Hindenburg, el héroe de guerra que alzó a Hitler al poder

Paul Ludwig Hans Anton von Beneckendorff und von Hindenburg fue uno de los personajes con mayor protagonismo del principio del siglo XX. Nació en Posen (Prusia) el 2 de octubre de 1847 en el seno de una familia aristocrática y de descendencia militar. Entre 1859 y 1866, Hindenburg estudió en la Escuela de Cadetes de Wahlstatt y participó en la guerra de las Siete Semanas y en la guerra franco-prusiana (1870-71).

Aunque Hindenburg se retiró del ejército en 1911 como General, el estallido de la Primera Guerra Mundial le hizo retornar con más fuerza. Se reincorporó como comandante y lideró al ejército alemán contra los rusos en la batalla de Tannenberg en 1914. Los alemanes derrotaron fácilmente a sus rivales y Hindenburg se ganó una gran fama y un gran prestigio, por lo que fue ascendido a Mariscal de Campo y se le concedió la comandancia del frente oriental.

En agosto de 1916 se puso al frente de la dirección suprema del ejército, como líder del Estado Mayor alemán. Paró la batalla de Verdún y fortificó el frente francés con la creación de la famosa “Línea Hindenburg”. Un sistema que más adelante copiarían los franceses con la llamada “Línea Maginot”, que acabaría por causarles estragos en la Segunda Guerra Mundial. Hindenburg aceptó la paz ofrecida por Lenin y firmó el armisticio germano-ruso de Brest-Litovsk en 1917.

Sin embargo, su derrota contra Foch le obligó a pedir el armisticio que consagró la derrota alemana de 1918. En ese momento, trató de salvar la monarquía y sofocar los disturbios entre la población. Pero con la firma del Tratado de Versalles se vio incapaz de seguir y presentó su dimisión, al mismo tiempo que promulgó la llamada: “Dolchstoßlegende” (Leyenda de la puñalada por la espalda), en la que culpaba a los socialistas y a los revolucionarios de causar la caída de Alemania. Más adelante, sería utilizada por los líderes nazis como argumento contra la socialdemocracia alemana.

En 1925, los conservadores alemanes presionaron a Hindenburg para que se presentase como presidente de la República de Weimar. En abril de ese mismo año, fue elegido segundo presidente, sucediendo a Friedrich Ebert. Desde este momento, aun teniendo en cuenta el conservadurismo de Hindenburg, intentó ser lo más fiel a la constitución posible. La respetó de la forma más escrupulosa hasta 1932.

Ese año, Hindenburg vuelve a ganar los comicios en Alemania, pero esta vez frente a Adolf Hitler. El partido nazi era el más votado del Reichstag (Parlamento), por lo que se antojaba necesario su apoyo para lograr un gobierno fuerte y estable. Franz von Papen, el hasta entonces canciller, convenció a Hindenburg para que nombrase a Hitler como Canciller de la República. El incendio del Reichstag hizo que el presidente firmase un decreto en el que se suspendían los derechos fundamentales y daba vía libre a los nacionalsocialistas para que empezaran sus políticas.

El Canciller Adolf Hitler con el Presidente Paul von Hindenburg

Un año más tarde, el 2 de agosto de 1934, Hindenburg falleció en Neudeck, debido a la demencia senil que padecía. Su muerte supuso la desaparición del último obstáculo de Adolf Hitler y los nacionalsocialistas para acaparar todo el poder en Alemania.

Sin duda, Hindenburg fue un gran militar, pero un político relativamente pobre. No sólo porque permitió (y fue promotor) el ascenso de Hitler al poder, sino porque no fue capaz de frenar la maltrecha situación económica de Alemania durante los años 20 y porque mantuvo la viva la creencia de que la Primera Guerra Mundial no fue una derrota alemana frente a los aliados, sino una traición interna, lo que daría alas a la expansión del Nacionalsocialismo por el país germano.

Hindenburg, el héroe de guerra que alzó a Hitler al poder
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Apasionado por la Historia, es licenciado en Periodismo y Comunicación Audiovisual. Desde pequeño le encantaba la Historia y acabó por explorar sobre todo los siglos XVIII, XIX y XX.

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