Publicado el: Mar, Mar 11th, 2014

Las vanguardias artísticas históricas

dadaismo

Dadaísmo, una de las vanguardias.

El término “vanguardia”: origen y definición.

Cuando nos sumergimos en un término tan amplio como el de “vanguardia” se hace necesario acotar su amplio ámbito de aplicación al propósito para el que la definimos. En este caso, la perspectiva histórica artística nos permite adentrarnos en el concepto de “vanguardia” desde su concepción como todo un conjunto de movimientos artísticos, o “ismos”, que surgen entre finales del siglo XIX y a lo largo del XX y XXI como reacción a un orden previo, una realidad establecida.

Esta realidad se aplica a todos los ámbitos de la actividad humana (la política, la sociedad, la cultura, las ideologías, etc.) y su línea temporal es tan extensa, abarcando más de un siglo y medio, que los cambios producidos durante el período han propiciado la evolución ininterrumpida de las reacciones artísticas, el surgimiento de unos movimientos y la desaparición de otros.

El diccionario de la Real Academia Española define “vanguardia” en su óptica cultural como  “Avanzada de un grupo o movimiento ideológico, político, literario, artístico, etc.” La palabra “avanzada” en este sentido enlaza con el origen medieval y militar del término, en que “vanguardia” alude a la minoría del ejército que se coloca en las filas delanteras al realizar un ataque. De todas las lecturas  de la bibliografía y los textos artísticos originales que giran en torno a las vanguardias artísticas históricas, podríamos extraer varios comunes denominadores que permitan comprender de manera global el concepto:

  1. Reacción: todo movimiento de vanguardia surge como un intento de lucha, de respuesta ante un paradigma o conjunto de paradigmas previamente establecidos de los que el artista rehuye, a tenor de toda una serie de condicionantes, para formar un nuevo cosmos artístico que rompa de lleno con lo anterior. Esta serie de condicionantes suelen relacionarse con el contexto histórico, aunque también personal, de los artistas. Por ejemplo, la Revolución Industrial fue uno de los condicionantes que propiciaron el nacimiento del futurismo. Las revoluciones burguesas en Francia generaron el clima social óptimo para el nacer del impresionismo. Y la Primera Guerra Mundial, con sus consecuencias ideológicas, será el eje vertebrador internacional de una gran amalgama de movimientos reaccionarios, no exclusivos del arte pictórico, escultórico y arquitectónico.
  2. Élite: la vanguardia nace gracias a un grupo minoritario, selecto y exclusivo, reaccionario, normalmente con uno o varios líderes o precursores. Estos grupúsculos son hijos de un contexto social que determina su afán de reacción contra el orden establecido. Uno de los hechos más importantes fue la publicación del Manifiesto Comunista en 1848, por Marx y Engels. Un movimiento político e ideológico e impulsado por el proletariado (minoría social), sirvió de inspiración para toda una serie de manifiestos posteriores que, en su dimensión artística, canalizaron en tono contundente de lucha, al igual que el comunista, nuevas actitudes formales, simbólicas e intelectuales ante el arte.
  3. Dualismo entre tradición y modernidad: al igual que el movimiento proletario, en el que una minoría social combate contra una mayoría poderosa y opresora, las vanguardias artísticas reaccionan ante una cultura artística mayoritariamente aceptada y promovida por una mayoría social más numerosa y poderosa. Es lo que se ha llamado el conflicto entre la tradición y la modernidad, es decir, la lucha por superar el pasado (lo establecido) y abrir un nuevo futuro. En el caso del artista, lo que cambia es su actitud frente a la obra de arte, como por ejemplo, cuando los pintores impresionistas abordan la tarea de realizar una pintura, prefieren hacerlo al aire libre en lugar de en un estudio o taller, donde se solía hacer. De los componentes sociales y culturales de esa tradición, eminentemente burguesa, hablaremos a continuación.

La ruptura entre tradición y modernidad.

Con el concepto “ruptura” no nos referimos a una quiebra total o un desprecio del arte del pasado. Muchos vanguardistas se inspiraron en grandes personajes de la historia del arte universal. A mediados del siglo XIX, el academicismo era el modelo arquetípico por el cual una producción era valorada como obra de arte, y basaba sus criterios en los postulados clásicos de armonía, simetría y proporción. Limitaba la temática a básicamente los ciclos mitológicos y de la iconografía cristiana, así como los materiales a los más tradicionales (el óleo preferentemente).

Leónidas en las Termópilas, de Jacq Louis David, pintor representativo del academicismo francés

Leónidas en las Termópilas, de Jacq Louis David, pintor representativo del academicismo francés

La Academia de Bellas Artes era detentora de estos criterios de valoración y reconocimiento artísticos. Los llamados Salones de París eran exposiciones de obras en las que se determinaba si estas cumplían o no toda una amalgama de reglas estructuradas y prácticamente estancas. Los primeros movimientos de vanguardia surgen a raíz de grupos de “rechazados”, como ellos se autodenominaron, que organizaron sus propios salones con el fin de que sus obras pudieran ser expuestas ante el público. 

El primero de ellos fue el Salón de 1863, en el que se dio a conocer la figura de Manet con su obra Desayuno sobre la hierba y con el que se da origen al impresionismo. El Salón se ubicó en una sala anexa al de París, bajo el consentimiento de Napoleón III, después de que el jurado oficial hubiera rechazado más de 3.000 obras.

manet desayuno sobre la hierba

Estas pequeñas exposiciones fueron muy aclamadas por muchos, y totalmente rechazadas por otros que, digamos, formaba la mayoría social cuyos gustos se relacionaban más con el arquetipo academicista. Como han querido ver muchos autores, se produce un desencuentro, quizá el primero, entre los gustos establecidos de una mayoría y una minoría reaccionaria que intenta superar el pasado. Los principales consumidores de arte, que se corresponden en mayor medida con la burguesía, acabarán también reclamando para sí un arte que supere de igual modo a la estricta Academia y así surgirá el Art Nouveau o modernismo.

Además hay que tener en cuenta, como ya se ha comentado, el contexto de la época y el devenir histórico. A mediados del XIX, la Revolución Industrial propugnaba un modelo económico y social, el capitalismo, que tendrá su influencia en el arte: el mundo de las máquinas, el progreso, la incipiente sociedad de masas… y con ello, los movimientos proletarios y las nuevas ideologías políticas y sociales.

El período de 1850 a 1918, cuando termina la Primera Guerra Mundial y se desarrolla la primera oleada de movimientos de vanguardia, ha sido calificado por la historiografía como un período “visagra” del paso del hombre hacia la modernidad, con todos los cambios culturales y artísticos que ello implica.

La autonomía del arte.

Desde una óptica retrospectiva, el arte comienza a alcanzar autonomía en el siglo XIX. Desde la Edad Media hasta la Ilustración, el ser artístico no iba de la mano de la voluntad interna del artista, sino que estaba ligado a los círculos de poder que detentaban y ostentaban la cultura casi en todos sus ámbitos. Primaba más el significado de la obra que la sensibilidad del autor a la hora de plasmarla.

Por ejemplo, era más importante que una pintura o escultura enviase un mensaje religioso, representara a un rey o noble o recordara la moraleja de un pasaje mitológico, que la propia intención del artista y su mundo subjetivo a la hora de elaborarla. De hecho, hasta el Renacimiento, los artistas ni siquiera tienen conciencia de sí mismos, hasta que empiezan a rubricar las obras con su nombre.

Existían entonces toda una serie de condicionantes externos, que vienen definidos por el contexto histórico, en el que la producción de arte está sometida a una temática concreta, como la religión y la mitología, y a unos modelos de composición, forma y usos de materiales determinados.

Pues bien, en el XIX se empiezan a superar estas barreras. El artista, consciente de sí mismo, comienza a plantearse términos como “democratización del gusto”, que supone la consideración como obras de arte a producciones que quizá no encajen tanto en unas mentes pero sí en otras, o “genio”, refiriéndose al don natural del artista que le empuja a realizar obras de arte. Con la Ilustración se empiezan a ver atisbos de esta autonomía y con el romanticismo, contrario al sometimiento del arte a las directrices de la razón , se encuentra el genio artístico en los sentimientos del propio pintor, escultor o arquitecto.

El Romanticismo alemán, o Sturm und Drang (“tormenta e ímpetu”), contribuyó en gran medida a desarrollar esta autonomía del arte y la democratización del gusto. Para muchos teóricos alemanes, y otros de distintas nacionalidades que los siguieron, el producto artístico venía dado por la motivación personal y espontánea del artista que, impulsado por su genio interior, plasmaba su mundo interno en las obras que creaba. Algo muy alejado de las estrictas normas impuestas por la Academia de París.

abel seyler

Director teatral Abel Seyler, representante del Sturm und Drang

Todas estas ideas estallarán definitivamente con el surgimiento de élites, como ya hemos citado, que reivindican esta autonomía del arte y, con ello, reclaman para el artista no sólo la voluntad de crear el objeto artístico, sino también la plena libertad en el uso de los materiales, la elección de la temática, las características formales como la composición, la perspectiva, el color, etcétera.

Clasificación de las vanguardias artísticas históricas.

La enorme cantidad de “ismos” que surgen a finales del siglo XIX y a lo largo del XX suelen superponerse en el tiempo. Algunos de ellos nacen en una fecha determinada y terminan por agotarse, mientras otras tienen tal trascendencia que aún en nuestros días tienen seguidores. Algunas son verdaderamente efímeras y están localizadas en un ámbito geográfico muy restringido. Además, no todas se desarrollaron en todas las disciplinas del arte; algunas sólo se desarrollaron en la arquitectura, la pintura o la escultura, pero sí suele haber redes de influencia entre unas y otras.

La división en dos grupos de vanguardias suele ser la más aceptada, y se corresponden con dos “oleadas“, una que abarca de 1847 a 1945, aunque con diferentes matices según los autores, y una segunda que se desarrolla en la segunda mitad del siglo XX.

Aquí proponemos nuestro propio criterio de clasificación que, para orientar al lector, pretende centrarse en los períodos históricos más importantes en que nacen y/o se desarrollan. Se presentan así mismo las fechas aproximadas de su aparición, como la realización de las primeras obras de cada movimiento o la publicación del primer manifiesto, así como los principales representantes:

Oleadas impresionistas (algunos autores los eximen del grupo de las vanguardias, clasificándolo como un movimiento independiente):

  • Impresionismo (1874): Manet, Degas, Renoir, Monet, Pizarro, Cézzane
  • Neoimpresionismo o puntillismo (1884): Georges Seurat, Paul Signac
  • Postimpresionismo (1910): Van Gogh, Gaugain, Toulouse-Lautrec

Hasta el estallido de la I Guerra Mundial (1914):

  • Fauvismo (1905): Henri Matisse, Gustave Moureau
  • Expresionismo (1905):  Ernst Ludwig Kirchner, Munch, Klee, Kandinski
  • Cubismo (1907): Pablo Picasso, Georges Braque, Louis Marcoussis, Juan Gris
  • Futurismo (1909): Filippo Tomasso Marinetti, Giacommo Balla, Gino Severini

Durante la I Guerra Mundial (1914-1918), período de entreguerras (hasta 1936) y II Guerra Mundial (1936-45):

  • Constructivismo (1913): grupo de De Stijl
  • Dadaísmo (1916): Tristan Tzara, Marcel Duchamp, Georges Grosz
  • Neoplasticismo (1917): Pierre Mondrian
  • Surrealismo (1924): Salvador Dalí, Man Ray, René Magritte

Segunda mitad del siglo XX:

Tendencias informalistas y abstracción: expresionismo abstracto, pintura matérica, Nueva Escuela de París…

– Tendencias racionalistas: sobre todo en arquitectura (Mies van der Rohe, Le Corbusier, Walter Gropius, grupo de la Bauhaus), aunque surgen en diversas épocas y muchos desarrollan sus trabajos en períodos anteriores a la II Guerra Mundial, estas tendencias e influencias aún perviven en la actualidad.

– Tendencias de la nueva representación: Pop Art (Andy Warhol), Land Art (Robert Smithson, Christo…), Happening, Performance…

Sobre el autor

- Romántico, en el sentido artístico de la palabra. En mi adolescencia tanto familiares como amigos me recordaban una y otra vez que era un humanista empedernido, pues pasaba el rato haciendo lo que quizás otros no tanto, creyéndome Bécquer, inmerso en mis propias fantasías artísticas, en libros y películas, deseando constantemente viajar y explorar mundo, admirado por mi pasado histórico y por las maravillosas producciones del ser humano. Por ello decidí estudiar Historia y simultanear con Historia del Arte, porque me parecía la manera más adecuada de llevar a cabo las habilidades y pasiones que me caracterizan: leer, escribir, viajar, investigar, conocer, dar a conocer, educar. La divulgación es otra de mis motivaciones, pues entiendo que no hay palabra que tenga valor real si no es porque haya sido transmitida con eficacia. Y con ello, tengo la determinación de que todo lo que haga en mi vida tenga un fin didáctico.

Ver 5 comentarios
  1. […] de Valencia y presidente de la Academia de Bellas Artes de San Carlos) cuando se mofaba de las vanguardias artísticas y proclamaba como único arte verdadero el de Sorolla y poco más. Es justo reconocer que los […]

  2. […] primeros años de su matrimonio fueron en el París de las vanguardias donde la pareja frecuentaba un círculo de exclusivos intelectuales y artistas. A causa de […]

  3. […] futurismo fue un  movimiento de vanguardia que se desarrolló a principios del siglo XX, concretamente en 1909 a partir de la publicación del […]

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