Rafael es el arcángel de la sanación, la protección en el camino y la misericordia que se manifiesta en los asuntos cotidianos de la vida humana. Su nombre en hebreo, Refa’el, significa «Dios sana» o «Dios ha sanado» y esa función terapéutica lo distingue con claridad de sus dos grandes compañeros: donde Miguel combate y Gabriel anuncia, Rafael acompaña, protege y cura. Es el arcángel más cercano a la experiencia ordinaria de los seres humanos, el que interviene no en los grandes momentos de la historia sagrada sino en el viaje de un joven, en la ceguera de un anciano, en el acoso de un demonio sobre una mujer desesperada.
Su presencia en los textos canónicos es más acotada que la de Miguel o Gabriel (aparece principalmente en el Libro de Tobías, canónico para católicos y ortodoxos pero no para protestantes ni para el judaísmo rabínico) pero esa acotación no ha limitado su influencia. Al contrario: la intimidad del relato de Tobías, con su mezcla de viaje iniciático, amor, exorcismo y sanación, convirtió a Rafael en una de las figuras angélicas más queridas de la tradición cristiana, especialmente entre los enfermos, los médicos, los farmacéuticos y los viajeros.
Lo que hace a Rafael singular en la angelología abrahámica es su modo de actuar: a diferencia de Miguel, que combate abiertamente, o de Gabriel, que se presenta y proclama su mensaje, Rafael opera durante casi todo el relato de Tobías de incógnito, bajo la identidad del joven Azarías. Solo al final, cuando ha cumplido su misión, se revela y explica quién es y cómo ha actuado. Es el arcángel de la providencia discreta, el que trabaja en el trasfondo de los acontecimientos sin revelar su naturaleza hasta que el momento lo requiere.
Rafael en el Libro de Tobías: el relato fundacional
El Libro de Tobías es el texto que define la figura de Rafael en la tradición occidental y es uno de los relatos más singulares de toda la literatura bíblica. Combina elementos de cuento de viajes, la novela de amor, el exorcismo y la reflexión teológica sobre la providencia divina en un relato que, pese a su brevedad, tiene una riqueza narrativa excepcional.
La historia arranca con dos situaciones de sufrimiento paralelas. En Nínive, el anciano Tobit, un judío piadoso deportado por los asirios, ha quedado ciego tras un accidente absurdo: dormía al aire libre y unos excrementos de gorrión le cayeron en los ojos, causándole una infección que lo dejó sin visión. En Ecbatana, la joven Sara sufre el acoso del demonio Asmodeo, que ha matado a siete maridos suyos en la noche de bodas antes de que pudiera consumar el matrimonio. Los dos oran a Dios simultáneamente pidiendo ayuda y Dios envía a Rafael.
El arcángel se presenta ante el joven Tobías, hijo de Tobit, bajo la identidad de Azarías, un pariente lejano que conoce el camino hasta Ecbatana, adonde Tobías debe ir a cobrar una deuda de su padre. Durante el viaje, cuando Tobías se baña en el río Tigris y un pez enorme intenta morderle el pie, Rafael le ordena que lo capture y guarde el corazón, el hígado y la hiel, que servirán para un exorcismo y para curar la ceguera. Tobías obedece sin entender del todo por qué.
En Ecbatana, Rafael guía a Tobías en el proceso de cortejar y desposar a Sara y le explica cómo usar el corazón y el hígado del pez para ahuyentar al demonio Asmodeo: quemados sobre brasas, producen un humo cuyo olor el demonio no puede soportar. La noche de bodas transcurre sin incidente, Asmodeo huye a Egipto, donde Rafael lo ata y Tobías puede consumar el matrimonio. De regreso a Nínive, Rafael instruye a Tobías sobre cómo aplicar la hiel del pez en los ojos de su padre y Tobit recupera la vista.
Solo entonces Rafael se revela. La escena de la revelación final es uno de los textos más hermosos y teológicamente densos de toda la literatura bíblica deuterocanónica:
Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que están siempre presentes y tienen acceso a la gloria del Señor. Cuando estabas conmigo, no era por favor mío, sino por voluntad de Dios que yo aparecía ante vosotros. A él debéis alabar todos los días, a él debéis cantar. Yo me alimenté de una comida invisible e imperceptible para los hombres. Ha llegado el momento de que yo vuelva a aquel que me envió. Escribid todo lo que os ha sucedido.
Tob 12:15-20
Cuatro ideas teológicas fundamentales están condensadas en estas palabras. Primera: Rafael es uno de los siete ángeles del trono, lo que lo sitúa en el rango más alto de la angelología apócrifa. Segunda: su acción no ha sido iniciativa propia sino ejecución de la voluntad divina, lo que subraya que la providencia que Rafael representa es en realidad la providencia de Dios mismo. Tercera: su naturaleza angélica es radicalmente distinta de la humana (no se alimenta de comida ordinaria), aunque haya convivido con los humanos durante semanas sin que lo notaran. Y cuarta: Rafael cierra el episodio con una instrucción de escritura, lo que convierte el relato en un texto con función testimonial y edificante.
Rafael y Asmodeo: el exorcismo del Libro de Tobías
La escena del exorcismo de Asmodeo en el Libro de Tobías es el primer exorcismo detallado de la literatura bíblica y establece a Rafael como el arcángel exorcista por excelencia, función que la tradición cristiana medieval terminará transfiriendo principalmente a Miguel, pero que en el texto original corresponde claramente a Rafael.
Asmodeo, cuyo nombre deriva probablemente del persa Aeshma Daeva, el demonio de la ira en el zoroastrismo, es presentado en el Libro de Tobías como el demonio que «ama» a Sara y mata a sus maridos por celos. Es una figura que combina la pasión obsesiva con la violencia destructiva y su derrota por Rafael tiene un significado simbólico preciso: el arcángel sanador vence al demonio que impide el amor y la vida mediante los elementos más humildes y ordinarios, el corazón y el hígado de un pez.
El método del exorcismo es llamativamente diferente de los que aparecerán en los evangelios o en la tradición cristiana posterior. No hay confrontación directa, no hay palabras de poder, no hay invocación del nombre divino. Rafael simplemente le dice a Tobías qué hacer: quemar los órganos del pez en la habitación nupcial. El humo resultante es suficiente para que Asmodeo huya, literalmente perseguido por Rafael hasta Egipto, donde el arcángel lo ata. Es un exorcismo por medios naturales, casi terapéuticos, que encaja perfectamente con la imagen de Rafael como arcángel de la sanación más que de la batalla.
La conexión entre Rafael y Asmodeo tiene una continuidad notable en la tradición posterior. En el Libro de Enoc, Rafael es el arcángel que Dios envía a atar a Azazel, el jefe de los Vigilantes caídos, en el desierto de Dudael: «Rafael, ata a Azazel de pies y manos y arrójalo a las tinieblas. Abre el desierto que está en Dudael y arrójalo allí» (1 Enoc 10:4-6). Esta función de atar a los ángeles caídos convierte a Rafael en una figura que une la sanación con la contención del mal, dos aspectos aparentemente distintos pero teológicamente coherentes: sanar y exorcizar son, en última instancia, la misma acción vista desde ángulos distintos.
Rafael en la tradición judía: el sanador del mundo
El judaísmo rabínico, aunque no incluye el Libro de Tobías en su canon, preservó y amplió la figura de Rafael a través de otras fuentes. El Talmud y el Midrash contienen referencias a Rafael que confirman y desarrollan su función sanadora.
Una de las tradiciones más conocidas sitúa a Rafael entre los tres ángeles que visitan a Abraham en Mamré (Gn 18:1-15), una escena canónica en la que tres visitantes divinos anuncian a Abraham el nacimiento de Isaac. El Midrash identifica a los tres ángeles: Miguel es el que anuncia el nacimiento de Isaac, Gabriel el que va a destruir Sodoma y Rafael el que viene a curar a Abraham, que acababa de circuncidarse. La asignación de Rafael a la misión sanadora en esta escena, que no menciona ningún ángel por nombre, es una proyección coherente de su función característica sobre un texto canónico que la tradición quería iluminar.
Otra tradición talmúdica describe a Rafael como el ángel que curó a Jacob de la lesión en la cadera que sufrió tras su lucha con el ser misterioso en el vado del Jaboc (Gn 32:25-32). De nuevo, el texto canónico no nombra a Rafael, pero la tradición posterior lo introduce como el sanador lógico para una herida que el texto presenta como permanente: «por eso los israelitas no comen el nervio ciático» (Gn 32:33), aunque milagrosamente llevada con dignidad por Jacob.
En la cábala, Rafael está asociado a la sefirá de Hod, el esplendor o la gloria, en algunas tradiciones, aunque otras lo asocian a Tiferet o a otras sefirot según el sistema específico. Hod es la octava sefirá del árbol, asociada a la comunicación, la inteligencia práctica y la capacidad de manifestar en el mundo visible lo que existe en el plano espiritual, una función que encaja con la de Rafael como el arcángel que traduce la voluntad sanadora de Dios en acciones concretas y materiales (el humo del pescado, la hiel aplicada en los ojos) visibles y eficaces en el mundo ordinario.
La oración de protección nocturna que la liturgia askenazí sitúa a los cuatro arcángeles alrededor del durmiente coloca a Rafael detrás, en la dirección del pasado y de la memoria, con una coherencia simbólica que invita a la reflexión: Rafael es el que viene después del daño, el que restaura lo que se ha roto, el que sana lo que ha sufrido. Su posición detrás del durmiente es la del guardián que vigila desde donde el peligro ya ha pasado, protegiendo contra la recaída tanto como contra la nueva amenaza.
Rafael en el cristianismo: patrono de médicos, farmacéuticos y viajeros
El culto a Rafael en el cristianismo medieval fue menos espectacular que el de Miguel (sin apariciones fundacionales en montes o islotes) pero más íntimo y constante, centrado en las iglesias, los hospitales y las cofradías de oficios relacionados con la sanación y el viaje.
La canonicidad del Libro de Tobías en la tradición católica y ortodoxa garantizó la presencia de Rafael en la liturgia y en la devoción. Los hospitales medievales, que en su mayoría eran instituciones religiosas, pusieron frecuentemente su actividad bajo la protección de Rafael y los médicos y farmacéuticos lo adoptaron como patrono. La conexión entre Rafael y la farmacia tiene una base textual directa en el Libro de Tobías: la curación de Tobit con la hiel de pescado es una de las pocas sanaciones bíblicas que emplea un remedio material y preparado, lo que convierte a Rafael en el único arcángel que actúa como médico en sentido técnico.
La festividad de Rafael tenía originalmente una fecha propia en el calendario católico (el 24 de octubre) que fue suprimida en la reforma litúrgica de 1969 al unificarse la festividad de los tres arcángeles el 29 de septiembre. Esta unificación reflejó la decisión de la Iglesia de tratar a los tres arcángeles canónicos como un conjunto, pero tuvo el efecto secundario de diluir algo la individualidad de Rafael en la devoción popular, que históricamente lo había venerado con una especificidad clara.
En el arte cristiano, Rafael aparece casi invariablemente con dos atributos que remiten directamente al relato de Tobías: el báculo del viajero o peregrino, símbolo de su función de guía y protector en el camino, y el pez, a veces sostenido en la mano, a veces colgando de una cuerda, que recuerda el episodio central del Libro de Tobías. A veces se añade un frasco o ungüento, símbolo de su función sanadora y ocasionalmente aparece acompañado por el joven Tobías, en escenas que representan el viaje de los dos juntos.
Una de las representaciones más memorables de Rafael en el arte renacentista es el Tobías y el ángel de Verrocchio o su taller (hacia 1470-1480, Galería Uffizi), que muestra a Rafael y a Tobías caminando juntos, el ángel con una mano en el hombro del joven en un gesto de protección casi fraternal. La escena captura perfectamente la naturaleza de Rafael: no es el guerrero solemne de Miguel ni el heraldo majestuoso de Gabriel, sino un compañero de camino, alguien que camina a tu lado sin que necesariamente sepas quién es.
Rafael en el islam y las tradiciones no canónicas
A diferencia de Miguel y Gabriel, Rafael no tiene un reconocimiento generalizado en el islam canónico. El Corán no lo menciona y los hadices más reconocidos tampoco lo nombran entre los grandes arcángeles. Sin embargo, algunas tradiciones islámicas populares y ciertos textos de la literatura islámica tardía mencionan a Israfil, el ángel que tocará la trompeta del Juicio Final, como una figura que algunos han identificado con Rafael, aunque sin base sólida en las fuentes clásicas.
En la tradición etíope, que incluye el Libro de Tobías en su canon ampliado y que venera a un número mayor de arcángeles que las tradiciones occidentales, Rafael tiene una presencia litúrgica importante. La Iglesia ortodoxa etíope, la Tewahedo, celebra festividades específicas para cada uno de los arcángeles que reconoce y Rafael ocupa un lugar de especial relevancia como sanador y protector.
Las tradiciones gnósticas de los primeros siglos del cristianismo incorporaron a Rafael en sus sistemas angelológicos con variaciones interesantes. En algunos textos gnósticos, Rafael es uno de los arcontes o regentes de las esferas celestes, con una función que varía según el sistema específico. El Libro de Adán y Eva, texto apócrifo de origen judío adoptado por algunas comunidades gnósticas, lo presenta como el ángel que enseña a Adán el uso de las plantas medicinales tras la expulsión del Paraíso, una tradición que conecta directamente con su función sanadora y que tiene resonancias con la figura del médico primordial que enseña a la humanidad el arte de curar.
Rafael en la cábala y el esoterismo occidental
En el esoterismo occidental, Rafael es el regente de Mercurio, el planeta de la comunicación, la medicina, los viajes y el comercio. Esta correspondencia mercurial, sistematizada por Agrippa y la tradición que lo precede, tiene una coherencia notable con el perfil bíblico del arcángel: Mercurio es en la mitología clásica el mensajero de los dioses, el guía de las almas en el viaje al inframundo y el patrón de los médicos, funciones todas que resuenan directamente con las de Rafael.
Las correspondencias mercuriales de Rafael incluyen el miércoles (dies Mercurii, el día de Mercurio), el color naranja o amarillo, el metal mercurio o azogue, el elemento aire en algunos sistemas y el agua en otros y las facultades del intelecto, la comunicación y la destreza manual. Los rituales en que se invoca a Rafael están asociados a la curación de enfermedades, la protección en los viajes, la apertura de la comunicación y el desarrollo de las capacidades intelectuales.
En el Ritual del Pentagrama de Menor Destierro de la Golden Dawn, Rafael preside el este, el punto cardinal asociado al elemento aire y al amanecer, el momento del día en que la luz comienza a vencer a la oscuridad. Esta posición oriental de Rafael (el este como dirección del sol naciente, de la renovación y del comienzo) encaja con su función de sanador que restaura y renueva y contrasta con la posición occidental de Gabriel, el umbral del crepúsculo.
La magia ceremonial renacentista y moderna ha utilizado a Rafael especialmente en rituales de sanación, y algunos grimorios detallan procedimientos específicos para invocar su presencia en contextos terapéuticos. El Sexto y Séptimo Libro de Moisés, un grimorio popular de origen alemán del siglo XIX que combina elementos de la magia salomónica con la tradición luterana, incluye oraciones e invocaciones a Rafael para la curación de enfermedades específicas, consolidando su función terapéutica en el imaginario de la magia popular.
La iconografía de Rafael: báculo, pez y ungüento
La iconografía de Rafael es la más narrativa de los tres arcángeles canónicos, en el sentido de que sus atributos remiten directamente a una historia concreta (el Libro de Tobías) más que a funciones abstractas o a escenas del Apocalipsis. El báculo del peregrino evoca el largo viaje que Rafael hizo con Tobías desde Nínive hasta Ecbatana y de regreso; el pez recuerda el episodio del río Tigris y los remedios que sus órganos proporcionaron; el frasco de ungüento o medicina alude a la curación de Tobit; y la presencia frecuente del joven Tobías convierte muchas representaciones de Rafael en escenas de los dos caminando juntos, el ángel guía y el joven protegido.
Una variante iconográfica interesante es la que muestra a Rafael sosteniendo una espada o una cadena, en referencia a su papel en el Libro de Enoc como el que ata a Azazel en el desierto. Esta representación es mucho menos frecuente que la del viajero con báculo y pez, pero aparece en contextos donde se quiere subrayar la dimensión exorcista del arcángel más que su dimensión sanadora.
En el arte del Renacimiento italiano, Rafael fue un tema favorito precisamente porque el Libro de Tobías ofrecía una historia con personajes humanos reconocibles (un anciano ciego, un joven en su primer viaje, una muchacha acosada por un demonio) que permitía a los artistas explorar la relación entre lo divino y lo humano en un registro más íntimo y cotidiano que el de las grandes escenas apocalípticas. Las pinturas de Tobías y el ángel de Verrocchio, Filippino Lippi, Tiziano y otros artistas del período son ejercicios de espiritualidad humanista donde Rafael encarna la idea de que Dios actúa en la vida ordinaria de las personas a través de compañeros de camino que pueden no revelar su naturaleza hasta que la misión está cumplida.
Rafael en las principales tradiciones
| Tradición | Nombre | Función principal | Textos de referencia | Atributos |
|---|---|---|---|---|
| Judaísmo apócrifo | Refa’el | Guía de Tobías, sanador, exorcista | Libro de Tobías, 1 Enoc | Pez, báculo, ungüento |
| Judaísmo rabínico | Rafael | Sanador de Abraham, curador de Jacob | Talmud, Midrash | Medicina, restauración |
| Cristianismo | Rafael Arcángel | Patrono de médicos, farmacéuticos y viajeros | Tobías 12:15-20 | Báculo, pez, frasco |
| Islam | No reconocido canónicamente | Ausente del canon islámico principal | — | — |
| Cábala | Rafael | Regente de Hod, este cardinal | Zohar, literatura merkabá | Este, aire, comunicación |
| Esoterismo occidental | Rafael | Regente de Mercurio, guardián del este | Agrippa, Golden Dawn | Mercurio, aire, miércoles, naranja |
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Fuentes y bibliografía
Fuentes:
- Tobías 12:15-20.
- Biblia de Jerusalén, Desclée de Brouwer, Bilbao, 2009. Incluye el Libro de Tobías en su versión larga griega
- Charles, R. H. (ed.) (1912). The Book of Enoch or 1 Enoch, capítulos 10:4-6. Oxford University Press, Oxford.
- Maslama al-Qurṭubī (atrib., s. XI). Picatrix (Ghāyat al-Ḥakīm). Edición crítica latina: Hellmut Ritter y Martin Plessner, Warburg Institute, Londres, 1962.
Bibliografía:
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- Nickelsburg, George W.E. (2001). 1 Enoch: A Commentary on the Book of 1 Enoch. Fortress Press, Minneapolis.
- Keck, David (1998). Angels and Angelology in the Middle Ages. Oxford University Press, Oxford.
- Stuckenbruck, Loren T. (1995). Angel Veneration and Christology. Mohr Siebeck, Tubinga.
- Réau, Louis (1955). Iconographie de l’art chrétien, vol. II. Presses Universitaires de France, París.
- Agrippa von Nettesheim, Heinrich Cornelius (1531). De Occulta Philosophia libri tres. Ed. moderna: Brill, Leiden, 1992.
- Bamberger, Bernard Jacob (1949). Fallen Angels. Jewish Publication Society, Filadelfia.
- Moore, Carey A. (1996). Tobit: A New Translation with Introduction and Commentary. Anchor Bible, Doubleday, Nueva York.
- Louth, Andrew (2007). The Origins of the Christian Mystical Tradition. Oxford University Press, Oxford.
Preguntas frecuentes sobre el arcángel Rafael
¿Por qué Rafael no aparece en la Biblia protestante?
El Libro de Tobías, que es el texto principal donde aparece Rafael, forma parte de los libros deuterocanónicos —aceptados por católicos y ortodoxos como parte del canon bíblico pero rechazados por el judaísmo rabínico y, siguiendo esa tradición, por las Iglesias protestantes en la Reforma del siglo XVI. Martín Lutero los clasificó como «apócrifos», útiles para leer pero no con autoridad doctrinal. Por eso Rafael es prácticamente desconocido en las tradiciones protestantes, donde no tiene base canónica.
¿Qué relación tiene Rafael con Asmodeo?
En el Libro de Tobías, Rafael es el arcángel que derrota y ata al demonio Asmodeo, que había matado a siete maridos de Sara por celos obsesivos. El método es el humo producido por quemar el corazón y el hígado del pez capturado en el Tigris. Rafael persigue a Asmodeo hasta Egipto y lo ata allí. Esta victoria sobre un demonio específico convierte a Rafael en el primer exorcista angélico de la literatura bíblica.
¿Es Rafael el mismo ángel que remueve las aguas de la piscina de Betesda en el Evangelio de Juan?
El Evangelio de Juan (5:1-9) describe una piscina en Jerusalén cuyas aguas tienen propiedades curativas cuando «un ángel baja y las remueve». El texto no nombra al ángel, pero la tradición cristiana —especialmente a partir de la Edad Media— identificó frecuentemente a ese ángel con Rafael, coherente con su función sanadora. Sin embargo, esta identificación no es parte del dogma y no aparece en los textos más antiguos del Evangelio.
¿Por qué Rafael viajó de incógnito en el Libro de Tobías?
La revelación final del Libro de Tobías ofrece una respuesta teológica: Rafael explica que su aparición en forma humana fue «por voluntad de Dios», no por iniciativa propia, y que en realidad no comía ni dormía como los humanos aunque aparentara hacerlo. La teología subyacente es que los ángeles pueden asumir formas visibles para cumplir sus misiones sin alterar su naturaleza espiritual. El viaje de incógnito subraya también la idea de providencia: Dios actúa en la vida ordinaria a través de medios que los seres humanos no siempre reconocen como divinos.
¿Cuándo se celebra la festividad de Rafael?
Desde la reforma del calendario litúrgico católico de 1969, Rafael se celebra junto a Miguel y Gabriel el 29 de septiembre. Anteriormente tenía una festividad propia el 24 de octubre. Las Iglesias ortodoxas orientales lo celebran el 8 de noviembre junto a los demás arcángeles, y la Iglesia ortodoxa etíope le dedica una festividad específica mensual.
¿Por qué Rafael porta un pez en sus representaciones artísticas?
El pez es el recuerdo directo del episodio central del Libro de Tobías: cuando Tobías se bañaba en el río Tigris, un pez enorme intentó morderle el pie, y Rafael le ordenó capturarlo y guardar sus órganos internos. El corazón y el hígado sirvieron para el exorcismo de Asmodeo; la hiel curó la ceguera de Tobit. El pez es así el símbolo de los medios aparentemente ordinarios y humildes a través de los cuales la providencia divina actúa en el mundo, que es precisamente el modo de actuar característico de Rafael.
¿Tiene Rafael alguna conexión con el arcángel Uriel?
En algunas tradiciones apócrifas y en la cábala, Rafael y Uriel comparten características que los diferencian de Miguel y Gabriel: ambos están más directamente relacionados con el mundo material y con la experiencia humana cotidiana. En el Libro de Enoc, Uriel preside el mundo y sus fenómenos naturales, una función que complementa la de Rafael como sanador. La liturgia askenazí los incluye a ambos en la oración de los cuatro arcángeles, situando a Rafael detrás y a Uriel delante del durmiente.









