Once años después de resucitar, Jesús seguía en la tierra. Durante todo ese tiempo había enseñado a sus discípulos en el monte de los Olivos, pero solo les había revelado los misterios de los lugares inferiores del universo. Un día de luna llena, una luz inmensa descendió del cielo, lo envolvió y lo arrastró hacia lo alto ante la mirada aterrorizada de los discípulos. Al día siguiente regresó, revestido de una luz tan intensa que nadie podía mirarlo y les anunció que ahora sí les revelaría todo, desde el principio hasta el fin, sin ocultarles nada.
Así comienza la Pistis Sophia, el texto gnóstico más extenso que se conserva y uno de los primeros que llegaron a Europa. Su nombre significa Fe-Sabiduría y procede de su protagonista: un ser divino que, engañado por una luz falsa, descendió al caos y sufrió los tormentos de los poderes inferiores hasta que Jesús la rescató. Pero el texto es mucho más que ese mito, es un largo diálogo entre Jesús resucitado y sus discípulos sobre el origen del universo, los poderes de los astros, el destino de las almas, los castigos de los pecadores y los misterios que permiten la salvación.
En ese diálogo, la discípula que más pregunta, la que mejor comprende y la que Jesús más elogia es María Magdalena. Su protagonismo es tan evidente que Pedro llega a quejarse de que no deja hablar a los demás. Por eso la Pistis Sophia se ha convertido en uno de los textos centrales en el debate sobre el papel de María Magdalena y de las mujeres en el cristianismo primitivo.
La obra llegó a Londres a finales del siglo XVIII y durante más de un siglo fue uno de los pocos textos gnósticos originales que se conocían. Sus traducciones alimentaron la teosofía de Helena Blavatsky y el esoterismo occidental y en el mundo hispanohablante se popularizó gracias al movimiento gnóstico de Samael Aun Weor. Hoy es una de las obras gnósticas más leídas fuera del ámbito académico, aunque también una de las más difíciles.
Un códice en Londres
La Pistis Sophia se conserva en un único manuscrito, el Códice Askew, que debe su nombre al médico y bibliófilo inglés Anthony Askew. Askew adquirió el códice en la década de 1770, al parecer a un librero de Londres, aunque no se sabe cómo había llegado allí desde Egipto. Tras su muerte, el Museo Británico lo compró a sus herederos en 1785 y hoy se guarda en la British Library.
Es un códice de pergamino en copto sahídico, el dialecto del Alto Egipto, copiado probablemente en el siglo IV. El texto original se escribió en griego, seguramente en Egipto, en la segunda mitad del siglo III. Esto lo hace más tardío que la mayoría de los textos de Nag Hammadi y su doctrina refleja una fase avanzada y muy elaborada del pensamiento gnóstico.
El códice contiene en realidad cuatro libros. Los tres primeros forman la Pistis Sophia propiamente dicha, la historia de la caída y redención de Sofía y los diálogos posteriores. El cuarto es una obra distinta, probablemente anterior, que el copista añadió al final y que los investigadores consideran un texto independiente. El título de Pistis Sophia no aparece al principio del manuscrito, sino en el encabezamiento de uno de los libros y los primeros editores lo extendieron a toda la obra. Algunos especialistas prefieren llamarla Libros del Salvador, según una anotación que aparece en el propio códice.
Del Museo Británico a la teosofía
Durante casi un siglo, la Pistis Sophia fue un enigma para los estudiosos. El erudito alemán Carl Gottfried Woide hizo una copia del texto en el siglo XVIII, pero la primera traducción completa, al latín, no se publicó hasta 1851, preparada por Moritz Gotthilf Schwartze y editada tras su muerte por Julius Heinrich Petermann.
La obra salió del ámbito académico gracias al esoterismo. Helena Blavatsky, la fundadora de la Sociedad Teosófica, conocía la Pistis Sophia y la citó en La doctrina secreta, publicada en 1888. Su secretario, el británico George Robert Stow Mead, publicó una traducción inglesa por entregas en la revista teosófica Lucifer entre 1890 y 1891, y como libro en 1896. La traducción de Mead, todavía reeditada hoy, convirtió la Pistis Sophia en una lectura habitual de los círculos ocultistas de Europa y América.
La edición científica de referencia llegó con el egiptólogo alemán Carl Schmidt, que publicó una traducción alemana en 1905 y el texto copto en 1925. En 1978, su edición se reeditó en inglés con la traducción de Violet MacDermot, que sigue siendo la base de los estudios actuales.
Once años después de la resurrección
El relato comienza con una indicación temporal: Jesús había pasado once años con sus discípulos después de resucitar. En los evangelios canónicos, Jesús permanece en la tierra unos días tras la resurrección, cuarenta según los Hechos de los Apóstoles. En los textos gnósticos, ese periodo se alarga para dar cabida a las enseñanzas secretas que no aparecen en los evangelios.
Durante esos once años, explica el texto, Jesús había enseñado a los discípulos solo hasta los lugares del primer misterio, sin revelarles los niveles superiores. El día 15 del mes de tybi, el día de la luna llena, Jesús estaba sentado con ellos en el monte de los Olivos cuando una gran fuerza luminosa descendió sobre él. Jesús se elevó brillando y desapareció en el cielo, mientras se producía una gran conmoción en todos los poderes del universo.
Regresó al día siguiente, a la hora novena, con un resplandor que los discípulos no podían soportar. Les explicó que había recibido su vestidura de luz, tres vestiduras en realidad, enviadas desde lo alto y que en ellas estaba escrito el misterio de su propio origen. Ahora había llegado el momento de hablarles con toda claridad, desde el principio de la verdad hasta su fin.
Jesús contra los astros
La primera revelación de Jesús es un relato de su ascenso a través de los cielos. Revestido de su luz, atravesó las esferas y los eones gobernados por los arcontes, los poderes que dominan el universo inferior. Los arcontes, al verlo, se agitaron y lucharon contra él, pero Jesús les arrebató una tercera parte de su poder.
Hizo algo más. Los arcontes de la esfera y del destino, la heimarméne de la astrología griega, controlaban el curso de los astros y, con él, la vida de los seres humanos. Jesús alteró su movimiento: hizo que durante seis meses giraran hacia la izquierda y otros seis hacia la derecha, de modo que su influencia sobre los hombres quedó desordenada.
Los discípulos preguntan entonces qué consecuencias tiene esto y Jesús responde con un detalle notable: desde ese momento, los astrólogos y los adivinos ya no pueden predecir con exactitud lo que ocurrirá, a menos que conozcan el nuevo movimiento de las esferas. La victoria de Cristo sobre los poderes del cosmos se traduce en una liberación concreta del ser humano frente al destino escrito en las estrellas.
El pasaje muestra hasta qué punto la astrología estaba presente en la cultura de la Antigüedad tardía. Para muchas personas, la vida estaba determinada por los astros y la promesa de escapar de esa fatalidad era uno de los grandes atractivos de las religiones de salvación, desde los cultos mistéricos hasta el cristianismo.
La caída de Pistis Sophia
En su ascenso, Jesús encontró a un ser que sufría en las regiones inferiores: Pistis Sophia. Al preguntarle los discípulos por ella, Jesús cuenta su historia.
Pistis Sophia vivía en el decimotercer eón, el más alto de los eones inferiores. Un día miró hacia arriba y vio la luz del Tesoro de la Luz, el mundo divino supremo y deseó alcanzarlo. Su anhelo despertó el odio de un poderoso arconte al que el texto llama el Arrogante, o el de la propia voluntad, que dominaba los doce eones. El Arrogante, furioso porque Sofía quería subir por encima de él, emitió desde sí mismo un poder con rostro de león, una luz falsa y la envió al caos.
Sofía vio esa luz desde lo alto y creyó que era la luz verdadera que había contemplado. La siguió para alcanzarla y descendió al caos. Allí, las emanaciones del Arrogante la rodearon, la atormentaron y le arrebataron su luz. Sofía quedó atrapada en la oscuridad, debilitada y sin fuerzas, incapaz de volver a su lugar.
El rostro de león de la luz falsa recuerda a Yaldabaot, el nombre setiano del Demiurgo, el creador del mundo en el Apócrifo de Juan, que tiene forma de serpiente con cabeza de león. La Pistis Sophia comparte el mismo universo mitológico del gnosticismo setiano, aunque con una organización mucho más compleja de eones, poderes y regiones.
Los trece arrepentimientos
Desde el caos, Pistis Sophia dirigió a la Luz una serie de plegarias de arrepentimiento, trece en total, una por cada eón. En ellas lamenta su error, describe sus tormentos y suplica ser salvada. Estas plegarias, llamadas arrepentimientos, ocupan buena parte del primer y el segundo libro.
La estructura de esta sección es muy particular. Después de que Jesús recita cada arrepentimiento, pregunta a los discípulos si han comprendido su sentido. Uno de ellos se adelanta e interpreta la plegaria relacionándola con un texto de las Escrituras, casi siempre un salmo, mostrando que el lamento de Sofía ya estaba profetizado en la Biblia. Jesús aprueba la interpretación y continúa.
Así, el Salmo 69, que comienza pidiendo a Dios que salve al orante porque las aguas le llegan al cuello, se convierte en la profecía del hundimiento de Sofía en el caos. Los discípulos interpretan los salmos como si David hubiera hablado en nombre de Sofía.
Cinco de esas interpretaciones no citan un salmo, sino las Odas de Salomón, una colección de himnos cristianos del siglo II que durante siglos se creyó perdida. La Pistis Sophia conservaba cinco de ellas en copto y fueron las únicas conocidas hasta que en 1909 el investigador británico James Rendel Harris descubrió un manuscrito siríaco con casi toda la colección. Durante un tiempo, la Pistis Sophia fue la única fuente de unos himnos que hoy se consideran entre los más bellos del cristianismo primitivo.
Finalmente, después del decimotercer arrepentimiento, Jesús descendió al caos con los arcángeles Gabriel y Miguel, rescató a Sofía, le devolvió su luz y la llevó a un lugar por debajo del decimotercer eón, donde esperaría hasta su completa restauración. Sofía entonó entonces una serie de cantos de alabanza, que los discípulos interpretan del mismo modo.
María Magdalena y Pedro
De las 46 preguntas e interpretaciones que los discípulos formulan en los dos primeros libros, la mayoría corresponden a María Magdalena. Ella es la primera en interpretar los arrepentimientos de Sofía, la que más veces interviene y la que plantea las preguntas más profundas. Jesús la elogia en repetidas ocasiones. La llama bienaventurada y le dice que su corazón está dirigido al reino de los cielos más que el de todos sus hermanos. En otro momento afirma que ella y Juan el Virgen serán superiores a todos los demás discípulos.
Junto a María intervienen otros discípulos, entre ellos Pedro, Juan, Felipe, Tomás, Mateo, Andrés y Santiago y también otras mujeres: Marta, Salomé y María, la madre de Jesús. El texto presenta una comunidad de discípulos en la que las mujeres participan en pie de igualdad con los hombres, e incluso los superan.
No todos lo aceptan. En un momento del primer libro, Pedro pierde la paciencia y se dirige a Jesús para decirle que no pueden soportar a esa mujer, porque les quita la palabra y no deja hablar a ninguno de ellos, sino que habla una y otra vez. Jesús no le da la razón: responde que cualquiera que esté lleno del Espíritu de luz puede adelantarse a hablar.
Más adelante, María confiesa a Jesús que tiene miedo de Pedro, porque la amenaza y odia a su género. Jesús la tranquiliza y le dice que todo aquel que esté lleno del Espíritu de luz debe hablar, sea quien sea.
El conflicto entre Pedro y María Magdalena aparece también en otros textos gnósticos, como el Evangelio de María, donde Pedro duda de que el Salvador haya revelado a una mujer enseñanzas que no comunicó a los apóstoles, o el Evangelio de Tomás, en el que Pedro pide que María se marche porque las mujeres no son dignas de la vida. Muchos investigadores ven en estos episodios el reflejo de un debate real en las comunidades cristianas de los siglos II y III sobre el papel de las mujeres en la enseñanza y el liderazgo. Pedro representaría a la Iglesia que limitaba ese papel, y María a los grupos que lo defendían.
Los misterios y el destino de las almas
El tercer libro abandona la historia de Sofía y se convierte en un largo diálogo sobre la salvación. Los discípulos, sobre todo María, preguntan por el destino de las almas, y Jesús les revela los misterios, los ritos y las palabras secretas que permiten al alma ascender a través de los cielos hasta el Tesoro de la Luz.
El texto explica cómo se forma un ser humano. Cada alma recibe, al nacer, un espíritu falsificado, un poder creado por los arcontes que la empuja al pecado y la mantiene atada al mundo, una idea que procede directamente del Apócrifo de Juan. Junto a él, el alma recibe también el destino, que la conduce a su muerte.
Cuando una persona muere sin haber recibido los misterios, el espíritu falsificado acusa al alma de todos los pecados que ha cometido y el alma es llevada ante los jueces de los distintos lugares de castigo. Después de cumplir su pena, los arcontes le dan a beber la copa del olvido, que le hace perder todo recuerdo de lo que ha visto y la devuelven a un nuevo cuerpo. La imagen procede de la mitología griega, donde las almas beben del río Leteo antes de reencarnarse, tal como cuenta Platón en el mito de Er al final de la República.
Quien recibe los misterios, en cambio, puede atravesar todas las regiones, superar a los guardianes y llegar a la luz. Los misterios son tan poderosos que incluso pueden salvar a un gran pecador si se arrepiente sinceramente. Jesús insiste en que deben comunicarse a todos los que se arrepientan, sean quienes sean.
El dragón de las tinieblas exteriores
El cuarto libro, el más antiguo, ofrece una de las descripciones más impresionantes del castigo en toda la literatura gnóstica. Jesús, de pie con sus discípulos a la orilla del océano, realiza un rito: se vuelve hacia los cuatro puntos cardinales e invoca al Padre con nombres secretos. Después revela a los discípulos la geografía del mundo inferior.
Las tinieblas exteriores, el lugar del castigo más severo, son un dragón inmenso que rodea el mundo entero y tiene la cola dentro de su propia boca, la imagen del uróboros, la serpiente que se muerde la cola, uno de los símbolos más antiguos de la eternidad y del ciclo cósmico. Dentro del dragón hay doce cámaras de castigo, cada una gobernada por un arconte con una cara distinta: un rostro de cocodrilo, uno de gato, uno de perro, uno de serpiente, uno de toro negro, uno de jabalí, uno de oso, uno de buitre, uno de basilisco y, en las últimas cámaras, arcontes con siete cabezas de dragón, de gato o de perro.
Los pecadores más graves son arrojados a estas cámaras. Jesús describe también los castigos de distintos pecados: los que maldicen, los que calumnian, los ladrones, los asesinos, los soberbios y los blasfemos sufren en ríos de fuego, nubes de humo y lugares de hielo, en una geografía infernal que recuerda a la del Apocalipsis de Pedro y la del Apocalipsis de Pablo. Los arcontes con rostros de animales conectan además con la demonología de la Antigüedad tardía y de la Edad Media, donde los demonios se representaban con frecuencia con cabezas de bestias.
Una condena sorprendente
El cuarto libro contiene además un pasaje inesperado. Tomás cuenta a Jesús que ha oído que en la tierra hay personas que mezclan el semen de los hombres con la sangre menstrual de las mujeres y lo comen, diciendo que así creen en Esaú y Jacob. Jesús responde que ese pecado es el más grave de todos y que quienes lo cometen serán arrojados a las tinieblas exteriores.
El pasaje es extraordinario porque coincide con la acusación que Epifanio de Salamina lanzó en el siglo IV contra los borborianos, una de las corrientes gnósticas que describió en su catálogo de herejías. Si la Pistis Sophia condena esa práctica, significa que algunos gnósticos rechazaban con dureza a otros y que la acusación de Epifanio podía tener alguna base real, aunque fuera exagerada. También demuestra que no todos los grupos gnósticos eran libertinos, como pretendían sus enemigos: los autores de la Pistis Sophia defendían una moral estricta.
Los cuatro libros de la Pistis Sophia
| Libro | Contenido principal | Rasgos destacados |
|---|---|---|
| Libro I | Ascenso de Jesús a través de las esferas y comienzo de la historia de Pistis Sophia | Jesús altera el movimiento de los astros; primeros arrepentimientos interpretados con salmos |
| Libro II | Continuación de los arrepentimientos y rescate de Sofía | Jesús desciende al caos con Gabriel y Miguel; cantos de alabanza; Odas de Salomón |
| Libro III | Diálogos sobre los misterios y el destino de las almas | Espíritu falsificado, copa del olvido y reencarnación; protagonismo de María Magdalena |
| Libro IV | Ritos de Jesús junto al océano y geografía del castigo | El dragón de las tinieblas exteriores con doce cámaras; condena de ritos sexuales |
¿Quién escribió la Pistis Sophia?
Como casi todos los textos gnósticos, la Pistis Sophia es anónima. Los investigadores coinciden en que procede de Egipto y se compuso en griego en la segunda mitad del siglo III, aunque el cuarto libro puede ser algo anterior.
Su doctrina pertenece a la tradición setiana, la misma del Apócrifo de Juan, pero en una fase muy avanzada. El universo de la Pistis Sophia está poblado por una multitud de eones, regiones, poderes, guardianes y misterios, organizados en una jerarquía tan compleja que resulta difícil de seguir. Esta acumulación es característica del gnosticismo tardío, en el que los sistemas se fueron haciendo más elaborados y más ritualistas.
La Pistis Sophia tiene además una relación directa con los Libros de Jeú, los textos gnósticos del Códice Bruce, que se conserva en Oxford. En la propia Pistis Sophia, Jesús menciona los dos libros de Jeú, que según él escribió Enoc en el paraíso, como fuente de los misterios. Ambos textos proceden probablemente del mismo ambiente.
Algunos investigadores han relacionado la Pistis Sophia con el grupo que Epifanio llamaba fibionitas, que según él usaba unos libros titulados Grandes preguntas de María y Pequeñas preguntas de María. La Pistis Sophia, que consiste en buena parte en preguntas de María Magdalena, encajaría con ese título, pero la condena de los ritos sexuales que Epifanio atribuía a ese grupo sugiere que, si había alguna relación, la Pistis Sophia procedía de una rama que rechazaba esas prácticas.
La Pistis Sophia en el esoterismo moderno
Ningún texto gnóstico ha tenido tanta influencia en el esoterismo moderno como la Pistis Sophia. Hasta el hallazgo de Nag Hammadi en 1945, era uno de los pocos textos gnósticos completos accesibles y su universo de misterios, poderes y ascensos del alma encajaba perfectamente con las inquietudes de los movimientos ocultistas de finales del siglo XIX.
La teosofía la convirtió en una de sus lecturas de referencia. Helena Blavatsky la utilizó para apoyar su idea de una sabiduría secreta común a todas las religiones, y la traducción de Mead la difundió entre teósofos, rosacruces y ocultistas de todo el mundo anglosajón.
En el mundo hispanohablante, su difusión se debe sobre todo a Samael Aun Weor, el nombre adoptado por el colombiano Víctor Manuel Gómez Rodríguez, que fundó en la década de 1950 el Movimiento Gnóstico Cristiano Universal. Samael Aun Weor dedicó sus últimos años a un extenso comentario de la Pistis Sophia, publicado tras su muerte con el título Pistis Sophia develada. Su interpretación, centrada en la transformación interior y la alquimia sexual, tiene muy poco que ver con el sentido histórico del texto, pero convirtió la Pistis Sophia en una obra de referencia para miles de seguidores en América Latina y España y explica buena parte del interés que sigue despertando en español.
Por qué es importante la Pistis Sophia
La Pistis Sophia es un texto difícil, repetitivo y a veces desconcertante, pero tiene un valor excepcional porque es el testimonio más completo del gnosticismo tardío, cuando los sistemas mitológicos alcanzaron su máxima complejidad y los ritos y misterios pasaron a ocupar el centro de la práctica religiosa. Muestra cómo los gnósticos del siglo III leían los salmos y otros textos bíblicos, interpretándolos como profecías de su propio mito.
Conserva textos que de otro modo no conoceríamos, como las cinco Odas de Salomón en copto y nos permite comprobar algunas de las acusaciones de los heresiólogos desde el otro lado y, sobre todo, ofrece una imagen de María Magdalena como la discípula más perspicaz y más cercana a Jesús, que se enfrenta a la desconfianza de Pedro y recibe el respaldo del Salvador. Junto al Evangelio de María y el Evangelio de Felipe, la Pistis Sophia es uno de los textos que han transformado la imagen de María Magdalena en el siglo XX, de la pecadora arrepentida de la tradición occidental a la discípula predilecta y maestra de los apóstoles.
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Bibliografía
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Preguntas frecuentes sobre la Pistis Sophia
¿Qué es la Pistis Sophia?
Es un texto gnóstico escrito en griego en Egipto en el siglo III y conservado en copto en el Códice Askew, en la British Library de Londres. Narra los diálogos de Jesús resucitado con sus discípulos once años después de la resurrección, en los que les revela el origen del universo, la historia de Pistis Sophia, un ser divino caído en el caos y rescatado por Jesús, y los misterios que permiten la salvación del alma.
¿Qué significa Pistis Sophia?
Significa Fe-Sabiduría, de las palabras griegas pistis, fe, y sophia, sabiduría. Es el nombre de la protagonista del mito principal del texto, un ser del decimotercer eón que, engañado por una luz falsa, descendió al caos y fue atormentado por los poderes inferiores hasta que Jesús la salvó.
¿Qué papel tiene María Magdalena en la Pistis Sophia?
Es la discípula más importante del texto. Formula la mayoría de las preguntas e interpretaciones, y Jesús la elogia en varias ocasiones por su comprensión y por tener el corazón dirigido al reino de los cielos más que el de los demás. Pedro se queja de que habla demasiado y no deja intervenir a los otros, y María confiesa que teme a Pedro porque odia a su género. Jesús la defiende en ambos casos.
¿Dónde se encontró la Pistis Sophia?
No se encontró en una excavación, sino que fue adquirida en la década de 1770 por el médico y coleccionista inglés Anthony Askew, posiblemente a un librero de Londres. El Museo Británico compró el códice a sus herederos en 1785. Su origen último es Egipto, pero no se sabe cómo llegó a Inglaterra.
¿Es lo mismo la Pistis Sophia que los textos de Nag Hammadi?
No. La Pistis Sophia se conocía desde el siglo XVIII, mucho antes del hallazgo de Nag Hammadi en 1945, y no forma parte de esa biblioteca. Pertenece, sin embargo, a la misma tradición setiana que varios textos de Nag Hammadi, como el Apócrifo de Juan, y comparte con ellos ideas como el espíritu falsificado o el creador con cabeza de león.
¿Qué relación tiene con Samael Aun Weor?
Samael Aun Weor, fundador del Movimiento Gnóstico Cristiano Universal en el siglo XX, escribió un extenso comentario titulado Pistis Sophia develada, que difundió el texto en el mundo hispanohablante. Su interpretación es esotérica y muy alejada del sentido histórico de la obra, pero explica que la Pistis Sophia sea uno de los textos gnósticos más conocidos en español.
¿Qué son las tinieblas exteriores en la Pistis Sophia?
Son el lugar del castigo más severo, descrito en el cuarto libro como un enorme dragón que rodea el mundo con la cola en la boca. En su interior hay doce cámaras de tormento, cada una gobernada por un arconte con rostro de animal, como un cocodrilo, un gato, un perro o un oso. Allí son arrojados los pecadores que no se arrepienten.
¿Es la Pistis Sophia lo mismo que el Evangelio de María?
No. Son textos distintos, aunque en ambos María Magdalena ocupa un lugar central y se enfrenta a la desconfianza de Pedro. El Evangelio de María es un texto breve del siglo II, conservado en el Códice de Berlín y en fragmentos griegos, en el que María cuenta a los discípulos una visión sobre el ascenso del alma. La Pistis Sophia es una obra mucho más extensa del siglo III, conservada en el Códice Askew de Londres, que narra el mito de la caída de Sofía y los diálogos de Jesús con sus discípulos once años después de la resurrección.
Nota editorial: las infografías e ilustraciones de este artículo han sido desarrolladas con asistencia de herramientas de Inteligencia Artificial para la recreación artística de personajes y entornos históricos.









