Los evangelios no conservan una sola línea escrita por Jesús. Por eso resulta tan llamativa la tradición que atribuye al propio Jesús una carta dirigida a Abgar V, rey de Edesa, una ciudad del norte de Mesopotamia situada en la actual Turquía. Según esta leyenda, Abgar, enfermo, oyó hablar de las curaciones que realizaba un maestro de Galilea, le escribió para pedirle que fuera a curarlo y recibió una respuesta. Jesús declinaba la invitación, porque debía cumplir su misión en Judea, pero prometía enviar a uno de sus discípulos después de su ascensión. El discípulo, llamado Tadeo en griego y Addai en siríaco, llegó a Edesa, curó al rey y convirtió la ciudad.
La historia aparece por primera vez en la Historia eclesiástica de Eusebio de Cesarea, hacia el año 325. Eusebio asegura haber traducido las dos cartas del siríaco a partir de documentos conservados en los archivos reales de Edesa. Desde entonces, la correspondencia entre Jesús y Abgar tuvo una vida extraordinaria. Se amplió con nuevos episodios, entre ellos el de un retrato de Jesús que el mensajero del rey habría pintado y llevado a Edesa. Ese retrato se transformó con los siglos en una imagen milagrosa, no hecha por manos humanas, en la que el rostro de Cristo había quedado impreso sobre un paño. Es el Mandylion, la reliquia más venerada de Bizancio antes de su desaparición en 1204 y una de las piezas que algunos investigadores relacionan con la Sábana Santa de Turín.
La carta de Jesús tuvo además un uso que ningún texto canónico conoció. Los habitantes de Edesa creían que su ciudad era inexpugnable porque Jesús había prometido protegerla y cuando un ejército enemigo se acercaba, leían la carta ante sus puertas. El texto se grabó en dinteles, se copió en amuletos contra la fiebre y se incluyó en libros de oraciones desde Asia Menor hasta Inglaterra.
Ningún historiador serio considera auténtica la correspondencia. La leyenda, sin embargo, contiene datos históricos reales, como la existencia de un rey Abgar en tiempos de Jesús y la temprana cristianización de Edesa. Su historia permite seguir cómo nace, crece y se transforma una tradición religiosa a lo largo de mil años.
Edesa, la ciudad bendita
Edesa se levantaba en la llanura del alto Éufrates, en una encrucijada de rutas entre Siria, Mesopotamia y Anatolia. Sus habitantes la llamaban Urhay y los griegos le dieron el nombre de Edesa cuando Seleuco I, uno de los sucesores de Alejandro Magno, la refundó a finales del siglo IV a.C. Hoy es la ciudad turca de Şanlıurfa, conocida por sus estanques de peces sagrados y, desde hace unos años, por la cercanía del yacimiento de Göbekli Tepe.
Hacia el año 132 a.C., aprovechando el declive del Imperio seléucida, una dinastía local de origen árabe se hizo con el poder y fundó el pequeño reino de Osroene, con capital en Edesa. Sus reyes llevaban con frecuencia los nombres de Abgar y Manu y sobrevivieron durante más de tres siglos haciendo equilibrios entre Roma y Partia, los dos grandes imperios que se disputaban la región. La lengua de la ciudad era un dialecto del arameo que acabaría convirtiéndose en el siríaco, la gran lengua literaria del cristianismo oriental.
El rey de la leyenda, Abgar V, llamado Ukkama, es decir, el Negro, existió realmente. Reinó en dos periodos, entre el 4 a.C. y el 7 d.C. y entre el 13 y el 50 d.C., lo que lo hace contemporáneo exacto de Jesús. El historiador romano Tácito lo menciona en sus Anales con el nombre de Acbaro, rey de los árabes y cuenta que en el año 49 traicionó a Meherdates, un pretendiente al trono parto apoyado por Roma, retrasando su marcha con banquetes y excusas. El retrato que deja Tácito es el de un gobernante astuto que jugaba a dos bandas, muy lejos del rey piadoso de la tradición cristiana.
Lo que cuenta Eusebio
El relato más antiguo de la correspondencia se encuentra al final del primer libro de la Historia eclesiástica de Eusebio. El obispo de Cesarea presenta los textos con una afirmación de autoridad: las cartas se encontraban en los archivos de Edesa, donde se guardaban los documentos de los reyes y él las tradujo palabra por palabra del siríaco.
La primera carta es de Abgar, que se presenta como toparca de Edesa y saluda a Jesús, el buen salvador que ha aparecido en la región de Jerusalén. Ha oído hablar de él y de sus curaciones, realizadas sin medicinas ni hierbas: hace ver a los ciegos y andar a los cojos, limpia a los leprosos, expulsa a los espíritus impuros y resucita a los muertos. Abgar concluye que solo hay dos posibilidades, que Jesús sea Dios bajado del cielo o que sea el Hijo de Dios. Le ruega que se tome la molestia de ir a verlo para curarle de la enfermedad que padece y añade una oferta que revela su conocimiento de la situación: ha oído que los judíos murmuran contra él y quieren hacerle daño, pero su ciudad es pequeña y venerable y basta para los dos.
La respuesta de Jesús, entregada al mensajero Ananías, es más breve. Declara bienaventurado a Abgar porque ha creído en él sin haberlo visto y recuerda que está escrito que quienes lo han visto no creerán, mientras que quienes no lo han visto creerán y vivirán. En cuanto a la invitación, no puede aceptarla. Debe cumplir en Judea todo aquello para lo que fue enviado y, una vez cumplido, ser elevado junto a quien lo envió. Pero cuando haya sido elevado, le enviará a uno de sus discípulos, que lo curará de su enfermedad y le dará vida a él y a los suyos.
Eusebio añade el cumplimiento de la promesa. Después de la ascensión, el apóstol Tomás, movido por inspiración divina, envió a Edesa a Tadeo, uno de los 70 discípulos que Jesús había mandado a predicar según el Evangelio de Lucas. Tadeo se alojó en casa de un tal Tobías y comenzó a curar enfermos. Cuando la noticia llegó al rey, lo mandó llamar. Al entrar Tadeo en la sala, Abgar vio en su rostro una visión extraordinaria y se postró ante él. Tadeo le impuso las manos y lo curó, y curó también a Abdo, un noble de la corte que padecía gota. Al día siguiente, ante todo el pueblo reunido, predicó el evangelio y Edesa se convirtió al cristianismo. Eusebio sitúa estos hechos en el año 340 de la era seléucida, que corresponde al 28 o 29 d.C.
Un detalle delata el origen tardío de la carta de Jesús. La bienaventuranza para quienes creen sin haber visto reproduce la frase que Jesús dirige a Tomás en el Evangelio de Juan, escrito a finales del siglo I. La carta depende de un evangelio redactado unos 60 años después de la muerte de Abgar V.
La Doctrina de Addai y el retrato de Hanán
Hacia el año 400 se compuso en Edesa un texto siríaco mucho más extenso, conocido como Doctrina de Addai. Es la versión local de la leyenda, ampliada con nuevos episodios, discursos y detalles, y presenta algunas diferencias significativas respecto al relato de Eusebio.
La primera es que Jesús no responde por escrito. El mensajero, llamado aquí Hanán, archivero del rey, recibe una respuesta oral de Jesús y la pone por escrito él mismo. El cambio es sutil, pero resolvía un problema teológico: evitaba afirmar que Jesús hubiera escrito algo, cuando los evangelios no lo mencionan.
La segunda diferencia es la que tendría consecuencias más duraderas. Hanán, que además de archivero era pintor del rey, aprovechó su estancia en Jerusalén para pintar un retrato de Jesús con los mejores colores, y se lo llevó a Abgar. El rey lo recibió con gran alegría y lo colocó con honor en uno de los edificios de su palacio. Es la primera mención de una imagen de Jesús vinculada a Edesa y en esta versión es simplemente una pintura hecha por manos humanas.
La Doctrina de Addai incluye también largos discursos del apóstol, la construcción de la primera iglesia de la ciudad y una historia intercalada sobre Protonice, supuesta esposa del emperador Claudio, que habría encontrado en Jerusalén la cruz de Cristo. El episodio es una variante de la leyenda del hallazgo de la Vera Cruz por santa Helena, la madre de Constantino, trasladada al siglo I.
El texto se traiciona con un anacronismo revelador. Cuenta que el sucesor de Addai, un tal Aggai, murió mártir y que su sucesor, Palut, tuvo que ir a Antioquía para ser consagrado obispo por Serapión. Pero Serapión fue obispo de Antioquía a finales del siglo II, más de un siglo después de la época en que la leyenda sitúa a Addai. El autor intentaba enlazar la fundación legendaria con la sucesión episcopal real de la ciudad y no se dio cuenta del salto cronológico.
Una carta contra los persas
En algún momento entre el relato de Eusebio y finales del siglo IV, la carta de Jesús se enriqueció con una promesa que no estaba en la versión original: la ciudad de Edesa sería bendecida y ningún enemigo la conquistaría jamás.
El testimonio más vivo de esta creencia lo dejó Egeria, una peregrina procedente del extremo occidental del Imperio, probablemente de Gallaecia, en el noroeste de Hispania, que viajó por Tierra Santa y Oriente entre los años 381 y 384. En su diario de viaje dedica varios capítulos a Edesa. El obispo de la ciudad, un monje de gran santidad, la recibió con amabilidad y la guió por el palacio de Abgar, donde le mostró una estatua del rey y le leyó las cartas de Abgar y de Jesús. Egeria comenta que ya tenía copias en su tierra, pero que la versión de Edesa era más extensa.
El obispo le contó además una historia. Poco después de la muerte de Abgar, los persas sitiaron la ciudad y desviaron el agua que la abastecía. Abgar, o quizá uno de sus sucesores según otras versiones, salió a la puerta de la ciudad con la carta en la mano y rezó en voz alta recordando la promesa de Jesús. En ese momento cayó una oscuridad tan densa sobre el ejército persa que los soldados, a tres millas de distancia, se perdieron y no pudieron encontrar la ciudad. Desde entonces, cada vez que un enemigo se acercaba, se leía la carta ante la puerta por la que había entrado Hanán y el peligro se desvanecía.
La confianza en la carta sobrevivió a los hechos. En el siglo VI, el historiador bizantino Procopio de Cesarea recogió la tradición y señaló, con cierta sorna, que la promesa de inexpugnabilidad no figuraba en la carta original, sino que la habían añadido los habitantes de la ciudad. Aun así, Procopio reconocía que el rey persa Cosroes I parecía creer en ella, porque en el año 540 renunció a atacar Edesa y solo exigió un tributo.
El nacimiento de la imagen no hecha por manos humanas
Cuatro años después, en el año 544, Cosroes sí sitió Edesa. Levantó un gran montículo de tierra y madera junto a las murallas para asaltarlas y los defensores excavaron una galería por debajo para incendiarlo, pero el fuego no prendía. Entonces, según el historiador Evagrio Escolástico, que escribió hacia el año 593, los habitantes sacaron en procesión una imagen creada por Dios, que no había hecho mano humana y la llevaron a la galería. Rociaron la madera con agua delante de la imagen, el fuego prendió de inmediato y el montículo ardió. Los persas tuvieron que retirarse.
Es la primera mención conservada de la imagen de Edesa como imagen aqueiropoieta, término griego que significa no hecha por manos humanas. En algo más de un siglo, el retrato que Hanán había pintado según la Doctrina de Addai se había convertido en una imagen milagrosa. No sabemos cómo se produjo la transformación, pero la leyenda posterior ofreció una explicación completa.
Según un texto bizantino del siglo X, la Narración sobre la imagen de Edesa, atribuida al entorno del emperador Constantino VII, Hanán no había conseguido pintar el rostro de Jesús porque su resplandor lo deslumbraba. Jesús, compadecido, se lavó la cara, se la secó con un paño y su rostro quedó impreso en la tela. Ese paño fue el que llegó a Edesa y curó a Abgar.
La misma narración explica por qué la imagen había estado perdida durante siglos. Un nieto de Abgar volvió al paganismo y quiso destruirla y el obispo de la ciudad la escondió en un nicho sobre una de las puertas de la muralla, con una lámpara encendida delante y tapió la abertura. Allí quedó olvidada hasta el asedio del 544, cuando una visión reveló al obispo su escondite. Al abrir el nicho, la lámpara seguía ardiendo y el rostro de Cristo se había copiado milagrosamente sobre la teja que lo cubría. Esta segunda imagen, el Keramion, se convirtió también en reliquia.
De Edesa a Constantinopla
Edesa cayó en manos de los árabes en el año 638, pero la imagen permaneció en la ciudad, custodiada por la comunidad cristiana. Su fama crecía en todo el mundo bizantino y en el siglo VIII, durante la controversia iconoclasta, los defensores de las imágenes la citaron como prueba de que el propio Cristo había aprobado que se representara su rostro. Si Jesús había dejado su imagen impresa en un paño, ¿cómo podía ser pecado venerarla?
En el año 943, el general bizantino Juan Curcuas llegó con su ejército ante las murallas de Edesa y en lugar de tomar la ciudad, negoció. El emir aceptó entregar la imagen a cambio de que los bizantinos liberaran a 200 prisioneros musulmanes, pagaran 12.000 monedas de plata y se comprometieran a no volver a atacar la ciudad. La reliquia viajó hacia Constantinopla, entre milagros y multitudes y entró en la capital el 15 de agosto de 944, fiesta de la Dormición de la Virgen. Al día siguiente, el 16 de agosto, se celebró su recepción solemne y esa fecha quedó fijada en el calendario ortodoxo como fiesta de la imagen de Edesa.
En Constantinopla, la imagen recibió el nombre de Mandylion, una palabra de origen árabe que significa pañuelo o toalla. Se guardó en la capilla de la Virgen del Faro, dentro del Gran Palacio, junto con las reliquias más preciadas del Imperio, como la corona de espinas y fragmentos de la Vera Cruz. Allí permaneció durante más de 250 años, rodeada de un secretismo creciente. Muy pocas personas llegaron a verla.
El 13 de abril de 1204, los cruzados de la Cuarta Cruzada saquearon Constantinopla. Las reliquias del Gran Palacio fueron repartidas o vendidas y muchas acabaron en iglesias de Europa occidental. Parte de ellas llegó a París, donde el rey Luis IX construyó la Sainte-Chapelle para albergarlas. El rastro del Mandylion, sin embargo, se pierde. Algunas fuentes posteriores afirman que formaba parte del lote enviado a Francia y que se destruyó durante la Revolución, pero no hay pruebas concluyentes.
¿El Mandylion y la Sábana Santa?

En 1978, el periodista británico Ian Wilson propuso una hipótesis que ha tenido gran difusión: el Mandylion y la Sábana Santa de Turín serían el mismo objeto. Según Wilson, la sábana, que muestra la imagen de un hombre crucificado de cuerpo entero, habría estado doblada de tal forma que solo se veía el rostro, enmarcado en un relicario. Por eso las fuentes bizantinas hablaban de un paño con la cara de Cristo.
Wilson apoyaba su teoría en varios indicios. Algunas fuentes antiguas describen la tela de Edesa con la palabra griega tetradiplon, que significa doblada en cuatro o en ocho, un término muy poco habitual. Los pliegues visibles en la Sábana Santa serían compatibles con ese doblado y el cruzado Robert de Clari, que describió el saqueo de 1204, mencionó en una iglesia de Constantinopla una sábana en la que se veía la figura de Cristo, que se exponía cada viernes y que desapareció tras el saqueo. La Sábana Santa aparece documentada por primera vez en Lirey, en Francia, hacia 1355 y la hipótesis de Wilson llenaría el hueco entre ambos momentos.
La propuesta tiene problemas serios. Las fuentes bizantinas describen el Mandylion como una imagen del rostro y nunca mencionan un cuerpo entero, ni heridas, ni sangre. La datación por radiocarbono de 1988 situó la tela de Turín entre 1260 y 1390, aunque esa prueba ha sido discutida y la mayoría de los historiadores del arte bizantino considera que el Mandylion era un objeto distinto, más pequeño, del que se conservan numerosas copias. La hipótesis sigue siendo popular, pero no ha convencido a la comunidad académica.
Al margen de esta teoría, dos iglesias italianas reclaman poseer el Mandylion original o una copia muy antigua. El Santo Rostro de Génova, conservado en la iglesia de San Bartolomé de los Armenios, habría llegado a la ciudad en el siglo XIV como regalo del emperador bizantino Juan V Paleólogo. El Santo Rostro de San Silvestro, guardado durante siglos en una iglesia de Roma, se encuentra hoy en el Vaticano. Ambas son pinturas sobre tela montadas en marcos de metal precioso y datan probablemente de época bizantina, pero no hay forma de relacionarlas con seguridad con la imagen de Edesa.
En Occidente, la leyenda de la imagen no hecha por manos humanas tuvo una rival: la Verónica, el paño con el que una mujer de Jerusalén habría secado el rostro de Jesús camino del Calvario y en el que quedó impresa su cara. La leyenda de la Verónica, desarrollada en la Edad Media, reproduce la estructura del Mandylion en un escenario distinto y durante siglos la reliquia de la Verónica conservada en San Pedro de Roma fue uno de los grandes destinos de peregrinación de la cristiandad latina.
Una carta convertida en amuleto
Mientras la imagen se convertía en reliquia imperial, la carta seguía su propio camino. La promesa de protección que los habitantes de Edesa habían añadido al texto de Jesús lo convirtió en un talismán.
Se conservan inscripciones con la correspondencia de Abgar en varios lugares del antiguo Imperio bizantino. La más conocida está grabada en el dintel de una casa de Éfeso, donde los habitantes esperaban que las palabras de Jesús protegieran su hogar igual que protegían las puertas de Edesa. Hay inscripciones similares en otros puntos de Asia Menor y de los Balcanes.
La carta se copió también en papiros y pergaminos plegados que se llevaban encima como amuletos. En Egipto se han encontrado ejemplares en griego y en copto, a menudo combinados con otros textos protectores, como el comienzo de los evangelios o el padrenuestro, para proteger contra la fiebre, las enfermedades y los malos espíritus. La tradición llegó incluso al extremo occidental de Europa: algunos libros de oraciones anglosajones de los siglos IX y X incluyen la carta de Jesús a Abgar entre sus textos de protección.
Las autoridades eclesiásticas no siempre veían con buenos ojos este uso. El Decreto Gelasiano, una lista de libros aceptados y rechazados compuesta probablemente en el siglo VI, declaró apócrifas tanto la carta de Jesús a Abgar como la de Abgar a Jesús. La condena tuvo poco efecto práctico en Oriente, donde la leyenda estaba integrada en la liturgia y el calendario y tampoco en la devoción popular de Occidente.
¿Qué hay de histórico sobre la carta de Jesús?
La correspondencia entre Jesús y Abgar es una leyenda, pero no carece de fundamento histórico.
El rey existió, como confirma Tácito y reinó en tiempos de Jesús. Edesa estaba bien comunicada con Palestina a través de rutas comerciales y tenía una comunidad judía, lo que hace verosímil que el cristianismo llegara allí muy pronto. Y la ciudad se convirtió efectivamente en uno de los primeros grandes centros cristianos fuera del Imperio romano. La Crónica de Edesa, una fuente local, registra que en el año 201 una inundación del río Daisán destruyó, entre otros edificios, el templo de la iglesia de los cristianos. Es una de las referencias más antiguas a un edificio de culto cristiano en cualquier lugar del mundo.
Muchos historiadores piensan que la leyenda trasladó al siglo I la conversión de un rey posterior. Abgar el Grande, que reinó en Edesa a finales del siglo II y comienzos del III, tuvo en su corte al filósofo cristiano Bardesanes y al historiador Julio Africano y algunas fuentes lo presentan como simpatizante del cristianismo, aunque no está claro que se convirtiera. Su nombre y su relación con los cristianos pudieron fundirse con los de su antepasado Abgar V para dar a Edesa un origen apostólico.
El teólogo alemán Walter Bauer defendió en 1934 una tesis más radical en su libro Ortodoxia y herejía en el cristianismo primitivo. Según Bauer, el cristianismo más antiguo de Edesa no fue el de la gran Iglesia, sino el de grupos considerados después heréticos, como los marcionitas y los seguidores de Bardesanes. La leyenda de Abgar y Addai se habría creado en el siglo IV para dar a la comunidad ortodoxa una fundación apostólica que no tenía y desplazar así a sus rivales. La tesis de Bauer ha sido muy discutida en sus detalles, pero su intuición general, que las leyendas de fundación apostólica respondían a necesidades de legitimación posteriores, sigue siendo aceptada.
La leyenda, en cualquier caso, dejó una huella profunda en el cristianismo siríaco. La Iglesia asiria de Oriente, heredera de la tradición de Edesa, sigue celebrando una liturgia llamada Anáfora de Addai y Mari, atribuida al apóstol de Edesa y a su discípulo Mari, que según la tradición evangelizó Mesopotamia. Es una de las plegarias eucarísticas más antiguas que siguen en uso y tiene la particularidad de no incluir las palabras de la institución de la eucaristía. La Iglesia armenia, por su parte, convirtió a Abgar en rey armenio y a Tadeo en el apóstol fundador de su Iglesia, junto con Bartolomé.
Cronología de la leyenda de la carta de Jesús
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| 13-50 d.C. | Segundo reinado de Abgar V Ukkama en Edesa |
| 49 d.C. | Tácito menciona a Abgar en sus Anales |
| 201 | La Crónica de Edesa registra la destrucción de una iglesia por una inundación |
| Hacia 325 | Eusebio de Cesarea publica las cartas en su Historia eclesiástica |
| Hacia 384 | Egeria visita Edesa y ve las cartas y el palacio de Abgar |
| Hacia 400 | La Doctrina de Addai añade el retrato pintado por Hanán |
| 544 | Asedio persa de Edesa; primera mención de la imagen no hecha por manos humanas |
| Siglo VI | El Decreto Gelasiano declara apócrifa la correspondencia |
| 944 | El Mandylion es trasladado a Constantinopla |
| 1204 | Saqueo de Constantinopla por la Cuarta Cruzada; el Mandylion desaparece |
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Fuentes y bibliografía
Fuentes:
- Egeria. Itinerario.
- Eusebio de Cesarea. Historia eclesiástica.
- Evagrio Escolástico. Historia eclesiástica.
- Howard, George (ed.). The Teaching of Addai. Chico: Scholars Press, 1981.
- Procopio de Cesarea. Historia de las guerras. Libros I-II: Guerra persa.
- Santos Otero, Aurelio de. Los evangelios apócrifos. Madrid: BAC, 1956 (múltiples reediciones).
- Tácito. Anales.
Bibliografía:
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- Belting, Hans. Imagen y culto: una historia de la imagen anterior a la era del arte. Madrid: Akal, 2009.
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- Cameron, Averil. «The History of the Image of Edessa: The Telling of a Story». Harvard Ukrainian Studies 7 (1983), pp. 80-94.
- Drijvers, Han J. W. «The Abgar Legend». En Schneemelcher, Wilhelm (ed.), New Testament Apocrypha, vol. I. Louisville: Westminster John Knox, 1991.
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- Kessler, Herbert L. y Wolf, Gerhard (eds.). The Holy Face and the Paradox of Representation. Bolonia: Nuova Alfa, 1998.
- Mirkovic, Alexander. Prelude to Constantine: The Abgar Tradition in Early Christianity. Fráncfort: Peter Lang, 2004.
- Ramelli, Ilaria. Possible Historical Traces in the Doctrina Addai. Piscataway: Gorgias Press, 2009.
- Runciman, Steven. «Some Remarks on the Image of Edessa». Cambridge Historical Journal 3 (1931), pp. 238-252.
- Segal, J. B. Edessa, the Blessed City. Oxford: Clarendon Press, 1970.
- Wilson, Ian. The Turin Shroud. Londres: Gollancz, 1978.
Preguntas frecuentes sobre la carta de Jesús al rey Abgar
¿Escribió Jesús una carta al rey Abgar?
No. Aunque Eusebio de Cesarea afirmó haberla traducido de los archivos de Edesa, la carta es una composición posterior, probablemente del siglo III. Reproduce frases del Evangelio de Juan, escrito décadas después de la muerte del rey, y la propia tradición de Edesa, en la Doctrina de Addai, prefirió decir que Jesús respondió de palabra y que el mensajero escribió la respuesta. Los evangelios no mencionan ningún texto escrito por Jesús.
¿Quién fue el rey Abgar?
Abgar V, llamado Ukkama o el Negro, fue rey de Osroene, un pequeño reino con capital en Edesa, en la actual Turquía. Reinó en tiempos de Jesús y el historiador romano Tácito lo menciona en el año 49. La tradición cristiana lo convirtió en el primer rey que creyó en Jesús, aunque muchos historiadores piensan que la leyenda trasladó al siglo I la simpatía hacia el cristianismo de un rey posterior, Abgar el Grande.
¿Qué es el Mandylion?
Es un paño con la imagen del rostro de Jesús que, según la tradición, se formó milagrosamente cuando Jesús se secó la cara con él y se lo envió al rey Abgar. Se veneró en Edesa desde el siglo VI, pasó a Constantinopla en el año 944 y desapareció durante el saqueo de la ciudad por los cruzados en 1204. En la tradición ortodoxa es el modelo de todas las imágenes de Cristo.
¿Es el Mandylion la Sábana Santa de Turín?
Es una hipótesis propuesta por Ian Wilson en 1978, según la cual la Sábana Santa se habría conservado doblada de forma que solo se veía el rostro. La mayoría de los historiadores la rechaza, porque las fuentes bizantinas describen el Mandylion como una imagen del rostro, sin rastro de un cuerpo entero ni de heridas.
¿Por qué la carta de Jesús se usaba como amuleto?
Porque versiones posteriores de la carta incluían una promesa de Jesús: la ciudad de Edesa sería bendecida y ningún enemigo podría conquistarla. Los habitantes leían la carta ante las puertas cuando la ciudad era atacada, y la costumbre se extendió. La carta se grabó en dinteles, como en Éfeso, y se copió en amuletos contra la fiebre y los malos espíritus desde Egipto hasta Inglaterra.
¿Quién era Addai?
Addai es el nombre siríaco del discípulo que, según la leyenda, Jesús prometió enviar a Abgar y que evangelizó Edesa. En la versión griega de Eusebio se llama Tadeo y es uno de los 70 discípulos. La Iglesia asiria de Oriente le atribuye, junto a su discípulo Mari, una de las liturgias eucarísticas más antiguas en uso, la Anáfora de Addai y Mari.
Nota editorial: las infografías e ilustraciones de este artículo han sido desarrolladas con asistencia de herramientas de Inteligencia Artificial para la recreación artística de personajes y entornos históricos.









