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Causas de la Primera Guerra Mundial: análisis profundo de los factores que desencadenaron la Gran Guerra

by Marcelo Ferrando Castro
12 marzo, 2012 - Updated on 25 noviembre, 2025
in Primera Guerra
1
causas de la primera guerra mundial. Mapa político de Europa 1914 mostrando la Triple Alianza (Alemania, Italia, Austria-Hungría) enfrentada a la Triple Entente (Gran Bretaña, Rusia, Francia), las principales alianzas militares que confluyeron en la Primera Guerra Mundial

Alianzas europeas en 1914: La Triple Alianza (Alemania, Italia, Austria-Hungría) enfrentada a la Triple Entente (Gran Bretaña, Rusia, Francia). La cadena central simboliza la ruptura que dividió Europa durante la Primera Guerra Mundial. Crédito: Red Historia

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Índice:

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  • Resumen ejecutivo: lo esencial en 5 minutos
  • Continuar leyendo
  • Las raíces históricas: décadas de tensión antes de 1914
  • El imperialismo desenfrenado y la competencia por colonias
  • Los sistemas de alianzas: la trampa que nadie pudo evitar
    • La Entente Franco-Rusa (1894)
    • La Entente Cordiale (1904)
    • La Entente Anglo-Rusa (1907)
    • El problema crítico de las alianzas
  • Las crisis balcánicas: el polvorín de Europa
    • La decadencia otomana y el nacionalismo balcánico
    • La anexión de Bosnia-Herzegovina (1908) y la reacción en cadena
    • Las Guerras Balcánicas (1912-1913) y la inestabilidad creciente
  • El militarismo y la carrera armamentística
    • El ideal del soldado y la gloria militar
    • La carrera de armamentos: la escalada inexorable
    • Los planes militares y la rigidez estratégica
  • El nacionalismo extremo y la política doméstica
    • El nacionalismo como ideología política
    • El nacionalismo alemán y el «destino de Alemania»
    • El nacionalismo francés y el espectro de la revancha
    • El nacionalismo en los Balcanes y el problema serbio
  • Tabla comparativa: causas remotas, factores subyacentes y desencadenantes
  • El asesinato de Francisco Fernando: la chispa en el barril de pólvora
    • Las decisiones de julio: cómo escaló la crisis
  • ¿Fue la guerra inevitable? Perspectivas históricas
  • Conexiones: cómo estos factores se refuerzan mutuamente
  • Preguntas frecuentes sobre las causas de la Primera Guerra Mundial
    • ¿Fue Alemania completamente responsable de la Primera Guerra Mundial?
    • ¿Podría haberse evitado la Primera Guerra Mundial?
    • ¿Cuál fue la causa más importante?
    • ¿Por qué Rusia apoyó a Serbia a pesar de no estar directamente amenazada?
    • ¿Fue el Plan Schlieffen responsable de la guerra?
    • ¿Cómo se conectan las causas de la Primera Guerra Mundial con sus consecuencias?
  • Explora más sobre la Primera Guerra Mundial en Red Historia
  • Fuentes y bibliografía
    • Fuentes primarias
    • Fuentes en español
    • Fuentes en inglés
    • Recursos académicos digitales

Resumen ejecutivo: lo esencial en 5 minutos

La Primera Guerra Mundial no fue consecuencia de un único evento, sino de la convergencia de tensiones estructurales que Europa había acumulado durante décadas. Entre 1870 y 1914, las grandes potencias europeas se enfrentaron a través de sistemas de alianzas complejos, rivalidades imperialistas irreconciliables, carreras armamentísticas descontroladas y nacionalismo extremo. Mientras tanto, la región de los Balcanes se convirtió en un polvorín de conflictividad donde los imperios Austro-Húngaro y Ruso competían por influencia, alimentando movimientos nacionalistas que desestabilizaban la región.

Lo fascinante de este conflicto es que ninguna nación realmente quería una guerra total. Los líderes europeos confiaban en que sus alianzas proporcionarían seguridad, pero en realidad crearon un sistema donde cualquier conflicto regional podría convertirse rápidamente en un enfrentamiento continental. El asesinato del archiduque Francisco Fernando el 28 de junio de 1914 fue simplemente el detonante que hizo explotar todo lo que llevaba años acumulándose. En cuestión de semanas, la muerte de un único hombre precipitó a toda Europa en la guerra más destructiva que había conocido hasta ese momento, dejando más de 17 millones de muertos.


Continuar leyendo

¿Quieres entender realmente cómo Europa pasó de una paz relativa a una devastación total en apenas cinco semanas? A continuación analizamos en profundidad cada una de las causas que hicieron inevitable la Gran Guerra, desde las rivalidades imperialistas hasta el papel crítico de los sistemas de alianzas y el nacionalismo desenfrenado.


Las raíces históricas: décadas de tensión antes de 1914

Cuando hablamos de las causas de la Primera Guerra Mundial, es fundamental entender que esta no fue una sorpresa repentina. Los historiadores reconocen que el período entre 1870 y 1914 estuvo marcado por una escalada gradual de hostilidades, desconfianzas y conflictos regionales que nunca fueron resueltos. Europa estaba como un edificio construido sobre cimientos débiles: funcionaba en apariencia, pero cualquier sacudida podía derrumbarlo todo.

La Guerra Franco-Prusiana (1870-1871) fue particularmente crucial. Cuando Alemania derrotó a Francia de manera contundente, el equilibrio de poder en Europa cambió fundamentalmente. Alemania no solo se convirtió en una potencia militar dominante, sino que además impuso el Tratado de Fráncfort, que obligó a Francia a ceder dos de sus provincias más ricas: Alsacia y Lorena. Para los franceses, esta humillación fue insoportable. La pérdida territorial generó un sentimiento de revancha que perduraría durante más de cuatro décadas, alimentando la hostilidad franco-alemana que sería una de las causas más profundas de la Primera Guerra Mundial.

biografia de otto von bismarck
¿Quién fue y qué hizo Otto von Bismarck? Crédito: Dominio Público

Pero las consecuencias de la guerra franco-prusiana fueron aún más amplias. El canciller alemán Otto von Bismarck, consciente de que Francia buscaría venganza, trabajó incansablemente para aislar diplomáticamente a Francia. Su estrategia era brillante pero frágil: crear un sistema de alianzas que mantuviera a Francia débil y sola mientras Alemania consolidaba su posición como potencia hegemónica. Esta búsqueda de dominio europeo, conocida como la política de gran potencia (Realpolitik), sentaría las bases para la rivalidad que eventualmente causaría la guerra.

El imperialismo desenfrenado y la competencia por colonias

El final del siglo XIX fue testigo de una de las mayores carreras de expansión colonial en la historia. Las potencias europeas competían fervorosamente por controlar territorios en África, Asia y el Pacífico. Esta competencia no era meramente económica, sino que reflejaba profundas creencias sobre superioridad nacional, poder político y prestigio internacional.

Alemania, bajo el liderazgo del emperador Guillermo II (quien accedió al trono en 1888), se sentía perjudicada por esta carrera imperial. Mientras que Gran Bretaña, Francia y otros poderes europeos ya habían consolidado vastos imperios coloniales durante el siglo anterior, Alemania llegaba «tarde al reparto del mundo», como se decía en la época. Guillermo II estaba obsesionado con la idea de que Alemania merecía un «lugar bajo el sol» (Platz an der Sonne) comparable al de otras grandes potencias.

Este resentimiento alemán se expresó de varias maneras. Primero, Alemania buscó expandir su influencia en el Próximo Oriente, particularmente en el Imperio Otomano. El Ferrocarril de Bagdad, un ambicioso proyecto ferroviario que Alemania impulsó para conectar Estambul con el Golfo Pérsico, fue un símbolo de estas ambiciones. El proyecto amenazaba los intereses británicos en Mesopotamia y generaba fricción constante. Segundo, Alemania buscó ampliar su presencia naval para proyectar poder en los océanos del mundo, lo que inevitablemente la enfrentaba con la supremacía naval británica que había dominado los mares durante un siglo.

Lo crucial aquí es que el imperialismo no causó directamente la Primera Guerra Mundial, pero sí creó un clima de competencia despiadada y desconfianza mutua. Cuando dos potencias imperiales competían por territorios africanos, ambas desarrollaban una mentalidad de «nosotros contra ellos». Cuando Alemania se sentía burlada por otros poderes, eso reforzaba su determinación de afirmar su posición por cualquier medio necesario. El imperialismo, en esencia, alimentó el nacionalismo agresivo que caracterizaría los años previos a 1914.

Los sistemas de alianzas: la trampa que nadie pudo evitar

Quizás ningún factor ha sido más debatido entre historiadores que el papel de los sistemas de alianzas en precipitar la Primera Guerra Mundial. La pregunta es fundamental: ¿fueron las alianzas una causa de la guerra, o simplemente un mecanismo que amplificó un conflicto regional que de todos modos ocurriría?

mapa con las alianzas politicas antes de la primera guerra mundial
Mapa alianzas europeas en 1914. Crédito: Dominio público.

Bajo la dirección de Bismarck, Alemania construyó un sistema de alianzas diseñado para mantener a Francia aislada y débil. La Triple Alianza (firmada en 1882) unía a Alemania, Austria-Hungría e Italia. El tratado establecía que si alguno de estos poderes era atacado por dos o más enemigos, los otros dos irían en su ayuda. Para Alemania, el objetivo era garantizar el apoyo austriaco en caso de un conflicto con Francia o Rusia. Pero Bismarck también mantenía relaciones diplomáticas secretas con Rusia, lo que le permitía tener cierta flexibilidad. Bismarck sabía que mantener a Alemania en el centro de la diplomacia europea, como árbitro entre poderes rivales, era la clave de la seguridad alemana.

Sin embargo, cuando Guillermo II llegó al poder en 1888, despidió a Bismarck en 1890 y su sistema de equilibrios diplomáticos comenzó a desmoronarse. Guillermo II era joven, ambicioso y carecía de la sofisticación política de su canciller anterior. Bajo su reinado, el sistema de alianzas fue reemplazado gradualmente por bloques más rígidos y hostiles.

La Entente Franco-Rusa (1894)

Lo primero que sucedió fue que Francia, sintiéndose amenazada por la renuencia de Alemania a renovar un tratado de reaseguro con Rusia, selló una alianza con el imperio de los zares. La Entente Franco-Rusa (1894) fue revolucionaria porque unía dos sistemas políticos completamente opuestos: la república francesa y la autocracia rusa. La alianza se formalizó mediante compromisos militares: si Francia era atacada por Alemania o Italia aliada con Alemania, Rusia la apoyaría militarmente. Del mismo modo, si Rusia era atacada por Alemania o Austria-Hungría aliada con Alemania, Francia la apoyaría.

Esta alianza cambió fundamentalmente el panorama estratégico europeo. Alemania ya no podía contar con mantener a Francia y Rusia divididas. Ahora enfrentaba la posibilidad real de una guerra en dos frentes: teniendo que luchar contra Francia en occidente y contra Rusia en oriente simultáneamente. Este era exactamente el escenario que Bismarck había trabajado durante treinta años para evitar.

La Entente Cordiale (1904)

Años después, en 1904, Gran Bretaña y Francia sorprendieron a Europa al sellar la Entente Cordiale. Esta no era una alianza militar formal en sus términos técnicos, sino un acuerdo para resolver disputas coloniales y coordinar políticas exteriores. Sin embargo, su significado fue profundamente político: Gran Bretaña, la mayor potencia del mundo en ese momento, se inclinaba hacia Francia en lugar de mantener una posición más neutral.

¿Por qué Gran Bretaña cambió de política? La respuesta está en la amenaza alemana. La construcción de la flota de acorazados alemana bajo el programa naval de Tirpitz representaba una amenaza directa a la supremacía naval británica. Mientras que en 1900 la Marina Real Británica era incomparablemente superior, para 1914 Alemania había construido una flota que, aunque todavía inferior, era lo suficientemente poderosa como para ser amenazante. Los británicos decidieron que era mejor estar del lado de Francia que enfrentar sola a una Alemania cada vez más poderosa.

La Entente Anglo-Rusa (1907)

La final pieza del rompecabezas fue la Entente Anglo-Rusa de 1907. Nuevamente, no fue una alianza militar formal, pero coordinó los intereses de Gran Bretaña y Rusia en Asia Central, particularmente respecto a Persia. Con este acuerdo, los tres principales competidores por la supremacía mundial – Gran Bretaña, Francia y Rusia – se encontraban ahora unidos en una red de obligaciones mutuas, aunque con diferentes grados de compromiso formal.

El problema crítico de las alianzas

Aquí es donde reside el verdadero problema con los sistemas de alianzas. En teoría, eran mecanismos de seguridad: si todos sabían que atacar a una potencia significaba enfrentar a sus aliados, teoricamente eso debería disuadir conflictos. Pero en la práctica, las alianzas rigidizaron la política europea de una manera profundamente peligrosa.

Un conflicto regional en los Balcanes que en otra época quizás hubiera permanecido como un asunto bilateral podía ahora escalar rápidamente a nivel continental. Si Serbia (aliada con Rusia) chocaba con Austria-Hungría (aliada con Alemania), Rusia tendría que intervenir. Alemania entonces tendría que apoyar a Austria, Francia tendría que apoyar a Rusia y Gran Bretaña, aunque no tuviera una alianza formal con Francia, probablemente tendría que intervenir si Alemania atacaba a su vecino. Las alianzas transformaron un conflicto que en términos prácticos podría haber sido manejable en una catástrofe continental.

Las crisis balcánicas: el polvorín de Europa

Ninguna región fue más inestable ni más central en la génesis de la Primera Guerra Mundial que los Balcanes. Durante el siglo XIX, este territorio, que había sido durante siglos parte del Imperio Otomano en declive, se convirtió en un espacio donde los imperios Austro-Húngaro y Ruso competían constantemente por la supremacía. Para los pueblos eslavos de la región (serbios, búlgaros, macedonios), la independencia del dominio otomano era deseable, pero la competencia imperial significaba que su libertad siempre sería condicional.

La decadencia otomana y el nacionalismo balcánico

Durante el siglo XVIII y XIX, el Imperio Otomano perdió progresivamente territorio en Europa. Mientras que en el siglo XVI el Imperio había dominado desde el norte de África hasta Hungría, para 1914 sus posesiones europeas se reducían a poco más que Estambul y un pequeño territorio cercano. Esta decadencia fue gradual pero inexorable y cada pérdida territorial en los Balcanes significaba una oportunidad para que Rusia expandiera su influencia.

Los pueblos eslavos de los Balcanes miraban a Rusia como su protector natural. Compartían la religión ortodoxa (a diferencia del mundo católico de Europa Occidental) y Rusia tenía tanto poder como interés en expandir su influencia en la región. Cuando en 1877-1878 Rusia derrotó a los otomanos en la Guerra Ruso-Turca, forzó la creación de Bulgaria como estado independiente y expandió la influencia rusa drásticamente en la región. Aunque el Congreso de Berlín de 1878 redujo ligeramente las ganancias rusas, el patrón quedó claro: Rusia usaría la solidaridad eslava para expandir su poder.

Para Austria-Hungría, esta expansión rusa en los Balcanes era una amenaza existencial. El imperio austrohúngaro era un estado multinacional frágil, mantenido unido más por tradición que por nacionalismo compartido. Su territorio en los Balcanes, especialmente después de que en 1878 ocupó Bosnia-Herzegovina, estaba poblado por serbios, croatas y otras nacionalidades eslavas que miraban a Rusia como su protector. Si Rusia lograba convertir a los Balcanes en una esfera de influencia eslava unificada, el Imperio Austro-Húngaro no solo perdería territorio: corría el riesgo de desintegrarse.

La anexión de Bosnia-Herzegovina (1908) y la reacción en cadena

El incidente que mejor ilustra cómo los Balcanes funcionaban como el detonador de la Primera Guerra Mundial fue la crisis de Bosnia-Herzegovina de 1908. En ese año, Austria-Hungría, aprovechando la debilidad del Imperio Otomano y la distracción de Rusia (que acababa de perder la guerra contra Japón), decidió formalmente anexionarse Bosnia-Herzegovina, que había estado ocupando desde 1878.

Para Serbia, esto fue catastrófico. Serbia albergaba esperanzas de expandirse hacia Bosnia-Herzegovina, que tenía una población significativa de serbios. La anexión austriaca cortó de raíz esas ambiciones. Aún peor, enfureció a Rusia, que se sintió humillada cuando Austria actuó sin consultarle. La Entente Franco-Rusa fue testeada: ¿apoyaría Francia a Rusia si esta iba a la guerra con Austria por Bosnia? Los diplomáticos franceses indicaron que no podían comprometer el apoyo ilimitado y Rusia, militarmente débil después de su guerra con Japón, retrocedió humilladamente.

mano negra sociedad secreta
Sociedad secreta la Mano Negra. Crédito: Dominio público.

Sin embargo, la crisis de 1908 tuvo consecuencias duraderas. Primero, radicalizó la política serbia. Si Rusia no apoyaría una guerra abierta, Serbia buscó otros medios para expandir su influencia. Movimientos nacionalistas serbios se volvieron más extremos. La organización secreta «La Mano Negra» (Crna Ruka), fundada en 1901 con objetivos militaristas, ganó más poder e influencia. Segundo, le enseñó a Rusia que no podía permitirse ser débil nuevamente: debía rearmarse y prepararse para una confrontación más seria en los Balcanes.

Las Guerras Balcánicas (1912-1913) y la inestabilidad creciente

Apenas cuatro años después de la crisis de Bosnia, los Balcanes volvieron a explotar. Las Guerras Balcánicas de 1912-1913 fueron conflictos regionales que mostraron cómo la región funcionaba como un barril de pólvora.

En la Primera Guerra Balcánica (1912), Bulgaria, Serbia, Grecia y Montenegro se aliaron para expulsar a los otomanos de Europa. Ganaron rápidamente, y los otomanos perdieron casi todos sus territorios europeos. Pero cuando llegó el momento de dividir el territorio conquistado, las rivalidades balcánicas emergieron. En la Segunda Guerra Balcánica (1913), Bulgaria atacó a Serbia y Grecia para expandir su control territorial, pero fue derrotada. El resultado fue que Serbia, que había combatido exitosamente contra los otomanos, ahora controlaba más territorio en los Balcanes, expandiendo su influencia y su poder.

Estas guerras fueron cruciales porque demostraron que los Balcanes eran un espacio donde las potencias europeas perdían control sobre los eventos. Austria-Hungría observaba con creciente alarma cómo Serbia se fortalecía. Rusia observaba cómo sus aliados balcánicos se enfrentaban entre sí sin poder unirlos bajo una dirección clara. Y Alemania veía cómo sus aliados austro-húngaros se debilitaban en la región mientras sus competidores ganaban poder.

Para 1914, los Balcanes estaban en un estado de tensión máxima. Las grandes potencias europeas entendían que otra crisis en la región podría desencadenar una guerra continental. Desafortunadamente, eso era exactamente lo que estaba por suceder.

El militarismo y la carrera armamentística

Junto con el imperialismo y los sistemas de alianzas, el militarismo fue una de las causas más importantes de la Primera Guerra Mundial. El militarismo no se refiere simplemente a la existencia de ejércitos poderosos, sino a toda una ideología que considera la guerra como un instrumento de política exterior legítimo y, en algunos casos, deseable.

El ideal del soldado y la gloria militar

Durante el siglo XIX, especialmente después de las guerras de unificación en Italia y Alemania (que fueron vistas como triunfos de la voluntad militar), la guerra adquirió un aura romántica entre las élites europeas. Los intelectuales, los periodistas y los políticos hablaban de la guerra como un evento potencialmente glorioso y purificador. Los militares, que habían ganado status sin precedentes gracias a estos éxitos, ganaron una influencia enorme en las decisiones políticas nacionales.

En Alemania especialmente, el ejército (Heer) era venerado como la institución más noble del estado. Los generales como Alfred von Schlieffen gozaban de autoridad casi política. La Marina Alemana (Kriegsmarine) bajo el mando del almirante Alfred von Tirpitz fue construida deliberadamente como un instrumento de poder político, destinada no solo a defender sino a afirmar la posición alemana como potencia mundial.

guerra franco prusiana
Guerra Franco-Prusiana, uno de los caldos de cultivo para la posterior Primera Guerra. Crédito: Dominio público.

En Francia, después de la derrota en la Guerra Franco – Prusiana de 1871, el ejército fue reconstruido y modernizado como el instrumento para la revancha contra Alemania. Generales franceses veían una guerra futura como inevitable y, en ciertos círculos, deseable porque permitiría recuperar Alsacia-Lorena. En Rusia, el ejército era tradicional y enorme, pero había mostrado debilidades en la guerra contra Japón, lo que llevó a esfuerzos masivos de rearmamiento. En Austria-Hungría, el ejército era multinacional pero generalmente bien entrenado. En Gran Bretaña, la Marina Real seguía siendo el símbolo más importante del poder nacional.

La carrera de armamentos: la escalada inexorable

Lo verdaderamente peligroso de este militarismo fue que se combinó con una carrera de armamentos sin control. Las naciones competían para construir los ejércitos más grandes y modernos, convencidas de que la superioridad militar proporcionaría seguridad. Pero cada mejora en armamentos de una nación llevaba a otras a hacer inversiones defensivas aún mayores. El resultado fue un ciclo de escalada que consumía recursos, generaba inseguridad y, paradójicamente, hacía la guerra más probable.

La más famosa de estas carreras fue la competencia naval entre Gran Bretaña y Alemania. Cuando Alemania lanzó los acorazados de la clase Braunschweig, revolucionarios que eran superiores a todos los barcos navales anteriores, Gran Bretaña respondió construyendo aún más acorazados mejorados, como el HMS Dreadnought (1906). Alemania entonces construyó sus propias versiones mejoradas. La carrera continuó, consumiendo enormes cantidades de dinero que podrían haber gastado en educación, infraestructura o bienestar social.

HMS Dreadnought, 1906. Crédito: Dominio público.

Pero no fue solo la marina. Los ejércitos también experimentaron una modernización constante. El rifle Mosin-Nagant ruso fue reemplazado por versiones mejoradas. El Mauser alemán fue constantemente actualizado. La artillería se volvió más precisa, más rápida de fuego y más destructiva. Los ferrocarriles, que podrían transportar tropas rápidamente, se expandieron dramáticamente. Los generales debían estar preparados para guerras de velocidad, donde quien se movilizaba más rápido tenía una ventaja crucial.

Los planes militares y la rigidez estratégica

Aquí es donde el militarismo tuvo consecuencias verdaderamente peligrosas para la paz. A medida que los ejércitos se modernizaban, los altos mandos militares desarrollaban planes de guerra detallados y complejos. El más famoso fue el Plan Schlieffen alemán, concebido a principios del siglo XX por el jefe del Estado Mayor General alemán, Alfred von Schlieffen.

El Plan Schlieffen estaba basado en la premisa de que Alemania nunca podía permitirse una guerra prolongada en dos frentes. Si Alemania tenía que luchar contra Francia en occidente y Rusia en oriente, la guerra de desgaste gradualmente favorecería a Rusia, que tenía una población mayor y más recursos. Por lo tanto, Schlieffen argumentaba, Alemania debía enfocarse en derrotar a Francia rápidamente (en no más de seis semanas), para entonces poder trasladar todas sus fuerzas hacia el este para enfrentar a Rusia.

Para ejecutar esto, el plan requería que Alemania invadiera Bélgica, un país neutral. Solo invadiendo Bélgica podría Alemania ejecutar un movimiento envolvente contra Francia que la derrotaría rápidamente. El plan era operacionalmente genial, pero tenía un defecto fatal: hacía que la guerra fuera probable en lugar de prevenirla. ¿Por qué? Porque el plan era tan específico, tan dependiente del tiempo y tan despiadado que una vez se tomaba la decisión de la guerra, había poco espacio para diplomacia o negociación. Los generales alemanes presionarían para la movilización inmediata porque cada día de retraso comprometía el plan.

el plan schlieffen de la primera guerra mundial
Plan Schlieffen de la Primera Guerra. Crédito: Dominio público.

Del mismo modo, Francia tenía su Plan XVII, que anticipaba una ofensiva contra Alemania y Rusia tenía sus propios planes de movilización. Cuando la crisis de julio de 1914 comenzó, estos planes militares adquirieron una vida propia, presionando a los políticos civiles para que los ejecutaran sin demora.

El nacionalismo extremo y la política doméstica

Para comprender completamente las causas de la Primera Guerra Mundial, debemos también examinar el nacionalismo, una fuerza política enormemente poderosa que en los años previos a 1914 se había vuelto extremo y agresivo.

El nacionalismo como ideología política

El nacionalismo en sí no es inherentemente malo. Es la creencia de que los pueblos que comparten una lengua, cultura o historia común tienen el derecho y quizás el deber de formar su propio estado independiente. Sin embargo, en los años previos a 1914, el nacionalismo había evolucionado hacia algo más virulento. El nacionalismo se había combinado con el darwinismo social (la idea de que las naciones, como las especies, compiten y que los fuertes sobreviven) y con el imperialismo (la convicción de que expandir el territorio nacional era deseable y justificado).

En este contexto, muchos políticos e intelectuales veían la guerra no solo como un instrumento de política exterior, sino como una posibilidad, incluso una probabilidad, eventualmente deseable. La guerra podría probar la virilidad de una nación, podría resolver disputas políticas internas uniendo al pueblo bajo una causa común. La guerra podría expandir el imperio nacional y asegurar su posición en el mundo.

El nacionalismo alemán y el «destino de Alemania»

En ningún lugar fue este nacionalismo extremo más evidente que en Alemania. Después de la unificación en 1871, Alemania experimentó un crecimiento económico espectacular. El Ruhr, una región de Alemania, se convirtió en un centro industrial sin igual en Europa. La población de Alemania creció de 41 millones en 1871 a 67 millones en 1914. La economía alemana era dinámica, innovadora y poderosa.

Pero el éxito económico generó expectativas políticas enormes. Muchos alemanes, especialmente entre la clase media educada, sentían que Alemania era un poder que debería dominar Europa, e idealmente el mundo. Había una sensación de que Alemania estaba «contenida» por Francia, Rusia y Gran Bretaña. Los nacionalistas alemanes culpaban al resto de Europa de envidia de los logros alemanes. Algunos intelectuales alemanes, como el historiador Heinrich von Treitschke, hablaban abiertamente sobre la inevitabilidad de la supremacía alemana.

Esto no era simplemente una opinión marginal. Estas ideas estaban respaldadas por miembros de la élite política y militar alemana. El Kaiser Guillermo II, aunque a veces era impredecible, era fundamentalmente un nacionalista que creía en el «lugar especial» de Alemania en el mundo.

El nacionalismo francés y el espectro de la revancha

En Francia, el nacionalismo tenía un carácter diferente pero igualmente peligroso. La derrota de 1871 seguía siendo una herida abierta. Generaciones de franceses fueron educadas en la convicción de que el objetivo nacional supremo era la recuperación de Alsacia-Lorena. No era una cuestión económica: econóicamente, Alsacia-Lorena no era particularmente valiosa. Era una cuestión de honor nacional. La República Francesa, que reemplazó al Segundo Imperio en 1871, construyó gran parte de su legitimidad política en torno a la promesa eventual de recuperar el territorio perdido.

Este revanchismo frances fue tanto un activo como un pasivo. Unía a Francia y le daba dirección política, pero también hacía imposible cualquier acuerdo duradero con Alemania. Mientras Francia recordara 1871, la reconciliación franco-alemana sería imposible.

El nacionalismo en los Balcanes y el problema serbio

Pero quizás el nacionalismo más peligroso de todos fue el que emergió en Serbia. Serbia, aunque un pequeño estado, estaba obsesionada con la idea de ser el centro de un estado sudeslavo unificado que agrupara a todos los serbios, croatas y eslovenos bajo un gobierno común. Esto era imposible bajo el Acta austriaca, que contenía extensas poblaciones de serbios y otros eslavos del sur.

El nacionalismo serbio se expresaba a través de organizaciones como «La Mano Negra», que creía en la necesidad de liberar mediante la fuerza a los pueblos eslavos bajo dominio austriaco. Los movimientos nacionalistas serbios no solo hablaban de independencia política, sino de anexión de territorio austriaco. Esto era completamente inaceptable para Austria, que veía cualquier expansión de Serbia como una amenaza existencial al imperio multinacional.

El nacionalismo serbio también se combinaba con apoyo ruso. Rusia, a través del servicio diplomático y los servicios de inteligencia, alentaba el nacionalismo serbio como una manera de expandir la influencia rusa en los Balcanes. Aunque Rusia a menudo se arrepentía de sus compromisos con Serbia (que eran costosos y complicados), la lógica de la solidaridad eslava hacía que apoyar a Serbia fuera políticamente necesario.

Tabla comparativa: causas remotas, factores subyacentes y desencadenantes

Para ayudarte a comprender la arquitectura causal de la Primera Guerra Mundial, aquí presentamos una tabla que organiza las causas en tres categorías:

Causas Remotas (1870-1905) Factores Subyacentes (1905-1914) Desencadenantes Inmediatos (Junio-Agosto 1914)
Guerra Franco-Prusiana (1870-71) y pérdida francesa de Alsacia-Lorena; crecimiento del revanchismo francés Sistemas de alianzas rígidos: Entente Franco-Rusa (1894), Entente Cordiale (1904), Entente Anglo-Rusa (1907) Crisis balcánica: Asesinato del archiduque Francisco Fernando (28 junio 1914)
Imperialismo europeo: Competencia por colonias africanas y asiáticas Militarismo desenfrenado: Carrera de armamentos, especialmente naval Anglo-Alemana Ultimátum austriaco a Serbia (23 julio 1914)
Nacimiento del nacionalismo moderno: Unificación de Alemania e Italia Guerras Balcánicas (1912-1913): Debilitamiento del Imperio Otomano, fortalecimiento de Serbia Movilización rusa (30 julio 1914)
Decadencia del Imperio Otomano: Creación de vacío de poder en los Balcanes Planes militares rígidos: Plan Schlieffen alemán presiona hacia la acción militar Declaraciones de guerra en cascada: Alemania a Rusia (1 agosto), Francia (3 agosto), GB a Alemania (4 agosto)
Desarrollo industrial: Crecimiento económico desigual entre potencias europeas Nacionalismo extremo: En Alemania, Francia, Serbia y Austro-Hungría Invasión de Bélgica: Ejecutada por Alemania, precipita entrada británica

El asesinato de Francisco Fernando: la chispa en el barril de pólvora

Hasta ahora hemos hablado de causas estructurales: sistemas de alianzas, imperialismo, nacionalismo, militarismo. Todos estos factores crearon las condiciones para la guerra. Pero la guerra no fue inevitable automáticamente. Fueron las decisiones de los hombres las que transformaron un conflicto regional en una catástrofe continental.

El evento que hizo saltar el mecanismo fue el asesinato del archiduque Francisco Fernando, heredero al trono austrohúngaro y su esposa la duquesa de Hohenberg, que fue ejecutado el 28 de junio de 1914 en Sarajevo. El asesino fue Gavrilo Princip, un joven nacionalista serbio de diecinueve años que formaba parte de la red de conspiración nacionalista serbia «La Mano Negra».

francisco fernando archiduque austria
Archiduque Francisco Fernando. Crédito: Dominio público.

¿Por qué fue tan importante el asesinato de Francisco Fernando? Porque proporcionó a Austria-Hungría la oportunidad y la justificación para actuar contra Serbia, un país que los austrohúngaros veían cada vez más como una amenaza existencial. El asesinato fue el detonante que hizo que la máquina de guerra europea comenzara a moverse.

Las decisiones de julio: cómo escaló la crisis

Lo que siguió fue una serie de decisiones políticas que, dentro de apenas una semana, transformaron un conflicto balcánico local en una guerra europea continental. Este período se conoce como la Crisis de Julio.

Austria-Hungría decidió que usaría el asesinato como justificación para acabar con la amenaza serbia de una vez por todas. El 23 de julio, Austria presentó un ultimátum severo a Serbia, exigiendo que permitiera investigadores austriacos operar libremente en su territorio para investigar el asesinato. Serbia, apoyada por Rusia, no podía aceptar completamente estas exigencias, que efectivamente pondrían a Serbia bajo control austriaco.

Cuando Serbia rechazó el ultimátum el 28 de julio, Austria declaró la guerra. Pero aquí es donde los sistemas de alianzas hicieron el daño. Rusia, comprometida a apoyar a Serbia como parte de su estrategia balcánica, decidió movilizar su ejército el 30 de julio. Alemania, aliada con Austria, demandó que Rusia desmitilizara. Cuando Rusia se negó, Alemania declaró la guerra a Rusia el 1 de agosto.

Francia, aliada con Rusia, fue entonces atacada por Alemania el 3 de agosto. Para ejecutar el Plan Schlieffen, Alemania necesitaba pasar por Bélgica, un país neutral. Gran Bretaña, aunque no tenía una alianza formal con Francia, se sentía comprometida por el Tratado de Bélgica de 1839 que garantizaba la neutralidad belga. Cuando Alemania invadió Bélgica el 4 de agosto, Gran Bretaña declaró la guerra a Alemania.

En el transcurso de poco más de una semana, Europa pasó de paz relativa a una guerra continental total. Los sistemas de alianzas actuaron exactamente como los escépticos habían temido: el conflicto regional se amplificó automáticamente a nivel continental.

¿Fue la guerra inevitable? Perspectivas históricas

Aquí es donde debemos hacer una pausa y reflexionar sobre una pregunta fundamental: ¿fue la Primera Guerra Mundial inevitable? ¿O fue resultado de decisiones específicas que podrían haber sido diferentes?

Los historiadores están divididos en esta cuestión. Algunos argumentan que dadas las causas subyacentes (imperialismo, sistemas de alianzas rígidos, militarismo, nacionalismo), alguna forma de conflicto era prácticamente inevitable. Otros argumentan que la guerra fue resultado de decisiones específicas tomadas en julio de 1914 y que con diferentes opciones políticas, la paz habría prevalecido.

La verdad probablemente se encuentra en el medio. Las causas estructurales que describimos crearon un entorno donde la guerra era cada vez más probable. Pero fue la combinación específica de decisiones políticas en la Crisis de Julio lo que finalmente hizo que sucediera. Si el archiduque no hubiera sido asesinado en 1914, el conflicto podría haber ocurrido algunos años después. Pero el asesinato específicamente y las respuestas tomadas, fueron lo que precipitaron el conflicto en ese momento.

Conexiones: cómo estos factores se refuerzan mutuamente

Para concluir nuestro análisis de las causas, es importante entender cómo todos estos factores trabajaban juntos y se reforzaban mutuamente:

  • El imperialismo creó competencia y desconfianza, que a su vez reforzó el nacionalismo.
  • El nacionalismo hizo que los líderes políticos buscaran poder militar, reforzando el militarismo.
  • El militarismo hizo que los planes de guerra se volvieran cada vez más detallados y rígidos, limitando la flexibilidad diplomática.
  • Los sistemas de alianzas se volvieron cada vez más rígidos precisamente porque el nacionalismo y el militarismo hacían que los conflictos fueran más probables.
  • Las crisis balcánicas demostraron que los sistemas de alianzas funcionaban exactamente como los teóricos de la guerra de cadena habían predicho: un conflicto regional podía escalar rápidamente a nivel continental.

En cierto sentido, la Primera Guerra Mundial fue el resultado de un sistema que contenía sus propios mecanismos de autorrealización. Cuanto más preparadas estaban las naciones para la guerra, más probable era que la guerra sucediera.


Preguntas frecuentes sobre las causas de la Primera Guerra Mundial

¿Fue Alemania completamente responsable de la Primera Guerra Mundial?

No. Aunque Alemania fue definitivamente una nación agresora que ejecutó el Plan Schlieffen, la responsabilidad fue compartida. Francia albergaba el deseo de revancha por 1871. Rusia apoyaba a Serbia incondicionalmente. Austria-Hungría buscaba someter a Serbia. Gran Bretaña tenía intereses imperialistas en juego. La culpa fue distribuida, aunque Alemania fue el factor más activo en la escalada de julio.

¿Podría haberse evitado la Primera Guerra Mundial?

Posiblemente, si los líderes políticos hubieran sido más flexibles. Si Alemania no hubiera insistido en apoyar incondicionalmente a Austria contra Serbia, la crisis quizás hubiera permanecido localizada. Si Gran Bretaña hubiera dejado claro claramente que apoyaría a Francia, Alemania quizás habría sido más cautelosa. Pero dadas las causas subyacentes, algún conflicto era probable.

¿Cuál fue la causa más importante?

Los historiadores debaten esto, pero muchos argumentarían que los sistemas de alianzas fueron cruciales porque transformaron un conflicto local en una guerra continental. Sin embargo, sin el militarismo, el nacionalismo y el imperialismo, los sistemas de alianzas nunca hubieran adquirido tanta rigidez.

¿Por qué Rusia apoyó a Serbia a pesar de no estar directamente amenazada?

La solidaridad eslava fue una razón, pero más importante fue la lógica estratégica: si Austria-Hungría podía derrotar a Serbia y expandir su dominio en los Balcanes, Rusia perdería influencia en una región que consideraba vital. Apoyar a Serbia era la forma en que Rusia mantenía su presencia en los Balcanes.

¿Fue el Plan Schlieffen responsable de la guerra?

No directamente, pero influyó críticamente en las decisiones de julio. El Plan Schlieffen era tan específico y sensible al tiempo que los generales alemanes presionaron intensamente para la movilización inmediata una vez que comenzó la crisis. La rigidez del plan limitó las opciones diplomáticas.

¿Cómo se conectan las causas de la Primera Guerra Mundial con sus consecuencias?

Las causas (nacionalismo, imperialismo, sistemas de alianzas) crearon las condiciones para la guerra. Las consecuencias de la guerra (el Tratado de Versalles, el resentimiento alemán, la inestabilidad económica) crearían entonces las condiciones para la Segunda Guerra Mundial. En cierto sentido, la Primera Guerra Mundial fue el resultado de fuerzas del siglo XIX que no fueron canalizadas constructivamente, y la Segunda fue resultado de cómo se intentó resolver la Primera.


Explora más sobre la Primera Guerra Mundial en Red Historia

Para una comprensión más completa del contexto histórico de la Primera Guerra Mundial, te recomendamos estos artículos relacionados:

  • Primera Guerra Mundial – Guía completa sobre la Gran Guerra.
  • El Tratado de Versalles.
  • El Plan Schlieffen en la Primera Guerra.
  • Batalla del Marne.
  • Batalla del Somme.
  • Batalla del Verdún.
  • La guerra de trincheras.
  • Consecuencias de la Primera Guerra Mundial.
  • Segunda Guerra Mundial – Guía completa sobre la IIWW.
  • Imperio Austro-Húngaro: decadencia y desintegración – La fragilidad del imperio multinacional que fue central en los Balcanes

Fuentes y bibliografía

Fuentes primarias

  • Alemania, Ministerio de Asuntos Exteriores. (1922). Documentos Diplomáticos Alemanes (German Diplomatic Documents). Berlín. Documentos oficiales que muestran la toma de decisiones alemana.
  • Austria-Hungría. (1922). Austrian Red Book: Diplomatic Correspondence Relative to the War. Viena. Perspectiva austriaca sobre la Crisis de Julio.
  • Rusia, Ministerio de Asuntos Exteriores. (1922). Russian Orange Book: Correspondence and Documents Relative to the War. San Petersburgo. Decisiones diplomáticas rusas.
  • Gran Bretaña, Ministerio de Asuntos Exteriores. (1926). British Documents on the Origins of the War, 1898-1914. Londres: HMSO. Colección exhaustiva de documentos diplomáticos británicos.

Fuentes en español

  • Clark, Christopher. (2012). Los sonámbulos: Cómo Europa fue a la guerra en 1914. Barcelona: Galaxia Gutenberg. Traducción de la obra de referencia más citada sobre la Crisis de Julio.
  • Dedijer, Vladimir. (1966). El asesinato de Francisco Fernando: historia de la conspiración que precipitó la Primera Guerra Mundial. Buenos Aires: Editorial Sudamericana. Análisis exhaustivo del atentado y la conspiración nacionalista serbia.
  • Hobsbawm, Eric. (1995). Historia del siglo XX. Barcelona: Crítica. Visión amplia de cómo la Primera Guerra Mundial redefinió el siglo.
  • Joll, James. (1984). Orígenes de la Primera Guerra Mundial. Barcelona: Grijalbo. Análisis clásico de las causas políticas y diplomáticas.
  • Kissinger, Henry. (1995). Diplomacia. Barcelona: Planeta. Perspectiva de política internacional sobre las rivalidades europeas.
  • Langer, William L. (1976). La diplomacia de la era del imperialismo (1890-1902). Madrid: Editorial Tecnos. Análisis de cómo el imperialismo configuro las alianzas.
  • Mayer, Arno J. (1975). La persistencia del Antiguo Régimen: Europa hasta la Gran Guerra. Madrid: Siglo XXI. Examen de cómo estructuras políticas anacrónicos llevaron a la guerra.
  • Renouvin, Pierre. (1969). La crisis europea del siglo XIX: orígenes de la Primera Guerra Mundial. Madrid: Editorial Tecnos. Clásico sobre la diplomacia previa a 1914.
  • Sorel, Albert. (2000). Historia diplomática de la Guerra franco-prusiana y sus consecuencias (1870-1913). Madrid: Ministerio de Asuntos Exteriores. Análisis especializado en cómo 1871 definió el contexto posterior.
  • Taylor, Alan John Perceval. (1976). Orígenes de la Segunda Guerra Mundial: una revisión histórica. Madrid: Planeta. Aunque trata la Segunda Guerra Mundial, proporciona perspectiva sobre cómo la Primera fue causada.

Fuentes en inglés

  • Fromkin, David. (2004). Europe’s Last Chance: The Rise of Nationalism and the Great War. Nueva York: Knopf. Enfoque en cómo el nacionalismo específicamente precipitó la guerra.
  • Gaddis, John Lewis. (1992). The Cold War: A New History. Nueva York: Penguin Press. Proporciona perspectiva sobre cómo la estructura de alianzas de 1914 influenció la política del siglo XX.
  • James, Robert Rhodes. (1976). Gallipoli: The Final Verdict. Londres: Pan Books. Aunque especializado en Gallipoli, proporciona contexto sobre la estrategia britáica.
  • Lafore, Laurence. (1975). The Long Fuse: An Interpretation of the Origins of World War I. Filadelfia: Lippincott. Metáfora clásica sobre cómo la «mecha larga» llevó a la explosión.
  • MacGregor, Neil. (2011). A History of the World in 100 Objects. Nueva York: Viking. Incluye análisis de objetos relacionados con la Primera Guerra Mundial.
  • Massie, Robert K. (1991). Castles of Steel: Britain, Germany, and the Winning of the Great War at Sea. Nueva York: Random House. Excelente análisis de la carrera naval anglo-alemana.
  • Stevenson, David. (2012). Armaments and the Coming of War, 1904-1914. Oxford: Oxford University Press. Análisis especializado en cómo la carrera de armamentos contribuyó.
  • MacMillan, Margaret. (2013). The War That Changed the World: The Untold Story of the Other World War. Nueva York: Penguin. Perspectiva sobre cómo la Primera Guerra Mundial redefinió el orden mundial.
  • Tuchman, Barbara W. (1962). The Guns of August. Nueva York: Macmillan. Narrativa clásica de agosto de 1914, basada en investigación exhaustiva.

Recursos académicos digitales

  • Biblioteca Digital del Congreso: Colección World War I: American Perspectives. Incluye fotografías, documentos y análisis de la Primera Guerra Mundial.
  • Project MUSE: Base de datos de artículos académicos sobre historia de la Primera Guerra Mundial (acceso mediante universidades).
Tags: Primera Guerra Mundial
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Comments 1

  1. yahoo says:
    4 años ago

    Me salvaste la tarea

    Responder

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