InicioPrehistoriaCaracterísticas del Homo naledi, ¿el primer homínido espiritual?

Características del Homo naledi, ¿el primer homínido espiritual?

En la llamada Cuna de la Humanidad, al sur del continente africano, fueron encontrados en el año 2013 varios fósiles de una especie homínida desconocida hasta ese momento.

El hallazgo de este espécimen no solo llamó la atención por sus características morfológicas, sino que además de esto, puso en advertencia a los expertos ya que los huesos encontrados habían sido colocados de una forma que pareciera evocar un ritual funerario. En este artículo hablaremos, del Homo naledi.

Características del Homo naledi

La datación de esta especie homínida trajo varios debates, ya que los científicos, no se ponían de acuerdo entre sí.

En primer lugar, debido a sus características físicas, el Homo naledi se pensó que podía formar parte de un homínido antiguo que pudo existir hace 2 millones de años.

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Sin embargo, los estudios geológicos y otras pruebas especializadas determinaron que la edad de este homínido era mucho más joven, pudiendo habitar nuestro planeta hace aproximadamente entre 236.000 a 350.000 años.

El descubrimiento del Homo naledi llama poderosamente la atención ya que en su físico combina elementos de los homínidos antiguos (incluyendo el australopitechus) y características que podrían compartir con los humanos modernos.

Cráneo Homo naledi. Crédito: John Hawks, Marina Elliott, Peter Schmid et al.

Su estatura no era muy alta si la comparamos con homínidos que habitaban aquella época, como el Homo heidelbergensis o la especie Neandertal, ya que medía aproximadamente, 1,50 metros y pesaba 45 kilos.

De igual forma, su cráneo era muy similar al de homínidos como erectus, habilis o rudolfensis, lo que lo acercaría más a los homínidos antiguos. Acerca de este punto, su capacidad craneal de uno 500 cm3, lo acerca mucho más a los australopitecus que a los homínidos que dominaban la tierra hace 300.000 años.

A pesar de esto, cuando se estudiaron su mano y muñeca, sí que se encontraron características que lo acercaban a homínidos más modernos, e incluso, al Homo sapiens.

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Sus manos demostraban un alto grado de manipulación de herramientas, destacándose su pulgar que ejecutaba acciones prensiles, y su muñeca que es muy similar a las de los sapiens y neandertales.

Sus piernas y pies también son parecidas a las del Homo sapiens, sin embargo, cuando se estudió la forma del tórax, los científicos determinaron que este homínido, a pesar de su gran capacidad en las manos, piernas y pies, pudo también maniobrar en los árboles, con costillas parecidas a la de los homínidos antiguos que se movilizaban por los árboles, pero con la capacidad de correr, habilidad de la que carecía el Homo erectus.

Posible enterramiento ritual

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La noción de espiritualidad que nos parece tan humana en nuestros días, tuvo uno de sus posibles orígenes no solo en la observación de los fenómenos naturales, sino en la transición a la muerte y otras experiencias de carácter místico.

Sobre este punto, es muy interesante que el Homo naledi con una capacidad craneal muy inferior a la de homínidos más avanzados, tuviese en su mente una posible conexión con la espiritualidad, a través de la comprensión de la muerte y el dejar el mundo de los vivos.

En uno de los pasajes inexplorados de la cueva hasta el año 2013, se encontraron los huesos de 15 homínidos de esta especie, donde se destacó además de la gran conservación de éstos, el hecho de que estuvieran enterrados en especies de cámaras, con una cercanía importante entre cada uno de ellos.

Los expertos han llegado a esgrimir teorías donde se piensa que el Homo naledi utilizaba lugares oscuros y lejanos para enterrar a sus muertos, siendo ésta acción una de las primeras muestras de espiritualidad y cultura, además de hacernos saber que poseían una gran inteligencia.

Aspectos que, como vemos, no solo atañen a nuestra especie humana, sino que quizás, los tomamos de todas estas especies que estuvieron en la evolución.

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Leopoldo Ágreda Lovera
Nací en Mérida, un estado andino de Venezuela pero me crié en Caracas la ciudad donde crecí, observando el Ávila y haciéndome las preguntas más importantes sobre la vida, la sociedad y el universo, rodeado de árboles y el sabor agridulce de toda gran ciudad. En el trayecto de mi vida, conocí las calles y sus gentes, las cuales me ayudaron a formarme un mejor criterio de la existencia humana y las ciencias sociales, para luego estudiar en la Universidad Central de Venezuela, donde me he formado como historiador y pensador social. La lectura es uno de mis grandes vínculos con el pasado y la esencia de la humanidad, ya que como dijo Descartes, leer es como tener una conversación con las grandes mentes de la historia; el ajedrez es otra de mis grandes pasiones, ya que me ha ayudado a desarrollar una mejor comprensión de la vida, que junto a la música, forman los tres pilares de mis gustos actuales. Soy familiar, amante de la naturaleza y los animales, porque en ellos ves la esencia de la filosofía y de Dios.

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