Durante más de 1.500 años, todo lo que se sabía de los gnósticos procedía de sus enemigos. Los obispos y teólogos que los combatieron en los siglos II, III y IV describieron sus doctrinas, resumieron sus mitos y citaron fragmentos de sus libros para refutarlos, pero los libros en sí habían desaparecido. Era como intentar conocer un partido político leyendo solo los discursos de sus adversarios. Los estudiosos sospechaban que la imagen era parcial y caricaturesca, pero no tenían forma de comprobarlo.
Esa situación cambió de forma gradual a partir del siglo XVIII y de golpe en 1945. Primero aparecieron algunos códices coptos sueltos, comprados por viajeros y coleccionistas en Egipto, que se guardaron en bibliotecas de Londres, Oxford y Berlín. Después, en diciembre de 1945, unos campesinos encontraron cerca de Nag Hammadi una jarra con 13 códices que contenían más de 50 textos, la mayoría desconocidos y en los años 70 apareció en el mercado negro de antigüedades el Códice Tchacos, con el célebre Evangelio de Judas. Por primera vez, los gnósticos podían hablar con su propia voz.
Los textos gnósticos forman hoy un corpus amplio y heterogéneo. Incluyen evangelios, como los de Tomás, Felipe, María o la Verdad; apocalipsis y revelaciones del Resucitado; tratados sobre el origen del mundo; himnos, oraciones y fórmulas rituales; cartas y comentarios bíblicos. Proceden de escuelas distintas, como los setianos y los valentinianos y de ambientes que no siempre encajan en la etiqueta de gnosticismo. Comparten, en mayor o menor grado, una idea central: la salvación llega a través de un conocimiento, la gnosis, que revela al ser humano su origen divino y le permite escapar de un mundo material creado por un dios inferior.
Este artículo recorre los textos gnósticos como corpus: cómo llegaron hasta nosotros, qué fuentes los conservan, cómo se agrupan y por qué su descubrimiento transformó el estudio del cristianismo primitivo. Para la doctrina en sí, sus ideas centrales y su historia como movimiento, puedes consultar el artículo sobre el gnosticismo.
Qué es un texto gnóstico
La pregunta parece sencilla, pero los especialistas no se ponen de acuerdo. La palabra gnosticismo es una creación moderna, acuñada en el siglo XVII para agrupar una serie de corrientes religiosas de la Antigüedad que los Padres de la Iglesia habían descrito como herejías. Algunos de esos grupos se llamaban a sí mismos gnostikoi, es decir, los que conocen, según Ireneo de Lyon, pero muchos otros nunca usaron ese nombre.
En las últimas décadas, investigadores como Michael Williams y Karen King han criticado el uso de la categoría. Williams publicó en 1996 un libro titulado Repensar el gnosticismo, en el que proponía sustituirla por una expresión más neutra, tradiciones bíblicas demiúrgicas, que describe lo que estos textos tienen en común sin presuponer que formaban un movimiento unificado. King, en 2003, mostró cómo la idea de gnosticismo como religión coherente había sido construida por los heresiólogos antiguos y reforzada por la erudición moderna.
A efectos prácticos, se suele llamar textos gnósticos a los que comparten varios rasgos: distinguen entre un Dios supremo, trascendente e incognoscible y un dios creador inferior, el Demiurgo, responsable del mundo material; narran una caída dentro del mundo divino, a menudo protagonizada por la figura de Sofía, la Sabiduría; afirman que algunos seres humanos llevan dentro una chispa divina atrapada en la materia y presentan a un revelador, casi siempre Cristo, que trae el conocimiento necesario para que esa chispa regrese a su origen.
No todos los textos de las colecciones que vamos a ver cumplen estos criterios. La biblioteca de Nag Hammadi, por ejemplo, incluye textos herméticos, sentencias morales de tradición cristiana y hasta un fragmento de la República de Platón. Por eso conviene hablar de colecciones que contienen textos gnósticos, más que de colecciones gnósticas sin más.
Antes de los manuscritos: los gnósticos según sus enemigos
Hasta el siglo XVIII, las únicas fuentes sobre los gnósticos eran las obras de quienes los combatieron. Esas obras siguen siendo imprescindibles, porque conservan textos y fragmentos que no han aparecido en ningún manuscrito.
El primer gran tratado contra los gnósticos que se conserva es Contra las herejías de Ireneo de Lyon, escrito hacia el año 180. Ireneo, obispo de una comunidad cristiana en la Galia, dedicó el primer libro de los cinco que componen la obra a exponer con detalle el mito de los valentinianos y de otros grupos y los cuatro restantes a refutarlos. Su descripción del sistema de Ptolomeo, discípulo de Valentín, es tan precisa que los investigadores la consideran fiable en lo esencial. Ireneo también resume un mito que coincide casi palabra por palabra con el comienzo del Apócrifo de Juan, uno de los textos que siglos después aparecieron en Egipto.
En el siglo III, Hipólito de Roma escribió una Refutación de todas las herejías que se creyó perdida durante siglos. En 1842, un erudito griego encontró un manuscrito con la mayor parte de la obra en un monasterio del monte Athos y su publicación en 1851 sacó a la luz descripciones de grupos gnósticos desconocidos, como los naasenos o los peratas, con citas de sus escritos.
Clemente de Alejandría, a finales del siglo II, conservó varios fragmentos de Valentín y una colección de notas sobre las enseñanzas de un valentiniano oriental, los Extractos de Teódoto. Orígenes, en su comentario al Evangelio de Juan, citó y discutió casi 50 fragmentos del comentario que el valentiniano Heracleón había escrito sobre el mismo evangelio, el primero que se conoce. Y Epifanio de Salamina, en su Panarion, un catálogo de 80 herejías escrito hacia el año 375, copió íntegra la Carta a Flora de Ptolomeo, un breve tratado sobre cómo interpretar la ley de Moisés que es uno de los textos gnósticos mejor conservados.
Los cristianos no fueron los únicos críticos. El filósofo neoplatónico Plotino, a mediados del siglo III, dedicó un tratado de sus Enéadas a refutar a los gnósticos, a quienes acusaba de despreciar el mundo y de inventar una jerarquía absurda de seres divinos. Su discípulo Porfirio cuenta en la biografía de su maestro que algunos cristianos de su círculo romano manejaban revelaciones atribuidas a Zoroastro, Zostriano, Alógenes y Meso y que en la escuela de Plotino se escribieron refutaciones contra ellas. Cuando apareció la biblioteca de Nag Hammadi, dos de esos libros estaban dentro: Zostriano y Alógenes.
Los primeros códices: Askew y Bruce
Los primeros textos gnósticos originales llegaron a Europa en el siglo XVIII, aunque tardaron más de cien años en ser estudiados a fondo.
El Códice Askew debe su nombre a Anthony Askew, un médico y coleccionista de manuscritos inglés que lo adquirió en la década de 1770. Tras su muerte, el Museo Británico lo compró a sus herederos y hoy se conserva en la British Library. Es un códice de pergamino copiado en copto, probablemente en el siglo IV, que contiene un único texto extenso conocido como Pistis Sophia, es decir, Fe-Sabiduría.
La Pistis Sophia se sitúa once años después de la resurrección. Jesús, que ha permanecido todo ese tiempo enseñando a sus discípulos, asciende a los cielos y regresa para revelarles los misterios más elevados. El texto narra con detalle la caída de Pistis Sophia, un ser divino que, engañada por una luz falsa, descendió al caos y fue atormentada por los poderes inferiores hasta que el Salvador la rescató. Buena parte de la obra adopta la forma de preguntas y respuestas y la discípula que más preguntas formula es María Magdalena, a la que Jesús elogia por su comprensión, para irritación de Pedro, que se queja de que ella no deja hablar a los demás.
El Códice Bruce lo adquirió el explorador escocés James Bruce en el Alto Egipto, en 1769, durante el viaje de regreso de su célebre expedición a las fuentes del Nilo Azul en Etiopía. Se conserva en la Biblioteca Bodleiana de Oxford y contiene dos obras: los Libros de Jeú, una revelación de Jesús a sus discípulos llena de diagramas, nombres secretos y sellos que el alma necesita para atravesar los reinos celestiales y un tratado sin título que describe con gran complejidad la estructura del mundo divino.
Estos dos códices plantearon a los estudiosos del siglo XIX una dificultad. Los textos eran desconcertantes, con su acumulación de eones, poderes, sellos y nombres misteriosos y no encajaban del todo con las descripciones de Ireneo. Durante mucho tiempo se consideraron productos tardíos y degenerados del gnosticismo. Hoy se sabe que pertenecen a la tradición setiana, aunque en una fase avanzada de su desarrollo.
El Códice de Berlín
En 1896, el egiptólogo alemán Carl Reinhardt compró en un mercado de antigüedades de El Cairo un códice de papiro copto que fue a parar al Museo Egipcio de Berlín. Recibió el nombre técnico de Papyrus Berolinensis 8502, y se conoce también como Códice de Berlín o Códice gnóstico de Berlín. Es un manuscrito del siglo V que contiene cuatro textos.
El primero es el Evangelio de María, un diálogo en el que, tras la partida del Salvador, María Magdalena consuela a los discípulos y les revela una enseñanza que Jesús le comunicó en una visión. Pedro y Andrés cuestionan que el Señor haya confiado algo así a una mujer y Leví sale en su defensa. El texto ha perdido varias páginas, incluidas las seis primeras, pero lo que se conserva lo convierte en uno de los documentos más citados en los debates sobre el papel de las mujeres en el cristianismo primitivo.
Los otros textos son el Apócrifo de Juan, la exposición más completa del mito setiano sobre el origen del mundo, la Sofía de Jesucristo, un diálogo del Resucitado con sus discípulos sobre la estructura del mundo divino y un breve relato, el Hecho de Pedro, sobre la hija paralítica del apóstol.
La publicación del códice sufrió una cadena de retrasos casi novelesca. La edición estaba preparada a comienzos del siglo XX, pero la imprenta se inundó al reventar una tubería, la Primera Guerra Mundial interrumpió el trabajo, el editor original murió, la Segunda Guerra Mundial lo volvió a frenar y, cuando por fin se iba a publicar, apareció la biblioteca de Nag Hammadi, que contenía otras copias del Apócrifo de Juan y de la Sofía de Jesucristo. Hubo que esperar a cotejarlas. El códice se publicó finalmente en 1955, casi 60 años después de su compra.
Nag Hammadi: la gran biblioteca
En diciembre de 1945, un campesino egipcio llamado Muhammad Ali al-Samman y sus hermanos buscaban fertilizante al pie de un acantilado cerca de la ciudad de Nag Hammadi, en el Alto Egipto, cuando encontraron una jarra de barro sellada. Dentro había 13 códices de papiro encuadernados en cuero, con 52 tratados en copto, la mayoría desconocidos hasta entonces.
Es el hallazgo más importante para el estudio del gnosticismo y uno de los más relevantes para la historia del cristianismo primitivo, comparable a los manuscritos del mar Muerto para el judaísmo, encontrados apenas dos años después. Los códices se copiaron en la segunda mitad del siglo IV, aunque muchos de los textos que contienen se compusieron en griego en los siglos II y III. La historia de su descubrimiento, su dispersión por el mercado de antigüedades, su recuperación por el Museo Copto de El Cairo y su publicación merece un artículo propio, así que aquí solo destacamos su contenido.
La biblioteca incluye obras de casi todas las tradiciones gnósticas conocidas: textos setianos como el Apócrifo de Juan, la Hipóstasis de los arcontes o Zostriano; textos valentinianos como el Evangelio de la Verdad, el Evangelio de Felipe o el Tratado Tripartito; colecciones de dichos como el Evangelio de Tomás; apocalipsis como los de Santiago, Pablo, Pedro o Adán; y diálogos del Resucitado como el Diálogo del Salvador o el Apócrifo de Santiago. Incluye también textos que no son gnósticos: tratados herméticos, las Sentencias de Sexto, las Enseñanzas de Silvano y un fragmento de la República de Platón traducido al copto con bastante torpeza.
Uno de los códices tuvo un destino peculiar. El Códice I salió de Egipto de contrabando y fue comprado en 1952 para el Instituto Carl Gustav Jung de Zúrich, por lo que se le conoce como Códice Jung. El psicólogo suizo, que veía en los mitos gnósticos una expresión de los procesos del inconsciente, se interesó vivamente por él. El códice fue devuelto a Egipto por etapas y hoy está en El Cairo con los demás.
El Códice Tchacos y otros hallazgos
El último gran códice gnóstico conocido apareció en los años 70, probablemente en la región de Al Minya, en el Egipto Medio. Pasó más de 20 años en manos de anticuarios que intentaban venderlo a precios desorbitados, guardado en una caja de seguridad en Nueva York y, en algún momento, en un congelador, lo que dañó gravemente el papiro. En el año 2000 lo compró la anticuaria suiza Frieda Tchacos Nussberger, de quien toma el nombre y en 2006 se publicó con gran repercusión mediática por contener el Evangelio de Judas.
El Códice Tchacos contiene además una versión de la Carta de Pedro a Felipe, también presente en Nag Hammadi, una versión del Primer Apocalipsis de Santiago y un fragmento de un texto setiano que los editores llamaron Libro de Alógenes. Tras su restauración y publicación, el códice fue entregado al Museo Copto de El Cairo.
A estos códices se suman fragmentos griegos que permiten comparar las traducciones coptas con los originales. Los más famosos son los tres papiros de Oxirrinco, publicados entre 1897 y 1904, que contienen dichos de Jesús. Durante medio siglo nadie supo de qué obra procedían, hasta que la aparición del Evangelio de Tomás en Nag Hammadi reveló que eran fragmentos de su versión griega. También se conservan dos pequeños fragmentos griegos del Evangelio de María y, desde 2017, fragmentos griegos del Primer Apocalipsis de Santiago.
Las grandes familias de textos
Los textos gnósticos pueden agruparse en varias familias según la escuela o el ambiente del que proceden. La clasificación no es rígida y algunos textos se resisten a cualquier etiqueta, pero ayuda a orientarse en un corpus muy diverso.
Los textos setianos
Los setianos se consideraban descendientes espirituales de Set, el tercer hijo de Adán y Eva, a quien veían como portador de la semilla divina. Su mito, el más elaborado del gnosticismo, cuenta cómo del Dios supremo, el Espíritu invisible, emanaron una serie de seres divinos, entre ellos Barbeló, el primer pensamiento del Padre, y cómo la última de esas entidades, Sofía, dio origen sin autorización a un ser deforme, Yaldabaot, que creó el mundo material y se proclamó único dios.
El texto central de esta tradición es el Apócrifo de Juan, conservado en cuatro copias: tres en Nag Hammadi y una en el Códice de Berlín. Otros textos setianos son la Hipóstasis de los arcontes, el Libro sagrado del gran Espíritu invisible, también conocido como Evangelio de los egipcios, aunque no debe confundirse con el evangelio del mismo nombre que cita Clemente de Alejandría, la Protennoia trimorfa, el Apocalipsis de Adán, las Tres estelas de Set y los tratados filosóficos Zostriano, Alógenes y Marsanes, muy influidos por el platonismo. El Evangelio de Judas y la Pistis Sophia están también relacionados con esta tradición.
Los textos valentinianos
Los valentinianos son la escuela fundada por Valentín, un maestro alejandrino que enseñó en Roma a mediados del siglo II. Su mito, centrado en la caída de Sofía y en la figura de Achamot, la Sabiduría inferior, se conoce bien gracias a Ireneo. A diferencia de los setianos, los valentinianos no formaban comunidades separadas, sino que se consideraban cristianos con un conocimiento más profundo y participaban en la vida de las iglesias.
Sus textos tienen a menudo una gran calidad literaria. El Evangelio de la Verdad, que muchos atribuyen al propio Valentín, es una meditación poética sobre el error y el conocimiento. El Evangelio de Felipe es una antología de reflexiones sobre los sacramentos, en especial el misterioso rito de la cámara nupcial y contiene el famoso pasaje sobre María Magdalena como compañera de Jesús. Otros textos valentinianos son el Tratado Tripartito, el Tratado sobre la resurrección, la Exposición valentiniana y, fuera de Nag Hammadi, la Carta a Flora, los Extractos de Teódoto y los fragmentos de Heracleón.
Los textos de la tradición de Tomás
Un tercer grupo procede de la Siria oriental, probablemente de la región de Edesa y está vinculado a la figura del apóstol Tomás, a quien la tradición siríaca consideraba hermano gemelo de Jesús. El Evangelio de Tomás, una colección de 114 dichos de Jesús sin narración, es el texto más famoso de este grupo y probablemente de todo el corpus. El Libro de Tomás el Contendiente y los Hechos de Tomás, con el célebre Himno de la Perla, completan la tradición.
Estos textos insisten en el conocimiento de uno mismo, el rechazo del mundo y el ascetismo, pero carecen del gran mito cosmológico de setianos y valentinianos. Por eso muchos especialistas dudan de que deban llamarse gnósticos en sentido estricto.
Los diálogos del Resucitado
Un género muy característico del corpus es el diálogo de revelación, en el que Cristo resucitado se aparece a sus discípulos, a menudo en un monte, y responde a sus preguntas sobre el origen del mundo, el destino del alma y el camino de la salvación. A este grupo pertenecen la Sofía de Jesucristo, el Diálogo del Salvador, el Apócrifo de Santiago, el Evangelio de María, la Carta de Pedro a Felipe y la Pistis Sophia.
El género no era exclusivo de los gnósticos. La Epistula Apostolorum, un texto del siglo II de orientación claramente antignóstica, usa la misma forma para defender la doctrina contraria, pero los gnósticos lo explotaron a fondo, porque les permitía presentar sus enseñanzas como revelaciones que Jesús había reservado para después de la resurrección.
Los apocalipsis
Nag Hammadi contiene también una serie de apocalipsis atribuidos a figuras bíblicas, como el Apocalipsis de Adán, o a apóstoles, como los dos Apocalipsis de Santiago, el Apocalipsis de Pablo y el Apocalipsis de Pedro. Ninguno debe confundirse con los textos del mismo nombre que se conocían antes de 1945. El Apocalipsis de Pedro gnóstico, por ejemplo, no tiene nada que ver con el del siglo II que describe los castigos del infierno: presenta a un Jesús que ríe desde lo alto mientras crucifican a un sustituto.
Los principales textos gnósticos
| Texto | Fuente principal | Tradición | Tema |
|---|---|---|---|
| Apócrifo de Juan | Nag Hammadi y Códice de Berlín | Setiana | Origen del mundo y caída de Sofía |
| Evangelio de Tomás | Nag Hammadi y papiros de Oxirrinco | Tradición de Tomás | 114 dichos de Jesús |
| Evangelio de la Verdad | Nag Hammadi | Valentiniana | Meditación sobre el error y el conocimiento |
| Evangelio de Felipe | Nag Hammadi | Valentiniana | Sacramentos y cámara nupcial |
| Evangelio de María | Códice de Berlín y fragmentos griegos | Diálogo de revelación | Enseñanza secreta revelada a María Magdalena |
| Evangelio de Judas | Códice Tchacos | Setiana | Judas como discípulo que comprende a Jesús |
| Pistis Sophia | Códice Askew | Setiana tardía | Caída y redención de Pistis Sophia |
| Libros de Jeú | Códice Bruce | Setiana tardía | Sellos y nombres para el ascenso del alma |
| Sofía de Jesucristo | Nag Hammadi y Códice de Berlín | Diálogo de revelación | Estructura del mundo divino |
| Carta a Flora | Epifanio, Panarion | Valentiniana | Interpretación de la ley de Moisés |
Más allá del gnosticismo cristiano
La influencia de las ideas gnósticas no terminó con la desaparición de las escuelas del siglo II. Varias religiones posteriores desarrollaron sistemas dualistas emparentados con ellas, y también nos han dejado textos.
El maniqueísmo, fundado por el profeta persa Mani en el siglo III, construyó una de las grandes religiones de la Antigüedad tardía, extendida desde el norte de África hasta China. Su doctrina, basada en la lucha entre la Luz y las Tinieblas, tiene muchos puntos en común con el gnosticismo. En 1929 se encontró en Medinet Madi, en Egipto, una biblioteca maniquea en copto, parte de la cual se perdió en Berlín durante la Segunda Guerra Mundial y en 1969 se identificó el Códice Mani de Colonia, un diminuto libro de pergamino de unos cuatro por cinco centímetros que narra en griego la juventud del profeta.
Los mandeos, una comunidad religiosa que sobrevive hoy en el sur de Irak y en Irán, aunque muy reducida por las guerras y la emigración, conservan una tradición dualista con rasgos gnósticos. Su libro sagrado principal, el Ginza Rabba o Gran Tesoro, presenta a Juan el Bautista como profeta y considera el mundo material obra de poderes inferiores.
En la Edad Media, los bogomilos de los Balcanes y los cátaros del sur de Francia y del norte de Italia desarrollaron doctrinas dualistas que recuerdan a las gnósticas, aunque su relación histórica con los grupos antiguos es discutida. De los cátaros se conserva la Interrogatio Iohannis, también llamada Cena secreta, un diálogo entre Juan y Cristo sobre la creación del mundo por Satanás, que procede de los bogomilos y se conservó gracias a una copia de la Inquisición de Carcasona.
Por qué importan los textos gnósticos
El descubrimiento de los textos gnósticos ha cambiado la forma de entender los primeros siglos del cristianismo. Durante mucho tiempo se pensó que existía una doctrina original, la de la gran Iglesia, de la que se habían desviado los herejes. Los textos de Nag Hammadi y de los demás códices mostraron un panorama mucho más diverso, en el que diferentes grupos se consideraban igualmente cristianos y leían los mismos evangelios de formas muy distintas.
Su influencia ha ido más allá del ámbito académico. El libro Los evangelios gnósticos, publicado por Elaine Pagels en 1979, se convirtió en un éxito de ventas y popularizó la idea de un cristianismo alternativo, más abierto a las mujeres y a la experiencia personal de lo divino. Novelas como El código Da Vinci de Dan Brown llevaron al gran público el Evangelio de Felipe y el de María, a menudo con interpretaciones discutibles. Y el psicoanálisis junguiano, el pensamiento de autores como Hans Jonas o Harold Bloom y buena parte de la espiritualidad contemporánea se han inspirado en los mitos gnósticos.
Los textos gnósticos son también una fuente valiosa para la historia de la filosofía y de las religiones. Muestran cómo el platonismo, el judaísmo helenístico y el cristianismo se mezclaron en el Egipto y la Siria de los siglos II y III, y cómo surgieron preguntas que siguen vigentes: ¿por qué existe el mal? ¿Es el mundo obra de un dios bueno? ¿Puede el ser humano encontrar lo divino dentro de sí mismo?
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- Platón: el teórico de las formas y fundador de la Academia
Fuentes y bibliografía
- Extractos de Teódoto
- Epitafio de Salamina. Panarion.
- Pistis Sophia.
Ediciones y traducciones:
- Barnstone, Willis y Meyer, Marvin (eds.). The Gnostic Bible. Boston: Shambhala, 2003.
- Kasser, Rodolphe; Wurst, Gregor; Meyer, Marvin y Gaudard, François (eds.). The Gospel of Judas, Critical Edition. Washington: National Geographic, 2007.
- Layton, Bentley. The Gnostic Scriptures. Nueva York: Doubleday, 1987.
- Meyer, Marvin (ed.). The Nag Hammadi Scriptures. Nueva York: HarperOne, 2007.
- Piñero, Antonio; Montserrat Torrents, José y García Bazán, Francisco (eds.). Textos gnósticos. Biblioteca de Nag Hammadi. 3 vols. Madrid: Trotta, 1997-2000.
- Robinson, James M. (ed.). The Nag Hammadi Library in English. Leiden: Brill, 1988.
- Schmidt, Carl y MacDermot, Violet (eds.). Pistis Sophia. Leiden: Brill, 1978.
- Schmidt, Carl y MacDermot, Violet (eds.). The Books of Jeu and the Untitled Text in the Bruce Codex. Leiden: Brill, 1978.
- Montserrat Torrents, José (ed.). Los gnósticos. 2 vols. Madrid: Gredos, 1983.
Bibliografía:
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- García Bazán, Francisco. Gnosis: la esencia del dualismo gnóstico. Buenos Aires: Castañeda, 1978.
- Jonas, Hans. La religión gnóstica. Madrid: Siruela, 2000.
- King, Karen L. What Is Gnosticism? Cambridge: Harvard University Press, 2003.
- Markschies, Christoph. Gnosis: An Introduction. Londres: T&T Clark, 2003.
- Pagels, Elaine. Los evangelios gnósticos. Barcelona: Crítica, 1982.
- Piñero, Antonio. Gnosis: conocimiento de lo oculto. Madrid: Trotta, 2024.
- Robinson, James M. The Nag Hammadi Story. Leiden: Brill, 2014.
- Rudolph, Kurt. Gnosis: The Nature and History of Gnosticism. San Francisco: Harper & Row, 1983.
- Williams, Michael A. Rethinking «Gnosticism». Princeton: Princeton University Press, 1996.
Preguntas frecuentes sobre los textos gnósticos
¿Qué son los textos gnósticos?
Son escritos de los siglos II al IV, en su mayoría conservados en traducción copta, que exponen las doctrinas de diversos grupos religiosos llamados gnósticos. Incluyen evangelios, apocalipsis, diálogos del Resucitado, tratados sobre el origen del mundo y textos rituales. Comparten la idea de que la salvación llega a través de un conocimiento secreto que revela al ser humano su origen divino y le permite escapar del mundo material.
¿Dónde se encontraron los textos gnósticos?
La mayoría proceden de Egipto. Los más importantes son los 13 códices de Nag Hammadi, hallados en 1945. Antes se conocían el Códice Askew, con la Pistis Sophia, el Códice Bruce, con los Libros de Jeú, y el Códice de Berlín, con el Evangelio de María. En los años 70 apareció el Códice Tchacos, con el Evangelio de Judas. Otros textos se conocen solo por las citas de autores cristianos que los combatieron.
¿Son lo mismo los textos gnósticos y los evangelios apócrifos?
No exactamente. Los evangelios apócrifos son todos los evangelios que no entraron en el Nuevo Testamento, y muchos de ellos no son gnósticos, como el Protoevangelio de Santiago o el Evangelio de Nicodemo. A la inversa, muchos textos gnósticos no son evangelios, sino tratados, apocalipsis o cartas. Algunos textos pertenecen a ambas categorías, como los evangelios de Tomás, Felipe, María o Judas.
¿En qué idioma se escribieron los textos gnósticos?
La mayoría se escribieron originalmente en griego, la lengua culta del Mediterráneo oriental, aunque se conservan casi siempre en traducciones al copto, la última fase de la lengua egipcia, escrita con el alfabeto griego. Algunos fragmentos griegos permiten comparar las traducciones con los originales.
¿Quiénes escribieron los textos gnósticos?
Casi todos son anónimos o se atribuyen a figuras del cristianismo primitivo, como apóstoles o personajes bíblicos, como Adán o Set. Algunos se relacionan con maestros conocidos: el Evangelio de la Verdad se atribuye a menudo a Valentín, y la Carta a Flora es obra de su discípulo Ptolomeo. Los grupos que los produjeron fueron sobre todo los setianos y los valentinianos.
¿Por qué desaparecieron los textos gnósticos?
A medida que la gran Iglesia definió su canon y su doctrina, los textos gnósticos dejaron de copiarse y, en algunos casos, fueron destruidos. En el año 367, el obispo Atanasio de Alejandría ordenó a los monjes de Egipto rechazar los libros apócrifos. Es posible que la biblioteca de Nag Hammadi se escondiera por esas fechas para salvarla.
Nota editorial: las infografías e ilustraciones de este artículo han sido desarrolladas con asistencia de herramientas de Inteligencia Artificial para la recreación artística de personajes y entornos históricos.









