El gnosticismo nunca fue una religión unificada. Bajo esa etiqueta, creada en el siglo XVII, los historiadores agrupan una constelación de escuelas, sectas y movimientos que surgieron entre los siglos I y III en el Mediterráneo oriental y que compartían, con muchas variantes, una misma intuición: el mundo material no es obra del Dios supremo, sino de un creador inferior y el ser humano lleva dentro una chispa divina que solo puede liberarse mediante el conocimiento, la gnosis. A partir de ahí, cada grupo elaboró su propio mito, sus propios ritos y su propia forma de vivir.
Algunas de estas corrientes gnósticas fueron pequeños círculos en torno a un maestro carismático, como los seguidores de Menandro en Antioquía o de Carpócrates en Alejandría. Otras se convirtieron en grandes escuelas con ramificaciones en todo el Imperio romano, como los valentinianos, que sobrevivieron más de dos siglos. Algunas veneraban a la serpiente del Edén como portadora del conocimiento, otras a Caín o a Judas como héroes incomprendidos. Unas practicaban un ascetismo extremo y otras, según sus enemigos, ritos de un libertinaje escandaloso. Y la herencia de estas ideas reapareció siglos después en religiones como el maniqueísmo, en movimientos como el de los bogomilos de Bulgaria y en los cátaros del sur de Francia, perseguidos con una cruzada.
Casi todo lo que sabemos de estas corrientes procede de sus adversarios, los heresiólogos cristianos como Ireneo de Lyon, Hipólito de Roma o Epifanio de Salamina, que las describieron para refutarlas y no siempre con ecuanimidad. El hallazgo de los textos de Nag Hammadi en 1945 permitió escuchar por fin la voz de algunos grupos, como los setianos y los valentinianos, pero otros siguen siendo conocidos solo por lo que contaron de ellos sus enemigos.
Esta lista recorre las 23 corrientes más importantes del gnosticismo en orden aproximadamente cronológico, desde Simón Mago, al que los Padres de la Iglesia consideraban el padre de todas las herejías, hasta los cátaros que murieron en la hoguera de Montségur en 1244. Para una visión general de la doctrina, puedes consultar el artículo sobre el gnosticismo y para las fuentes que conservan sus escritos, el dedicado a los textos gnósticos.
Los pioneros: maestros del siglo I y comienzos del II
1. Simón el Mago y los simonianos
Ninguna figura ocupa un lugar tan central en la historia legendaria del gnosticismo como Simón el Mago. Los Hechos de los Apóstoles lo presentan como un mago de Samaria que asombraba a la gente con sus prodigios y al que llamaban el Gran Poder de Dios. Tras convertirse y bautizarse, ofreció dinero a los apóstoles Pedro y Juan para recibir el poder de transmitir el Espíritu Santo y Pedro lo rechazó con dureza. De ese episodio procede la palabra simonía, que designa la compraventa de cargos y bienes espirituales.
Los autores cristianos del siglo II desarrollaron su figura. Justino Mártir, que también era de Samaria, contó que Simón procedía de la aldea de Gitta y que en Roma, en tiempos del emperador Claudio, se le había erigido una estatua con la inscripción al dios santo Simón. En 1574 se encontró en la isla Tiberina una inscripción dedicada a Semo Sanco, un antiguo dios sabino y la mayoría de los historiadores piensan que Justino la interpretó mal.
Según Ireneo de Lyon, Simón viajaba acompañado por una mujer llamada Helena, a la que había rescatado de un burdel de Tiro. Simón enseñaba que Helena era el primer Pensamiento de Dios, la madre de todo, que había descendido al mundo y había creado a los ángeles y que estos, envidiosos, la habían encerrado en cuerpos humanos, de mujer en mujer, a lo largo de los siglos. Una de esas encarnaciones había sido Helena de Troya. Simón había venido a liberarla y, con ella, a todos los que creyeran en él.
Ireneo lo llamó el padre de todas las herejías y la tradición cristiana le atribuyó un final espectacular: según los Hechos de Pedro, en Roma intentó volar ante el emperador para demostrar su divinidad y cayó al suelo por las oraciones de Pedro. Hoy los historiadores dudan de que Simón fundara una escuela gnóstica en sentido estricto, pero sus seguidores, los simonianos, existieron y desarrollaron una doctrina que anticipa muchos rasgos del gnosticismo posterior.
2. Menandro y la inmortalidad bautismal
Según Justino e Ireneo, Menandro fue discípulo de Simón, también samaritano y enseñó en Antioquía a finales del siglo I. Retomó la doctrina de su maestro sobre los ángeles creadores del mundo, pero se presentó a sí mismo como el salvador enviado por el Poder desconocido.
Su enseñanza más llamativa se refería al bautismo. Menandro afirmaba que quienes recibían el bautismo en su nombre resucitaban y ya no podían morir, sino que permanecían sin envejecer y eran inmortales. La promesa, evidentemente difícil de sostener, debió de plantear problemas a sus seguidores a medida que iban muriendo.
3. Saturnino de Antioquía
Saturnino, también llamado Satornilo, enseñó en Antioquía a comienzos del siglo II y fue, según Ireneo, discípulo de Menandro. Su sistema es uno de los más antiguos que conocemos con cierto detalle. Existe un Padre desconocido que creó a los ángeles y los poderes y siete de esos ángeles crearon el mundo y al ser humano.
El relato de la creación del hombre es singular. Los ángeles vieron en lo alto una imagen luminosa del Poder supremo e intentaron reproducirla, pero el ser humano que crearon no podía mantenerse en pie, sino que se arrastraba por el suelo como un gusano. El Poder de lo alto se compadeció de él y le envió una chispa de vida, que lo levantó. Esa chispa es la que regresa a su origen tras la muerte.
Para Saturnino, el Salvador no nació ni tuvo un cuerpo real, sino que fue solo una apariencia. También enseñaba que el matrimonio y la procreación procedían de Satanás y muchos de sus seguidores se abstenían de comer carne. Saturnino es uno de los primeros representantes del ascetismo radical que caracterizará a muchas corrientes gnósticas.
4. Basílides y el misterio de Abraxas
Basílides enseñó en Alejandría entre los años 120 y 140, y fue uno de los primeros grandes pensadores gnósticos. Escribió 24 libros de comentarios sobre el evangelio, de los que solo se conservan fragmentos y su hijo Isidoro continuó su enseñanza.
Las fuentes antiguas describen su sistema de dos formas distintas. Según Ireneo, Basílides enseñaba que del Padre innombrable emanaban una serie de potencias que formaban 365 cielos, uno por cada día del año y que el señor de todos ellos se llamaba Abraxas, porque el valor numérico de sus letras en griego sumaba precisamente 365. El nombre se popularizó en el mundo antiguo y aparece grabado en cientos de gemas mágicas de la época imperial, junto a una figura con cabeza de gallo, cuerpo humano y piernas de serpiente. Hermann Hesse lo recuperó en el siglo XX en su novela Demian.
Ireneo atribuye además a Basílides una idea sorprendente sobre la crucifixión. Jesús no habría muerto en la cruz, sino que habría intercambiado su aspecto con el de Simón de Cirene, el hombre que según los evangelios ayudó a llevar la cruz. Simón fue crucificado en su lugar mientras Jesús, que no podía ser retenido por los poderes del mundo, contemplaba la escena riéndose antes de ascender.
Hipólito de Roma ofrece una versión muy distinta y mucho más filosófica, según la cual en el principio existía un Dios que no es, del que surgió una semilla que contenía en potencia todas las cosas. Los historiadores siguen discutiendo cuál de las dos versiones refleja mejor el pensamiento de Basílides.
5. Carpócrates y los carpocracianos
Carpócrates enseñó en Alejandría en la primera mitad del siglo II y sus seguidores, los carpocracianos, se ganaron entre los heresiólogos una reputación de libertinos. Según Ireneo, Carpócrates enseñaba que Jesús era hijo de José y María, un hombre como los demás, pero con un alma especialmente pura que recordaba lo que había visto junto al Padre. Cualquiera que alcanzara esa pureza podía igualar o incluso superar a Jesús.
La doctrina más polémica de Carpócrates se refería a la reencarnación. El alma debía pasar por todas las experiencias y todas las acciones posibles antes de liberarse de los ángeles que gobiernan el mundo y si no lo hacía en una vida, debía reencarnarse hasta completarlas. Sus enemigos interpretaron esto como una justificación de cualquier conducta inmoral.
Su hijo Epífanes, que murió a los 17 años, escribió un tratado titulado Sobre la justicia en el que defendía que todas las cosas, incluidos los bienes y las mujeres, debían ser comunes, como la luz del sol que Dios reparte por igual a todos. Clemente de Alejandría cuenta que en la isla de Cefalonia, de donde procedía su madre, se le veneraba como un dios y se le había dedicado un templo.
Ireneo menciona otro detalle de enorme interés para la historia del arte: los carpocracianos tenían imágenes de Jesús, que según ellos había mandado hacer Pilato, y las coronaban junto a las de Pitágoras, Platón y Aristóteles. Es una de las referencias más antiguas a retratos de Jesús.
6. Cerinto y el Cristo que llegó en el bautismo
Cerinto fue un maestro activo en Asia Menor hacia el año 100, contemporáneo según la tradición del apóstol Juan. Enseñaba que el mundo no había sido creado por el Dios supremo, sino por un poder inferior que ignoraba al Dios verdadero.
Su cristología fue muy influyente. Jesús era un hombre normal, hijo de José y María, más justo y sabio que los demás. En el bautismo, el Cristo descendió sobre él en forma de paloma, procedente del Dios supremo y Jesús comenzó a anunciar al Padre desconocido y a hacer milagros. Pero antes de la pasión, el Cristo lo abandonó y regresó a lo alto, de modo que Jesús sufrió y resucitó, mientras que el Cristo, que era espiritual, permaneció impasible.
Ireneo cuenta una anécdota que había oído de Policarpo de Esmirna, discípulo de Juan. Un día, el apóstol entró en los baños públicos de Éfeso y, al ver que Cerinto estaba dentro, salió corriendo diciendo que había que huir antes de que el edificio se derrumbara, porque dentro estaba el enemigo de la verdad. La Epistula Apostolorum, un texto del siglo II del que hablamos en el artículo sobre las epístolas apócrifas, está escrita precisamente para advertir contra Simón y Cerinto.
Las grandes escuelas del siglo II
7. Los ofitas y la serpiente reveladora
Los ofitas toman su nombre de la palabra griega ophis, serpiente. Su rasgo más llamativo era la veneración de la serpiente del Edén, a la que consideraban la portadora del conocimiento que el dios creador quería ocultar a Adán y Eva. Si el creador era un ser inferior que quería mantener a la humanidad en la ignorancia, la serpiente que animó a comer del árbol del conocimiento era una liberadora.
Orígenes, en su obra Contra Celso, describe un diagrama que usaban los ofitas: un mapa del universo formado por círculos concéntricos con los nombres de los siete arcontes que gobernaban los cielos, por los que el alma debía ascender pronunciando fórmulas secretas. El filósofo pagano Celso lo había usado para atacar a los cristianos y Orígenes se esforzó por demostrar que los ofitas no eran cristianos en absoluto. Llegó a afirmar que exigían maldecir a Jesús a quienes querían entrar en su grupo, aunque es difícil saber si la acusación es cierta.
8. Los naasenos y los misterios de Atis
Los naasenos deben su nombre a naas, la palabra hebrea para serpiente y estaban emparentados con los ofitas. Hipólito de Roma conservó un largo sermón naaseno que muestra una notable apertura hacia otras religiones. Los naasenos interpretaban los misterios paganos de Atis, de Eleusis o de Samotracia como expresiones simbólicas de su propia doctrina sobre el Hombre primordial que desciende a la materia y vuelve a subir.
Hipólito afirma también que los naasenos usaban un Evangelio según Tomás y cita un dicho que coincide en parte con uno del Evangelio de Tomás hallado en Nag Hammadi, sobre un niño de siete años en quien se busca el reino. Es uno de los primeros testimonios de la circulación de ese evangelio. El sermón termina con un himno naaseno sobre el alma errante que busca su camino entre el caos, uno de los pocos himnos gnósticos completos que se conservan.
9. Los setianos, hijos de Set
Los setianos se consideraban la descendencia espiritual de Set, el tercer hijo de Adán y Eva, nacido para sustituir a Abel. Para ellos, Set era el portador de la semilla divina y el antepasado de la raza inamovible, la estirpe de quienes poseen el conocimiento.
Gracias a la biblioteca de Nag Hammadi, los setianos son hoy una de las corrientes gnósticas mejor conocidas. Su texto central es el Apócrifo de Juan, que narra la caída de Sofía, el nacimiento de Yaldabaot, el dios creador con cabeza de león y la reinterpretación del Génesis desde la perspectiva gnóstica. Otros textos setianos son la Hipóstasis de los arcontes, las Tres estelas de Set, la Protennoia trimorfa, el Apocalipsis de Adán y tratados de influencia platónica como Zostriano y Alógenes, que se leían en el círculo romano del filósofo Plotino.
Los setianos practicaban un rito bautismal llamado de los cinco sellos, mediante el cual el iniciado se liberaba del mundo de los arcontes y se unía al mundo divino. Los detalles del rito siguen siendo oscuros.
10. Los barbelognósticos
Ireneo de Lyon describió hacia el año 180 a un grupo al que llamó barbelognósticos, porque veneraban a Barbeló, la primera emanación del Dios supremo. Su mito coincide casi palabra por palabra con la primera parte del Apócrifo de Juan, por lo que la mayoría de los historiadores los considera una rama de los setianos o el mismo grupo con otro nombre.
En su sistema, el Padre innombrable se contempla a sí mismo y de esa contemplación nace Barbeló, que es femenina y masculina a la vez, la madre de todo el mundo divino. De ella proceden el Autoengendrado, identificado con Cristo y las cuatro grandes luminarias. La historia termina con la caída de Sofía y el nacimiento del Primer Arconte, que se proclama dios celoso y único.
11. Los cainitas y el elogio de Judas
Los cainitas son una de las sectas más provocadoras de la lista. Según Ireneo, enseñaban que Caín procedía del poder supremo, y que Esaú, Coré, los habitantes de Sodoma y todos los personajes condenados en la Biblia eran en realidad parientes suyos, perseguidos por el dios creador precisamente porque pertenecían a la estirpe superior.
Su héroe principal era Judas Iscariote. Ireneo cuenta que los cainitas sostenían que Judas, el único de los apóstoles que conocía la verdad, entregó a Jesús para que se cumpliera el misterio de la salvación, y que tenían un escrito llamado Evangelio de Judas. Durante siglos, ese evangelio fue solo un título. En 2006 se publicó un texto con ese nombre conservado en el Códice Tchacos, en el que Judas aparece como el discípulo que comprende a Jesús mejor que los demás. Aunque los investigadores discuten si se trata exactamente del libro que conocía Ireneo, el hallazgo confirmó que la reivindicación gnóstica de Judas no era una invención de los heresiólogos.
Tertuliano menciona en su tratado sobre el bautismo a una mujer de la secta cainita, a la que llama víbora, que había llegado a Cartago enseñando que el bautismo era inútil.
12. Los valentinianos
Los valentinianos fueron la escuela gnóstica más influyente de la Antigüedad. Su fundador, Valentín, un maestro alejandrino que enseñó en Roma entre los años 136 y 160 aproximadamente, estuvo a punto de ser elegido obispo de la ciudad, según Tertuliano. Sus discípulos, como Ptolomeo y Heracleón, elaboraron el gran mito de los 30 eones, la caída de Sofía y el nacimiento del Demiurgo y dividieron a la humanidad en tres clases: materiales, psíquicos y espirituales.
A diferencia de otros grupos, los valentinianos no se separaron de la Iglesia, sino que se consideraban cristianos con un conocimiento más profundo y asistían a las mismas celebraciones que los demás. Por eso Ireneo los consideraba la amenaza más seria. Practicaban ritos propios, como la redención y la misteriosa cámara nupcial y produjeron algunos de los textos más bellos del cristianismo antiguo, como el Evangelio de la Verdad y el Evangelio de Felipe. La escuela sobrevivió hasta finales del siglo IV. Su historia completa está en el artículo sobre Valentín y los valentinianos.
13. Los marcosianos
Los marcosianos fueron una rama oriental del valentinianismo, fundada por un maestro llamado Marcos que actuó a finales del siglo II en Asia Menor y en el valle del Ródano, en la Galia. Ireneo, que era obispo de Lyon, los conocía de primera mano y les dedicó varios capítulos llenos de acusaciones.
Marcos practicaba una especulación muy elaborada sobre las letras y los números, en la que cada letra del alfabeto griego correspondía a un poder divino y el nombre de Jesús encerraba misterios numéricos. Según Ireneo, durante la eucaristía hacía que el vino del cáliz se volviera rojo como la sangre y que una copa pequeña llenara otra mayor hasta desbordarla. También acusa a Marcos de seducir a mujeres ricas convenciéndolas de que podían profetizar.
Más allá de las acusaciones, Ireneo conservó la descripción de los ritos marcosianos de la redención, con fórmulas para el moribundo que coinciden con las que enseña el Primer Apocalipsis de Santiago, uno de los textos de Nag Hammadi.
14. Los peratas, los que atraviesan
Los peratas deben su nombre a una palabra griega que significa los que atraviesan. Se consideraban los únicos capaces de atravesar la corrupción del mundo y salir de él. Según Hipólito, sus fundadores fueron Eufrates el Perata y Celbes de Caristo.
Su sistema dividía el universo en tres partes y estaba lleno de referencias astrológicas. Los peratas veían en los astros a los poderes que gobiernan el destino humano y el conocimiento les permitía escapar de ellos. Como los ofitas, veneraban a la serpiente, pero en su caso tomaban como modelo la serpiente de bronce que Moisés levantó en el desierto para curar a quienes habían sido mordidos, según el libro de los Números. Para los peratas, esa serpiente era una imagen de Cristo, el Logos que salva a quienes lo miran.
15. Los marcionitas: ¿gnósticos o no?
Marción fue un rico armador de Sinope, en la costa del mar Negro, que llegó a Roma hacia el año 140 y fue expulsado de la comunidad cristiana en el 144. Fundó una Iglesia propia que se extendió rápidamente por todo el Imperio y sobrevivió durante siglos, especialmente en Siria.
Marción sostenía que el dios del Antiguo Testamento, creador del mundo y legislador justo pero severo, no era el mismo que el Dios bueno y misericordioso revelado por Jesús. Por eso rechazó por completo la Biblia hebrea y elaboró el primer canon cristiano conocido: una versión abreviada del Evangelio de Lucas y diez cartas de Pablo, de las que eliminó lo que consideraba añadidos judaizantes. Escribió además una obra titulada Antítesis, en la que contraponía pasajes del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento.
Los heresiólogos lo incluyeron entre los gnósticos, pero muchos historiadores modernos lo distinguen de ellos. Marción no tenía un mito de eones ni hablaba de una chispa divina en el ser humano y para él la salvación no venía del conocimiento, sino de la fe en el Dios desconocido. Su influencia, sin embargo, fue enorme, porque obligó a la Iglesia a definir su propio canon frente al suyo.
16. Los arcónticos
Los arcónticos eran un grupo de Palestina del siglo IV, descrito por Epifanio de Salamina. Su nombre procede de los arcontes, los poderes que gobiernan los siete cielos, a los que daban un papel central en su doctrina. Según Epifanio, su fundador fue un tal Pedro, un ermitaño que vivía en una cueva cerca de Jerusalén.
Los arcónticos rechazaban el bautismo y la eucaristía, que consideraban instrumentos del dios de los judíos, Sabaot, para mantener a las almas sometidas. Leían libros atribuidos a Set y a sus siete hijos, a los que llamaban Alógenes, los extranjeros. Su existencia muestra que las ideas setianas seguían vivas en el siglo IV, en la misma época en que se copiaron los códices de Nag Hammadi.
17. Los borborianos y las acusaciones de Epifanio
Los borborianos, también llamados fibionitas o simplemente gnósticos, son la corriente sobre la que se han escrito las acusaciones más escandalosas de toda la literatura heresiológica. Su nombre procede de una palabra griega que significa barro o inmundicia y es evidentemente un insulto de sus enemigos.
Nuestra fuente es Epifanio de Salamina, que en su Panarion, escrito hacia el año 375, cuenta que en su juventud, en Egipto, unas mujeres de este grupo intentaron atraerlo. Según su relato, los borborianos practicaban ritos sexuales colectivos y consumían en su eucaristía semen y sangre menstrual, que consideraban la sustancia divina que debía ser recogida y devuelta a su origen. Epifanio menciona también los libros que usaban, como las Grandes preguntas de María o el Evangelio de Eva.
Los historiadores tratan este relato con mucha cautela. Las acusaciones de orgías y canibalismo ritual eran un tópico de la polémica religiosa antigua, que los paganos lanzaban contra los cristianos y los cristianos contra los herejes. Es posible que existiera algún grupo con ritos que escandalizaron a Epifanio, pero su descripción no puede tomarse al pie de la letra. Lo que muestra, sobre todo, es hasta qué punto la imagen de los gnósticos fue construida por sus adversarios.
La herencia gnóstica: de Persia a Occitania
18. Los maniqueos
El maniqueísmo fue fundado por Mani, un profeta nacido en Mesopotamia en el año 216 y ejecutado por el rey persa Bahram I hacia el 276. Criado en una comunidad bautista judeocristiana, los elcasaítas, Mani afirmó haber recibido revelaciones de un ser celestial, su gemelo y se presentó como el último de una cadena de profetas que incluía a Zoroastro, Buda y Jesús.
Su doctrina se basaba en un dualismo radical: desde el principio existen dos principios eternos, la Luz y las Tinieblas. Las Tinieblas invadieron el reino de la Luz y atraparon partículas de luz en la materia y el mundo es el escenario de una lucha cósmica para liberarlas. La comunidad maniquea se dividía en elegidos, que llevaban una vida de ascetismo estricto y oyentes, que los servían.
El maniqueísmo fue una de las religiones de mayor expansión de la Antigüedad. Se extendió desde el norte de África hasta China, donde sobrevivió hasta la Edad Moderna; en la provincia de Fujian se conserva un templo maniqueo con una imagen de Mani. San Agustín de Hipona fue oyente maniqueo durante nueve años antes de convertirse al cristianismo y buena parte de su teología del mal se forjó en polémica con sus antiguos correligionarios.
19. Los mandeos
Los mandeos son la única comunidad gnóstica de la Antigüedad que ha sobrevivido hasta hoy. Viven tradicionalmente en el sur de Irak y en la región iraní de Juzestán, aunque las guerras y la persecución han reducido drásticamente su número y muchos se han dispersado por Europa, Estados Unidos y Australia.
Su nombre procede de manda, que en su dialecto arameo significa conocimiento. Veneran a Juan el Bautista como profeta y consideran a Jesús un falso mesías. Su libro sagrado principal, el Ginza Rabba o Gran Tesoro, presenta un universo dividido entre un mundo de luz y un mundo de oscuridad y atribuye la creación del mundo material a un ser inferior llamado Ptahil.
El rito central de los mandeos es el bautismo, que practican repetidamente y siempre en agua corriente, a la que llaman yardena en recuerdo del río Jordán. Su origen sigue siendo objeto de debate: algunos investigadores lo sitúan en ambientes judíos heterodoxos de Palestina en el siglo I y otros lo consideran posterior.
20. Los priscilianistas
Prisciliano fue un laico culto y carismático de Gallaecia, la actual Galicia, que en la década del 370 encabezó un movimiento ascético que atrajo a numerosos seguidores en Hispania, incluidos varios obispos. Sus partidarios lo hicieron elegir obispo de Ávila hacia el año 381, pero sus adversarios lo acusaron de herejía, de prácticas mágicas y de gnosticismo.
El conflicto terminó de forma trágica. En el año 385, Prisciliano y varios de sus seguidores fueron juzgados en Tréveris ante el usurpador Magno Máximo, condenados por magia y ejecutados. Fue la primera vez que un cristiano era ejecutado por herejía a instancias de otros cristianos y la condena escandalizó a figuras como Martín de Tours y Ambrosio de Milán. Sus restos fueron llevados a Galicia, donde se le veneró como mártir y el movimiento sobrevivió hasta el siglo VI.
¿Fue realmente gnóstico? Sus enemigos lo afirmaron, pero los once tratados atribuidos a él y descubiertos en Würzburgo en 1885 muestran un pensamiento ascético y bíblico, con interés por los libros apócrifos, pero sin un sistema gnóstico reconocible. A finales del siglo XIX, el historiador francés Louis Duchesne planteó una hipótesis provocadora: que los restos venerados en Santiago de Compostela podrían ser los de Prisciliano. La idea no tiene pruebas y la mayoría de los historiadores la rechaza, pero sigue reapareciendo en la cultura popular.
21. Los paulicianos
Los paulicianos surgieron en Armenia y en el este de Anatolia en el siglo VII. Su nombre se relaciona probablemente con el apóstol Pablo, cuyas cartas veneraban, o con un tal Pablo de Samosata. Sostenían una doctrina dualista según la cual el mundo material era obra de un principio malvado, distinto del Dios bueno y rechazaban el culto a las imágenes, las reliquias y buena parte de la jerarquía eclesiástica.
Perseguidos por el Imperio bizantino, los paulicianos llegaron a fundar en el siglo IX un pequeño Estado propio en torno a la fortaleza de Tefrice, en la frontera oriental y se aliaron con los árabes contra Bizancio. El emperador Basilio I acabó con su Estado en el año 872. Muchos paulicianos fueron deportados a Tracia, en los Balcanes, donde sus ideas contribuyeron al nacimiento del bogomilismo.
22. Los bogomilos
El bogomilismo nació en Bulgaria en el siglo X, durante el reinado del zar Pedro I, en torno a un sacerdote llamado Bogomil, cuyo nombre significa amado de Dios. Sus seguidores sostenían que el mundo visible había sido creado por Satanael, el hijo mayor de Dios, que se rebeló y se convirtió en el príncipe de este mundo. Jesús, el hijo menor, vino a liberar a la humanidad de su dominio.
Los bogomilos rechazaban el Antiguo Testamento, los sacramentos, las iglesias, las imágenes y la cruz, a la que consideraban un instrumento de tortura que no merecía veneración. Llevaban una vida ascética y se organizaban en comunidades con sus propios dirigentes. El movimiento se extendió por los Balcanes y llegó a Constantinopla, donde el emperador Alejo I Comneno hizo quemar en la hoguera hacia el año 1100 a uno de sus líderes, el médico Basilio. De los bogomilos procede la Interrogatio Iohannis, un diálogo entre el apóstol Juan y Cristo sobre la creación del mundo por Satanás que llegó a manos de los cátaros.
23. Los cátaros
Los cátaros fueron el último gran movimiento dualista de la Edad Media y el más conocido. Su nombre procede probablemente del griego katharós, puro, aunque ellos se llamaban a sí mismos buenos hombres y buenos cristianos. Se extendieron en el siglo XII por el norte de Italia y sobre todo por el Languedoc, en el sur de Francia, donde se les llamó también albigenses, por la ciudad de Albi.
Influidos por los bogomilos, los cátaros creían que el mundo material era obra de un principio malvado y que el alma humana, un ángel caído atrapado en el cuerpo, debía liberarse para volver a Dios. Su único sacramento era el consolamentum, una imposición de manos que convertía al creyente en perfecto. Los perfectos llevaban una vida de ascetismo riguroso, sin carne, sin relaciones sexuales y sin posesiones y la mayoría de los creyentes recibía el consolamentum solo en el lecho de muerte.
La Iglesia respondió con una cruzada. En 1209, el papa Inocencio III lanzó la cruzada albigense, que comenzó con la masacre de Béziers, donde según una tradición posterior el legado papal ordenó matar a todos, porque Dios reconocería a los suyos. La guerra duró dos décadas y se convirtió en una conquista del sur de Francia por los barones del norte. En 1244, la fortaleza de Montségur, último gran refugio cátaro, se rindió y unos 200 perfectos que se negaron a abjurar fueron quemados en una gran hoguera al pie del castillo. La Inquisición, creada en buena parte para combatir a los cátaros, terminó de erradicarlos a comienzos del siglo XIV.
Lista con las corrientes gnósticas
| Corriente | Época | Región | Rasgo distintivo |
|---|---|---|---|
| Simonianos | Siglo I | Samaria y Roma | Simón y Helena como encarnaciones divinas |
| Menandrianos | Finales del siglo I | Antioquía | Bautismo que daba la inmortalidad |
| Saturninianos | Comienzos del siglo II | Antioquía | Siete ángeles creadores; ascetismo |
| Basilidianos | Siglo II | Alejandría | 365 cielos y Abraxas |
| Carpocracianos | Siglo II | Alejandría y Roma | Reencarnación y comunidad de bienes |
| Cerintianos | Hacia el año 100 | Asia Menor | El Cristo desciende sobre Jesús en el bautismo |
| Ofitas | Siglo II | Egipto y Siria | Veneración de la serpiente del Edén |
| Naasenos | Siglo II | Desconocida | Lectura gnóstica de los misterios paganos |
| Setianos | Siglos II-IV | Egipto y Siria | Descendencia espiritual de Set; Apócrifo de Juan |
| Barbelognósticos | Siglo II | Desconocida | Veneración de Barbeló |
| Cainitas | Siglo II | Desconocida | Caín y Judas como héroes |
| Valentinianos | Siglos II-IV | Roma, Alejandría y Oriente | Mito de los eones; ritos propios |
| Marcosianos | Finales del siglo II | Asia Menor y Galia | Mística de letras y números |
| Peratas | Siglo II | Desconocida | Astrología y serpiente de bronce de Moisés |
| Marcionitas | Siglos II-V | Roma y Siria | Dos dioses; primer canon cristiano |
| Arcónticos | Siglo IV | Palestina | Rechazo de los sacramentos |
| Borborianos | Siglo IV | Egipto | Acusados de ritos sexuales por Epifanio |
| Maniqueos | Siglos III-XVII | De África a China | Dualismo entre Luz y Tinieblas |
| Mandeos | Desde la Antigüedad hasta hoy | Irak e Irán | Juan el Bautista y bautismo en agua corriente |
| Priscilianistas | Siglos IV-VI | Hispania | Ascetismo; primer hereje ejecutado |
| Paulicianos | Siglos VII-IX | Armenia y Anatolia | Dualismo; Estado propio en Tefrice |
| Bogomilos | Siglos X-XV | Balcanes | Satanael como creador del mundo |
| Cátaros | Siglos XII-XIV | Languedoc y norte de Italia | Perfectos y consolamentum; cruzada albigense |
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Fuentes y bibliografía
Fuentes:
- Epifanio de Salamina. Panarion. Traducción inglesa de Frank Williams. Leiden: Brill, 2009-2013.
- Hipólito de Roma. Refutación de todas las herejías.
- Ireneo de Lyon. Contra los herejes.
- Montserrat Torrents, José (ed.). Los gnósticos. 2 vols. Madrid: Gredos, 1983.
- Orígenes. Contra Celso. Edición de Daniel Ruiz Bueno. Madrid: BAC, 1967.
- Piñero, Antonio; Montserrat Torrents, José y García Bazán, Francisco (eds.). Textos gnósticos. Biblioteca de Nag Hammadi. 3 vols. Madrid: Trotta, 1997-2000.
Estudios sobre el gnosticismo antiguo:
- Brakke, David. The Gnostics: Myth, Ritual, and Diversity in Early Christianity. Cambridge: Harvard University Press, 2010.
- Filoramo, Giovanni. A History of Gnosticism. Oxford: Blackwell, 1990.
- Jonas, Hans. La religión gnóstica. Madrid: Siruela, 2000.
- King, Karen L. What Is Gnosticism? Cambridge: Harvard University Press, 2003.
- Markschies, Christoph. Gnosis: An Introduction. Londres: T&T Clark, 2003.
- Piñero, Antonio. Los cristianismos derrotados. Madrid: EDAF, 2007.
- Rudolph, Kurt. Gnosis: The Nature and History of Gnosticism. San Francisco: Harper & Row, 1983.
- Williams, Michael A. Rethinking «Gnosticism». Princeton: Princeton University Press, 1996.
Estudios sobre las corrientes posteriores:
- Buckley, Jorunn Jacobsen. The Mandaeans: Ancient Texts and Modern People. Oxford: Oxford University Press, 2002.
- Chadwick, Henry. Prisciliano de Ávila: lo oculto y lo carismático en la Iglesia primitiva. Madrid: Espasa-Calpe, 1978.
- Lieu, Samuel N. C. Manichaeism in the Later Roman Empire and Medieval China. Tubinga: Mohr Siebeck, 1992.
- Obolensky, Dimitri. The Bogomils: A Study in Balkan Neo-Manichaeism. Cambridge: Cambridge University Press, 1948.
- O’Shea, Stephen. Los cátaros: la herejía perfecta. Barcelona: Ediciones B, 2002.
- Runciman, Steven. Los maniqueos de la Edad Media. México: Fondo de Cultura Económica, 1989.
Preguntas frecuentes sobre las corrientes gnósticas
¿Cuáles fueron las principales sectas gnósticas?
Las más importantes de la Antigüedad fueron los setianos, autores del Apócrifo de Juan, y los valentinianos, fundados por Valentín en Roma a mediados del siglo II. Otras corrientes relevantes fueron los basilidianos, los carpocracianos, los ofitas y los naasenos. En sentido amplio, se consideran herederos del gnosticismo los maniqueos, los mandeos, los paulicianos, los bogomilos y los cátaros.
¿Quién fundó el gnosticismo?
No tuvo un fundador único. Los Padres de la Iglesia consideraban a Simón Mago, el samaritano mencionado en los Hechos de los Apóstoles, el padre de todas las herejías y el origen del gnosticismo. Los historiadores modernos piensan que el gnosticismo surgió de forma gradual en el siglo I y comienzos del II, en ambientes donde se mezclaban el judaísmo, el cristianismo naciente y la filosofía platónica.
¿Existen gnósticos en la actualidad?
La única comunidad que mantiene una tradición gnóstica continua desde la Antigüedad son los mandeos, que viven en Irak, Irán y la diáspora. Existen además grupos modernos que se definen como gnósticos, como la Iglesia Gnóstica fundada en Francia en 1890, pero no tienen una continuidad histórica con las sectas antiguas.
¿Por qué los cainitas veneraban a Judas?
Porque creían que el dios creador del Antiguo Testamento era un ser inferior y que quienes se habían enfrentado a él, como Caín, eran en realidad portadores del conocimiento verdadero. Judas, según su interpretación, entregó a Jesús porque era el único discípulo que conocía la verdad y sabía que su muerte era necesaria para la salvación. El Evangelio de Judas, publicado en 2006, presenta una imagen parecida de Judas.
¿Eran gnósticos los cátaros?
No en sentido estricto, porque surgieron más de mil años después de las sectas gnósticas antiguas y no hay una conexión directa entre ellos. Pero compartían con los gnósticos la idea de que el mundo material era obra de un principio malvado y de que el alma debía liberarse de la materia. Su doctrina procede de los bogomilos de los Balcanes, que a su vez recibieron la influencia de los paulicianos de Armenia.
¿Qué relación tiene Prisciliano con el gnosticismo?
Sus enemigos lo acusaron de gnóstico y de practicar la magia, y fue ejecutado en Tréveris en el año 385, el primer caso de un cristiano ejecutado por herejía a instancias de otros cristianos. Sin embargo, los tratados atribuidos a él, descubiertos en 1885, muestran un pensamiento ascético y bíblico sin un sistema gnóstico reconocible. Los historiadores dudan de que fuera realmente gnóstico.
Nota editorial: las infografías e ilustraciones de este artículo han sido desarrolladas con asistencia de herramientas de Inteligencia Artificial para la recreación artística de personajes y entornos históricos.









