes:

  • Marcos 1:23-26, 5:1-20, 6:7; Lucas 10:17; Apocalipsis 12:7-9 en Biblia de Jerusalén, Desclée de Brouwer, Bilbao, 2009.
  • Rituale Romanum (1614). Edición moderna en latín-español: BAC, Madrid, 2003.
  • Congregación para el Culto Divino (1999). De Exorcismis et Supplicationibus Quibusdam. Libreria Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano.
  • Código de Derecho Canónico (1983). Canon 1172. BAC, Madrid, 2001.
  • Tertuliano (197 d.C.). Apologeticum, capítulo 23. Ed. moderna: BAC, Madrid, 2001.

Bibliografía:

  • Levack, Brian P. (2013). The Devil Within: Possession and Exorcism in the Christian West. Yale University Press, New Haven.
  • Amorth, Gabriele (1990). Un esorcista racconta. Edizioni Dehoniane, Roma. [Traducción española: Un exorcista cuenta su historia, BAC, Madrid, 1991]
  • Cuneo, Michael W. (2001). American Exorcism: Expelling Demons in the Land of Plenty. Doubleday, Nueva York.
  • Twelftree, Graham H. (1993). Jesus the Exorcist. Mohr Siebeck, Tubinga.
  • Keck, David (1998). Angels and Angelology in the Middle Ages. Oxford University Press, Oxford.
  • Russell, Jeffrey Burton (1981). Satan: The Early Christian Tradition. Cornell University Press, Ithaca.
  • Ferber, Sarah (2004). Demonic Possession and Exorcism in Early Modern France. Routledge, Londres.
  • Goodman, Felicitas D. (1988). How About Demons? Possession and Exorcism in the Modern World. Indiana University Press, Bloomington.
  • Michel, Anneliese (2005). Das Protokoll. Pattloch Verlag, Múnich.

Preguntas frecuentes sobre el exorcismo en el catolicismo

¿Quién puede realizar un exorcismo católico?

Según el canon 1172 del Código de Derecho Canónico de 1983, solo un sacerdote con licencia expresa del obispo diocesano puede realizar legítimamente el exorcismo mayor. La licencia es personal y específica para cada caso. Cualquier sacerdote puede recitar oraciones de protección y bendiciones menores, pero el exorcismo solemne está estrictamente reservado al exorcista autorizado.

¿Cuáles son los signos de posesión demoníaca según la Iglesia católica?

El Rituale Romanum establece cuatro signos clásicos: hablar o entender lenguas desconocidas, revelar cosas ocultas o distantes, mostrar una fuerza física superior a la natural dada la edad y condición del afectado, y manifestar una aversión violenta y desproporcionada ante los objetos y lugares sagrados. El ritual advierte que estos signos deben verificarse con certeza y que la enfermedad mental debe descartarse antes de proceder.

¿Por qué se invoca a San Miguel en el exorcismo católico?

Miguel es el arcángel que según el Apocalipsis (12:7-9) venció a Satanás en la guerra celestial y lo expulsó del cielo. Su nombre aparece en las fórmulas del Rituale Romanum y la oración a San Miguel —atribuida al papa León XIII tras una visión en 1884— es un elemento central de la espiritualidad exorcista católica. La invocación de Miguel en el exorcismo es invocar esa victoria sobre el demonio como fundamento de la autoridad del exorcista.

¿Cuánto dura un exorcismo católico?

No hay una duración fija. Una sesión puede durar desde una hora hasta varias horas, y en los casos considerados graves puede ser necesario repetirla en múltiples encuentros a lo largo de semanas o meses. El Rituale Romanum no establece límites de duración, aunque advierte que el exorcista debe mantener la calma y la perseverancia incluso cuando el demonio «simula haber salido».

¿Es el exorcismo católico diferente del pentecostal?

Sí, significativamente. El exorcismo católico es un ritual privado, solemne y controlado, realizado por un sacerdote autorizado con un texto litúrgico oficial, generalmente en un espacio íntimo y sin público. El exorcismo pentecostal es una ceremonia pública y colectiva, realizada por un pastor ante una congregación participante, con música, oración grupal e imposición de manos, sin un texto ritual fijo. Las diferencias reflejan teologías distintas sobre la autoridad, la comunidad y el papel del cuerpo en la experiencia religiosa.

¿Ha aumentado el número de exorcismos en la Iglesia católica?

Sí, según los datos disponibles. La Asociación Internacional de Exorcistas reporta un aumento sostenido de solicitudes en las últimas décadas, especialmente en Italia, Polonia, España y América Latina. Las razones son debatidas: algunos lo atribuyen al crecimiento de la religiosidad carismática dentro del catolicismo, otros al impacto cultural de películas y series sobre posesión demoníaca, y otros a un aumento real de lo que los solicitantes perciben como experiencias de influencia demoníaca.

¿Qué relación tiene el exorcismo con los sacramentos?

La tradición católica considera que los sacramentos —especialmente la eucaristía, la penitencia y la unción de los enfermos— son los remedios ordinarios contra la influencia demoníaca. El exorcismo mayor es un remedio extraordinario para casos de posesión que van más allá de la influencia ordinaria del demonio. En la práctica pastoral, el exorcista suele recomendar la recepción frecuente de los sacramentos como complemento indispensable del exorcismo.

Tags: CatolicismoDemonologíaOcultismoReligiones del mundo
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