La batalla de Platea se libró en agosto de 479 a.C., en una llanura de Beocia cercana a la ciudad de Platea y fue el último gran combate terrestre de las guerras médicas. Un ejército griego, formado sobre todo por hoplitas espartanos, atenienses, tegeatas y otras ciudades, derrotó a las tropas persas de Mardonio, que se había quedado en Grecia tras la retirada de Jerjes. La muerte del comandante persa y el colapso de su campamento pusieron fin a la presencia militar persa en suelo griego.
La batalla no fue una victoria limpia desde el primer momento. Los griegos tuvieron que retirarse de posiciones defensivas y el movimiento desordenó sus líneas. Los espartanos tardaron en reaccionar y el éxito dependió de un cambio de posición y de una carga que las fuentes atribuyen a la determinación de Pausanias y de sus hoplitas. Heródoto, que da el relato más completo, sostiene que los persas sufrieron pérdidas enormes, mientras que los griegos apenas perdieron unos centenares de hombres. Esas cifras son las más discutidas de todo el episodio.
Platea importa por lo que supuso para el equilibrio de poder. Al mismo tiempo que se libraba la batalla o poco después, una flota griega derrotó a los persas en Mícale. Ambos resultados cerraron la fase de la invasión y abrieron la de la ofensiva griega, que condujo a la Liga de Delos y, después, al ascenso de Atenas.
Un ejército persa que nunca quiso retirarse
Cuando Jerjes regresó a Asia tras Salamina, dejó a Mardonio con una parte del ejército en Grecia. Heródoto cuenta que el rey lo hizo por ambición de conquista y que Mardonio prometió completar la campaña con tropas escogidas. El plan era aprovechar el invierno de 480-479 a.C. para dividir a los griegos, ofreciendo a Atenas condiciones favorables si se separaba de la alianza.
Mardonio se estableció en Beocia, una región fértil y rica en recursos. Los persas acamparon junto al río Asopo, en un campo que les permitía abastecerse y dominar el paso hacia Atenas. Su número era enorme según las fuentes antiguas y su caballería era la mayor fuerza de la campaña, aunque no siempre pudo actuar en el terreno elegido.
Atenas recibió la oferta de Mardonio y la rechazó. Heródoto dice que los atenienses tenían la ciudad destruida y que, aun así, prefirieron mantener la alianza con Esparta. Ese gesto fue decisivo: sin Atenas, el ejército griego no habría tenido la fuerza necesaria para enfrentarse a Mardonio.
Lo que siguió fue un largo tira y afloja entre los aliados. Los espartanos tardaban en movilizar a sus tropas y los atenienses presionaban para que actuaran. Heródoto cuenta que los propios espartanos acabaron por marchar con un ejército muy superior a cualquier otro que hubieran enviado fuera de su territorio.
Pausanias y el ejército de la alianza
El mando griego recayó en Pausanias, regente de Esparta y primo de Leónidas, que había muerto en las Termópilas. Pausanias actuaba en nombre de Pleistarco, el joven hijo de Leónidas, que todavía era menor de edad. Su autoridad era compartida con otros jefes, pero el peso militar fue suyo durante toda la campaña.
El ejército se concentró en Eleusis, cerca de Atenas y después avanzó hacia Beocia. Heródoto describe una larga marcha en la que los aliados se fueron agrupando. Los espartanos llevaban consigo su propio ejército de ilotas y los atenienses, el mayor contingente de hoplitas tras los espartanos.
Heródoto ofrece una lista de contingentes muy detallada. Según él, los hoplitas griegos sumaban 38.700, a los que se añadían tropas ligeras en número comparable. Los espartanos aportaban 5.000 espartiatas y, según el historiador, 35.000 ilotas armados como auxiliares. Los atenienses eran 8.000 hoplitas y los tegeatas unos 1.500.
Estas cifras son las más citadas, pero los especialistas las consideran difíciles de aceptar en su totalidad. Algunos piensan que Heródoto asumió que cada hoplita iba acompañado de un auxiliar ligero y que eso inflaba el total. Otros creen que el número de ilotas armados fue menor. El dato firme es la cifra de hoplitas, que parece más fiable que el total del ejército.
Las semanas de espera en el Asopo
Durante varios días, los dos ejércitos se observaron sin combatir. Heródoto dice que Mardonio no quería atacar en un terreno desfavorable y que los griegos no querían cruzar el Asopo sin ventaja. La situación se volvió difícil para los griegos, porque sus líneas de abastecimiento estaban amenazadas por la caballería persa, que interceptaba convoyes y cortaba el agua.
El problema del agua fue, según Heródoto, uno de los motivos decisivos para mover el ejército. Los griegos se retiraron a una posición más cercana a las fuentes de Gargafia, una zona de manantiales donde el suministro era más seguro. Ese movimiento, que se ejecutó de noche, fue el origen de la confusión que siguió.
Los historiadores han discutido el valor real de esta maniobra. Algunos piensan que la retirada fue más ordenada de lo que sugiere Heródoto y otros que se trató de un repliegue improvisado que estuvo cerca de terminar en desastre. Lo que sí está claro es que la noche dejó a los griegos en una posición dispersa.
La mañana del combate y el error de las líneas
Al amanecer, Mardonio advirtió que el ejército griego se había movido y que parte de él estaba desorganizado. Heródoto dice que el general persa creyó que los griegos huían y ordenó a sus tropas perseguirlos. La orden no siguió un plan detallado y la infantería persa empezó a avanzar sin orden, mientras la caballería se adelantaba.
Los espartanos y los tegeatas estaban en un lugar más avanzado, cerca de un templo de Deméter. Los atenienses, en cambio, estaban en otra posición y habían quedado separados del resto por el movimiento de la noche. Esa separación es uno de los puntos clave de la batalla.
La caballería persa atacó a los espartanos y tegeatas, que se vieron obligados a formar en un terreno incómodo. Pausanias pidió a los atenienses que acudieran en su ayuda, pero estos estaban combatiendo contra los tebanos, que se habían puesto al lado de los persas. El mensaje no llegó a tiempo y los espartanos tuvieron que resistir solos durante un tiempo.
Heródoto describe ese momento como uno de los más peligrosos del relato. Los espartanos perdían hombres y el ataque persa parecía que podía quebrar la línea. Pausanias, según el historiador, hizo un sacrificio a los dioses y oró a Hera, mientras sus hombres seguían combatiendo. La tradición cuenta que los sacrificios no fueron favorables al principio y que Pausanias se dirigió al templo de Hera en Platea.
La ruptura de la línea persa
La batalla se decidió cuando los espartanos y los tegeatas consiguieron avanzar sobre la infantería persa, que estaba menos protegida. Heródoto dice que los persas, sin escudos grandes ni armadura pesada, no podían resistir el choque de los hoplitas. Sus arqueros estaban detrás de las líneas y no pudieron mantener el ritmo de combate.
El campamento persa, situado tras el frente, fue atacado después. Mardonio cayó en combate, según Heródoto, abatido por un espartano llamado Aimnesto. La muerte del comandante desmoralizó a sus tropas, que empezaron a replegarse. Algunas unidades resistieron, pero el conjunto se desmoronó.
La retirada persa se convirtió en huida. Heródoto dice que los supervivientes se refugiaron tras la empalizada de su campamento y que los griegos la asaltaron. Esa fase, que duró poco, produjo el mayor número de bajas persas. Los griegos no tenían caballería que los protegiera de la persecución, así que el resultado fue una masacre en el campo de batalla.
Otros contingentes persas huyeron con Artabazo, que había discrepado con Mardonio sobre la táctica y no había participado en el combate. Según Heródoto, Artabazo se retiró hacia el norte con decenas de miles de hombres y escapó de la derrota general.
Cifras que conviene separar
Las cifras de Platea son muy controvertidas. Heródoto ofrece 300.000 persas, más unos 50.000 aliados griegos del lado persa. Ctesias, que escribió una historia de Persia en el siglo IV a.C., da 120.000 persas. Los historiadores modernos suelen situar el ejército persa entre 70.000 y 120.000 hombres, aunque las estimaciones varían según cómo se cuente la logística.
Las bajas son el dato más discutido. Heródoto afirma que murieron 257.000 persas, lo que implica que solo sobrevivieron unos 43.000, cifra que muchos consideran inverosímil. Diodoro habla de unos 100.000 muertos y las estimaciones modernas oscilan entre 50.000 y 90.000 persas. Para los griegos, Heródoto da 159 muertos: 91 espartanos, 52 atenienses y 16 tegeatas. Plutarco cifra en 1.360 los griegos muertos y Éforo y Diodoro hablan de más de diez mil. La diferencia es muy grande y la cifra de Heródoto se considera difícil de creer para una batalla tan dura.
Un dato útil para contrastar es la proporción de bajas. Si se aceptan las cifras de Heródoto, los espartanos habrían sufrido una pérdida de casi el 2% de sus hoplitas, mientras que el ejército persa habría quedado diezmado. La comparación con otras batallas antiguas sugiere que las pérdidas griegas fueron altas, aunque no tanto como indica Heródoto.
La misma jornada en el mar: Mícale
Según la tradición, el mismo día de Platea o uno muy cercano, una flota griega desembarcó en Mícale, en la costa de Asia Menor. La flota estaba al mando de Leotíquidas, rey espartano y de Jantipo, ateniense. Heródoto cuenta que los persas de la costa, abandonados por sus jefes, se refugiaron en su campamento, que fue atacado y destruido.
Platea y Mícale formaron un solo movimiento estratégico. La derrota terrestre y la naval dejaron a Persia sin capacidad de intervención en Grecia y abrieron el camino para que las ciudades griegas de Asia Menor se unieran a la alianza. Las fuentes no siempre coinciden en las fechas, así que conviene leer esta coincidencia como una tradición, no como un hecho cronológico cerrado.
Memoria de la victoria
Platea tuvo una memoria pública intensa. Pausanias, al terminar la batalla, levantó un altar a Zeus Liberador, según Heródoto, en homenaje a la victoria. Ese altar, que se conserva en forma de restos, se convirtió en un símbolo de la libertad griega frente al poder persa.
Los atenienses y los espartanos recordaron el episodio de forma distinta. En Atenas, la batalla se asoció a los caídos y a la resistencia de la ciudad destruida. En Esparta, se vio como la confirmación de la disciplina de sus hoplitas. Heródoto, que escribió desde una perspectiva ateniense, dio especial relieve a la aportación de Atenas, mientras que las fuentes espartanas destacan a Pausanias y sus tropas.
El episodio también inspiró una tradición de juegos y celebraciones. Los griegos de la época clásica recordaban la victoria con fiestas en la región y la memoria de la batalla se mantuvo viva en la cultura de las ciudades de Beocia.
Tabla de datos clave
| Dato | Información | Fuente principal |
|---|---|---|
| Fecha | 27 de agosto de 479 a.C. (fecha más aceptada) | Cronología moderna |
| Lugar | Llanura de Platea, en Beocia | Heródoto |
| Comandante griego | Pausanias, regente de Esparta | Heródoto |
| Comandante persa | Mardonio, abatido en combate | Heródoto |
| Hoplitas griegos | 38.700 según Heródoto | Heródoto |
| Espartiatas | 5.000, con 35.000 ilotas armados según Heródoto | Heródoto |
| Atenienses | 8.000 hoplitas | Heródoto |
| Ejército persa | 300.000 según Heródoto; 120.000 según Ctesias; 70.000 a 120.000 en estimaciones modernas | Varias |
| Bajas persas | 257.000 según Heródoto; 100.000 según Diodoro; 50.000 a 90.000 en estimaciones modernas | Varias |
| Bajas griegas | 159 según Heródoto (91 espartanos, 52 atenienses, 16 tegeatas); 1.360 según Plutarco | Heródoto y Plutarco |
| Resultado | Victoria griega y fin de la invasión terrestre | Heródoto |
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Fuentes y bibliografía
Fuentes:
- Heródoto. Historias, libro IX.
- Diodoro Sículo. Biblioteca histórica, libro XI, sobre la batalla de Platea.
- Plutarco. Vidas paralelas, vida de Arístides, capítulos sobre Platea.
- Ctesias de Cnido. Persica, fragmentos conservados.
Bibliografía:
- Holland, Tom. Persian Fire: The First World Empire and the Battle for the West. Little, Brown, 2005.
- Briant, Pierre. Historia del Imperio persa. Verificar existencia y editorial de la edición en español antes de citar.
- Green, Peter. The Greco-Persian Wars. University of California Press, 1996.
- Lazenby, John F. The Defence of Greece 490-479 BC. Aris & Phillips, 1993.
- Sekunda, Nicholas. Trabajo sobre el ejército de Platea y las cifras de Heródoto. Consultar la referencia completa antes de citar.
- Hanson, Victor Davis. The Western Way of War: Infantry Battle in Classical Greece. University of California Press, 1989.
Preguntas frecuentes sobre la batalla de Platea
¿Cuándo se libró la batalla de Platea?
La fecha más aceptada es el 27 de agosto de 479 a.C., aunque algunas fuentes hablan de los días 27 o 28. Se produjo en el verano, unos meses después de la batalla de Salamina, durante la campaña que dirigió Mardonio con las tropas que Jerjes había dejado en Grecia.
¿Por qué no combatieron los griegos antes?
Heródoto dice que los espartanos tardaron en movilizarse, y que las discusiones entre los aliados retrasaron la decisión. Además, Mardonio evitó el combate frontal en un terreno desfavorable, y los griegos se mantuvieron a la espera mientras el abastecimiento se volvía más difícil. Cuando el problema del agua obligó a moverse, el combate se volvió inevitable.
¿Quién mató a Mardonio?
Heródoto dice que fue Aimnesto, un espartano de prestigio que más tarde participó en otras campañas. El nombre aparece con variantes en distintas ediciones, y conviene comprobar la forma exacta en la traducción de referencia. La muerte de Mardonio fue un momento decisivo porque desmoralizó a su ejército.
¿Eran tan grandes los ejércitos como dice Heródoto?
Probablemente no. Las cifras de Heródoto para el ejército persa y para los griegos se consideran exageradas, sobre todo por la inclusión de auxiliares y de tropas ligeras. Las estimaciones modernas para el ejército persa oscilan entre 70.000 y 120.000 hombres. Lo que sí parece seguro es que el ejército persa era mucho mayor que el griego en número total, aunque la proporción exacta sea discutida.
¿Por qué fue importante Platea?
Porque puso fin a la presencia militar persa en suelo europeo. Mardonio había sido el último comandante persa con un ejército numeroso en Grecia, y su derrota cerró la fase de la invasión. Junto con la batalla naval de Mícale, abrió la posibilidad de que las ciudades griegas de Asia Menor se liberaran, y permitió la formación de la Liga de Delos.
¿Participaron los atenienses en la batalla?
Sí, y su papel fue importante. Los atenienses formaban el ala izquierda, y sufrieron un combate prolongado contra los tebanos, que estaban al lado de los persas. Heródoto les da un papel destacado en el relato, aunque no en el combate decisivo contra la infantería persa, que correspondió sobre todo a los espartanos y tegeatas.
¿Qué significa el altar de Zeus Liberador?
Heródoto dice que Pausanias erigió un altar a Zeus Liberador después de la victoria, como acto de gratitud. El altar era un símbolo de la libertad griega frente al poder persa. Los restos del monumento que se conservan y su localización exacta requieren consultar la bibliografía arqueológica antes de citarlos como datos cerrados.
¿Dónde puedo seguir leyendo sobre el tema?
El texto básico es el libro IX de Heródoto, en su edición en español de la editorial Gredos. Para el contexto, la guía de las guerras médicas explica la secuencia completa. Después, el lector puede seguir con Salamina y con la figura de Temístocles. Entre los estudios modernos, la obra de Peter Green sobre las guerras greco-pérsicas ofrece un análisis detallado del episodio.
Nota editorial: las infografías e ilustraciones de este artículo han sido desarrolladas con asistencia de herramientas de Inteligencia Artificial para la recreación artística de personajes y entornos históricos.









