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Los setianos: los hijos de Set y el corazón del gnosticismo

by Marcelo Ferrando Castro
24 octubre, 2026
in Historia de las Religiones
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Sítianos en una cueva iluminada por antorchas y lámparas de aceite: un anciano lee un rollo ante una comunidad de hombres, mujeres y niños sentados en el suelo, junto a una columna de piedra con inscripciones y un estanque bautismal al fondo.

Los setianos se consideraban la descendencia espiritual de Set, el tercer hijo de Adán y Eva. Según una antigua tradición, sus descendientes grabaron su conocimiento en columnas de piedra para que sobreviviera al diluvio y al fuego y su rito central era el bautismo de los cinco sellos. Crédito: recreación con IA - Red Historia

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Según el libro del Génesis, cuando Caín mató a Abel, Adán y Eva tuvieron un tercer hijo, al que llamaron Set, porque Dios les había dado otra descendencia en lugar de Abel. La Biblia apenas dice nada más de él, solo que vivió 912 años y fue padre de Enós, pero en la Antigüedad tardía, algunos grupos religiosos convirtieron a ese personaje secundario en el antepasado de una estirpe elegida, portadora de la luz divina en un mundo gobernado por poderes ignorantes. Se llamaban a sí mismos la descendencia de Set, la raza inamovible, la generación sin rey. Los historiadores los conocen como setianos.

Los setianos son la corriente gnóstica de la que conservamos más textos originales. Buena parte de la biblioteca de Nag Hammadi procede de su tradición: el Apócrifo de Juan, la Hipóstasis de los arcontes, el Apocalipsis de Adán, las Tres estelas de Set, la Protennoia trimorfa, Zostriano, Alógenes y varios más. También es setiano el Evangelio de Judas, publicado en 2006. En esos textos aparece el mito gnóstico en su forma más completa: el Espíritu invisible, Barbeló, las cuatro luminarias, la caída de Sofía, el nacimiento de Yaldabaot con cabeza de león y la creación del mundo por un dios ciego que se cree único.

Durante siglos, los setianos fueron poco más que un nombre en los catálogos de herejías. Hoy sabemos que fueron uno de los movimientos religiosos más originales de la Antigüedad: lectores minuciosos del Génesis, practicantes de un bautismo de cinco sellos, autores de himnos y de revelaciones y, en su etapa final, interlocutores de los filósofos neoplatónicos en la Roma de Plotino. Para algunos investigadores, fueron incluso el núcleo original de los grupos que se llamaban a sí mismos gnósticos.

Este artículo explica quiénes eran los setianos, qué creían, cuáles son sus textos, cómo evolucionaron y por qué los historiadores todavía discuten si fueron realmente un grupo o una categoría inventada por los estudiosos modernos.

Índice:

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  • Set, el otro hijo
  • Una categoría moderna
  • El mito setiano
    • El mundo divino
    • La caída y el demiurgo
    • Adán, Eva y Set
    • El diluvio y el fuego
  • Los tres descensos del salvador
  • El bautismo de los cinco sellos
  • Los textos setianos
    • Set como autor
    • Norea
  • La evolución de los setianos
  • Los setianos y Plotino
    • El final de los setianos
  • Artículos relacionados con gnosticismo
  • Bibliografía
  • Preguntas frecuentes sobre los setianos
    • ¿Quiénes eran los setianos?
    • ¿Por qué se llaman setianos?
    • ¿Qué creían los setianos?
    • ¿Qué era el bautismo de los cinco sellos?
    • ¿Qué relación tenían los setianos con Jesús?
    • ¿Qué relación tenían los setianos con Plotino?

Set, el otro hijo

Para entender a los setianos hay que empezar por Set. En el Génesis, Eva lo llama así porque Dios le ha concedido otra descendencia en lugar de Abel, a quien mató Caín. La palabra hebrea zera, descendencia o semilla, es clave: Set es otra semilla, distinta de la de Caín.

En la tradición judía del período del Segundo Templo, Set adquirió una importancia mucho mayor que en la Biblia. En la Vida de Adán y Eva, un texto judío del siglo I, Adán revela a Set los secretos que había recibido de Dios. El historiador Flavio Josefo cuenta que los descendientes de Set fueron los primeros en estudiar los astros y que, sabiendo que el mundo sería destruido una vez por el agua y otra por el fuego, grabaron sus conocimientos en dos columnas, una de ladrillo y otra de piedra, para que alguna de ellas sobreviviera. Según Josefo, una de esas columnas todavía se conservaba en su época en un lugar llamado Siríade.

Los setianos tomaron estas tradiciones y las llevaron más lejos. Para ellos, Set no era solo el tercer hijo de Adán, sino el portador de la imagen divina, el antepasado de una estirpe espiritual distinta de la del resto de la humanidad. Esa estirpe, la descendencia de Set, llevaba dentro la luz del mundo superior y había sido perseguida a lo largo de la historia por los poderes que gobiernan el mundo. Los setianos se consideraban sus herederos.

Una categoría moderna

El nombre de setianos aparece en los heresiólogos antiguos, pero de forma confusa. Hipólito de Roma describe a unos setianos con una doctrina sobre la luz, la oscuridad y el espíritu que no se parece demasiado a la de los textos de Nag Hammadi. Epifanio de Salamina describe a otros setianos que identificaban a Set con Cristo y usaban libros atribuidos a Set. Ireneo de Lyon no los llama setianos, pero resume un mito idéntico al del Apócrifo de Juan bajo el nombre de barbelognósticos.

El uso actual del término se debe sobre todo al investigador alemán Hans-Martin Schenke, que en 1974 propuso agrupar bajo el nombre de setianos una serie de textos de Nag Hammadi que compartían un conjunto de rasgos característicos: la tríada del Padre, Barbeló y el Hijo, las cuatro luminarias con sus nombres propios, el papel de Set como salvador o antepasado de los elegidos, la caída de Sofía, el demiurgo Yaldabaot y un ritual de bautismo con cinco sellos. Schenke llamó a este conjunto gnosticismo setiano y la mayoría de los investigadores adoptó su propuesta.

Más tarde, algunos estudiosos, como Michael Williams y Karen King, han criticado la categoría. Señalan que en ningún texto los autores se llaman a sí mismos setianos y que los textos agrupados bajo ese nombre son muy distintos entre sí, de modo que no está claro que procedan de un único grupo social. Otros, como David Brakke y Bentley Layton, proponen que estos textos son precisamente los de los grupos que se llamaban a sí mismos gnósticos, según Ireneo y que el gnosticismo setiano sería el gnosticismo en sentido estricto.

El debate sigue abierto, pero la categoría de setianos se mantiene como una herramienta útil para agrupar una familia de textos con un mito y unas prácticas comunes.

El mito setiano

El mito setiano se conserva en su forma más completa en el Apócrifo de Juan. Aunque cada texto presenta variantes, la estructura general es la misma.

El mundo divino

En la cima está el Espíritu invisible, un Dios tan trascendente que no puede ser nombrado ni pensado. De su contemplación de sí mismo surge Barbeló, su primer pensamiento, la Madre de todo el mundo divino. De Barbeló procede el Hijo, el Autoengendrado, al que los textos cristianos identifican con Cristo. Padre, Madre e Hijo forman la gran tríada setiana.

El Autoengendrado da origen a las cuatro luminarias, los grandes eones de luz: Harmozel, Oroiael, Daveitai y Eleleth. Cada luminaria tiene tres eones a su servicio y está asistida por un ministro. En algunos textos, los ministros se llaman Gamaliel, Gabriel, Samblo y Abrasax, el mismo nombre que la tradición asocia con Basílides y que aparece en las gemas mágicas.

En las luminarias habitan los antepasados celestiales de la humanidad. En la primera, Harmozel, está Adamas, el Adán celestial, el hombre perfecto. En la segunda, Oroiael, está Set, su hijo. En la tercera, Daveitai, está la descendencia de Set, las almas de los elegidos. En la cuarta, Eleleth, están las almas que tardaron en arrepentirse. Y en Eleleth está también el último de los eones, Sofía.

La caída y el demiurgo

Sofía quiso crear algo por sí misma, sin el consentimiento del Espíritu ni de su compañero. El resultado fue un ser deforme con cabeza de león y cuerpo de serpiente, al que llamó Yaldabaot. Avergonzada, lo arrojó fuera del mundo divino.

Yaldabaot, también llamado Saclas, el necio, o Samael, el dios ciego, robó una parte del poder de su madre y creó el mundo material, los cielos y los ángeles que lo gobiernan, los arcontes. Ignorante de su origen, se proclamó el único dios: yo soy un dios celoso y no hay otro dios fuera de mí. Los setianos lo identificaban con el dios del Antiguo Testamento.

Adán, Eva y Set

Yaldabaot y sus arcontes crearon a Adán a imagen del Hombre celestial que habían visto reflejado en las aguas. Mediante una treta del mundo divino, Yaldabaot sopló en Adán la luz que había robado a su madre y Adán se volvió más luminoso e inteligente que sus creadores. Los arcontes, envidiosos, lo encerraron en un cuerpo material y lo pusieron en un paraíso falso.

Yaldabaot engendró en Eva a Caín y Abel, a los que los setianos llamaban Yahvé y Elohim. Pero Adán engendró a Set a su propia imagen y en él se transmitió la luz divina. Desde entonces, la historia es el enfrentamiento entre la descendencia de Set, portadora de la luz y los arcontes que intentan destruirla.

El diluvio y el fuego

Los textos setianos reinterpretan las grandes catástrofes de la historia bíblica como intentos de los arcontes de exterminar la descendencia de Set. El diluvio fue enviado por Yaldabaot para destruirla, pero los elegidos se salvaron escondidos en una nube luminosa. La destrucción de Sodoma y Gomorra por el fuego fue otro intento, porque según algunos textos setianos allí habitaba la descendencia de Set. Al final de los tiempos habrá una tercera prueba, de la que el salvador rescatará definitivamente a los suyos.

La idea de las dos destrucciones, por el agua y por el fuego, procede de la misma tradición que recoge Flavio Josefo sobre las columnas de Set.

Los tres descensos del salvador

Un rasgo característico del mito setiano es la idea de que el salvador desciende al mundo tres veces para despertar a la descendencia de Set. En algunos textos, esos descensos corresponden a las tres grandes catástrofes de la historia: el diluvio, el fuego de Sodoma y el juicio final. En otros, como la Protennoia trimorfa, Barbeló desciende sucesivamente como Voz, como Sonido y como Palabra.

En los textos setianos cristianizados, el último descenso es el de Cristo, pero lo más sorprendente es la identificación entre Set y Jesús. En el Libro sagrado del gran Espíritu invisible, conocido también como Evangelio de los egipcios, el gran Set desciende al mundo y se reviste de Jesús, al que el texto llama el Jesús viviente, para salvar a su descendencia. Para estos setianos, Jesús era la manifestación terrenal de Set.

El bautismo de los cinco sellos

Los setianos no eran solo especuladores sino que tenían una práctica religiosa propia, centrada en un ritual bautismal al que llamaban los cinco sellos. El rito se menciona en varios textos, como la Protennoia trimorfa, el Libro sagrado del gran Espíritu invisible y el final de la versión larga del Apócrifo de Juan, donde el salvador dice que levantó al elegido y lo selló en la luz del agua con cinco sellos para que la muerte no tuviera poder sobre él.

No sabemos exactamente en qué consistía el rito. Probablemente incluía varias inmersiones o unciones, acompañadas de invocaciones a los poderes del mundo divino y de himnos. Los textos mencionan a unos guardianes celestiales del agua viva, con nombres como Jeseo Mazareo Jesedeceo, que supervisaban el bautismo. Para los setianos, este bautismo no era un simple rito de purificación, sino un ascenso al mundo de la luz, una experiencia mística que unía al iniciado con su origen divino.

Algunos investigadores, como John D. Turner, piensan que el bautismo era el centro de la identidad setiana y que el movimiento pudo surgir de un grupo bautista judío, como otros que existían en Palestina y Siria en el siglo I.

Los textos setianos

TextoFuenteContenido principal
Apócrifo de JuanNag Hammadi (Códices II, III y IV) y Códice de BerlínMito completo: Barbeló, Sofía, Yaldabaot y reinterpretación del Génesis
Hipóstasis de los arcontesNag Hammadi (Códice II)Origen de los arcontes, Eva espiritual y Norea frente a los poderes
Libro sagrado del gran Espíritu invisibleNag Hammadi (Códices III y IV)Tríada divina, Set revestido de Jesús y bautismo de los cinco sellos
Apocalipsis de AdánNag Hammadi (Códice V)Adán revela a Set la historia futura y la venida del Iluminador
Tres estelas de SetNag Hammadi (Códice VII)Himnos litúrgicos al Hijo, a Barbeló y al Padre
ZostrianoNag Hammadi (Códice VIII)Ascenso visionario a través de los niveles del eón de Barbeló
AlógenesNag Hammadi (Códice XI) y Códice TchacosContemplación filosófica del Espíritu invisible
MarsanesNag Hammadi (Códice X)Especulación sobre los niveles del ser y el valor de las letras
Protennoia trimorfaNag Hammadi (Códice XIII)Barbeló desciende tres veces como Voz, Sonido y Palabra
Evangelio de JudasCódice TchacosJudas reconoce que Jesús procede del eón de Barbeló

Set como autor

Varios textos setianos se presentan como escritos por Set o transmitidos por él. Las Tres estelas de Set se presentan como las inscripciones que Set grabó en tres columnas, una clara reelaboración de la tradición de las columnas que recoge Flavio Josefo. El Libro sagrado del gran Espíritu invisible termina con una nota según la cual el gran Set escribió el libro y lo escondió en una montaña llamada Charaxio, para que apareciera al final de los tiempos. El Apocalipsis de Adán es una revelación que Adán transmite a Set antes de morir.

Norea

Otra figura importante de los textos setianos es Norea, hija de Adán y Eva y, según algunos textos, hermana y esposa de Set. En la Hipóstasis de los arcontes, Norea se enfrenta a los arcontes que intentan violarla y pide ayuda al mundo divino y el ángel Eleleth desciende para rescatarla y revelarle el origen de los poderes. Un breve texto de Nag Hammadi, el Pensamiento de Norea, está dedicado a ella. Norea representa a la mujer de la descendencia de Set que resiste a los poderes del mundo.

La evolución de los setianos

El investigador estadounidense John D. Turner, uno de los grandes especialistas en el tema, propuso una reconstrucción de la historia de los setianos en varias etapas, que muchos investigadores aceptan en sus líneas generales.

En su origen, a finales del siglo I o comienzos del II, los setianos habrían sido un grupo judío o cercano al judaísmo, quizá bautista, que interpretaba el Génesis y la tradición de la Sabiduría de forma especulativa y se consideraba descendiente espiritual de Set.

En una segunda etapa, durante el siglo II, el grupo entró en contacto con el cristianismo e identificó a Set con Cristo, o a Cristo con una manifestación de Set. Muchos de sus textos adoptaron entonces el marco cristiano del diálogo entre el Resucitado y sus discípulos, como el Apócrifo de Juan.

En una tercera etapa, a finales del siglo II y en el siglo III, los setianos se distanciaron de la gran Iglesia, que los rechazaba como herejes y se acercaron a la filosofía platónica. Sus textos de esta época, como Zostriano, Alógenes y Marsanes, apenas contienen elementos cristianos y describen el ascenso del alma hacia el Uno mediante una contemplación filosófica muy elaborada.

Los setianos y Plotino

Los textos setianos de la última etapa tuvieron una repercusión inesperada en la historia de la filosofía. Porfirio, el discípulo y biógrafo del filósofo neoplatónico Plotino, cuenta que en el círculo de su maestro en Roma, hacia el año 260, había algunos cristianos que manejaban revelaciones atribuidas a Zoroastro, Zostriano, Nicoteo, Alógenes y Meso y que con ellas engañaban a muchos. Plotino escribió un tratado contra ellos, conocido como Contra los gnósticos y sus discípulos Amelio y Porfirio escribieron refutaciones de esos libros.

El hallazgo de Zostriano y Alógenes en Nag Hammadi permitió identificar a esos cristianos con los setianos y el estudio de sus textos mostró que los setianos y los neoplatónicos compartían un vocabulario y unas preguntas muy parecidas sobre los niveles del ser y el ascenso del alma. Algunos investigadores piensan que hubo una influencia mutua: los setianos habrían adoptado conceptos platónicos y los neoplatónicos habrían desarrollado algunas de sus ideas en diálogo con ellos.

El final de los setianos

Después del siglo III, las noticias sobre los setianos se vuelven escasas. Epifanio de Salamina, en el siglo IV, menciona a unos setianos en Egipto y a los arcónticos en Palestina, que leían libros atribuidos a Set y a sus siete hijos. Los códices de Nag Hammadi, copiados hacia mediados del siglo IV, demuestran que los textos setianos seguían leyéndose, quizá en ambientes monásticos de Egipto.

Después, los setianos desaparecen de las fuentes. Sus textos sobrevivieron solo porque alguien los escondió en una jarra al pie de un acantilado del Alto Egipto, donde esperaron hasta 1945.

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Bibliografía

Ediciones y traducciones:

  • King, Karen L. The Secret Revelation of John. Cambridge: Harvard University Press, 2006.
  • Layton, Bentley. The Gnostic Scriptures. Nueva York: Doubleday, 1987.
  • Meyer, Marvin (ed.). The Nag Hammadi Scriptures. Nueva York: HarperOne, 2007.
  • Piñero, Antonio; Montserrat Torrents, José y García Bazán, Francisco (eds.). Textos gnósticos. Biblioteca de Nag Hammadi. 3 vols. Madrid: Trotta, 1997-2000.

Estudios:

  • Brakke, David. The Gnostics: Myth, Ritual, and Diversity in Early Christianity. Cambridge: Harvard University Press, 2010.
  • Klijn, A. F. J. Seth in Jewish, Christian and Gnostic Literature. Leiden: Brill, 1977.
  • Logan, Alastair H. B. Gnostic Truth and Christian Heresy. Edimburgo: T&T Clark, 1996.
  • Rasimus, Tuomas. Paradise Reconsidered in Gnostic Mythmaking: Rethinking Sethianism in Light of the Ophite Evidence. Leiden: Brill, 2009.
  • Schenke, Hans-Martin. «The Phenomenon and Significance of Gnostic Sethianism». En Layton, Bentley (ed.), The Rediscovery of Gnosticism, vol. II. Leiden: Brill, 1981.
  • Stroumsa, Gedaliahu A. G. Another Seed: Studies in Gnostic Mythology. Leiden: Brill, 1984.
  • Turner, John D. Sethian Gnosticism and the Platonic Tradition. Quebec: Presses de l’Université Laval, 2001.
  • Williams, Michael A. Rethinking «Gnosticism». Princeton: Princeton University Press, 1996.

Preguntas frecuentes sobre los setianos

¿Quiénes eran los setianos?

Eran una corriente gnóstica de los siglos II al IV que se consideraba descendiente espiritual de Set, el tercer hijo de Adán y Eva. Se llamaban a sí mismos la descendencia de Set o la raza inamovible. Son la corriente gnóstica de la que se conservan más textos originales, como el Apócrifo de Juan, el Apocalipsis de Adán o el Evangelio de Judas, gracias sobre todo a la biblioteca de Nag Hammadi.

¿Por qué se llaman setianos?

Porque veneraban a Set, el hijo de Adán y Eva nacido después de que Caín matara a Abel, como el portador de la luz divina y el antepasado de los elegidos. El nombre aparece en los heresiólogos antiguos, como Hipólito y Epifanio, pero el uso actual del término se debe al investigador alemán Hans-Martin Schenke, que en 1974 agrupó bajo ese nombre una serie de textos de Nag Hammadi con rasgos comunes.

¿Qué creían los setianos?

Creían que el mundo material había sido creado por Yaldabaot, un dios inferior e ignorante nacido de la caída de Sofía, y que por encima de él existía un mundo divino formado por el Espíritu invisible, Barbeló, el Hijo y las cuatro luminarias. Los seres humanos de la descendencia de Set llevaban dentro la luz de ese mundo, y un salvador descendía para despertarlos y conducirlos de regreso a su origen.

¿Qué era el bautismo de los cinco sellos?

Era el principal ritual de los setianos, mencionado en varios textos de Nag Hammadi. No se conocen sus detalles, pero probablemente incluía varias inmersiones o unciones, acompañadas de invocaciones e himnos. Para los setianos, era un ascenso místico al mundo de la luz que liberaba al iniciado del poder de la muerte y de los arcontes.

¿Qué relación tenían los setianos con Jesús?

En su etapa cristiana, los setianos identificaron a Jesús con una manifestación de Set o con el salvador enviado desde el mundo divino. En el Libro sagrado del gran Espíritu invisible, el gran Set desciende al mundo y se reviste de Jesús para salvar a su descendencia. En el Evangelio de Judas, Jesús procede del eón de Barbeló.

¿Qué relación tenían los setianos con Plotino?

En el círculo del filósofo neoplatónico Plotino en Roma, hacia el año 260, algunos cristianos leían revelaciones atribuidas a Zostriano y a Alógenes, que eran textos setianos. Plotino escribió un tratado contra ellos, y sus discípulos refutaron esos libros. Los setianos y los neoplatónicos compartían muchas ideas sobre los niveles del ser y el ascenso del alma.

Nota editorial: las infografías e ilustraciones de este artículo han sido desarrolladas con asistencia de herramientas de Inteligencia Artificial para la recreación artística de personajes y entornos históricos.

Tags: Corrientes gnósticasGnosticismo
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