El Mercantilismo, origen, características y doctrina mercantilista

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Mercantilismo

El siglo XVIII es un siglo clave para la evolución del sistema capitalista ya que en él se produce el pasaje del capitalismo Comercial (es decir, del capitalismo en el cual la principal fuente de altas utilidades es la actividad mercantil, complementada con la primera etapa de expansión financiera) al Capitalismo Industrial (originado en la Revolución Industrial, notoria a partir de 1770) y al cual acompaña una nueva expansión financiera desde la segunda mitad del siglo XIX.

Esa primera etapa de expansión financiera, de concentración de metales, de acumulación de medios de pago, que terminará por canalizar su enorme capacidad adquisitiva hacia la inversión industrial, es la consecuencia de un largo proceso que se inicia en la revolución comunal de la Edad Media y se consolida en la transformación comercial y financiera del siglo XVI.

Paralelamente el cambio se da también en el plano de la política económica, ya que el siglo XVIII  significa el pasaje del capitalismo dirigista y reglamentario de la etapa anterior, al capitalismo llamado “concurrencial” es decir, de competencia entre las nuevas unidades productivas fabriles en el cual el Estado dejará de cumplir una función orientadora de la economía hasta que vuelva a “intervenir” en ella a partir de la década de 1880.

Para comprender el grado de cambio producido en el siglo XVIII es necesario conocer los antecedentes, en la etapa comercial, que lo posibilitaron.

El fin de la Edad Media: los orígenes del capitalismo

Sin duda una cierta seguridad general lograda en Europa durante el siglo XIII acompañada de un crecimiento considerable de la población y la reanudación de relaciones más intensas entre Oriente y Occidente a partir de las Cruzadas, provocaron un renacimiento de la vida urbana, tomando por base tanto las viejas “ciudades episcopales” y los “burgos laicos”, cuanto nuevas ciudades que se irán creando en el proceso de expansión comercial, localizadas en los lugares individualizados por las nuevas exigencias mercantiles.

Durante los siglos finales del mundo medieval, que coinciden con lo que se ha llamado la etapa del “proto-capitalismo”, tres hechos merecen destacarse por su proyección ulterior:

El enriquecimiento de los comerciantes.

La nueva clase que despierta y se forma bajo la protección de los grandes muros de viejas y nuevas ciudades (la Burguesía) muestra en esta etapa de su existencia un acelerado proceso de enriquecimiento. Ello debe ser atribuido a diferentes causas, cito tan sólo, los hechos a los que se le han atribuido las causas de esa acumulación de riquezas:

– El renacimiento del comercio del Mediterráneo, entre Oriente y Occidente, que si bien nunca llegó a desaparecer, su volumen carecía del efecto dinámico que adquiriría a partir del siglo XIII (como lo destaca Henri Pirenne)

– Werner Sombart le atribuye ese enriquecimiento a los préstamos a interés, a la ganancia originada en la percepción de impuestos y demás prestaciones para los Monarcas y la Santa Sede y en la valorización de ciertas tierras en razón de la expansión de las ciudades.

– Otros autores han destacado las enormes ganancias originados en los préstamos que la burguesía realizaba a los Monarcas y a las propias ciudades.

La reconstrucción del poder real

En estos años, los monarcas logran ir recomponiendo el poder real alrededor de sus personas, enfrentando a los señores feudales, reconstruyendo el poder del Estado y dejando sus bases planteadas para que surja, en el siglo XVI, el “Estado Moderno

El pacto social de los monarcas y la burguesía

Se produce una clara alianza entre los monarcas y la nueva clase social de los burgos, en la cual ambas partes buscarán mutuos beneficios. Los Reyes, por un lado, deben obtener nuevos e importantes recursos para financiar el nuevo estado y las guerras contra los señores que su construcción exige. Por su parte la burguesía obtenía nuevas e importantes fuentes de ingresos, orden interior, relativa seguridad en los caminos para que pudieran desenvolver el comercio.

La expansión del capitalismo en el siglo XVI

Durante el siglo XVI el sistema capitalista muestra una fuerza expansiva desconocida hasta entonces, conjuntamente con el “renacimiento artístico” y al “renacimiento Religioso” (reforma Luterana y Contrarreforma). Este siglo es ya una época de capitalismo, pero inscripto dentro de la revolución comercial, el principal origen de las ganancias no estará en la artesanía sino en el comercio internacional.

Una serie de hechos y circunstancias explican esta expansión del capitalismo durante el siglo XVI:

– Los descubrimientos de nuevas rutas y territorios desconocidos hasta entonces (descubrimiento dela Cabo de Buena Esperanza en África y descubrimiento de América por Colón)

– El alza general de precios del siglo XVI, es decir la inflación de precios iniciada en España y difundida luego al resto de Europa, lo que posibilitó importante aumento de utilidades al tiempo de constituir un factor decisivo de redistribución de riquezas.

– El espíritu del Renacimiento contribuyó a incrementar el volumen de los negocios y las posibilidades de ganancias. En efecto, el Renacimiento desacredita las preocupaciones ultraterrenales y exalta los gustos y placeres temporales.

La Doctrina mercantilista

Para entender la doctrina, podemos resumir un modelo teórico general con los principios fundamentales de aplicación del mercantilismo en cada país.

Estos principios son los siguientes:

Metalismo: parte de la tesis de la creencia de que el oro y la plata constituyen la riqueza, y por ello, el país más rico sería el que lograse acumular más metales preciosos. Esta es una tesis que surge en la Europa tras el descubrimiento de América, momento en el cual se obtuvieron una enorme cantidad de metales creando una nueva forma de economía monetaria y reducir el trueque.

Poblacionismo: el aumento de población de un país es otro factor para su crecimiento. El mayor ejemplo de este principio fue Alemania, país que incentivaba la inmigración a la vez que evitaba la emigración. Sin embargo, en países como Inglaterra, interfería la colonización.

Industrialismo: el desarrollo de la industria era fundamental para los mercantilistas, siendo una actividad que los estados debían apoyar, tanto apoyando a los bugueses que las creaban, como crearlas por sí mismo, o bien ofrecer subvenciones, proteccionismo comercial facilitar la tecnificación de la producción o elevar la calidad. Francia e Inglaterra son los máximos exponentes de este principio, siendo de los principales promotores de la Revolución Industrial.

Dirigismo: a raíz de lo anterior, los mercantilistas comprendieron que era necesario regular la economía y por ello creían en la intervención del Estado (por ejemplo, con tasas aduaneras a productos importados). No impedía la iniciativa privada, sino que procuraban proteger a la nación y cuando el sentido colectivo se viese protegido, la industria crecería.

Balanza comercial favorable: la calve era que el Estado debía exportar mucho e importar poco, de modo que la balanza comercial siempre fuese favorable para el país.

Carácter nacional de la doctrina: la preocupación de los mercantilistas era “enriquecer a la nación al Soberano”, y no el interés individual, algo que se vería tambalear a finales del siglo XVIII con la llegada del liberalismo.

Marcelo Ferrando Castro

Después de estudiar Historia en la Universidad y tras muchas pruebas previas, nació Red Historia, un proyecto que surgió como medio de divulgación en donde encontrar las noticias más importantes de arqueología, historia y humanidades, además de artículos de interés, curiosidades y mucho más. En definitiva, un punto de encuentro para todos en donde poder compartir información y continuar aprendiendo.

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