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La Ilustración: el Siglo de las Luces y el triunfo de la razón

by Marcelo Ferrando Castro
30 mayo, 2012 - Updated on 25 octubre, 2025
in Moderna
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la ilustracion o siglo de las luces

Salón de Madame Geoffrin en 1755, pintado por Anicet Charles Gabriel Lemonnier. (1755).

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La Ilustración, conocida también como el Siglo de las Luces, fue un movimiento cultural e intelectual que dominó Europa durante el siglo XVIII y transformó profundamente la manera en que los seres humanos comprendían el mundo, la sociedad y su lugar en ella. Este periodo, que se extendió aproximadamente entre 1688 y 1789, marcó el nacimiento de la modernidad occidental tal como la conocemos hoy.

Los pensadores ilustrados confiaban en la razón humana como instrumento fundamental de progreso y conocimiento. Frente a la tradición, el dogma religioso y la superstición, propusieron la luz de la razón como guía para mejorar las condiciones de vida, reformar las instituciones políticas y avanzar en el conocimiento científico. Este optimismo racional no era frío ni meramente especulativo: los ilustrados creían genuinamente que la aplicación metódica de la inteligencia humana podía conducir a la felicidad individual y colectiva.

El término «Siglo de las Luces» no es casual. La metáfora de la luz frente a las tinieblas atraviesa todo el discurso ilustrado: la razón ilumina lo que la ignorancia oscurece, el conocimiento disipa las sombras de la superstición, y la educación alumbra el camino hacia el progreso. Este movimiento no se limitó a la filosofía abstracta; transformó la política, la economía, el arte, la ciencia y las estructuras sociales de Europa, sentando las bases ideológicas de las revoluciones que cambiarían el mundo.

Índice:

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  • ¿Qué fue la Ilustración? Definición y contexto histórico
    • El nacimiento del pensamiento ilustrado
    • Los nombres del movimiento: Ilustración, Luces y Aufklärung
    • Cronología del Siglo de las Luces
  • Las cinco fases de la Ilustración: evolución cronológica
    • Primera fase: la crisis de la conciencia postrenacentista (1688-1715)
    • Segunda fase: eclosión librepensadora (1715-1748)
    • Tercera fase: el enciclopedismo triunfante (1748-1770)
    • Cuarta fase: la crisis superadora (1770-1789)
    • Quinta fase: el ideologismo anclado (1789-1830)
  • Características fundamentales del pensamiento ilustrado
    • La razón como instrumento de progreso
    • El antropocentrismo: el hombre como medida
    • El hipercriticismo: cuestionar todo lo establecido
    • El pragmatismo y la búsqueda de la felicidad terrenal
    • El universalismo ilustrado
  • Los grandes pensadores de la Ilustración
    • Voltaire: el crítico mordaz del Antiguo Régimen
    • Rousseau: el filósofo de la voluntad general
    • Montesquieu: el teórico de la separación de poderes
    • Diderot y D’Alembert: arquitectos de la Enciclopedia
  • Espacios de sociabilidad ilustrada
    • Los salones literarios: el poder femenino en la Ilustración
    • Cafés, clubes y academias: nuevos espacios de debate
    • La prensa periódica y la formación de la opinión pública
  • La Ilustración por países: desarrollos nacionales
    • Francia: epicentro del Siglo de las Luces
    • Inglaterra: la cuna discreta de las Luces
    • Alemania: Aufklärung y el idealismo crítico
    • España: Ilustración reformista bajo el despotismo ilustrado
  • El despotismo ilustrado: reformar sin revolucionar
    • «Todo para el pueblo, pero sin el pueblo»
    • Federico II de Prusia: el rey filósofo
    • Catalina II de Rusia: la emperatriz ilustrada
    • Carlos III de España: el mejor alcalde de Madrid
  • De la Ilustración a la Revolución Francesa
    • Ideas ilustradas en la tormenta revolucionaria
    • Legado contradictorio: promesa y peligro de la razón
  • Legado e influencia de la Ilustración
    • Independencias americanas y constituciones modernas
    • Ciencia moderna y secularización
    • Educación universal y alfabetización
    • Derechos humanos y democracia liberal
  • Tabla comparativa: la Ilustración por países
  • Preguntas frecuentes
    • ¿Qué fue la Ilustración y por qué se llama Siglo de las Luces?
    • ¿Cuándo empezó y terminó la Ilustración?
    • ¿Quiénes fueron los principales pensadores ilustrados?
    • ¿Qué era la Enciclopedia y por qué fue tan importante?
    • ¿Qué diferencias había entre la Ilustración francesa, inglesa y alemana?
    • ¿Qué fue el despotismo ilustrado?
    • ¿Cómo influyó la Ilustración en la Revolución Francesa?
    • ¿Cuál fue la relación de la Ilustración con la religión?
    • ¿Qué legado dejó la Ilustración al mundo moderno?
    • ¿Existen críticas contemporáneas a la Ilustración?
  • Fuentes y bibliografía:
  • Descubre más sobre la Ilustración en Red Historia

¿Qué fue la Ilustración? Definición y contexto histórico

El nacimiento del pensamiento ilustrado

La Ilustración no surgió de la nada. Sus raíces se hunden en la crisis de la conciencia europea de finales del siglo XVII, cuando las certezas del Antiguo Régimen comenzaron a resquebrajarse. El Renacimiento había recuperado la centralidad del ser humano, y la revolución científica del siglo XVII —con figuras como Galileo, Descartes, Newton y Leibniz— había demostrado que la razón podía desentrañar los misterios de la naturaleza sin recurrir a la autoridad religiosa.

biografia rene descartes
¿Quién fue y qué hizo René Descartes? Crédito: Depositphotos.

La Revolución Gloriosa inglesa de 1688 marcó un punto de inflexión político. Por primera vez en una gran nación europea, se estableció una monarquía parlamentaria que limitaba el poder del rey mediante leyes y representación. Este acontecimiento demostró que era posible organizar el Estado según principios racionales y no por derecho divino. Locke, testigo y teórico de esta revolución, sentaría las bases del liberalismo político que influiría en todos los ilustrados posteriores.

Simultáneamente, la expansión del comercio internacional y el desarrollo de una burguesía cada vez más próspera crearon una nueva clase social con recursos económicos pero sin poder político. Esta burguesía ilustrada sería el principal soporte social del movimiento: personas con educación, tiempo libre y medios para participar en debates intelectuales, pero frustradas por las estructuras estamentales que les negaban influencia política.

Los nombres del movimiento: Ilustración, Luces y Aufklärung

El movimiento recibió nombres diferentes según los países. En Francia se habló de las «Lumières» (luces), en Inglaterra de «Enlightenment» (iluminación), en Alemania de «Aufklärung» (aclaración o esclarecimiento), y en España de «Ilustración». Todos estos términos comparten la misma metáfora central: la luz del conocimiento racional frente a la oscuridad de la ignorancia y el prejuicio.

Kant, en su célebre ensayo ¿Qué es la Ilustración? (1784), ofreció una de las definiciones más precisas del movimiento: «La Ilustración es la salida del hombre de su autoculpable minoría de edad». Para Kant, la minoría de edad significaba la incapacidad de servirse del propio entendimiento sin la guía de otro. El lema ilustrado por excelencia era «Sapere aude» —atrévete a saber, atrévete a pensar por ti mismo.

Cronología del Siglo de las Luces

Aunque los historiadores debaten los límites exactos, existe consenso en situar la Ilustración entre 1688 (Revolución Gloriosa inglesa) y 1789 (Revolución Francesa), con prolongaciones hasta aproximadamente 1830 en algunas regiones. Este siglo largo puede dividirse en cinco fases que reflejan la evolución del pensamiento ilustrado: desde su gestación en la crisis postrenacentista hasta su transformación revolucionaria y posterior agotamiento.

Lo notable es que la Ilustración no fue un fenómeno uniforme. Comenzó en Inglaterra, alcanzó su máxima expresión en Francia, desarrolló características propias en Alemania, y tuvo manifestaciones más moderadas en España, Italia y otras regiones europeas. Cada país adaptó los principios ilustrados a sus propias tradiciones, necesidades y limitaciones políticas y religiosas.

Las cinco fases de la Ilustración: evolución cronológica

Primera fase: la crisis de la conciencia postrenacentista (1688-1715)

Esta fase inicial, brillantemente analizada por el historiador Paul Hazard, marca el desmoronamiento de las certezas del siglo XVII. La Europa de 1680 todavía creía mayoritariamente en la autoridad de los antiguos, en la revelación religiosa como fuente de verdad, y en la monarquía absolutista de derecho divino. Treinta años después, todas estas certezas estaban siendo cuestionadas radicalmente.

Pierre Bayle, con su Diccionario histórico y crítico (1697), inició el trabajo demoledor del hipercriticismo ilustrado: ninguna verdad tradicional debía aceptarse sin examen racional. Fontenelle divulgó las nuevas ideas científicas de manera accesible, mientras Locke desarrollaba su filosofía empirista que negaba las ideas innatas y postulaba que todo conocimiento proviene de la experiencia sensible.

La Revolución Gloriosa inglesa demostró que un rey podía ser depuesto por violar el contrato con sus súbditos, idea revolucionaria que Locke teorizaría en sus Dos tratados sobre el gobierno civil. Estos acontecimientos y obras prepararon el terreno para la explosión ilustrada posterior.

Segunda fase: eclosión librepensadora (1715-1748)

Tras la muerte de Luis XIV en 1715, Francia experimentó una relativa apertura cultural durante la Regencia. Los primeros salones literarios comenzaron a funcionar como espacios de debate intelectual donde nobles, burgueses y escritores discutían en pie de igualdad. La prensa periódica se desarrolló, permitiendo la circulación más rápida de ideas nuevas.

Voltaire visitó Inglaterra (1726-1729) y quedó profundamente impresionado por su sistema político, su tolerancia religiosa y su libertad intelectual. Sus Cartas filosóficas (1734), que comparaban favorablemente Inglaterra con Francia, causaron escándalo y fueron prohibidas, pero circularon clandestinamente e influyeron en toda una generación.

Montesquieu publicó sus Cartas persas (1721), una sátira mordaz de la sociedad francesa vista con ojos extranjeros, y comenzó a trabajar en su obra magna El espíritu de las leyes. La Ilustración dejaba de ser un fenómeno marginal para convertirse en una corriente cultural influyente que atraía a aristócratas, burgueses e intelectuales.

Tercera fase: el enciclopedismo triunfante (1748-1770)

Esta fase marca la madurez del movimiento ilustrado. La publicación de El espíritu de las leyes de Montesquieu (1748) proporcionó una teoría política sistemática basada en la separación de poderes. Pero el acontecimiento cultural más importante fue la publicación de L’Encyclopédie dirigida por Diderot y D’Alembert, cuyos primeros volúmenes aparecieron en 1751.

La Enciclopedia no era simplemente una obra de referencia: era un manifiesto ideológico que pretendía reorganizar todo el conocimiento humano según principios racionales, dando prioridad a las ciencias útiles y las artes mecánicas sobre la teología y la metafísica. Los más de 150 colaboradores —entre ellos Voltaire, Rousseau, Montesquieu y Turgot— convirtieron el proyecto en símbolo del proyecto ilustrado.

la enciclopedia ilustracion
La Enciclopedia, de Diderot y D`Alembert

La batalla contra la censura eclesiástica y real fue constante. La Enciclopedia fue prohibida varias veces, pero finalmente se completó en 1772 con 28 volúmenes que se difundieron por toda Europa. Los ilustrados habían alcanzado una conciencia plena de sí mismos como movimiento que podía transformar la sociedad mediante la difusión del conocimiento.

Cuarta fase: la crisis superadora (1770-1789)

Esta fase prerevolucionaria se caracteriza por la radicalización del pensamiento ilustrado. Rousseau, con su Contrato social (1762), había ido más allá del reformismo ilustrado al postular la soberanía popular absoluta y cuestionar la propiedad privada como origen de la desigualdad. Sus ideas, más radicales que las de Voltaire o Montesquieu, inspirarían directamente a los revolucionarios franceses.

Aparecieron corrientes materialistas y ateas más explícitas. Holbach publicó Sistema de la naturaleza (1770), obra de ateísmo militante que escandalizó incluso a otros ilustrados. El marqués de Condorcet desarrolló la idea del progreso indefinido de la humanidad. La Ilustración francesa se radicalizaba mientras la americana se hacía práctica: la Declaración de Independencia de Estados Unidos (1776) aplicaba principios ilustrados a la fundación de un Estado nuevo.

En estos años crecía la tensión entre el reformismo ilustrado y las estructuras del Antiguo Régimen. Los ilustrados ya no se conformaban con reformas graduales implementadas por monarcas benevolentes; comenzaban a pensar en transformaciones más profundas que requerirían cambios revolucionarios.

Quinta fase: el ideologismo anclado (1789-1830)

La Revolución Francesa marca simultáneamente el triunfo y la crisis de la Ilustración. Por un lado, las ideas ilustradas sobre derechos naturales, soberanía popular y separación de poderes se plasmaron en la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789) y en la primera constitución francesa. Por otro, el Terror jacobino (1793-1794) mostró cómo la razón podía convertirse en instrumento de fanatismo cuando se absolutizaba.

Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano revolucion francesa
Jean-Jacques-François Le Barbier (dit l’Aîné, attribué à, 1738-1826). «Déclaration des droits de l’homme et du citoyen. La Monarchie, tenant les chaînes brisées de la Tyrannie, et le génie de la Nation, tenant le sceptre du Pouvoir, entourent le préambule de la déclaration». Huile sur bois. Paris, musée Carnavalet. Crédito: Dominio Público

Muchos ilustrados terminaron siendo víctimas de la Revolución que habían inspirado ideológicamente. Condorcet murió en prisión, Olympe de Gouges fue guillotinada, y otros tuvieron que exiliarse. La Ilustración posterior a 1789 perdió ímpetu creativo y se convirtió en ideología liberal conservadora que los «ideólogos» franceses intentaron sistematizar sin alcanzar la brillantez de la generación anterior.

El movimiento se prolongó hasta aproximadamente 1830, conviviendo con el Romanticismo que reaccionó contra el racionalismo ilustrado enfatizando la emoción, la historia y la particularidad nacional frente al universalismo de las Luces. La Ilustración había cumplido su ciclo histórico, pero su legado intelectual y político permanecería.

Características fundamentales del pensamiento ilustrado

La razón como instrumento de progreso

La confianza en la razón es el rasgo definitorio de la Ilustración. Los ilustrados no veían la razón como simple capacidad lógica abstracta, sino como instrumento práctico para mejorar la vida humana. La razón debía aplicarse a todos los ámbitos: la política, la economía, la religión, la educación, la justicia. Nada quedaba fuera de su alcance crítico.

Esta razón ilustrada tenía características específicas. Era empirista, basada en la observación de la realidad más que en deducciones a priori. Era crítica, cuestionando toda autoridad tradicional que no pudiera justificarse racionalmente. Era pragmática, orientada a resultados prácticos y útiles más que a especulaciones metafísicas. Y era optimista, confiando en que su aplicación sistemática conduciría inevitablemente al progreso.

Descartes había sentado las bases de este racionalismo con su «duda metódica», pero los ilustrados lo radicalizaron y lo aplicaron a ámbitos que Descartes había dejado intactos, como la religión y la política. Para Voltaire, todo lo que no pasara el examen de la razón debía ser rechazado como superstición o fanatismo.

El antropocentrismo: el hombre como medida

La Ilustración consolidó el giro antropocéntrico iniciado en el Renacimiento. El ser humano, no Dios ni la tradición, se convertía en medida de todas las cosas. Esto no significaba necesariamente ateísmo —muchos ilustrados eran deístas— pero sí la afirmación de que los asuntos humanos debían resolverse según criterios humanos.

El concepto de «derechos naturales» expresaba este antropocentrismo: los seres humanos poseían derechos inherentes a su naturaleza racional, anteriores y superiores a cualquier ley positiva o mandato divino. Locke enumeró la vida, la libertad y la propiedad; Rousseau enfatizó la igualdad natural; Kant fundamentó la dignidad humana en la autonomía moral.

Este humanismo ilustrado era universalista: todos los seres humanos compartían la misma naturaleza racional y, por tanto, los mismos derechos fundamentales. Las diferencias de estamento, raza o religión eran accidentales y no justificaban desigualdades legales. Esta idea, revolucionaria en sociedades estamentales, sembraría las semillas de la igualdad jurídica moderna.

El hipercriticismo: cuestionar todo lo establecido

Los ilustrados sometieron a crítica radical todas las verdades heredadas. Pierre Bayle inició este trabajo demoledor demostrando que muchas creencias tradicionales carecían de fundamento racional. Voltaire lo continuó con sus ataques mordaces al fanatismo religioso y la arbitrariedad política. Diderot cuestionó incluso la moral convencional y exploró formas alternativas de organización social.

Este hipercriticismo tenía un método: examinar cada creencia preguntándose por su fundamento racional, su coherencia lógica y su utilidad práctica. Lo que no superara este triple examen debía ser descartado. Esta actitud escéptica metódica era heredera de Descartes pero iba más allá, aplicándose también a instituciones políticas, dogmas religiosos y convenciones sociales que Descartes había dejado intactas.

El resultado fue una sociedad europea en la que por primera vez se cuestionaban abiertamente verdades que durante siglos habían parecido evidentes: el derecho divino de los reyes, la infalibilidad de la Iglesia, la superioridad de la aristocracia, la inferioridad de las mujeres. No todas estas creencias cayeron inmediatamente, pero el terreno estaba preparado para su erosión progresiva.

El pragmatismo y la búsqueda de la felicidad terrenal

Los ilustrados rechazaron la idea tradicional cristiana de que la verdadera felicidad solo podía alcanzarse en el más allá. Postularon que la felicidad terrenal era legítima y alcanzable mediante la aplicación de la razón a la organización social. Este pragmatismo marcó una ruptura radical con la tradición ascética medieval.

La ética ilustrada era utilitarista: lo bueno era lo útil, lo que contribuía a la felicidad del mayor número. Bentham formularía explícitamente el principio del «mayor placer para el mayor número», pero la idea recorría todo el pensamiento ilustrado. Las instituciones políticas debían juzgarse por su contribución al bienestar general, no por su antigüedad o su sanción divina.

Este pragmatismo se manifestó en el interés ilustrado por las ciencias aplicadas, las técnicas de producción, la reforma educativa, la mejora de la sanidad pública y la racionalización administrativa. La Enciclopedia dedicaba artículos extensos a oficios mecánicos y técnicas agrícolas, considerándolos tan dignos de atención como la filosofía abstracta. El conocimiento debía ser útil para mejorar la vida humana.

El universalismo ilustrado

Los ilustrados creían en verdades universales accesibles a la razón humana en cualquier tiempo y lugar. La razón no era francesa, inglesa o alemana; era humana. Los derechos naturales no eran europeos; eran universales. Las leyes de la naturaleza descubiertas por Newton funcionaban igual en París que en Pekín.

Este universalismo tenía implicaciones políticas radicales. Si todos los seres humanos compartían la misma naturaleza racional, las diferencias de estamento, raza o religión carecían de justificación racional. La esclavitud era irracional; la aristocracia hereditaria era irracional; la persecución religiosa era irracional. Voltaire defendió a Jean Calas contra el fanatismo católico; Montesquieu criticó la esclavitud; Beccaria denunció la tortura judicial.

Paradójicamente, este universalismo ilustrado convivió con cierto eurocentrismo. Los ilustrados consideraban a Europa —y especialmente a Francia e Inglaterra— como vanguardia de la civilización, con el deber de «iluminar» a pueblos menos avanzados. Esta tensión entre universalismo y eurocentrismo marcaría el colonialismo europeo posterior y sigue siendo objeto de crítica en nuestros días.

Los grandes pensadores de la Ilustración

Voltaire: el crítico mordaz del Antiguo Régimen

François-Marie Arouet (1694-1778), conocido como Voltaire, fue quizá la figura más influyente de la Ilustración francesa. Dramaturgo, poeta, historiador y filósofo, empleó todos los géneros literarios para difundir ideas ilustradas con un estilo mordaz y brillante que cautivó a Europa.

vida y obra de voltaire
Voltaire, uno de los máximos exponentes del Siglo de las Luces. Crédito: Depositphotos.

Su estancia en Inglaterra (1726-1729) lo marcó profundamente. Allí descubrió un sistema político que limitaba al monarca mediante un parlamento, una tolerancia religiosa impensable en la Francia católica, y una sociedad que honraba a intelectuales como Newton. Sus Cartas filosóficas (1734) contrastaban el atraso francés con el progreso inglés, lo que le valió la prohibición y el exilio.

Voltaire dedicó su vida a combatir el fanatismo religioso con su lema «Écrasez l’infâme» (aplastad la infamia). Defendió célebres causas de víctimas de la intolerancia, como Jean Calas, protestante ejecutado injustamente en 1762. Su Tratado sobre la tolerancia (1763) es una de las defensas más elocuentes de la libertad religiosa jamás escritas.

En filosofía, Voltaire fue deísta: creía en un Dios creador pero rechazaba la revelación, los milagros y la intervención divina en los asuntos humanos. Su Diccionario filosófico (1764) sometía a crítica irónica todos los dogmas tradicionales. Obras como Cándido (1759) satirizaban el optimismo filosófico excesivo, demostrando que también entre ilustrados existía espíritu crítico.

Rousseau: el filósofo de la voluntad general

Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) fue el más radical y polémico de los grandes ilustrados. Autodidacta de origen humilde, desarrolló ideas que iban más allá del reformismo ilustrado convencional, lo que le enemistó con Voltaire y Diderot pero lo convirtió en profeta de la Revolución Francesa.

biografia de rousseau
Jean-Jacques Rousseau, uno de los grandes filósofos de la historia. Crédito: Retrato de Rousseau de Allan Ramsay, 1766 / Dominio Público.

Su Discurso sobre el origen de la desigualdad (1755) postulaba que el hombre era naturalmente bueno pero la sociedad lo había corrompido. La propiedad privada era el origen de la desigualdad y la infelicidad humanas. Esta crítica radical de la civilización contrastaba con el optimismo progresista de otros ilustrados que veían en el desarrollo social un avance.

El contrato social (1762) desarrollaba su teoría política: la única soberanía legítima era la del pueblo expresada mediante la «voluntad general». El soberano —el pueblo— era inalienable, indivisible e infalible. Estas ideas inspirarían directamente a Robespierre y los jacobinos, quienes las interpretaron de forma radical durante el Terror revolucionario.

Rousseau también revolucionó la pedagogía con su Emilio (1762), que postulaba una educación basada en el desarrollo natural del niño en lugar de la imposición de conocimientos abstractos. Su influencia en la educación moderna ha sido inmensa, aunque controvertida. Rousseau representa la vertiente más democrática y radical de la Ilustración.

Montesquieu: el teórico de la separación de poderes

Charles-Louis de Secondat, barón de Montesquieu (1689-1755), proporcionó a la Ilustración su teoría política más influyente. Aristócrata moderado, desarrolló ideas reformistas sin el radicalismo revolucionario de Rousseau ni la acidez iconoclasta de Voltaire.

baron de montesquieu
Charles Louis de Secondat, Montesquieu.

Su obra cumbre, El espíritu de las leyes (1748), es un monumental estudio comparativo de los sistemas políticos que busca principios generales aplicables a todos ellos. Montesquieu distinguía tres formas de gobierno —república, monarquía y despotismo— cada una con su principio animador: virtud, honor y miedo respectivamente.

Su aportación más duradera fue la teoría de la separación de poderes: legislativo, ejecutivo y judicial debían estar en manos diferentes para evitar el despotismo. Esta idea, inspirada en su interpretación del sistema inglés, ha sido la base de casi todas las constituciones democráticas modernas, incluida la estadounidense de 1787.

Montesquieu también era relativista cultural: reconocía que diferentes pueblos requerían diferentes leyes según su clima, geografía, costumbres y carácter. Este relativismo moderado contrastaba con el universalismo abstracto de otros ilustrados. Su influencia fue más duradera que la de Voltaire o Rousseau porque proporcionó un modelo político practicable que podía implementarse gradualmente.

Diderot y D’Alembert: arquitectos de la Enciclopedia

Denis Diderot (1713-1784) y Jean Le Rond D’Alembert (1717-1783) dirigieron el proyecto editorial más ambicioso de la Ilustración: L’Encyclopédie ou Dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers. Esta obra monumental pretendía reunir todo el conocimiento humano organizado según principios racionales.

D’Alembert, matemático brillante, escribió el Discurso preliminar (1751) que exponía la filosofía del proyecto: el conocimiento deriva de las sensaciones y la razón lo organiza según un árbol genealógico que va de lo simple a lo complejo. El conocimiento útil y práctico —ciencias, artes mecánicas— merecía tanta atención como la filosofía abstracta.

Diderot fue el motor infatigable del proyecto durante veinte años. Escribió miles de artículos sobre temas variados, desde filosofía hasta técnicas artesanales. Su filosofía era materialista y atea, aunque por prudencia no expresaba estas ideas abiertamente en la Enciclopedia. Exploró ideas atrevidas sobre moral sexual, organización social y crítica religiosa que solo publicó póstumamente.

La Enciclopedia reunió a más de 150 colaboradores, incluyendo a Voltaire, Rousseau, Montesquieu, Turgot, Buffon y otros grandes nombres ilustrados. Su publicación se completó en 1772 con 28 volúmenes (17 de texto y 11 de láminas) que se difundieron por toda Europa pese a las prohibiciones. Fue el símbolo tangible del proyecto ilustrado de democratizar el conocimiento.

Espacios de sociabilidad ilustrada

Los salones literarios: el poder femenino en la Ilustración

Los salones literarios parisinos fueron espacios fundamentales para la difusión de ideas ilustradas. Dirigidos habitualmente por mujeres aristócratas o burguesas cultas, ofrecían un espacio de encuentro donde nobles, intelectuales, científicos y artistas discutían en pie de igualdad, rompiendo parcialmente las barreras estamentales.

Madame Geoffrin (1699-1777) dirigió el salón más influyente durante décadas. Reunía los lunes a artistas y los miércoles a escritores y filósofos, incluyendo a los enciclopedistas. Su influencia era tal que se la consideraba «mecenas de las Luces». Madame du Deffand y Mademoiselle de Lespinasse dirigieron otros salones célebres donde se discutían las últimas novedades filosóficas y literarias.

la ilustracion o siglo de las luces
Salón de Madame Geoffrin en 1755, pintado por Anicet Charles Gabriel Lemonnier. (1755).

Estos salones cumplían funciones múltiples: difundían ideas nuevas, proporcionaban conexiones sociales útiles, servían de censores literarios informales —una obra criticada en los salones difícilmente triunfaba— y permitían a las mujeres ejercer influencia intelectual en una sociedad que les negaba educación formal y participación política.

La importancia de los salones radicaba en crear una esfera pública al margen de las instituciones oficiales donde podía discutirse libremente. Como señaló Habermas, estos espacios prefiguraban la opinión pública moderna: un tribunal crítico independiente del Estado y la Iglesia donde las ideas se juzgaban por sus méritos racionales, no por la autoridad de quien las emitía.

Cafés, clubes y academias: nuevos espacios de debate

Los cafés se multiplicaron en las ciudades europeas del siglo XVIII, convirtiéndose en centros de sociabilidad ilustrada más accesibles que los exclusivos salones aristocráticos. En París, el Café Procope reunía a intelectuales y escritores. En Londres, los cafés funcionaban como centros de intercambio de información y debate político. En estos espacios se leían periódicos, se discutían noticias y se comentaban las últimas publicaciones.

Los clubes ingleses institucionalizaron esta sociabilidad. El más célebre fue el Club Literario de Londres, fundado en 1764, donde Samuel Johnson, Edmund Burke y otros intelectuales se reunían regularmente. Estos espacios permitían el intercambio intelectual sostenido que fertilizaba las ideas ilustradas.

voltaire y diderot
Voltaire y Diderot en el Café Procope. Crédito: Dominio Público.

Las academias científicas se multiplicaron: la Royal Society en Inglaterra, la Académie des Sciences en Francia, y academias similares en toda Europa. A diferencia de las universidades tradicionales, controladas por la Iglesia y aferradas a métodos escolásticos, las academias promovían la investigación experimental, la divulgación científica y el debate racional. Representaban la institucionalización del saber ilustrado.

En España, las Sociedades Económicas de Amigos del País cumplieron función similar: promovían la agricultura científica, la industria, la educación popular y las reformas económicas. Surgieron en la segunda mitad del siglo XVIII y fueron instrumento fundamental del reformismo ilustrado español, más moderado que el francés pero igualmente transformador en su contexto.

La prensa periódica y la formación de la opinión pública

La multiplicación de periódicos y revistas fue fundamental para la difusión de ideas ilustradas. Estos medios alcanzaban público mucho más amplio que los libros caros o los salones aristocráticos. Las gacetas literarias, los diarios políticos y las revistas especializadas crearon una nueva esfera pública de debate racional.

En Inglaterra, The Spectator de Addison y Steele (1711-1712) estableció el modelo del periodismo ilustrado: artículos breves, accesibles, moralizantes, que educaban al lector burgués en valores ilustrados de cortesía, razón y refinamiento. En Francia, el Journal des Savants difundía novedades científicas y literarias. En Alemania, las «revistas morales» cumplían función pedagógica similar.

La prensa no solo difundía ideas sino que las sometía a debate público. Las controversias entre ilustrados —Voltaire contra Rousseau, fisiócratas contra mercantilistas— se ventilaban en artículos periodísticos que multiplicaban la participación intelectual más allá del círculo estrecho de los autores originales. Se formaba así una «opinión pública ilustrada» que funcionaba como tribunal crítico ante el cual incluso los monarcas debían justificarse.

La censura intentó controlar esta proliferación de impresos. Los libros prohibidos circulaban clandestinamente, lo que aumentaba su atractivo. La Enciclopedia fue prohibida varias veces pero igualmente se completó y difundió. El poder de la palabra impresa ilustrada resultó finalmente incontrolable para las viejas estructuras censoras del Antiguo Régimen.

La Ilustración por países: desarrollos nacionales

Francia: epicentro del Siglo de las Luces

Francia fue el corazón palpitante de la Ilustración. Allí confluyeron las tradiciones racionalistas cartesianas, el prestigio cultural heredado del Gran Siglo de Luis XIV, y una burguesía próspera y educada frustrada por su exclusión del poder político. Los philosophes —Voltaire, Rousseau, Diderot, D’Alembert, Montesquieu— convirtieron a París en capital intelectual de Europa.

La Enciclopedia fue el proyecto colectivo que mejor simbolizó la Ilustración francesa: ambiciosa, crítica, anticlerical, confiada en que la difusión del conocimiento transformaría la sociedad. El enciclopedismo francés era militante, comprometido con el cambio social, no mera erudición académica. Esta dimensión política distinguía la Ilustración francesa de otras variantes más moderadas.

La radicalización progresiva de la Ilustración francesa culminó en la Revolución de 1789. Las ideas de Rousseau sobre soberanía popular, las de Montesquieu sobre separación de poderes, y las de Voltaire sobre tolerancia y derechos naturales se plasmaron en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. La Ilustración francesa había triunfado ideológicamente aunque muchos ilustrados individuales pagaron alto precio durante el Terror.

Inglaterra: la cuna discreta de las Luces

La Ilustración comenzó en Inglaterra pero allí tomó formas más moderadas y empíricas que en Francia. La Revolución Gloriosa de 1688 había establecido ya un sistema político relativamente liberal que limitaba al monarca mediante el parlamento, haciendo innecesaria la radicalización revolucionaria posterior.

John Locke (1632-1704) sentó las bases filosóficas de la Ilustración con su empirismo y su teoría política del contrato social y los derechos naturales. David Hume (1711-1776) desarrolló un empirismo escéptico radical que cuestionaba incluso conceptos como causalidad y sustancia, aunque políticamente era conservador. Adam Smith (1723-1790) aplicó principios ilustrados a la economía, fundando la economía política clásica.

john locke y adam smith
John Locke y Adam Smith. Crédito: Dominio Público.

La Ilustración inglesa era pragmática, orientada a mejoras concretas más que a sistemas filosóficos abstractos. El utilitarismo de Bentham resumía esta actitud: lo bueno es lo útil, lo que produce mayor felicidad para mayor número. La tolerancia religiosa, aunque imperfecta, era mayor que en el continente. La sociedad civil —clubes, asociaciones, sociedades científicas— florecía con relativa libertad.

Inglaterra exportó sus ideas ilustradas principalmente a través de su influencia política y económica más que mediante grandes tratados filosóficos. El modelo político inglés fascinó a ilustrados continentales como Voltaire y Montesquieu. La economía política de Adam Smith influyó mundialmente. La Ilustración inglesa fue menos brillante pero quizá más efectiva que la francesa.

Alemania: Aufklärung y el idealismo crítico

La Ilustración alemana (Aufklärung) desarrolló características propias bajo la influencia del pietismo protestante y la tradición filosófica idealista. Immanuel Kant (1724-1804) fue su máximo exponente: sintetizó racionalismo y empirismo en su filosofía crítica que exploraba los límites del conocimiento humano.

Para Kant, la Ilustración era «la salida del hombre de su autoculpable minoría de edad». Su filosofía moral basaba la ética en la autonomía racional del ser humano, no en mandatos divinos externos. El imperativo categórico —actuar según máximas que pudieran convertirse en ley universal— intentaba fundamentar racionalmente la moral sin recurrir a la religión.

immanuel kant
Immanuel Kant. Crédito: Creative Commons.

Lessing, Herder y otros pensadores alemanes desarrollaron ideas sobre educación, tolerancia religiosa y filosofía de la historia. La Aufklärung alemana era menos anticlerical que la francesa —el protestantismo ofrecía mayor espacio a la razón individual— y más académica, centrada en universidades más que en salones. Preparó el terreno para el idealismo alemán posterior de Fichte, Schelling y Hegel.

España: Ilustración reformista bajo el despotismo ilustrado

La Ilustración española fue más tardía y moderada que la francesa. Limitada por la Inquisición y el peso de la Iglesia católica, se manifestó principalmente como reformismo administrativo y económico durante el reinado de Carlos III (1759-1788). Feijoo, Jovellanos, Cadalso y otros ilustrados españoles promovieron educación, ciencia y reformas económicas sin cuestionar radicalmente el orden político o religioso.

Las Sociedades Económicas de Amigos del País, fundadas desde 1765, fueron instrumentos clave del reformismo ilustrado. Promovían agricultura científica, industria, educación popular y mejoras técnicas. Los ministros ilustrados de Carlos III —Campomanes, Floridablanca, Aranda— implementaron reformas urbanísticas, educativas y económicas que modernizaron parcialmente España.

carlos iii ilustracion españa
Carlos III de España. Obra de Mariano Salvador Maella (1783-84), Palacio Real de Madrid. Dominio Público.

La expulsión de los jesuitas (1767), la reforma universitaria, y los intentos de limitar el poder de la Inquisición mostraban que también en España la razón ilustrada desafiaba poderes tradicionales. Sin embargo, el peso de la Iglesia y la estructura social conservadora limitaron la profundidad de estas reformas. La Ilustración española fue reformista pero no revolucionaria, preparando transformaciones más profundas en el siglo XIX.

El despotismo ilustrado: reformar sin revolucionar

«Todo para el pueblo, pero sin el pueblo»

El despotismo ilustrado fue un intento de conciliar el poder absoluto del monarca con los principios reformistas de la Ilustración, sintetizado en el lema «todo para el pueblo, pero sin el pueblo«. Varios monarcas europeos de la segunda mitad del siglo XVIII implementaron reformas administrativas, educativas y económicas inspiradas en ideas ilustradas, pero sin ceder poder político ni democratizar el Estado.

Esta contradicción inherente limitaba la efectividad del despotismo ilustrado. Los monarcas querían los beneficios del progreso ilustrado —eficiencia administrativa, modernización económica, prestigio cultural— sin sus implicaciones políticas revolucionarias. Consultaban a filósofos ilustrados, leían sus obras, incluso mantenían correspondencia con ellos, pero mantenían firmemente el poder absoluto en sus manos.

El despotismo ilustrado funcionó mejor en Estados relativamente pequeños con monarquías fuertes —Prusia, Austria, algunos Estados italianos— que en Francia donde la resistencia aristocrática y parlamentaria era mayor. Implementó reformas importantes que modernizaron parcialmente Europa, pero su negativa a democratizar el poder político lo condenaría finalmente al fracaso cuando la Revolución Francesa demostrara que las ideas ilustradas tenían implicaciones políticas más radicales.

Federico II de Prusia: el rey filósofo

Federico II el Grande (1712-1786, reinó 1740-1786) fue el prototipo del déspota ilustrado. Correspondía con Voltaire —quien residió en su corte varios años—, tocaba la flauta, escribía en francés, y se consideraba «primer servidor del Estado». Implementó reformas judiciales, promovió la educación, abolió la tortura y estableció tolerancia religiosa relativa.

Sin embargo, Federico nunca consideró democratizar Prusia. Reforzó el poder de la nobleza terrateniente (junkers), mantuvo la servidumbre campesina, y edificó uno de los ejércitos más poderosos de Europa. Su correspondencia con Voltaire terminó en ruptura cuando el filósofo descubrió que el rey admiraba las ideas ilustradas pero las subordinaba a la razón de Estado y sus ambiciones territoriales.

Federico modernizó Prusia administrativamente sin transformarla socialmente. Mejoró la justicia y la educación para súbditos que seguían siendo súbditos, no ciudadanos. Este modelo prusiano —eficiencia burocrática sin libertad política— influiría en el desarrollo posterior de Alemania y sería criticado por liberales del siglo XIX como ilustración incompleta o distorsionada.

Catalina II de Rusia: la emperatriz ilustrada

Catalina II la Grande (1729-1796, reinó 1762-1796) correspondía con Voltaire, Diderot y D’Alembert, compró la biblioteca de Diderot y lo invitó a San Petersburgo. Redactó instrucciones inspiradas en Montesquieu y Beccaria para reformar el sistema legal ruso. Promovió educación, fundó academias, y se presentaba como mecenas ilustrada.

zarina catalina ii de rusia
Catalina II ‘la Grande’, gran zarina de Rusia. Crédito: Dominio Público

La realidad era más compleja. La revuelta campesina de Pugachov (1773-1775) aterrorizó a Catalina, quien endureció el control sobre los siervos. Su política exterior era expansionista e imperialista. Las reformas ilustradas que implementó —educación, urbanización, reorganización administrativa— servían para modernizar y fortalecer el Estado ruso, no para liberar a sus habitantes.

Catalina representa las contradicciones del despotismo ilustrado llevadas al extremo. Genuinamente interesada en las ideas ilustradas, las aplicaba selectivamente para fortalecer su poder, rechazando cualquier implicación democratizadora. Su correspondencia con los philosophes franceses era más propaganda cultural que compromiso real con sus ideas políticas radicales.

Carlos III de España: el mejor alcalde de Madrid

Carlos III (1716-1788, reinó 1759-1788) fue llamado «el mejor alcalde de Madrid» por sus reformas urbanísticas que modernizaron la capital española: alumbrado público, alcantarillado, limpieza de calles, embellecimiento urbano. Pero sus reformas iban más allá del urbanismo: reformó la universidad, limitó privilegios eclesiásticos, expulsó a los jesuitas, promovió manufactura e industria.

Los ministros ilustrados de Carlos III —Campomanes, Floridablanca, Aranda— implementaron políticas inspiradas en fisiocracia y mercantilismo ilustrado. Las Sociedades Económicas difundieron conocimientos agrícolas y técnicos. Se fundaron instituciones culturales y científicas. España experimentó modernización parcial sin revolución política.

Sin embargo, las resistencias eran poderosas. El motín de Esquilache (1766) demostró límites del reformismo: cuando el ministro intentó prohibir capas y sombreros tradicionales —considerados refugio de criminales— el pueblo madrileño se amotinó. Carlos III debió ceder, mostrando que incluso reformas aparentemente triviales encontraban resistencia cuando chocaban con costumbres arraigadas. El despotismo ilustrado español modernizó parcialmente sin transformar estructuras sociales profundas.

De la Ilustración a la Revolución Francesa

Ideas ilustradas en la tormenta revolucionaria

La Revolución Francesa (1789-1799) fue hija directa de la Ilustración, aunque también su transformación radical. La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (26 de agosto de 1789) plasmaba principios ilustrados fundamentales: libertad, igualdad, soberanía nacional, derechos naturales, separación de poderes. Rousseau, Montesquieu y Voltaire eran citados constantemente en los debates de la Asamblea.

revolucion francesa cambio ideologico
Revolución Francesa, el cambio ideológico de Europa.

Sin embargo, la Revolución también distorsionó ideas ilustradas. El Terror jacobino (1793-1794) mostró cómo conceptos como «voluntad general» de Rousseau podían interpretarse totalitariamente. Robespierre creía encarnar la voluntad general del pueblo, lo que justificaba eliminar físicamente a quienes discreparan. La razón ilustrada se convertía en fanatismo revolucionario que guillotinaba a sus enemigos con la misma certeza que los ilustrados criticaban en el fanatismo religioso.

Muchos ilustrados fueron víctimas de la Revolución que habían inspirado ideológicamente. Condorcet, enciclopedista y matemático, murió en prisión jacobina en 1794. Olympe de Gouges, que había escrito la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, fue guillotinada. La Revolución devoraba a sus hijos ilustrados porque las ideas abstractas, al encarnarse políticamente, generaban consecuencias imprevistas y contradictorias.

Legado contradictorio: promesa y peligro de la razón

La Revolución Francesa demostró simultáneamente el poder transformador y los peligros potenciales de las ideas ilustradas. Por un lado, principios como soberanía popular, igualdad ante la ley, separación de poderes y derechos humanos universales pasaban de especulación filosófica a realidad institucional. Las constituciones revolucionarias francesas influyeron en todo el mundo posterior.

Por otro lado, el Terror mostraba cómo la razón absolutizada podía volverse instrumento de fanatismo. La «diosa Razón» venerada durante la descristianización revolucionaria era parodia grotesca del racionalismo ilustrado. Los revolucionarios radicales, convencidos de poseer la verdad racional, eliminaban físicamente a disidentes con certeza que rivalizaba con la de inquisidores medievales.

Esta ambigüedad del legado ilustrado sería debatida durante siglos. Los románticos criticarían el «frío racionalismo» ilustrado que desembocó en violencia revolucionaria. Los conservadores verían en la Ilustración semilla del totalitarismo moderno. Los liberales la defenderían como origen de libertades modernas distorsionadas por extremistas. Los marxistas la interpretarían como ideología burguesa que ocultaba intereses de clase. El debate sobre la Ilustración continuaría hasta nuestros días.

Legado e influencia de la Ilustración

Independencias americanas y constituciones modernas

La independencia de Estados Unidos (1776) aplicó principios ilustrados a la fundación de un Estado nuevo. La Declaración de Independencia, redactada por Thomas Jefferson, afirmaba derechos naturales inalienables —vida, libertad, búsqueda de la felicidad— y el derecho de los pueblos a abolir gobiernos que los violaran. La Constitución de 1787 implementaba la separación de poderes de Montesquieu y establecía una república federal.

historia independencia de estados unidos
Declaratoria de Independencia de EEUU. Obra de John Trumbull, 1819. Crédito: Dominio Público

Las independencias latinoamericanas (1810-1825) también invocaban ideas ilustradas: soberanía popular, derechos naturales, gobierno representativo, separación de poderes. Bolívar, San Martín, Hidalgo y otros próceres habían leído a los ilustrados franceses. Las constituciones de las nuevas repúblicas americanas copiaban modelos francés y estadounidense inspirados en la Ilustración.

Las revoluciones liberales europeas del siglo XIX —1820, 1830, 1848— reivindicaban herencia ilustrada: constituciones, parlamentos, derechos civiles, libertad de prensa, separación de poderes. El constitucionalismo moderno es heredero directo del pensamiento político ilustrado. Incluso regímenes que rechazaban la democracia liberal debían justificarse ante tribunal de la razón y el bienestar popular establecido por la Ilustración.

Ciencia moderna y secularización

La Ilustración consolidó el método científico experimental como única fuente legítima de conocimiento sobre la naturaleza. Las academias científicas, los observatorios, los jardines botánicos, los laboratorios se multiplicaron. La ciencia dejaba de ser actividad marginal de eruditos aislados para convertirse en empresa colectiva institucionalizada con apoyo estatal.

La secularización fue quizá el legado cultural más profundo. La separación entre Estado e Iglesia, la tolerancia religiosa, la educación laica, el matrimonio civil, el registro civil de nacimientos y defunciones —instituciones que hoy consideramos naturales en sociedades modernas— eran impensables antes de la Ilustración. La Iglesia perdió progresivamente su monopolio sobre educación, moral, y legitimación política.

Este proceso fue lento y conflictivo. La Iglesia católica resistió tenazmente, condenando la Ilustración en encíclicas papales y promoviendo movimientos contrarrevolucionarios. El conflicto entre laicismo ilustrado y catolicismo conservador marcaría la historia europea —especialmente española e italiana— hasta bien entrado el siglo XX. Pero la tendencia secularizadora iniciada por la Ilustración resultó irreversible en Occidente.

Educación universal y alfabetización

La Ilustración postuló que la educación era derecho universal y deber del Estado. Si la razón era patrimonio común de la humanidad, todos debían acceder a educación que desarrollara sus capacidades racionales. Esta idea revolucionaria —la escuela pública universal gratuita y obligatoria— se implementaría gradualmente en el siglo XIX.

Los sistemas educativos nacionales modernos —Francia, Prusia, Estados Unidos— son herederos del programa ilustrado. La alfabetización masiva transformó sociedades enteras: en 1800, la mayoría de europeos eran analfabetos; en 1900, la mayoría sabía leer y escribir. Esta revolución silenciosa modificó estructuras mentales, permitió participación política informada, y creó mercados masivos para periódicos, novelas y conocimientos científicos divulgativos.

La Ilustración también estableció el principio de educación secular, orientada a formar ciudadanos racionales más que cristianos obedientes. Aunque este principio encontró resistencias —especialmente de la Iglesia católica que controlaba la educación—, gradualmente se impuso en sociedades occidentales. La escuela pública laica es quizá el legado institucional más duradero de la Ilustración.

Derechos humanos y democracia liberal

El concepto de «derechos humanos universales» nació en la Ilustración. Locke había hablado de derechos naturales; Rousseau de igualdad natural; Kant de dignidad inherente al ser racional. La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789) sintetizaba estas ideas: «Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos».

Esta idea, revolucionaria en su momento, se expandió progresivamente. Primero a todos los hombres (abolición de privilegios estamentales), luego a todos los hombres sin distinción de raza (abolición de esclavitud), finalmente a mujeres (sufragio femenino en siglo XX). Cada extensión encontró resistencias, pero el principio ilustrado de igualdad racional seguía impulsando ampliaciones sucesivas.

La Declaración Universal de Derechos Humanos de ONU (1948) es heredera directa de la Ilustración. Postula derechos universales basados en dignidad humana inherente, anteriores y superiores a cualquier Estado particular. Aunque su implementación es imperfecta, representa consenso global sobre valores ilustrados fundamentales: libertad, igualdad, dignidad, razón. El universalismo moral ilustrado, tras dos siglos de luchas, se ha convertido en lenguaje común de la humanidad.

Tabla comparativa: la Ilustración por países

País Pensadores principales Características distintivas Instituciones clave Impacto político
Francia Voltaire, Rousseau, Diderot, Montesquieu, D’Alembert Radicalismo filosófico, enciclopedismo, fuerte anticlericalismo, confianza en la razón transformadora L’Encyclopédie, salones parisinos, Académie française Revolución Francesa (1789), Declaración Derechos del Hombre
Inglaterra Locke, Hume, Adam Smith, Bentham Empirismo pragmático, liberalismo político-económico, tolerancia religiosa, reformismo gradual Royal Society, cafés londinenses, parlamento Monarquía parlamentaria consolidada, modelo para otras naciones
Alemania Kant, Lessing, Herder, Mendelssohn Idealismo filosófico, criticismo trascendental, pietismo ilustrado, énfasis académico Universidades prusianas, Aufklärung literaria Reformas administrativas prusianas, idealismo alemán posterior
España Feijoo, Jovellanos, Cadalso, Campomanes Reformismo moderado, despotismo ilustrado, limitaciones eclesiásticas, pragmatismo económico Sociedades Económicas de Amigos del País, Real Academia Reformas de Carlos III, modernización parcial sin revolución
Italia Beccaria, Vico, Filangieri Reforma del derecho penal, filosofía de la historia, ilustración jurídica Academias regionales, universidades Abolición de la tortura, reformas penales, unificación posterior (s. XIX)

Preguntas frecuentes

¿Qué fue la Ilustración y por qué se llama Siglo de las Luces?

La Ilustración fue un movimiento cultural e intelectual europeo que dominó el siglo XVIII, caracterizado por la confianza en la razón humana como instrumento de progreso y conocimiento. Se denomina «Siglo de las Luces» porque los pensadores ilustrados utilizaban la metáfora de la «luz» de la razón para disipar las «tinieblas» de la ignorancia, la superstición y el dogmatismo religioso. Este movimiento transformó profundamente la filosofía, la política, la economía y la sociedad europea, sentando las bases de la modernidad occidental.

¿Cuándo empezó y terminó la Ilustración?

La Ilustración se desarrolló principalmente entre 1688 (Revolución Gloriosa inglesa) y 1789 (Revolución Francesa), aunque sus orígenes se remontan a la crisis de la conciencia europea de finales del siglo XVII y su influencia se extendió hasta aproximadamente 1830 en algunas regiones. El movimiento tuvo cinco fases distintivas: la crisis postrenacentista (1688-1715), la eclosión librepensadora (1715-1748), el enciclopedismo triunfante (1748-1770), la crisis superadora (1770-1789) y el ideologismo residual (1789-1830).

¿Quiénes fueron los principales pensadores ilustrados?

Los grandes pensadores de la Ilustración incluyen a Voltaire (crítico del fanatismo religioso), Rousseau (teórico del contrato social), Montesquieu (defensor de la separación de poderes), Diderot y D’Alembert (directores de la Enciclopedia), Locke (empirista y liberal político), Hume (escéptico filosófico), Kant (crítico trascendental), Adam Smith (fundador economía moderna) y Beccaria (reformador derecho penal). Cada uno aportó perspectivas únicas que configuraron el pensamiento moderno.

¿Qué era la Enciclopedia y por qué fue tan importante?

L’Encyclopédie, dirigida por Diderot y D’Alembert (1751-1772), fue el proyecto editorial más ambicioso de la Ilustración: una obra de 28 volúmenes que pretendía reunir y difundir todo el conocimiento humano. Su importancia radicó en democratizar el saber, desafiar la censura eclesiástica, promover el método científico y establecer una jerarquía del conocimiento basada en la razón. Colaboraron más de 150 intelectuales y su influencia se extendió por toda Europa, convirtiéndose en símbolo del proyecto ilustrado.

¿Qué diferencias había entre la Ilustración francesa, inglesa y alemana?

La Ilustración inglesa (desde 1688) fue más moderada, empirista y tolerante, enfocada en el liberalismo político y económico. La francesa (1715-1789) fue más radical, anticlerical y revolucionaria, culminando en la Revolución de 1789. La alemana (Aufklärung, desde 1720) fue más académica, idealista y filosófica, con Kant como figura central. España e Italia desarrollaron ilustraciones más moderadas, reformistas y limitadas por la Iglesia católica, manifestadas principalmente en el despotismo ilustrado.

¿Qué fue el despotismo ilustrado?

El despotismo ilustrado fue un sistema político que intentó conciliar el poder absoluto del monarca con las ideas reformistas de la Ilustración, sintetizado en el lema «todo para el pueblo, pero sin el pueblo». Monarcas como Federico II de Prusia, Catalina II de Rusia, Carlos III de España y José II de Austria implementaron reformas educativas, económicas y administrativas inspiradas en principios ilustrados, pero sin ceder poder político ni democratizar el Estado. Esta contradicción inherente limitó su efectividad y profundidad.

¿Cómo influyó la Ilustración en la Revolución Francesa?

La Ilustración proporcionó el marco ideológico fundamental de la Revolución Francesa: la teoría del contrato social de Rousseau inspiró la soberanía popular, la separación de poderes de Montesquieu estructuró las instituciones, y el concepto de derechos naturales de Locke fundamentó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789). Paradójicamente, el Terror revolucionario también mostró las contradicciones entre los ideales ilustrados de tolerancia y razón y su aplicación política radical.

¿Cuál fue la relación de la Ilustración con la religión?

La Ilustración mantuvo una relación compleja con la religión, oscilando entre el deísmo (creencia en Dios sin Iglesia institucional), el agnosticismo y el ateísmo materialista. Voltaire promovió la tolerancia religiosa mientras criticaba el fanatismo con su lema «Écrasez l’infâme» (aplastad la infamia). La mayoría de ilustrados no negaban a Dios pero rechazaban la revelación, los dogmas y la autoridad eclesiástica, defendiendo una religión natural basada en la razón. Esto generó intensos conflictos con la Iglesia católica.

¿Qué legado dejó la Ilustración al mundo moderno?

El legado ilustrado incluye principios fundamentales de la modernidad occidental: la separación de poderes, los derechos humanos universales, la democracia representativa, el método científico institucionalizado, la educación pública universal, la secularización del Estado, la tolerancia religiosa, el liberalismo político y económico, y la fe en el progreso mediante la razón. Las constituciones modernas, las declaraciones de derechos y las instituciones democráticas actuales son herederas directas del pensamiento ilustrado.

¿Existen críticas contemporáneas a la Ilustración?

Sí, pensadores contemporáneos han cuestionado aspectos de la Ilustración: la Escuela de Frankfurt señaló la «dialéctica de la Ilustración» que condujo a la razón instrumental y el totalitarismo; el posmodernismo criticó sus «grandes narrativas» universalistas; los estudios poscoloniales denunciaron su eurocentrismo y su legitimación del imperialismo; los ecologistas cuestionaron su fe ciega en el progreso técnico. Sin embargo, estos debates demuestran la vigencia y relevancia continua del proyecto ilustrado en el siglo XXI.


Fuentes y bibliografía:

Fuentes primarias clásicas:

  • Voltaire. Cándido o el optimismo (1759)
  • Rousseau, J.J. El contrato social (1762)
  • Rousseau, J.J. Discurso sobre el origen de la desigualdad (1755)
  • Montesquieu. El espíritu de las leyes (1748)
  • Diderot, D. y D’Alembert, J. L’Encyclopédie (1751-1772)
  • Kant, I. ¿Qué es la Ilustración? (1784)
  • Kant, I. Crítica de la razón pura (1781)
  • Locke, J. Ensayo sobre el entendimiento humano (1689)
  • Locke, J. Dos tratados sobre el gobierno civil (1690)
  • Hume, D. Tratado de la naturaleza humana (1739-1740)
  • Beccaria, C. De los delitos y de las penas (1764)
  • Adam Smith. La riqueza de las naciones (1776)
  • Holbach, P.H.D. Sistema de la naturaleza (1770)

Estudios académicos en español:

  • Cassirer, E. La filosofía de la Ilustración. Fondo de Cultura Económica, 1943
  • Hazard, P. La crisis de la conciencia europea (1680-1715). Alianza Editorial, 1988
  • Hazard, P. El pensamiento europeo en el siglo XVIII. Alianza Editorial, 1991
  • Venturi, F. Los orígenes de la Enciclopedia. Crítica, 1980
  • Gay, P. La Ilustración: una interpretación (2 vols.). Alianza, 1977
  • Sánchez-Blanco, F. La Ilustración en España. Akal, 1997
  • Maravall, J.A. Estudios de la historia del pensamiento español (siglo XVIII). Mondadori, 1991
  • Domínguez Ortiz, A. Carlos III y la España de la Ilustración. Alianza, 2005
  • Valdeón Baruque, J. et al. Historia de España. Vol. 8: El siglo de las Luces. Espasa-Calpe, 1988

Estudios académicos en inglés:

  • Israel, J. Radical Enlightenment: Philosophy and the Making of Modernity 1650-1750. Oxford UP, 2001
  • Israel, J. Enlightenment Contested: Philosophy, Modernity, and the Emancipation of Man 1670-1752. Oxford UP, 2006
  • Outram, D. The Enlightenment. Cambridge UP, 2013 (4ª ed.)
  • Robertson, J. The Case for the Enlightenment: Scotland and Naples 1680-1760. Cambridge UP, 2005
  • Munck, T. The Enlightenment: A Comparative Social History 1721-1794. Arnold, 2000
  • Schmidt, J. (ed.). What is Enlightenment? Eighteenth-Century Answers and Twentieth-Century Questions. California UP, 1996
  • Darnton, R. The Business of Enlightenment: A Publishing History of the Encyclopédie. Harvard UP, 1979
  • Habermas, J. The Structural Transformation of the Public Sphere. MIT Press, 1989
  • Porter, R. The Enlightenment. Palgrave, 2001 (2ª ed.)
  • Blanning, T. The Culture of Power and the Power of Culture: Old Regime Europe 1660-1789. Oxford UP, 2002

Estudios monográficos:

  • Chartier, R. Espacio público, crítica y desacralización en el siglo XVIII. Gedisa, 2003
  • Roche, D. Francia en la Ilustración. Taurus, 2000
  • McMahon, D. Enemies of the Enlightenment: The French Counter-Enlightenment. Oxford UP, 2001
  • Butterwick, R. et al. (eds.). The Enlightenment in Eastern Europe. CEU Press, 2003
  • Sorkin, D. The Religious Enlightenment: Protestants, Jews, and Catholics. Princeton UP, 2008
  • Goodman, D. The Republic of Letters: A Cultural History. Cornell UP, 1994
  • Gordon, D. Citizens Without Sovereignty: Equality and Sociability in French Thought, 1670-1789. Princeton UP, 1994

Recursos digitales especializados:

  • Stanford Encyclopedia of Philosophy: «Enlightenment«.
  • Internet Encyclopedia of Philosophy: «The Enlightenment«.
  • Proyecto Philosophes.
  • Digital Enlightenment Project (Países Bajos).
  • ARTFL Encyclopédie Project (Universidad Chicago).

Descubre más sobre la Ilustración en Red Historia

  • Voltaire: biografía del filósofo de la Ilustración
  • Rousseau: biografía y el contrato social
  • Montesquieu: biografía del teórico de la separación de poderes
  • Diderot: biografía del enciclopedista
  • Jean Le Rond D’Alembert: biografía
  • La Revolución Francesa: la revolución que cambió el rumbo de Europa
  • La Enciclopedia: faro del conocimiento de la Ilustración
Tags: Siglo de las Luces
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Comments 4

  1. BLAS MARTINEZ FRAGNAUD says:
    4 años ago

    GRACIAS ROUSSEAU. KANT Y HEIDEGER

    Responder
  2. BLAS MARTINEZ FRAGNAUD says:
    4 años ago

    GRACIAS ROUSSEAU.

    Responder
  3. MIRTHA says:
    6 años ago

    Hola exelente informacion me ayudo en mi tarea.Gracias por la información .

    Responder
  4. Roxana Riera says:
    6 años ago

    hola, muy buena la información pero necesitaba ahondar mas en el tema.

    Responder

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