El castillo de Maqueda a subasta por la crisis

La mañana del 3 de enero de este nuevo año de 2014 amanecíamos con una noticia desalentadora para nuestro Patrimonio histórico y, por tanto, para el desarrollo de la cultura nacional. Los recortes en materia de investigación histórica y conservación de los bienes artísticos y de interés cultural parecen no haber sido suficientes para alimentar un poco las paupérrimas arcas de nuestro Estado, por lo que el Gobierno decidió la puesta en venta por 9,5 millones de euros del simbólico castillo de Maqueda, o “Castillo de la Vela”, donde se sabe que vivió la reina Isabel la Católica.

castillo de maqueda o de la vela

Para quien no haya visitado esta localidad castellanomanchega, pequeña en tamaño y número de habitantes pero de enorme  interés e importancia en cuanto a su tradición histórica, la fortificación que puede verse incluso si se conduce de paso desde la carretera de Extremadura, remonta sus orígenes a los tiempos de la Hispania romana.

La sencilla fortificación original fue ampliada y perfeccionada más tarde en época mozárabe, concretamente en el 981, por el arquitecto Fathoben Ibrahim el Omeya, que se había hecho famoso por sus edificaciones de mezquitas en Toledo. Durante toda la Edad Media hizo las veces de fortaleza y residencia nobiliaria, pasando su propiedad de mano en mano y llegando incluso una joven Isabel I de Castilla a habitarlo una temporada durante el reinado de su padre Enrique IV.

Desde una perspectiva arquitectónica, el castillo mozárabe sigue las características propias de este tipo de edificaciones defensivas altomedievales: anexo a la muralla de la localidad, de planta rectangular con 4 torres circulares en las esquinas (una de ellas añadida posteriormente), protegido por fosos y con muros de sillería de gran espesor. Arcos de medio punto enmarcados en alfiz, almenas y portones inundan la fachada, como es propio de esta tipología edilicia. En la puerta norte se encuentra labrado el escudo de la familia Cárdenas, que reconstruyó  el castillo a finales del siglo XV (en concreto fue el contador del reino Gutierre de Cárdenas, oficial cercano a la monarquía).

En 1931 fue declarado Monumento Histórico Artístico y desde entonces ha tenido diversas funciones, como cuartel de la Guardia Civil, además de permanecer abierto al público para su visita y ser objeto de numerosos estudios sobre la nobleza castellana o el arte arquitectónico de la Alta Edad Media.

Pues bien, toda esta historia que rodea la magnífica fortaleza, se pone a subasta ahora por la fría suma de 9.588.290 euros. El gobierno pensó en los primeros años del siglo XXI en transformarlo en Museo Nacional de la Guardia Civil y Archivo histórico general de la institución, pero la crisis no ha permitido llevar a cabo estas propuestas. El gobierno de la localidad ha asegurado que la subasta pública del monumento ha sido inevitable, pues aunque el Ministerio del Interior se lo ofreció, sus escasos recursos no permitieron la compra.

Después de ver este tipo de decisiones gubernamentales sólo  cabe preguntarse qué será lo siguiente. Acciones que sin duda deben ser reclamadas por los profesionales de la investigación y la divulgación cultural. Esperemos que, al menos, el afortunado que se haga con el “Castillo de la Vela” sepa cuidarlo como lo que verdaderamente es: una auténtica obra de arte.

Imagen: Xauxa en Wikimedia

Romántico, en el sentido artístico de la palabra. En mi adolescencia tanto familiares como amigos me recordaban una y otra vez que era un humanista empedernido, pues pasaba el rato haciendo lo que quizás otros no tanto, creyéndome Bécquer, inmerso en mis propias fantasías artísticas, en libros y películas, deseando constantemente viajar y explorar mundo, admirado por mi pasado histórico y por las maravillosas producciones del ser humano. Por ello decidí estudiar Historia y simultanear con Historia del Arte, porque me parecía la manera más adecuada de llevar a cabo las habilidades y pasiones que me caracterizan: leer, escribir, viajar, investigar, conocer, dar a conocer, educar. La divulgación es otra de mis motivaciones, pues entiendo que no hay palabra que tenga valor real si no es porque haya sido transmitida con eficacia. Y con ello, tengo la determinación de que todo lo que haga en mi vida tenga un fin didáctico.