En el principio solo existía el Espíritu invisible, un Dios tan alejado de todo que no podía ser nombrado ni pensado, rodeado por una luz pura que ningún ojo podía mirar. Un día, ese Dios se contempló a sí mismo en el agua de luz que lo envolvía y de esa contemplación surgió algo nuevo: su propio pensamiento, su reflejo, su imagen, que adquirió existencia propia y se puso ante él. Era la primera realidad distinta del Dios supremo, el origen de todo lo que vendría después. Los gnósticos la llamaron Barbeló.
Barbeló es la figura femenina más elevada del gnosticismo y una de las más fascinantes de toda la historia de las religiones. En los textos setianos, la corriente gnóstica que nos dejó el Apócrifo de Juan y buena parte de la biblioteca de Nag Hammadi, Barbeló es el primer pensamiento de Dios, la Providencia del Todo, la Madre de todo el mundo divino, la que es a la vez virgen y masculina, Madre y Padre. De ella procede el Hijo, el Cristo celestial y de ella dependen todos los eones de luz. Está muy por encima de Sofía, la Sabiduría cuya caída da origen al mundo material y que, en el sistema setiano, es solo el último de los seres que proceden de Barbeló.
Durante siglos, Barbeló fue poco más que un nombre extraño en los tratados contra las herejías. Ireneo de Lyon llamó barbelognósticos a los grupos que la veneraban y Epifanio de Salamina la convirtió en la protagonista de un mito escandaloso sobre la seducción de los arcontes. El hallazgo de Nag Hammadi en 1945 cambió por completo esa imagen. Aparecieron himnos dirigidos a ella, tratados filosóficos que la sitúan en el centro de un sistema de inspiración platónica y revelaciones en las que habla en primera persona y desciende tres veces al mundo para despertar a la humanidad. Incluso el Evangelio de Judas, publicado en 2006, pone su nombre en boca del apóstol: tú procedes del eón inmortal de Barbeló.
Este artículo recorre quién es Barbeló, qué significa su nombre, cómo aparece en los textos gnósticos y en los heresiólogos, cuál es su relación con Sofía y con la Sabiduría bíblica, y por qué los filósofos platónicos del siglo III la tomaron tan en serio.
Un nombre misterioso
El significado del nombre Barbeló es uno de los grandes enigmas del gnosticismo. No es griego, ni latín, ni copto y no aparece en ningún texto anterior a los gnósticos. Los investigadores han propuesto varias explicaciones, ninguna completamente segura.
La hipótesis más extendida, formulada en el siglo XIX por el editor de Ireneo, William Wigan Harvey, relaciona el nombre con una expresión hebrea que significaría Dios en cuatro. La alusión sería al tetragrámaton, el nombre de Dios de cuatro letras, YHWH, que los judíos no pronunciaban. Según esta interpretación, Barbeló sería la manifestación del nombre divino, el modo en que el Dios inefable se hace presente. La hipótesis encaja con el papel de Barbeló como primera revelación de Dios y con la tendencia de los textos setianos a usar especulaciones judías sobre el nombre divino, pero no está demostrada.
Otras propuestas buscan el origen en el arameo, en el egipcio o en combinaciones de raíces hebreas que significarían hija del Señor o algo parecido. Algunos investigadores piensan que el nombre no tiene un significado etimológico preciso y que fue creado deliberadamente para sonar misterioso, como otros nombres de eones y arcontes de la literatura gnóstica.
En español se escribe a menudo Barbeló, con tilde, siguiendo la pronunciación aguda que adoptan las traducciones académicas, como la edición de los textos de Nag Hammadi dirigida por Antonio Piñero. También se encuentra la forma Barbelo, sin tilde, calcada del inglés y de otras lenguas.
Barbeló según Ireneo de Lyon
La primera descripción de Barbeló que conservamos procede de Ireneo de Lyon, que hacia el año 180 dedicó un capítulo de su tratado Contra las herejías a un grupo al que llamó barbelognósticos. El resumen de Ireneo es breve, pero coincide casi punto por punto con la primera parte del Apócrifo de Juan, lo que demuestra que el mito ya estaba formado a mediados del siglo II.
Según Ireneo, estos gnósticos enseñaban que existía un eón que nunca envejece, en un espíritu virginal, al que llamaban Barbeló. Allí estaba también un Padre innombrable, que quiso revelarse a Barbeló. Entonces surgió de ella el Pensamiento, que se presentó ante el Padre. Barbeló pidió al Padre que le concediera la Presciencia y la Presciencia apareció. Pidió después la Incorruptibilidad y luego la Vida eterna y ambas aparecieron también.
Barbeló, alegrándose de todo ello, contempló la grandeza del Padre y concibió de él una luz semejante a la suya. Esa luz era el comienzo de la iluminación y de la generación de todas las cosas. El Padre la ungió con su bondad hasta hacerla perfecta y esa luz es, según ellos, el Cristo. A partir de ahí, Ireneo describe el resto del mundo divino, las cuatro luminarias, la caída de Sofía, a la que llama también Prúnico y el nacimiento del Primer Arconte, que se proclama dios celoso y único.
El resumen de Ireneo muestra ya los rasgos esenciales de Barbeló: es la primera realidad que surge del Padre, es virginal, recibe del Padre sus atributos y es la madre del Cristo celestial.
Barbeló en el Apócrifo de Juan
La versión más completa del mito de Barbeló está en el Apócrifo de Juan, el gran texto setiano conservado en cuatro copias, tres de Nag Hammadi y una del Códice de Berlín. En él, Cristo resucitado revela al apóstol Juan el origen de todas las cosas y Barbeló ocupa el centro de la primera parte de la revelación.
El reflejo en el agua de luz
El Apócrifo de Juan describe primero al Dios supremo, al que llama la Mónada o el Espíritu invisible, con una larga serie de negaciones: no es corporal ni incorporal, no es grande ni pequeño, no es infinito ni limitado, no forma parte de las cosas que existen, sino que está por encima de ellas. Es luz pura, inefable e incomprensible.
Este Dios se contempla a sí mismo en la luz que lo rodea, que el texto describe como un agua luminosa, una fuente de agua viva y de esa contemplación surge su pensamiento, que se manifiesta ante él en el resplandor de su luz. Es la primera potencia, la que existe antes que todas las demás, la que procede de su mente. Es Barbeló.
La imagen del reflejo es fundamental. Barbeló no es creada ni engendrada en sentido físico, sino que es la imagen del Dios supremo, su autoconciencia, el modo en que el Dios se conoce a sí mismo. Esta idea tiene raíces en la filosofía griega, que desde Aristóteles concebía a Dios como un pensamiento que se piensa a sí mismo y en la tradición judía sobre la Sabiduría, que el libro de la Sabiduría describe como reflejo de la luz eterna y espejo sin mancha de la actividad de Dios.
Los nombres de Barbeló
El Apócrifo de Juan acumula títulos para describir a Barbeló. Es la Providencia del Todo, la Prónoia, la que cuida de todas las cosas. Es la imagen del Espíritu invisible. Es el primer Hombre, el modelo celestial de la humanidad. Es el espíritu virginal, la que es tres veces masculina, la de los tres poderes, los tres nombres y las tres generaciones. Es el eón andrógino que no envejece. En la versión larga, se la llama también la Madre-Padre.
La acumulación de títulos masculinos y femeninos no es contradictoria, sino deliberada. Barbeló es femenina, porque es la Madre de todo, pero también masculina, porque está por encima de la división de los sexos que caracteriza al mundo inferior. La expresión tres veces masculina, que puede resultar desconcertante, indica su perfección: en el lenguaje simbólico de la Antigüedad tardía, lo masculino representaba a menudo lo perfecto y lo espiritual y lo femenino lo incompleto y lo material. Barbeló es femenina y, al mismo tiempo, plenamente perfecta.
El nacimiento del Hijo
Como en el resumen de Ireneo, Barbeló pide al Padre que le conceda la Presciencia, la Incorruptibilidad, la Vida eterna y la Verdad y todas ellas aparecen. Juntas forman una plenitud de cinco eones, que el texto llama la péntada del Padre.
Después, Barbeló contempla fijamente al Padre y concibe de él una chispa de luz, una luz bienaventurada semejante a la suya, aunque no igual en grandeza. Es el Hijo, el único engendrado del Padre, al que el texto llama también el Autoengendrado y que identifica con Cristo. El Padre lo unge con su bondad hasta que no le falta ninguna perfección.
Así se forma la gran tríada del gnosticismo setiano: el Padre, el Espíritu invisible; la Madre, Barbeló; y el Hijo, el Autoengendrado o Cristo. De ellos procede después todo el mundo divino: las cuatro grandes luminarias, Harmozel, Oroiael, Daveitai y Eleleth, con sus doce eones, entre ellos Sofía; el hombre perfecto, Adamas; su hijo Set; y la descendencia de Set, la raza de los gnósticos.
Barbeló frente a Sofía
Para entender el papel de Barbeló es fundamental compararla con Sofía, la otra gran figura femenina del gnosticismo. Ambas son femeninas, ambas son madres y ambas generan algo, pero sus actos tienen consecuencias opuestas.
Barbeló genera al Hijo con el consentimiento del Padre. Contempla al Padre, recibe su luz y concibe a Cristo, que es perfecto. Todo lo que procede de ella sigue el orden divino y permanece en la luz.
Sofía, en cambio, genera sin el consentimiento del Espíritu y sin su compañero. Quiere producir algo por sí misma, a partir de su propio pensamiento y el resultado es Yaldabaot, un ser deforme con cabeza de león y cuerpo de serpiente que crea el mundo material y se proclama el único dios.
El contraste es deliberado. Barbeló representa la generación ordenada, la que respeta la voluntad del Padre y produce la perfección. Sofía representa la generación desordenada, la que surge del deseo propio y produce el error. En términos teológicos, Barbeló es la manifestación positiva de lo femenino divino y Sofía su caída.
Esta oposición tiene un paralelo en la tradición judía, donde la Sabiduría aparece en dos formas: como la Sabiduría que estaba junto a Dios en la creación, según el libro de los Proverbios y como la Sabiduría que busca morada entre los hombres y no la encuentra, según el libro de Enoc. Los gnósticos setianos parecen haber desdoblado esa figura en dos: una Sabiduría superior, Barbeló, que permanece junto al Padre, y una Sabiduría inferior, Sofía, que cae al mundo.
Barbeló en los otros textos de Nag Hammadi
Además del Apócrifo de Juan, Barbeló aparece en varios textos setianos de la biblioteca de Nag Hammadi, cada uno de los cuales ilumina un aspecto distinto de su figura.
Las Tres estelas de Set
Las Tres estelas de Set, conservadas en el Códice VII, son una colección de himnos que se presentan como inscripciones que Set, el hijo de Adán, grabó en tres estelas de piedra. Cada estela está dirigida a una de las tres personas de la tríada divina: la primera al Hijo, la segunda a Barbeló y la tercera al Padre.
La segunda estela es un himno de alabanza a Barbeló. La llama gran eón, el primero, la virgen masculina, la primera gloria del Padre invisible. Le dice que ella ha visto al que existe verdaderamente, que es la primera sombra del Padre santo, la luz de la luz. Los fieles le piden que los salve y los haga perfectos.
Lo más interesante de las Tres estelas de Set es su uso ritual. El texto termina con una indicación sobre cómo deben recitarse los himnos: subiendo y bajando, en un movimiento ascendente y descendente que acompaña la ascensión del alma hacia el Padre. Era, muy probablemente, una liturgia que los setianos practicaban en comunidad.
La Protennoia trimorfa
La Protennoia trimorfa, conservada en el Códice XIII, es uno de los textos más bellos de Nag Hammadi. Su título significa el primer Pensamiento en tres formas y su protagonista es Barbeló, que habla en primera persona en un largo discurso revelador.
Yo soy la Protennoia, el Pensamiento que habita en la Luz, dice. Yo soy el movimiento que habita en el Todo, la que existe en todos, la Invisible dentro del Todo. Yo soy la primera de los que existen.
El texto narra los tres descensos de Barbeló al mundo para despertar a la humanidad atrapada en la materia. En el primero, desciende como Voz, una voz que habla a los que duermen. En el segundo, como Sonido, como madre que da forma a los que han despertado. En el tercero, como Palabra, el Logos, que entra en el mundo vestido con la apariencia de los poderes para no ser reconocido y que en la última parte del texto se reviste de Jesús para liberar a los suyos.
Este último descenso tiene paralelos sorprendentes con el prólogo del Evangelio de Juan, donde la Palabra que estaba junto a Dios desde el principio se hace carne y habita entre nosotros. Desde los años 70, algunos investigadores han debatido si el autor del Evangelio de Juan conocía una tradición parecida a la de la Protennoia, o si, por el contrario, el texto gnóstico se inspiró en el prólogo de Juan. La mayoría se inclina hoy por la segunda posibilidad, pero el debate muestra lo cerca que estaban ambos mundos.
El Libro sagrado del gran Espíritu invisible
El Libro sagrado del gran Espíritu invisible, conocido también como Evangelio de los Egipcios, se conserva en los Códices III y IV de Nag Hammadi. Describe la emanación del mundo divino en una serie de tríadas, la principal de las cuales es la formada por el Padre, la Madre Barbeló y el Hijo.
El texto contiene además referencias a un rito bautismal de los setianos, el de los cinco sellos, en el que Barbeló tenía un papel importante. Los iniciados invocaban a los poderes divinos y recibían una purificación que los liberaba de los arcontes y los unía al mundo de la luz.
Los tratados platónicos: Zostriano, Alógenes y Marsanes
Tres textos de Nag Hammadi, Zostriano, Alógenes y Marsanes, presentan una versión muy filosófica del mito setiano, fuertemente influida por el platonismo de la época. En ellos, Barbeló ya no es solo la Madre del mundo divino, sino un eón con una estructura interna compleja, formada por tres niveles: el Oculto, el Primero en manifestarse y el Autoengendrado.
En estos textos, Barbeló funciona como el Intelecto divino, el segundo nivel de la realidad después del Uno supremo. Es la mente que contiene en sí todas las ideas y todas las formas del mundo inteligible. Los visionarios que protagonizan los tratados, Zostriano y Alógenes, ascienden a través de los niveles del eón de Barbeló hasta acercarse al Espíritu invisible, en una experiencia mística que combina la contemplación filosófica con el ritual.
Barbeló y los platónicos
Los tratados setianos sobre Barbeló no circularon solo entre los gnósticos. Porfirio, el discípulo y biógrafo del filósofo Plotino, cuenta que en el círculo de su maestro en Roma, hacia el año 260, algunos cristianos manejaban revelaciones atribuidas a Zostriano y a Alógenes y que en la escuela de Plotino se escribieron refutaciones contra ellas. El propio Plotino dedicó uno de sus tratados a criticar a los gnósticos y su discípulo Amelio escribió 40 libros contra Zostriano.
El hallazgo de Zostriano y Alógenes en Nag Hammadi permitió comprobar que eran precisamente los textos que se discutían en el círculo de Plotino y su contenido sorprendió a los investigadores. La estructura del eón de Barbeló, con sus tres niveles de ser, vida e intelecto, se parece mucho a las tríadas que los neoplatónicos desarrollaron para describir la procesión de la realidad a partir del Uno. El investigador estadounidense John D. Turner ha dedicado buena parte de su obra a mostrar que los setianos y los neoplatónicos compartían un mismo vocabulario y unas mismas preguntas y que probablemente se influyeron mutuamente.
Barbeló es, en este sentido, un puente entre la religión gnóstica y la filosofía griega. En ella confluyen la Sabiduría de la Biblia hebrea, el Intelecto de los platónicos y la Madre divina de las religiones mistéricas.
Barbeló en el Evangelio de Judas
El Evangelio de Judas, descubierto en el Códice Tchacos y publicado en 2006, contiene una de las menciones más llamativas de Barbeló. En una escena del comienzo, Jesús desafía a sus discípulos a que se pongan ante él y revelen su verdadera naturaleza. Ninguno se atreve, salvo Judas, que se coloca ante Jesús sin poder mirarlo a los ojos y le dice: sé quién eres y de dónde vienes. Tú procedes del eón inmortal de Barbeló y no soy digno de pronunciar el nombre de quien te ha enviado.
La escena es fundamental para entender el Evangelio de Judas. Judas es el único discípulo que reconoce el verdadero origen de Jesús, que no procede del dios de los otros discípulos, el Demiurgo, sino del mundo divino superior, el de Barbeló. Por eso Jesús lo aparta de los demás y le revela los misterios del reino. El texto pertenece claramente a la tradición setiana y la mención de Barbeló es la clave que lo demuestra.
Barbeló en la Pistis Sophia
Barbeló aparece también en la Pistis Sophia, el largo texto gnóstico del siglo III conservado en el Códice Askew de Londres. Allí ocupa un lugar elevado en la jerarquía de los poderes divinos y está relacionada con el nacimiento de Jesús. El texto cuenta que el cuerpo que Jesús tomó en el seno de María procedía de un poder que había recibido de Barbeló. La Madre suprema del mundo divino es así el origen último de la humanidad de Jesús.
En la Pistis Sophia, sin embargo, Barbeló ya no es la figura central que era en el Apócrifo de Juan. El sistema de este texto es mucho más complejo, con una multitud de eones, regiones y poderes y Barbeló es uno más entre ellos, aunque de los más altos.
Barbeló según Epifanio: la seductora de los arcontes
La imagen más sorprendente de Barbeló procede de Epifanio de Salamina, que hacia el año 375 describió en su Panarion a varios grupos gnósticos de Egipto, entre ellos los que llamaba gnósticos, borborianos, fibionitas o barbelitas.
Según Epifanio, estos grupos enseñaban que Barbeló habitaba en el octavo cielo, por encima de los siete cielos gobernados por los arcontes. Había surgido del Padre y era la madre de Yaldabaot o de Sabaot según otros, que se había apoderado del séptimo cielo y gobernaba sobre los demás.
Barbeló, según este relato, quería recuperar el poder divino que los arcontes le habían arrebatado y que estaba disperso en ellos. Para hacerlo, se aparecía ante los arcontes con una belleza irresistible, los seducía y recuperaba de ellos la semilla que contenía su poder. Epifanio afirma que los seguidores de este mito imitaban a Barbeló en sus ritos, recogiendo el semen y la sangre menstrual como sustancia divina que debía devolverse a su origen.
La descripción de Epifanio debe tratarse con mucha cautela. Las acusaciones de ritos sexuales eran un tópico de la polémica religiosa antigua y Epifanio era un polemista apasionado que no siempre distinguía entre los hechos y los rumores. La Pistis Sophia, un texto gnóstico, condena expresamente esas prácticas como el peor de los pecados, lo que sugiere que, si algún grupo las realizaba, otros gnósticos las rechazaban. En todo caso, el relato de Epifanio muestra cómo la figura de Barbeló podía reinterpretarse de formas muy distintas según el grupo.
Barbeló en los textos gnósticos
| Texto | Fecha aproximada | Papel de Barbeló |
|---|---|---|
| Ireneo, Contra las herejías | Hacia 180 | Eón virginal ante el Padre, madre del Cristo celestial |
| Apócrifo de Juan | Siglo II | Primer pensamiento de Dios, Providencia del Todo, Madre-Padre |
| Tres estelas de Set | Siglos II-III | Destinataria de un himno litúrgico, virgen masculina |
| Protennoia trimorfa | Siglos II-III | Habla en primera persona y desciende tres veces al mundo |
| Libro sagrado del gran Espíritu invisible | Siglos II-III | Madre en la tríada Padre-Madre-Hijo; rito de los cinco sellos |
| Zostriano, Alógenes y Marsanes | Siglo III | Eón con tres niveles, equivalente al Intelecto platónico |
| Evangelio de Judas | Siglo II | Origen de Jesús, reconocido solo por Judas |
| Pistis Sophia | Siglo III | Poder del que procede el cuerpo de Jesús |
| Epifanio, Panarion | Hacia 375 | Habita el octavo cielo y seduce a los arcontes para recuperar su poder |
La Madre divina y el debate moderno
En el siglo XX, Barbeló adquirió una nueva relevancia en el debate sobre el papel de lo femenino en el cristianismo. La investigadora estadounidense Elaine Pagels, en su libro Los evangelios gnósticos, publicado en 1979, dedicó un capítulo a la imagen de Dios como Padre y Madre en los textos de Nag Hammadi. Pagels señalaba que muchos gnósticos concebían a Dios como una díada masculina y femenina y que figuras como Barbeló mostraban una visión de lo divino muy distinta de la que se impuso en la gran Iglesia, donde Dios se describía exclusivamente en términos masculinos.
La tesis de Pagels tuvo una enorme influencia en la teología feminista y en la cultura popular. Otros investigadores, como Karen King o Jorunn Jacobsen Buckley, han matizado esa visión, señalando que la imagen de lo femenino en los textos gnósticos es ambigua: junto a la Madre perfecta, Barbeló, está la Sabiduría caída, Sofía, cuyo error explica la existencia del mal y en muchos textos lo femenino simboliza lo incompleto que debe ser superado. Barbeló misma es tres veces masculina.
En cualquier caso, Barbeló sigue siendo una de las expresiones más elaboradas de lo divino femenino en la Antigüedad, comparable a la Sabiduría de la Biblia hebrea, a la Shejiná de la mística judía o a las grandes diosas madres de las religiones mistéricas, como Isis o Cibeles. Su figura ha despertado interés en el esoterismo contemporáneo y en los movimientos que buscan recuperar una imagen femenina de Dios.
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Fuentes y bibliografía
Fuentes:
- Epifanio de Salamina. Panarion. Traducción inglesa de Frank Williams. Leiden: Brill, 2009-2013.
- Ireneo de Lyon. Contra los herejes. Edición de Carlos Ignacio González. México: Conferencia del Episcopado Mexicano, 2000.
- Kasser, Rodolphe; Wurst, Gregor; Meyer, Marvin y Gaudard, François (eds.). The Gospel of Judas, Critical Edition. Washington: National Geographic, 2007.
- Meyer, Marvin (ed.). The Nag Hammadi Scriptures. Nueva York: HarperOne, 2007.
- Piñero, Antonio; Montserrat Torrents, José y García Bazán, Francisco (eds.). Textos gnósticos. Biblioteca de Nag Hammadi. 3 vols. Madrid: Trotta, 1997-2000.
- Porfirio. Vida de Plotino. En Plotino, Enéadas I-II. Edición de Jesús Igal. Madrid: Gredos, 1982.
Bibliografía:
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- Buckley, Jorunn Jacobsen. Female Fault and Fulfilment in Gnosticism. Chapel Hill: University of North Carolina Press, 1986.
- Corrigan, Kevin y Rasimus, Tuomas (eds.). Gnosticism, Platonism and the Late Ancient World. Leiden: Brill, 2013.
- King, Karen L. (ed.). Images of the Feminine in Gnosticism. Filadelfia: Fortress Press, 1988.
- King, Karen L. The Secret Revelation of John. Cambridge: Harvard University Press, 2006.
- Logan, Alastair H. B. Gnostic Truth and Christian Heresy. Edimburgo: T&T Clark, 1996.
- Pagels, Elaine. Los evangelios gnósticos. Barcelona: Crítica, 1982.
- Rasimus, Tuomas. Paradise Reconsidered in Gnostic Mythmaking. Leiden: Brill, 2009.
- Turner, John D. Sethian Gnosticism and the Platonic Tradition. Quebec: Presses de l’Université Laval, 2001.
- Williams, Michael A. Rethinking «Gnosticism». Princeton: Princeton University Press, 1996.
Recursos digitales:
- The Gnostic Society Library: The Secret Book of John.
- The Gnostic Society Library: Trimorphic Protennoia.
- The Gnostic Society Library: The Three Steles of Seth.
Preguntas frecuentes sobre Barbeló
¿Quién es Barbeló en el gnosticismo?
Es la primera emanación del Dios supremo en el gnosticismo setiano: su primer pensamiento, su imagen y la Madre de todo el mundo divino. Surge cuando el Espíritu invisible se contempla a sí mismo en la luz que lo rodea. Con el Padre y el Hijo forma la tríada divina suprema, y de ella procede el Cristo celestial. Es la figura femenina más elevada del gnosticismo.
¿Qué significa el nombre Barbeló?
No se sabe con certeza. La hipótesis más extendida lo relaciona con una expresión hebrea que significaría Dios en cuatro, en alusión al nombre divino de cuatro letras, YHWH. Otras propuestas lo vinculan con el arameo o el egipcio, y algunos investigadores piensan que fue un nombre creado para sonar misterioso, sin una etimología precisa.
¿Es lo mismo Barbeló que Sofía?
No. Las dos son figuras femeninas del mundo divino, pero ocupan posiciones opuestas. Barbeló es la primera emanación del Padre y genera al Cristo con su consentimiento, de modo que todo lo que procede de ella es perfecto. Sofía es el último de los eones y genera sin permiso del Padre, dando origen a Yaldabaot, el creador del mundo material. Barbeló representa lo femenino divino perfecto y Sofía su caída.
¿Quiénes eran los barbelognósticos?
Es el nombre que Ireneo de Lyon dio hacia el año 180 a un grupo gnóstico que veneraba a Barbeló. Su mito coincide con la primera parte del Apócrifo de Juan, por lo que la mayoría de los investigadores los considera una rama de los setianos o el mismo grupo con otro nombre. Epifanio de Salamina usó más tarde el nombre de barbelitas para otros grupos egipcios.
¿Por qué se dice que Barbeló es tres veces masculina?
Porque los textos setianos la describen como virgen masculina y tres veces masculina, aunque es la Madre del mundo divino. Las expresiones indican su perfección: en el simbolismo de la Antigüedad tardía, lo masculino representaba a menudo lo perfecto y lo espiritual. Barbeló es a la vez femenina, como madre, y masculina, como ser perfecto, por encima de la división de los sexos.
¿Qué dice el Evangelio de Judas sobre Barbeló?
En una escena del comienzo, Judas es el único discípulo capaz de ponerse ante Jesús y le dice que procede del eón inmortal de Barbeló. Con esa frase reconoce que Jesús no viene del dios inferior al que adoran los demás discípulos, sino del mundo divino superior. Por eso Jesús le revela los misterios del reino.
¿Qué relación tiene Barbeló con el neoplatonismo?
En tratados setianos como Zostriano y Alógenes, Barbeló funciona como el Intelecto divino, el segundo nivel de la realidad después del Uno, con una estructura interna en tres niveles. Esos textos se discutían en el círculo del filósofo Plotino en Roma hacia el año 260, y su vocabulario se parece mucho al de los neoplatónicos. Barbeló es así un puente entre la religión gnóstica y la filosofía griega.
Nota editorial: las infografías e ilustraciones de este artículo han sido desarrolladas con asistencia de herramientas de Inteligencia Artificial para la recreación artística de personajes y entornos históricos.









